Preah Vihear: cuando la piedra milenaria queda atrapada entre la geopolítica y la guerra

El templo jemer en la frontera entre Camboya y Tailandia padece daños crecientes, desplazamiento humano y el reto monumental de su conservación

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Preah Vihear, la joya arquitectónica erigida por el Imperio jemer sobre un acantilado de la cordillera Dangrek, ha pasado de ser un mirador turístico y un símbolo patrimonial compartido a un territorio marcado por cráteres de artillería, fachadas horadadas y el riesgo permanente de desplome. La reciente oleada de combates fronterizos y bombardeos ha dejado huellas físicas y sociales profundas: miles de desplazados, obras de arte dañadas y la incertidumbre sobre si las intervenciones de conservación podrán retomarse con seguridad.

Historia breve y marco legal internacional

El templo de Preah Vihear fue construido por la misma civilización que edificó Angkor Wat y ha ocupado un lugar central en la memoria histórica de Camboya. En 1962 la Corte Internacional de Justicia (CIJ) dictaminó a favor de la soberanía camboyana sobre el templo y el área inmediata, una decisión que, sin embargo, no ha puesto fin a las disputas ni a las tensiones en la zona fronteriza (International Court of Justice, 1962: https://www.icj-cij.org/en/case/50).

En 2008 la UNESCO inscribió Preah Vihear en la Lista del Patrimonio Mundial, reconociendo su valor universal excepcional y la necesidad de protegerlo. La inscripción, lejos de reducir las fricciones, contribuyó a avivar sentimientos nacionalistas en Tailandia y Camboya y a convertir el sitio en un símbolo político además de cultural (UNESCO World Heritage Centre, ficha 1224: https://whc.unesco.org/en/list/1224).

Daños documentados y riesgos actuales

Las evaluaciones preliminares emitidas por las autoridades camboyanas señalan daños extensos: en un primer balance se registraron 142 puntos con afectaciones durante los combates de julio, y más tarde otros 420 puntos adicionales tras los episodios de diciembre. Entre las zonas más comprometidas figuran las pabellones de entrada, escalinatas restauradas con fondos internacionales y estructuras auxiliares que sostienen la estética y la estabilidad del conjunto.

El problema se agrava con la época de lluvias: la temporada monzónica puede acelerar el colapso de muros aflojados por impactos y vibraciones; la erosión, la filtración de agua y la vegetación invasora empeoran el estado de conservación de las piedras talladas. Los técnicos advierten que sin una intervención urgente —y segura— durante la estación seca, partes significativas del edificio podrían perderse para siempre.

Impacto humano y socioeconómico

El conflicto no solo dañó el patrimonio material sino que provocó una crisis humanitaria a escala regional. Más de 640,000 personas fueron desplazadas de las zonas fronterizas durante los picos del enfrentamiento, y alrededor de 37,000 todavía no han retornado a sus hogares en el registro oficial más reciente. El cierre del turismo —que durante años atrajo visitantes nacionales e internacionales— ha cortado una fuente vital de ingresos para las comunidades locales y para la financiación indirecta de labores de conservación.

Argumentos contrapuestos: militarización versus protección cultural

Las partes enfrentadas presentan narrativas contradictorias sobre el uso del sitio. Tailandia ha alegado que el templo fue objeto de militarización por parte de autoridades camboyanas: instalación de sistemas de vigilancia, almacenamiento de municiones y emplazamientos que, según Bangkok, convirtieron el complejo en un objetivo legítimo desde el punto de vista militar. Por su parte, las autoridades camboyanas y organismos de conservación sostienen que cualquier presencia de personal armado fue mínima y tuvo carácter protector, y que los ataques han sido deliberados contra un patrimonio inestimable que pertenece a la humanidad.

En el derecho internacional humanitario existe una protección específica para bienes culturales de gran valor histórico. Sin embargo, esa protección puede perder efecto si un bien se emplea con fines militares, lo que genera un campo gris jurídico y operativo donde la protección patrimonial y la seguridad combaten por prioridad.

Los desafíos técnicos de la restauración

Reparar y conservar Preah Vihear implica competencias multidisciplinarias: arqueología, ingeniería estructural, conservación de piedra tallada, gestión de riesgos y desminado. Las labores deben iniciar con mapeos geotécnicos, estudios de estabilidad y detección de municiones sin explotar. Solo después de declarar zonas seguras y retirar peligros, podrían entrar equipos para fijar muros, consolidar cimentaciones y recomponer elementos escultóricos con criterios de reversibilidad y trazabilidad documental.

Históricamente, países como India, China y Estados Unidos han participado en proyectos de restauración y apoyo técnico. No obstante, la financiación y la presencia de expertos se han visto suspendidas o limitadas por el conflicto reciente. Reiniciar esos programas exigirá garantías de seguridad y un acuerdo trilateral (o multilateral) que permita a organismos internacionales y ONGs operar sin temor a reanudar combates.

Propuestas para una salida sostenible

  1. Acuerdo de desmilitarización temporal del enclave patrimonial: un pacto verificable por observadores internacionales que excluya fuerzas armadas y equipos pesados del perímetro inmediato del templo.
  2. Misión internacional de evaluación y protección: despliegue de conservadores, ingenieros y equipos de desminado bajo mandato de la UNESCO y acuerdos bilaterales para realizar un diagnóstico técnico urgente.
  3. Fondo internacional de restauración: creación de un mecanismo de financiamiento específico —con aportes de donantes bilaterales, multilaterales y fundaciones— destinado a obras de emergencia y a largo plazo, condicionado a salvaguardas de seguridad.
  4. Programa de retorno y desarrollo local: vincular la protección del patrimonio con proyectos de empleo local, formación técnica y reapertura gradual del turismo comunitario para beneficiar a familias desplazadas.
  5. Educación y diplomacia cultural: iniciativas conjuntas de Camboya y Tailandia que promuevan la historia compartida del sitio y reduzcan la carga simbólica que alimenta la confrontación.

Por qué importa salvar Preah Vihear

Más allá del valor arquitectónico y arqueológico, Preah Vihear es un testimonio material de dinámicas históricas que conectan al sudeste asiático con grandes procesos imperiales, religiosos y artísticos. Su pérdida sería irreparable para la humanidad; su protección, por el contrario, puede convertirse en un catalizador de confianza entre naciones vecinas.

Proteger el patrimonio en zonas de conflicto no es solo una cuestión de estética o turismo: es una inversión en memoria colectiva, cohesión social y, a menudo, en la estabilidad regional. La experiencia internacional muestra que los sitios patrimoniales, gestionados con transparencia y cooperación, pueden servir como puentes de diálogo incluso cuando la política bilateral está en tensión.

La ruta hacia la salvación de Preah Vihear exige voluntad política, recursos y respeto por normas internacionales. Si la comunidad internacional actúa con rapidez y sensatez, todavía es posible frenar la degradación y planificar una restauración responsable. De lo contrario, lo que hoy son corredores, pasillos y torres labradas podría terminar siendo solo un montón de piedras cuyo relato final lo escriba la guerra.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press