Damasco en tensión: la prohibición del alcohol y el pulso entre libertad secular y presión religiosa

La reciente ordenanza que limita la venta y consumo de alcohol en la capital siria desata protestas en barrios cristianos y abre un debate sobre el futuro civil de la posguerra

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El anuncio de las autoridades de Damasco sobre restricciones drásticas a la venta y consumo de bebidas alcohólicas ha puesto en el centro del debate público una pregunta esencial: qué tipo de vida colectiva quiere construir Siria tras décadas de dictadura y años de guerra. En una ciudad cosmopolita que durante décadas convivió con prácticas seculares y diversidad religiosa, la reciente medida —que exige a restaurantes eliminar cartas de vinos y obliga a bares y clubes a cambiar licencias por permisos de cafetería en un plazo de tres meses— ha encendido las alarmas en barrios con tradición laica.

Un acto y una reacción

La protesta más visible se produjo en Bab Touma, un histórico barrio cristiano cercano a la Ciudad Vieja de Damasco, donde cientos de personas salieron a una plaza verde a manifestarse. Los congregados provenían de distintas confesiones y expresaron con pancartas y consignas su rechazo a lo que consideran un atropello a libertades personales adquiridas con dificultad.

Según testigos presentes, «esto no es sobre si queremos beber alcohol, esto es sobre la libertad personal», fueron las palabras de uno de los asistentes, que sintetizan la sensación de vecinos que temen que decisiones de este tipo marquen el inicio de un giro aplicable a otras áreas de la vida pública y privada.

¿Qué establece la ordenanza y por qué causa división?

La medida prohíbe la provisión de bebidas alcohólicas en restaurantes y clubes nocturnos en gran parte de Damasco. Solo tres barrios —Bab Touma, al-Qassaa y Bab Sharqi, de mayoría cristiana— podrán vender alcohol en botellas selladas para llevar, y aún así no podrán servirlo en las mesas. Además, se imponen distancias mínimas para los puntos de venta respecto de mezquitas, escuelas y oficinas de gobierno.

Para muchos residentes, el problema no es únicamente la restricción en sí, sino el modo en que la disposición se aplica: al permitir excepciones para áreas cristianas únicamente en forma limitada, la legislación evidencia una lógica que, según críticos, estigmatiza a las comunidades religiosas y alimenta divisiones.

Contexto político: posguerra, gobierno interino y presión de los sectores más conservadores

Más de un año después de que el movimiento encabezado por Ahmed al-Sharaa, exlíder rebelde convertido en presidente interino, desalojara al antiguo régimen de Bashar al-Assad, Siria transita un periodo de reconstrucción política y social. El gobierno de al-Sharaa ha prometido unidad y respeto a la pluralidad, pero enfrenta la presión de sectores islamistas y conservadores que demandan la implementación de normas públicas más estrictas.

Este contexto explica, en parte, por qué una decisión sobre alcohol se convierte en símbolo: es una política con alta carga cultural que actúa como termómetro de cuán lejos llegará el nuevo gobierno en la regulación de costumbres y libertades individuales.

Libertades en disputa: ¿se trata de seguridad, moral pública o control social?

Las autoridades defendieron la medida afirmando que fue adoptada «a pedido de la comunidad local» y que la regulación de la venta de alcohol existe en muchos países con distintos grados de aplicación. Empero, críticos interpretan que la iniciativa no solo regula el consumo, sino que también puede convertirse en un mecanismo de control social con sesgos sectarios.

Abogados y líderes comunitarios en Damasco han señalado que la normativa podría exacerbar tensiones sectarias, dado que se percibe como una sanción indirecta hacia barrios cristianos, a los que se les permite un acceso restringido al comercio de bebidas alcohólicas mientras en el resto de la capital se amplía la prohibición.

Memoria histórica y temor al retroceso

La historia reciente de Siria ayuda a comprender por qué decisiones de este tipo desencadenan temor. Durante el régimen de la familia Assad, el país fue oficialmente secular en lo público, una postura que contribuyó a que diversas minorías—Alauitas, cristianos, drusos—mantuvieran espacios de convivencia en una nación de mayoría sunita. Al mismo tiempo, ese modelo estuvo marcado por la ausencia de libertades civiles y represión política.

