Semana Santa y Pesaj en tiempos de guerra: Jerusalén cerrada y Roma en procesión, dos realidades de una misma tradición

Análisis sobre cómo el conflicto en Irán reconfigura las celebraciones religiosas en Jerusalén mientras el Vaticano retoma tradiciones en un mundo convulso

Palabra clave: Analysis

Un paisaje sagrado dividido por la seguridad

La primavera, época tradicional de peregrinaciones, reencuentros familiares y rituales milenarios, suele teñir de actividad y fervor las calles de Jerusalén y la plaza de San Pedro en Roma. Pero este año la estampa es doble: por un lado, la ciudad vieja de Jerusalén cerrada, tiendas con persianas metálicas y plazas vacías; por otro, miles de fieles en la Plaza de San Pedro donde el nuevo pontífice preside las celebraciones de la Semana Santa. Ambas escenas ilustran cómo, en el siglo XXI, los rituales religiosos se enfrentan a desafíos que van más allá de la espiritualidad: seguridad, política y el impacto de la guerra.

Jerusalén: el silencio de los lugares que habitualmente no callan

Desde hace varias semanas, Jerusalén vive una situación insólita durante una de las temporadas más concurridas del año. Las principales zonas que atraen a peregrinos —el Muro de los Lamentos, la Iglesia del Santo Sepulcro y la explanada de la Mezquita de Al Aqsa— se han visto afectadas por cierres, restricciones de aforo y daños materiales debido al conflicto vinculado a la escalada entre Israel, Estados Unidos e Irán.

Los testimonios recogidos en la ciudad vieja describen calles empedradas desiertas y comercios familiares cerrados. Fayez Dakkak, comerciante de tercera generación quien atiende peregrinos cristianos desde 1942, afirma: “Es como si no hubiera Ramadán para nosotros” (fuente: testimonio publicado en crónica periodística sobre Jerusalén). Esa frase resume la pérdida simbólica: el vacío que dejan las prácticas religiosas colectivas cuando se ven interrumpidas por la lógica de la seguridad.

El impacto no es solo cultural o espiritual, sino también económico. Sectores enteros de la economía local dependen del flujo de visitantes —hoteles, restaurantes, guías, tiendas de recuerdos y ofrendas religiosas— y una caída prolongada se traduce en ingresos que no se recuperan inmediatamente.

Celebraciones restringidas: de la multitud al núcleo familiar

En un año típico, las ceremonias de Pascua cristiana y Pesaj judía congregan a miles. Sin embargo, bajo las directrices militares y de protección civil se ha limitado el aforo en los lugares sagrados a un máximo de 50 personas en espacios cerrados, algo que remite a las medidas impuestas en pandemias anteriores.

El rabino Shmuel Rabinowitz describió la desolación al ver la explanada del Muro Occidental vacía y explicó que la bendición sacerdotal de Pesaj, que normalmente atrae a decenas de miles, se celebraría con apenas 50 fieles (cita tomada de cobertura periodística). Ese gesto, íntimo pero obligado, evoca cómo las comunidades religiosas buscan adaptarse: seguir con los rituales reduciendo su visibilidad pública, pero no renunciando a la continuidad litúrgica.

Las familias judías planean sederes más pequeños, replicando una realidad de años de conflicto donde la vida comunitaria se vuelve discreta. En algunos casos, la diáspora que solía reunirse con familiares en Israel no ha podido viajar por la restricción de vuelos y el funcionamiento limitado del aeropuerto Ben Gurion. Curiosamente, el éxodo que relata la Haggadá en Pesaj —la salida de Egipto hacia la libertad— se ve reflejado en la actualidad por personas que, por seguridad, cruzan fronteras hacia lugares más seguros, como la península del Sinaí.

El Santo Sepulcro y Al Aqsa: daños y cierres que erosionan la experiencia devocional

Uno de los episodios más impactantes fue el daño en la azotea del Patriarcado ortodoxo griego justo a pasos de la Iglesia del Santo Sepulcro, a raíz de la caída de esquirlas de un misil interceptado. La iglesia, venerada como el lugar de la crucifixión, sepultura y resurrección de Jesús, permanece cerrada bajo directrices militares que restringen las reuniones a menos de 50 personas.

