Cuando la guerra lejos de casa aprieta a África: combustible, fertilizantes y economías al límite

Cómo el cierre de rutas y el alza del precio del petróleo por el conflicto en Irán está agravando la vulnerabilidad económica del continente

“Nos está pegando duro”, resume en una frase la experiencia de Adegbola Isaac, conductor de taxi en Lagos, que recientemente pagó 1.350 nairas por litro de gasolina después de sucesivos aumentos del precio del combustible. Ese incremento —casi 35% desde que se intensificó el conflicto en el Estrecho de Hormuz— no es un dato aislado: representa cómo una guerra a miles de kilómetros puede estrangular bolsillos y cadenas de producción en África.

La exposición africana a las fluctuaciones globales

África es hoy un continente con crecimiento demográfico y con alto dinamismo urbano, pero también con fuertes dependencias externas en energéticos y productos refinados. Según el informe 2025 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), África se ha convertido en “el epicentro de crisis globales superpuestas” debido, en parte, a que más de la mitad de su comercio se realiza con cinco países fuera del continente. Esa dependencia estructural hace que shocks internacionales —pandemias, guerras, sanciones o cierres marítimos— se traduzcan rápidamente en inflación, escasez y deterioro del acceso a bienes básicos.

Del Estrecho de Hormuz a la bomba en el surtidor

El Estrecho de Hormuz es un cuello de botella estratégico: antes del conflicto reciente, por allí transitaba aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. Cuando Israel y fuerzas aliadas atacaron instalaciones vinculadas a Irán y se produjo la reacción de actores regionales e internacionales, el paso seguro de buques mercantes y petroleros se vio amenazado. La consecuencia inmediata fue un ajuste al alza en los precios de los combustibles y una interrupción en suministros clave, incluidos insumos para fertilizantes.

Para economías importadoras de productos refinados —como la mayoría de países africanos— esa alza se traduce en varias capas de impacto:

  • Encarecimiento del transporte público y privado, que reduce la movilidad laboral y el acceso a mercados.
  • Aumento de costos logísticos que repercute en los precios de alimentos y materiales.
  • Riesgo de interrupción de industrias intensivas en diésel: agricultura, manufactura y transporte de mercancías.

Historias que ilustran la cadena de efectos

En Lagos, el conductor Adegbola Isaac vio desaparecer gran parte de su margen diario en una semana; en Harare, comerciantes informales como Washington Nyakarize evitan desplazarse en horas pico por el encarecimiento de los pasajes, con la consiguiente pérdida de clientes y ventas. En Kenia, toda la oferta de combustible proviene del Oriente Medio, especialmente de Emiratos Árabes Unidos; ya hay estaciones y puntos de venta afectados, y Uganda llegó a estimar que sus reservas de combustible podrían agotarse en pocas semanas si los flujos no se normalizan.

El impacto no se limita al combustible: la agricultura africana depende de fertilizantes cuyas cadenas de suministro también transitan por rutas marítimas sensibles. UNCTAD advirtió que las restricciones al paso por el estrecho afectan tanto al petróleo como a insumos agrícolas, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria de regiones enteras.

Datos y magnitudes

  • Antes del conflicto, el Estrecho de Hormuz manejaba alrededor del 20% del petróleo mundial y cerca del 30% del comercio de fertilizantes (estimaciones de comercio marítimo global, cifras agregadas 2023–2024).
  • El precio por litro que pagó Adegbola (1.350 nairas, ~0,99 USD) refleja aumentos locales que en muchos países africanos superan el 20–30% en semanas tras los primeros incidentes relacionados con el paso marítimo.
  • Kenya reportó pérdidas semanales de hasta 1,4 millones de dólares en su industria florícola por caída de demanda y disrupciones en envíos (informes sectoriales, 2026).

Reacciones gubernamentales y soluciones de emergencia

Ante el shock de oferta, varios países africanos buscaron alternativas. Hubo contactos con grandes refinerías regionales; Bloomberg informó que naciones como Sudáfrica, Kenia y Ghana exploraron compras a la gran refinería de Dangote en Nigeria, que recientemente aumentó su capacidad. Dangote completó el envío de varias partidas de productos refinados a países africanos, lo que representa un avance hacia mayor autosuficiencia regional en productos refinados.

