Cuando una empresa privada decide si investigar violaciones: el caso de Otay Mesa y el poder delegado

Memorándum entre la oficina del sheriff y CoreCivic permite que el alcaide del centro decida si se investigan denuncias sexuales; defensores y autoridades locales cuestionan la transparencia y la rendición de cuentas

El 2025 sacó a la luz un problema inquietante y de consecuencias profundas: al menos siete denuncias de violación y cuatro intentos de agresión sexual reportados en el centro de detención de Otay Mesa —gestionado por la compañía privada CoreCivic bajo contrato federal— no fueron investigados por la Oficina del Sheriff del Condado de San Diego. En su lugar, según un memorándum de entendimiento (MOU) firmado en 2020, la facultad para decidir si inicia una investigación recae en el propio alcaide del centro, un administrador civil empleado por la empresa privada.

¿Qué dice el acuerdo y por qué importa?

El memorándum, obtenido por CalMatters mediante una solicitud de acceso a la información pública, establece que “el alcaide de la instalación es responsable de investigar cualquier denuncia de agresión o abuso sexual”. En la práctica, eso significa que las pesquisas sobre incidentes potencialmente penales dentro del centro podrían ser tratadas administrativamente por CoreCivic y no necesariamente remitidas a autoridades policiales para una investigación criminal independiente.

CoreCivic, en una declaración oficial, sostiene que su personal realiza investigaciones administrativas de cada denuncia de abuso sexual y que “cuando un asunto requiere intervención de la ley, lo remitimos a las autoridades correspondientes”, palabras atribuidas al portavoz Ryan Gustin (fuente: CalMatters).

La compañía también indica que mantiene una política de tolerancia cero frente a abusos sexuales y que ofrece servicios médicos y de salud mental a quienes denuncian, además de un número de denuncia anónima y registro de incidentes en una base de datos interna.

Preocupaciones: conflicto de intereses y falta de transparencia

Organizaciones defensoras y responsables locales expresaron alarma. Susan Beaty, abogada sénior del California Collaborative for Immigrant Justice, dijo: “Estamos horrorizados pero no sorprendidos de saber que numerosas agresiones sexuales no fueron investigadas en una instalación de CoreCivic” (fuente: CalMatters). Para los críticos, delegar el inicio o la conducción de investigaciones que podrían llevar a cargos penales a la propia empresa que administra la cárcel plantea un evidente conflicto de intereses: la compañía contrata y supervisa el personal, gestiona la custodia de detenidos y, en muchos casos, tiene incentivos económicos para minimizar incidentes que puedan provocar sanciones, demandas o pérdida de contratos.

La presidenta de la Junta de Supervisores del Condado de San Diego, Terra Lawson-Remer, ha manifestado su escepticismo: “No tengo mucha confianza en la capacidad de CoreCivic para investigar estas acusaciones tan serias” (fuente: declaraciones en audiencias relacionadas con la noticia).

El argumento de la oficina del sheriff: limitaciones de recursos

El Sheriff Kelly Martinez respondió a las críticas explicando que la oficina no tiene capacidad de personal suficiente para investigar todas las denuncias de conducta criminal que ocurren en cada instalación civil y criminal del condado, incluido Otay Mesa. En la audiencia, Martinez señaló que sin el MOU la empresa tal vez no reportaría los incidentes al Sheriff y, por tanto, “no investigaríamos” ninguno de ellos; previno también que investigar todas las quejas fuera de instalaciones del condado sería “una solicitud difícil” por la falta de recursos.

Martinez indicó que, en 2024 y 2025, el departamento recibió 142 solicitudes de servicio relacionadas con Otay Mesa (142 llamadas de servicio en 2024 según el registro obtenido vía solicitud pública) y que en 2024 se registraron 14 llamadas identificadas como relacionadas con la Prison Rape Elimination Act (PREA), la ley federal de 2003 diseñada para prevenir, detectar y responder al abuso sexual en instalaciones carcelarias (fuente: registros del despacho del sheriff a los que tuvo acceso CalMatters).

PREA y la regulación federal: qué establece y qué limita

La PREA (Prison Rape Elimination Act) fue firmada en 2003 con el objetivo de reducir la violencia sexual en cárceles y centros de detención en Estados Unidos. Las normas PREA incluyen requisitos de auditoría, protocolos de reporte, protección de denunciantes y medidas de prevención. Sin embargo, la existencia de una norma federal no garantiza una investigación criminal: PREA obliga a reportar y auditar, pero la jurisdicción para procesos penales corresponde a las autoridades de justicia locales o federales competentes.

Un hecho relevante: un auditor externo, la empresa Creative Corrections, concluyó en 2022 que Otay Mesa cumplía con los estándares federales de PREA durante esa auditoría. No obstante, el cumplimiento administrativo no disipa la inquietud pública sobre si esos procesos administrativos son suficientes para tratar delitos como la violación y si la remisión a la justicia penal se está ejecutando de manera adecuada y oportuna.

¿Quiénes están detenidos en Otay Mesa y cuál es el contexto?

El centro de Otay Mesa alberga actualmente alrededor de 1.500 personas detenidas por inmigración, en su mayoría a la espera de audiencias administrativas; no son necesariamente personas condenadas por delitos penales. La gran proporción de civiles en situación de detención migratoria plantea una responsabilidad especial en materia de protección y derechos humanos, dado que muchos no han sido procesados ni sentenciados y, sin embargo, están privados de libertad.