Al mismo tiempo, la explanada de Al Aqsa, el tercer lugar más sagrado del islam, vio cómo las oraciones colectivas quedaban interrumpidas durante buena parte del Ramadán. Para millones de fieles, esos rituales no son solo actos de piedad personales sino también momentos colectivos que fortalecen la identidad de una comunidad. Su suspensión temporal deja una sensación de orfandad ritual.

Fe y resiliencia: testimonios desde el silencio

Frente al cierre y la incertidumbre, líderes religiosos y fieles han buscado formas de sostener la vida espiritual. El padre Rami Asakrieh, sacerdote católico en Jerusalén, afirmó que la comunidad echa de menos las procesiones como la del Domingo de Ramos, pero que la fe auténtica se celebra en el corazón: “celebramos la resurrección; la resurrección es vencer el dolor y la guerra, no vendrá teniendo miedo sino teniendo fe” (testimonio recogido en prensa).

Así, se mantienen misas, servicios y oraciones en lugares aprobados por las autoridades militares como refugios seguros: capillas, sótanos o grandes salas que cumplen con los criterios establecidos. La adaptabilidad de estos ritos pone de manifiesto una capacidad de resiliencia religiosa que ha caracterizado a estas tradiciones a lo largo de la historia.

Roma: tradición, memoria y el retorno a la liturgia pública

En Roma, la escena fue diametralmente distinta. El nuevo pontífice, identificado como el Papa Leo XIV, presidió el Domingo de Ramos ante decenas de miles de fieles en la Plaza de San Pedro. La procesión, el rezo y la homilía en la basílica evocaron la continuidad de una tradición que, para muchos, ofrece consuelo y estabilidad en tiempos turbulentos.

El ritual del lavado de pies en Jueves Santo, restituido por el nuevo pontífice en la basílica de San Juan de Letrán, marca una vuelta a las prácticas históricas que algunos atribuyen a un deseo de recuperar la liturgia pública y el simbolismo ritual tradicional tras años en que la actitud pastoral de su predecesor incluyó gestos fuera de la liturgia romana, como visitar prisiones o lavar los pies a miembros de otras confesiones.

El contraste entre las plazas llenas en Roma y las calles vacías en Jerusalén plantea preguntas sobre la relación entre religión, política y seguridad en el mundo contemporáneo: ¿puede la liturgia pública ser un acto de normalidad que envíe un mensaje de resiliencia? ¿O es, en algunos contextos, una muestra de que ciertas sociedades pueden mantener la vida colectiva religiosa mientras otras no, por factores externos?

Historia y precedentes: rituales en tiempos de guerra

La interferencia entre guerra y prácticas religiosas no es nueva. A lo largo de la historia, conflictos armados han obligado a adaptar rituales, cambiar fechas o incluso trasladar ceremonias. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial muchas peregrinaciones europeas fueron suspendidas y las celebraciones pascuales en ciudades en guerra se transformaron en actos íntimos o simbólicos. El caso contemporáneo recuerda aquel patrón: la fe se privatiza temporalmente, pero no desaparece.

Además, los líderes religiosos han usado históricamente las grandes celebraciones como plataformas para mensajes de paz y reconciliación. En momentos críticos, el Papa o los rabinos a menudo llaman a la moderación, la oración y el diálogo. Esta tradición de voz moral pública es visible hoy: los mensajes desde Jerusalén y Roma encomian la esperanza, la paciencia y la solidaridad ante la adversidad.

Dimensiones políticas y humanitarias

La clausura de sitios sagrados tiene implicaciones diplomáticas. Jerusalén es, por su naturaleza, un epicentro de tensiones religiosas y políticas; cualquier daño a sus santuarios puede reavivar resentimientos y movilizar solidaridad internacional. La protección de lugares sagrados en tiempos de guerra es también una cuestión de derecho internacional humanitario: los bienes culturales y religiosos cuentan con salvaguardas específicas frente a daños, aunque su eficacia depende de la dinámica del conflicto.

