Oahu bajo el agua: la inundación histórica, el riesgo de una presa centenaria y lo que revela el cambio climático

Lluvias torrenciales, miles de evacuados y la inquietante fragilidad de la presa Wahiawa ponen en evidencia la vulnerabilidad de Hawái ante eventos extremos

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Las islas de Hawái enfrentaron una de sus peores catástrofes climáticas recientes: precipitaciones extraordinarias que desbordaron ríos, arrastraron vehículos, arrancaron viviendas y obligaron a la evacuación de miles de personas en Oahu. Más allá de la emergencia inmediata —con más de 5.500 evacuados, decenas de hogares dañados y escuelas, aeropuertos e infraestructura afectada—, la crisis puso nuevamente en el centro del debate la antigüedad y el estado de conservación de obras como la presa Wahiawa, construida a principios del siglo XX, y pregunta si un archipiélago insular con ecosistemas y comunidades tan frágiles está preparado para un clima que cambia.

Una lluvia fuera de escala

El volumen de agua que cayó en algunos sectores de Oahu en un solo día fue propio de eventos extraordinarios. Según el Servicio Meteorológico Nacional (National Weather Service), partes de la isla registraron entre 20 y 40 centímetros durante la jornada más intensa; en la cima de Kaala se reportaron cerca de 40 centímetros (aprox. 16 pulgadas) en un solo día, y en otras zonas las precipitaciones nocturnas oscilaron entre 20 y 30 centímetros (8 a 12 pulgadas).

El gobernador Josh Green describió la magnitud del daño con pocas vueltas: “Esto va a tener consecuencias muy serias para nosotros como estado”, expresó en una conferencia de prensa, y advirtió que los costos podrían superar los 1.000 millones de dólares por daños en infraestructura, viviendas y servicios médicos. La cifra, aunque preliminar, refleja la magnitud de los daños potenciales en un territorio insular con recursos limitados y alta dependencia del turismo y la infraestructura costera.

Evacuaciones, rescates y desafíos logísticos

Las autoridades ordenaron evacuaciones en comunidades del North Shore de Oahu; aproximadamente 5.500 personas fueron instadas a abandonar sus hogares. Equipos de rescate, la Guardia Nacional y el departamento de bomberos de Honolulu realizaron operaciones aéreas y por agua. Solo en un operativo se evacuó a 72 personas —niños y adultos— de un campamento juvenil ubicado en terreno elevado, evitando un posible aislamiento mayor.

Las operaciones de búsqueda y salvamento se complicaron por la presencia de drones privados sobre zonas afectadas, que interfirieron con aeronaves oficiales. Ian Scheuring, portavoz de Honolulu, señaló que la sobreposición de vuelos recreativos representó un riesgo para la seguridad de las misiones de rescate.

La presa Wahiawa: centenaria y bajo escrutinio

Uno de los focos más preocupantes fue la presa Wahiawa, construida en 1906 para impulsar la irrigación de cultivos de caña de azúcar. La estructura, de tierra, tuvo que ser vigilada continuamente mientras los niveles del embalse subían peligrosamente: en pocas horas el agua incrementó el nivel del reservorio de 79 a 84 pies (24 a 25,6 metros), quedando a apenas 6 pies (1,8 metros) del límite estimado de seguridad.

La administración estatal ha catalogado a Wahiawa con “alto potencial de peligro”, señalando que su falla podría provocar “probable pérdida de vidas humanas”. El historial regulatorio muestra que Dole —la compañía vinculada históricamente al sistema— recibió múltiples notificaciones sobre deficiencias desde 2009 y fue sancionada por no corregir a tiempo problemas de seguridad. En 2019 la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (ASCE) destacó en su informe sobre infraestructura que muchas de las presas en Hawái datan de la era de la industria azucarera y requieren inversión y modernización para adaptarse a nuevos riesgos.

En 2023 el estado aprobó una legislación para adquirir la presa y destinó fondos para la compra y la reparación del vertedero: 5 millones de dólares para la adquisición del vertedero y 21 millones para reparar y ampliar la descarga y cumplir normas de seguridad. Sin embargo, la transferencia formal aún no se completó y la presa continuó operando bajo la gestión actual en el momento de la emergencia.

Por qué la falla de una presa es tan peligrosa en Hawái

Las presas de Hawái fueron construidas muchas veces sin considerar los escenarios extremos que el cambio climático está haciendo más probables. Las islas, por su orografía y limitaciones territoriales, concentran poblaciones en llanuras de inundación y zonas costeras que históricamente han sido aptas para cultivos o asentamientos. Una rotura repentina en una presa puede producir ondas de agua con poca advertencia, arrasando comunidades río abajo y dificultando las labores de evacuación.