La gestión privada de centros de detención migratoria ha sido objeto de debate desde hace décadas. En su modelo de negocio, empresas como CoreCivic (antes Corrections Corporation of America) y GEO Group administran instalaciones bajo contrato con agencias federales como ICE. En 2019 y años recientes, múltiples reportes de irregularidades, condiciones sanitarias deficientes y abuso sexual en centros de detención han avivado demandas legales y escrutinio público.

Transparencia y acceso a la información: límites legales y prácticos

CalMatters solicitó registros adicionales —por ejemplo, grabaciones de llamadas al 911 y los registros completos de despacho—, pero la oficina del Sheriff se negó a entregar material argumentando que eran “registros de una investigación de la ley” y, por tanto, estaban exentos de divulgación. Esa respuesta genera fricción entre la obligación de proteger la integridad de investigaciones en curso y el interés público legítimo en conocer cómo se manejan denuncias de delitos graves en instalaciones que retienen a personas bajo custodia estatal o federal.

Además, el MOU firmado por el ex sheriff Bill Gore en 2020 prevé que, si la oficina del sheriff realiza una investigación, al concluirla debe enviar copia del informe a la instalación para su archivo. El flujo de información está, por tanto, diseñado para ser bilateral; sin embargo, cuando la investigación no se inicia por parte de la autoridad pública, la dirección del centro retiene la iniciativa investigadora.

Consecuencias legales y sociales

La delegación de funciones investigativas a una entidad privada plantea varios problemas prácticos y normativos:

  • Rendición de cuentas: ¿Quién supervisa que las investigaciones administrativas internas sean rigurosas e imparciales?
  • Conflicto de interés: la empresa tiene interés en minimizar eventos que afecten su reputación y contratos.
  • Acceso a la justicia para víctimas: la falta de investigaciones criminales puede impedir procesos penales y la reparación para las personas afectadas.
  • Transparencia: las limitaciones para divulgar información entorpecen la evaluación pública y el escrutinio independiente.

Reacciones políticas y posibles vías de reforma

La controversia ha llevado a que miembros de la Junta de Supervisores presionen por explicaciones y cambios. Lawson-Remer, por ejemplo, pidió saber si el sheriff podría cambiar el MOU para garantizar que la oficina investigue cada acusación criminal proveniente de centros que operan en el condado (declaración pública citada en audiencias y cobertura de CalMatters). La respuesta del Sheriff —que requeriría más personal y recursos— resalta una limitación común en departamentos locales: la carga operativa y la falta de unidades especializadas para investigar delitos en instalaciones privadas y federales.

Posibles vías de reforma incluyen:

  1. Revisar o renegociar los MOU para asegurar remisión automática de denuncias penales a la autoridad competente cuando existan indicios de delito grave.
  2. Crear unidades especializadas a nivel local o regional con competencia para investigar denuncias en instalaciones privadas bajo contrato federal, financiadas por subvenciones estatales o federales.
  3. Fortalecer auditorías externas e independientes y mecanismos de seguimiento de cumplimiento PREA con capacidad sancionadora real.
  4. Mejorar la transparencia mediante reglas claras sobre el acceso a registros públicos una vez que la seguridad de las investigaciones en curso no se vea comprometida.

Reflexión final: derechos, lucro y responsabilidad pública

El caso de Otay Mesa es un ejemplo nítido de la tensión entre dos realidades: la creciente privatización de la gestión de privación de libertad y la necesidad del Estado de garantizar que los derechos fundamentales de las personas bajo custodia sean respetados y protegidos. Cuando la decisión de investigar posibles delitos la toma la empresa que administra la institución, el público tiene razones para pedir garantías adicionales de independencia, claridad procesal y supervisión efectiva.

Las cifras y registros disponibles —las docenas de llamadas relacionadas con PREA en 2024 y 2025 y las siete denuncias de violación registradas en un año— subrayan que se trata de un problema de magnitud no trivial. La pregunta central es si el modelo actual de MOU y delegación investigadora protege adecuadamente a las personas detenidas o, por el contrario, deja lagunas que impiden justicia y rendición de cuentas. La respuesta determinará no sólo la suerte de las víctimas en Otay Mesa, sino el estándar que el sistema penal y migratorio impondrá a la administración privada de privación de libertad en el futuro cercano.

Fuentes citadas y referencia de declaraciones:

  • CalMatters: investigación y obtención del memorándum de entendimiento con CoreCivic; datos sobre llamadas y declaraciones públicas citadas (CalMatters, 2025).
  • Declaraciones de Ryan Gustin, portavoz de CoreCivic, sobre la política de investigaciones administrativas y referencia a remisiones cuando corresponde (declaración reproducida en cobertura de CalMatters).
  • Declaraciones de Susan Beaty, California Collaborative for Immigrant Justice, y de Terra Lawson-Remer, Presidenta de la Junta de Supervisores del Condado de San Diego, citadas en la cobertura periodística (CalMatters).
  • Prison Rape Elimination Act (PREA), legislación federal de 2003; requisitos generales y objetivos del estatuto (Departamento de Justicia de EE. UU., recursos sobre PREA).
Este artículo fue redactado con información de Associated Press