Sin embargo, las soluciones no son inmediatas ni exentas de riesgos: ampliar la dependencia en una sola refinería expone a la región a cuellos de botella logísticos, problemas de suministro de crudo y limitaciones en la capacidad de refinación a mediano plazo. Además, medidas internas, como el aumento del blend de etanol en combustibles (por ejemplo, la decisión anunciada por Zimbabue para pasar de 5% a 20% de etanol), tienen efectos indeseados: pueden dañar motores no diseñados para mezclas altas y aumentar emisiones contaminantes.

El factor social: inflación, protestas y vulnerabilidad

La combinación de precios altos y salarios inmóviles alimenta tensiones sociales. En Zimbabwe, trabajadores de la salud salieron a protestar demandando aumentos salariales ante el alza del costo de vida. La erosión del poder adquisitivo genera retrocesos en indicadores sociales: menor asistencia a centros de salud, abandono escolar por necesidad de trabajar, y reducción de la dieta familiar.

Un panorama con riesgos múltiples

La economista Zainab Usman, investigadora del Center on Global Energy Policy, advirtió que la prolongación del conflicto podría llevar a África a “territorio desconocido”, con efectos difíciles de predecir y amplios en lo social y lo económico (declaración pública, marzo 2026). Esa incertidumbre obliga a pensar tanto en medidas de contención a corto plazo como en estrategias de transformación a mediano y largo plazo.

Estrategias para reducir la vulnerabilidad

Las crisis recurrentes ponen sobre la mesa la necesidad de repensar políticas energéticas y agrícolas en el continente. Algunas recomendaciones y líneas de acción que emergen de expertos en energía y comercio internacional son:

  1. Diversificación de proveedores y rutas: no depender de un único origen para combustibles y fertilizantes. Esto incluye acuerdos regionales y reservas estratégicas.
  2. Impulsar la refinación local: promover inversiones en capacidad de refinación en África para procesar crudo local y reducir importaciones de productos terminados.
  3. Reservas estratégicas y gestión de la demanda: activar y ampliar reservas de combustible y diésel para industrias críticas, junto con medidas de racionamiento temporal para evitar picos de compra y desabastecimiento.
  4. Políticas agrícolas resilientes: fomentar el uso eficiente de fertilizantes, la rotación de cultivos y alternativas orgánicas donde sea viable para reducir la dependencia de insumos importados.
  5. Inversiones en energías renovables: acelerar proyectos solares, eólicos e híbridos que reduzcan la carga de importación de combustibles fósiles a mediano plazo.

¿Qué puede hacer la comunidad internacional?

La interconexión económica global implica también responsabilidades compartidas. Instituciones multilaterales pueden facilitar corredores seguros para bienes humanitarios y agrícolas —un esfuerzo que ya ha mostrado avances con acuerdos para permitir el paso de ayuda por el Estrecho de Hormuz en situaciones específicas—, y deben apoyar con financiamiento y asesoría técnica a programas de resiliencia energética en países vulnerables.

Reflexión final

Lo ocurrido en las últimas semanas reitera una lección clara: los conflictos localizados tienen efectos transnacionales que golpean primero a los más vulnerables. Mientras en los salones de la diplomacia se discute el futuro inmediato del conflicto en Oriente Medio, millones de africanos calculan cómo estirar un salario, mantienen negocios precarios a flote y adaptan sus vidas a precios que suben sin previo aviso. La respuesta debe combinar medidas de emergencia con una agenda estructural que reduzca la exposición a shocks externos, porque para muchas comunidades africanas la próxima crisis podría estar ya en camino.

Fuentes consultadas y citas:

  • UNCTAD, informe 2025 sobre África y las crisis superpuestas (UNCTAD, 2025).
  • Declaración de Zainab Usman, Center on Global Energy Policy (declaración pública, marzo 2026).
  • Estimaciones de comercio marítimo y participación del Estrecho de Hormuz en flujos de petróleo y fertilizantes (datos agregados internacionales, 2023–2024).
  • Entrevistas y reportes de campo con conductores, comerciantes y fuentes del sector energético en Lagos, Harare y Nairobi (marzo–abril 2026).
Este artículo fue redactado con información de Associated Press