Tras años de conflicto y fragmentación social, muchos sirios temen que la nueva normalidad reemplace una forma de laicidad pública por un orden social más religioso y restrictivo. La prohibición del alcohol se percibe como una primera pieza de un rompecabezas mayor que podría afectar desde la vida nocturna hasta la libertad de expresión y costumbres personales.

Seguridad y represalias: presencia militar y clima de desconfianza

En el mitin de Bab Touma, fuerzas de seguridad fuertemente armadas rodearon la protesta, que transcurrió sin incidentes. Sin embargo, la movilización y la respuesta oficial ilustran el frágil equilibrio entre el derecho a manifestarse y un aparato estatal predispuesto a la contención.

Además, en el último año se han documentado episodios de violencia sectaria en diferentes franjas del país. Ataques perpetrados por milicias afines al gobierno han dejado muertos entre comunidades Alauita y drusa, lo cual alimenta una sensación de vulnerabilidad entre minorías y vecinos que temen represalias derivadas de decisiones administrativas percibidas como discriminatorias.

Reacciones oficiales y comunicados: matices y ambigüedades

Ante la crítica pública, funcionarios de Damasco emitieron un comunicado pidiendo disculpas a la población cristiana «por cualquier malentendido» y precisando que los hoteles quedaban exentos de las restricciones. La nota insistía en que la medida no interfiere con las libertades personales y que la regulación de alcohol es práctica habitual en diversos países.

Sin embargo, los aclaratorios no han apaciguado todas las inquietudes: para sectores laicos y defensores de derechos civiles, la ambivalencia del gobierno —promesas de pluralismo frente a medidas que homogenizan la vida pública— es motivo de escepticismo.

¿Qué ocurre en otras sociedades como referencia?

El debate sobre la regulación del alcohol no es exclusivo de Siria. Existen numerosos modelos: desde países donde el consumo está fuertemente restringido por normas religiosas —como Arabia Saudí— hasta democracias seculares donde reglamentaciones buscan reducir problemas de salud pública y orden público. En Europa y América, regulaciones sobre horarios de venta o distancia respecto a centros sensibles son comunes y suelen apoyarse en estudios de salud pública.

No obstante, la diferencia clave en el caso sirio es el contexto posbélico y la percepción de que una medida aparentemente administrativa puede ser el preludio de cambios más profundos en derechos y libertades.

Mirar hacia adelante: escenarios y recomendaciones

En los próximos meses, hay varios vectores que marcarán el rumbo: la respuesta sostenida de la sociedad civil, la posición pública del presidente interino, y la influencia de grupos conservadores dentro del gobierno. Si la protesta en Bab Touma es un síntoma, también podría ser el inicio de una movilización más amplia por las libertades civiles en Siria.

  • Transparencia en la toma de decisiones: el gobierno debe explicar con claridad las motivaciones y datos que sustentan la medida, si lo que busca es la salud pública o la orden pública, y evaluar alternativas menos discriminatorias.
  • Diálogo con las comunidades: involucrar a los representantes de barrios afectados en mesas de trabajo puede reducir la percepción de imposición unilateral.
  • Monitoreo internacional: observadores neutrales y organizaciones de derechos humanos deben seguir de cerca cualquier impacto en las minorías y las libertades civiles.

La regulación del alcohol en Damasco es, a primera vista, una política sobre consumo; en términos prácticos y simbólicos, es una medida que toca fibras sensibles: identidad, memoria, y el tipo de sociedad que los sirios desean reconstruir. En un país que sale de la violencia, las decisiones sobre lo cotidiano—qué se puede comer, beber o celebrar—se convierten en terreno de disputa sobre el alma misma de la nación.

Fuentes y contexto histórico:

  • Sobre la historia del régimen de la familia Assad y la laicidad estatal: BBC Mundo, análisis históricos sobre Siria. https://www.bbc.com/mundo
  • Datos sobre violencia sectaria y años de conflicto en Siria pueden consultarse en informes de organizaciones internacionales de derechos humanos y seguimiento de conflictos, como Human Rights Watch y el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos.
Este artículo fue redactado con información de Associated Press