Además, la afectación a la vida cotidiana de ciudadanos —muertes civiles, heridos, desplazamientos y cierres económicos— deriva en necesidades humanitarias inmediatas. Las comunidades religiosas que acostumbran a ser redes de apoyo social ven multiplicadas sus responsabilidades: organizar ayuda, cubrir necesidades básicas y mantener el tejido social en momentos de fractura.

El papel de los líderes religiosos en la construcción de sentido

En tiempos de crisis, los líderes religiosos desempeñan una función clave: no solo ofician rituales, sino que también interpretan la experiencia del sufrimiento y proponen marcos de sentido. El papa —a través de su homilía y presencia— y los líderes locales en Jerusalén (rabinos, imames, sacerdotes) articulan respuestas que mezclan consuelo y llamados a la paz.

Las palabras del padre Asakrieh subrayan este doble papel: recordar la dimensión interior de la fe mientras se enfrenta la tragedia externa. En forma similar, líderes judíos que limitan rituales no lo hacen por abandono de la tradición, sino por prudencia y protección. Ese equilibrio entre seguridad y continuidad litúrgica define la respuesta institucional en contextos de peligro.

Implicaciones para la comunidad global y el turismo religioso

El turismo religioso es una industria de gran alcance: según datos del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), el turismo religioso representa decenas de miles de millones de dólares anuales a nivel global en sus distintas formas (fuente: WTTC, estimaciones previas a 2020). La interrupción de la llegada de peregrinos a Jerusalén supone un golpe económico que se siente desde los comercios de la Ciudad Vieja hasta las agencias de viajes internacionales.

Además, la experiencia del peregrino cambia: la visita a un lugar sagrado en tiempos de crisis añade una dimensión de empatía y testimonio: visitar no es solo ver, sino acompañar a comunidades que sufren. Para muchos, el acto de peregrinar se transforma en una forma de solidaridad tangible.

Miradas futuras: ¿cómo se reconstruyen las prácticas?

Cuando la violencia disminuya —y la esperanza de ello es compartida por líderes y fieles— la reconstrucción de la vida religiosa seguirá varios ejes: reparación física (reparar lugares dañados), recuperación comunitaria (reactivar actividades, turismo y economía) y restauración simbólica (reafirmar el significado de rituales colectivos). La reparación de los lugares sagrados suele ser prioritaria, no solo por su valor arquitectónico y patrimonial, sino por su rol en la recomposición del tejido social.

Es probable que muchas de las adaptaciones realizadas durante la crisis perduren: misas y oraciones en espacios alternativos, mayor coordinación entre autoridades civiles y religiosas para protocolos de seguridad, y un mayor uso de tecnologías para conectar a fieles que no pueden desplazarse. Aquello que fue una medida temporal podría convertirse en un componente estable de la práctica religiosa moderna.

Reflexión final: ritual, memoria y política en la era contemporánea

La confluencia de liturgia y conflicto nos recuerda que la religión no existe en una burbuja: está profundamente entrelazada con la política, la seguridad y la vida cotidiana. Jerusalén y Roma ofrecen, en contrapunto, dos respuestas válidas a la misma necesidad humana: afirmar el sentido, el consuelo y la memoria mediante rituales. Mientras en Jerusalén la fe se vive en pequeñas agrupaciones y en la fortaleza de la intimidad comunitaria, en Roma se despliega en la plaza multitudinaria como testimonio público.

En última instancia, la lección es doble: las liturgias y los rituales son resilientes, capaces de adaptarse a las circunstancias más adversas; y, al mismo tiempo, su plena expresión pública depende de factores que van más allá de la devoción individual. La protección de los lugares sagrados, la seguridad de los fieles y la recuperación económica y cultural serán las claves para que, tras la oscuridad momentánea, las plazas y las calles recuperen su bullicio, sus rezos colectivos y el flujo de peregrinos que, históricamente, han dado vida a estas ciudades.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press