Además, la combinación de suelos saturados por lluvias previas y crecidas rápidas multiplica el riesgo de deslizamientos, socavamiento de carreteras y pérdida de servicios básicos (energía, agua potable y comunicaciones), lo que complica la logística de respuesta y recuperación.

El componente climático: más eventos extremos, con mayor frecuencia

Expertos en climatología han advertido desde hace años que la intensidad y la frecuencia de episodios de lluvias extremas aumentan en muchas regiones del planeta como resultado del calentamiento global. El fenómeno conocido localmente como “Kona low” —sistemas de baja presión invernales que traen vientos del sur o suroeste cargados de humedad— fue el responsable inmediato del episodio de dos semanas que desembocó en las inundaciones. Sin embargo, la acumulación de calor en la atmósfera favorece que estas perturbaciones descarguen mayores cantidades de agua en lapsos cortos.

Un estudio reciente de la NOAA y otros centros climáticos muestra que las precipitaciones extremas han aumentado notablemente en el Pacífico norte durante las últimas décadas, tendencia que se espera continúe mientras persista el aumento de la temperatura global. Para islas como Hawái, esto significa eventos de lluvia mucho más concentrados y potencialmente más destructivos.

Impacto económico y social

El turismo —columna vertebral de la economía hawaiana— y la infraestructura insular son especialmente vulnerables. Aeropuertos dañados, carreteras cortadas y servicios esenciales interrumpidos afectan la movilidad de residentes y visitantes, ralentizan la llegada de ayuda y encarecen las labores de recuperación. El gobernador Green estimó que los costos podrían superar los 1.000 millones de dólares, una carga importante para un estado cuya economía depende en gran medida de sectores expuestos al clima.

En términos sociales, hay comunidades que históricamente han vivido en zonas marginales o en llanuras de inundación por razones económicas. Estas poblaciones sufren desproporcionadamente las consecuencias y suelen enfrentar mayores dificultades para recuperarse: pérdida de pertenencias, desplazamiento prolongado y reducción de ingresos cuando negocios y empleos se ven afectados.

Lecciones para la gestión de presas y la resiliencia

El episodio en Oahu subraya varias lecciones prácticas y de política pública:

  • Inventarios y evaluación técnica actualizada: muchas presas en Hawái datan de comienzos del siglo XX; requieren evaluaciones periódicas, modernización y planes de contingencia realistas.
  • Transferencia administrativa y financiamiento: la existencia de legislaciones que permiten la adquisición estatal es positiva, pero la ejecución y liberación de fondos para obras debe acelerarse ante riesgos crecientes.
  • Sistemas de alerta y educación comunitaria: la efectividad de las evacuaciones depende de confianza pública, comunicaciones claras y ejercicios de preparación que incluyan la participación de la comunidad.
  • Inversión en infraestructura verde y soluciones basadas en la naturaleza: restauración de cuencas, reforestación y medidas para aumentar la infiltración pueden reducir la velocidad del escurrimiento superficial.

Voces desde el terreno

Habitantes de las zonas afectadas relataron angustia e incertidumbre. Kathleen Pahinui, residente de Waialua que tuvo que evacuar, resumió el sentimiento: “Solo recen por nosotros. Sabemos que cuando llueve, la presa nos preocupa”. Las palabras reflejan la constante alarma que generan infraestructuras antiguas en comunidades que viven a la vera de embalses y canales históricos.

Mientras Hawái entra en la fase de evaluación y reparación, las autoridades federales se comprometieron a apoyar con recursos: el gobernador informó que su equipo habló con la Casa Blanca y recibió garantías de asistencia federal. La reconstrucción será un desafío técnico y financiero, pero también una oportunidad para replantear prioridades: si se invierte ahora en resiliencia, sistemas de alerta y modernización de presas, las islas estarán mejor preparadas para futuros episodios extremos.

El episodio en Oahu no es un caso aislado: es un recordatorio de que el cambio climático ya no es solo una proyección del futuro, sino una realidad que exige adaptaciones urgentes. Las presas centenarias pueden funcionar durante décadas, pero cuando la naturaleza cambia de ritmo, las estructuras, las políticas y las comunidades deben moverse más rápido para proteger vidas y medios de subsistencia.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press