El último original: John Eric Parker y la vigencia teatral de The Book of Mormon
Cómo un intérprete encontró sentido, permanencia y renovación en un fenómeno teatral que cambió Broadway
En un mundo teatral donde la rotación de elencos es casi una regla no escrita, la permanencia de un intérprete en un montaje durante más de una década llama la atención. John Eric Parker es, en 2026, el único miembro del reparto original de The Book of Mormon que sigue en escena en Broadway. Su historia no solo habla de resistencia profesional, sino también de la manera en que el teatro puede transformarse junto con el público y el contexto social.
Un actor que eligió quedarse
Parker no se considera un sobreviviente por orgullo; lo define como alguien que encontró un lugar donde el trabajo sigue siendo gozoso y significativo. «La primera señal para irme sería perder la alegría. Y esto todavía me trae enormes cantidades de alegría», dijo en una entrevista durante su permanencia en el Eugene O’Neill Theatre. Esa declaración encierra una elección consciente: privilegiar la estabilidad emocional y artística sobre la búsqueda constante de nuevos proyectos.
La elección de permanecer en un solo espectáculo durante años suele verse con recelo en una industria que valora la novedad y el movimiento. Sin embargo, la permanencia tiene ventajas concretas: permite profundizar en un personaje, aportar continuidad al montaje y convertirse en un punto de referencia para nuevas generaciones de intérpretes que se incorporan al reparto.
De la adversidad a los premios: dos golpes de suerte
La llegada de Parker a The Book of Mormon sucede en un momento personal complejo: la pérdida de su hermana y el diagnóstico de Alzheimer de su madre le ofrecieron un trayecto emocional espinoso en paralelo a su carrera. Pese a ello, el destino profesional le jugó a favor: en 2009 formó parte del elenco de Memphis, que obtuvo el Tony a Mejor Musical Nuevo en 2010. Meses después, se unió a The Book of Mormon, que repetiría la hazaña al ganar el mismo galardón en 2011. «Fue como si dos rayos cayeran seguidos», recuerda Parker, sorprendido por la improbabilidad del doble triunfo.
Los Tony Awards son el reconocimiento más prestigioso de la escena teatral estadounidense; en su web se puede consultar el historial de galardones y nominaciones (https://www.tonyawards.com/). El hecho de formar parte de dos producciones premiadas en tan poco tiempo no solo elevó el perfil artístico de Parker, sino que además le dio un colchón de legitimidad para permanecer en Broadway sin sentirse obligado a buscar el siguiente título exitoso como única medida de valor.
Un montaje que evolucionó con la sociedad
The Book of Mormon nació como una sátira afilada —creada por Trey Parker, Matt Stone y Robert Lopez— sobre la fe, la ingenuidad y los choques culturales. Desde su estreno, la obra fue un fenómeno: mezcló la crudeza humorística de South Park con el formato musical para crear un show que, en ocasiones, estallaba en formato de concierto rock, según recuerdan quienes vivieron su apertura y primeras temporadas.
Pero algo interesante ha sucedido con el paso de los años: el espectáculo dejó de ser un simple comentario sobre la fe para convertirse en una celebración del propio hecho teatral. Parker señala que, tras la pandemia y frente a movimientos sociales como #MeToo y Black Lives Matter, algunas reacciones del público cambiaron; ciertas líneas se escuchan hoy con otra sensibilidad. «El arte continúa sorprendiéndome. Justo cuando piensas que es rutinario, algo sucede en el mundo: sigue siendo un organismo vivo», afirma.
Esta observación no es menor. Las obras que perduran suelen hacerlo porque se adaptan, porque los intérpretes y directores encuentran matices nuevos en los textos y en las interpretaciones que responden a transformaciones sociales. La capacidad de un montaje para dialogar con su tiempo sin renegar de su forma original es una de las claves de su longevidad.
Mentoría discreta y compromiso comunitario
Otro rasgo definitorio de Parker es su disposición a ayudar a los recién llegados, pero siempre sin imponer su método. «No me impongo ni impongo lo que sé porque creo que les debe darse la oportunidad de encontrarlo por sí mismos», asegura. Esa actitud lo ha hecho un referente respetado en el backstage: productor Anne Garefino lo describe como “una roca, sin ser impositivo”.
Su estabilidad le permitió también volcar esfuerzos en iniciativas solidarias. Parker integra el consejo de Broadway Cares/Equity Fights AIDS y forma parte de la junta directiva de Broadway Inspirational Voices. La posibilidad de no estar en constante búsqueda de trabajo le ha dado tiempo para ‘saltar con bungee’ —en palabras suyas— hacia proyectos y causas que, de otro modo, podrían haber quedado fuera de su agenda.
El actor y el mito del “último en pie”
Parker solía evitar el apelativo de “último original en pie” hasta que un tío suyo, improbable celebridad familiar, lo empujó a aceptarlo en tono festivo: «¡El último hombre en pie está aquí!», gritó el hombre, con esa mezcla de humor y orgullo que solo existe en reuniones familiares. Parker decidió entonces no esquivar la etiqueta y la integra con humor y un sentido de legado: quedarse no es solo una cuestión de trabajo, sino también de memoria colectiva del montaje.
En ese sentido, su permanencia funciona como un anclaje para la obra: cuando el elenco rota, la presencia de una figura original aporta continuidad histórica y emocional. Para el público habitual —y para compañeros más jóvenes—, Parker es un puente con la génesis del espectáculo, con su energía fundacional y con las decisiones creativas que marcaron el tono del estreno.
¿Por qué importa la permanencia en Broadway?
- Identidad del espectáculo: Un miembro original ayuda a preservar la esencia de una producción en un entorno donde el recambio es la norma.
- Calidad interpretativa: La repetición y la experiencia permiten matices que solo el tiempo otorga; eso contribuye a que la obra mantenga un nivel interpretativo alto y coherente.
- Relación con el público: Figuras permanentes se convierten en hitos para espectadores habituales y turistas culturales que buscan ver a ‘los de siempre’ en escena.
- Compromiso social: La estabilidad posibilita la dedicación a causas comunitarias y a la mentoría interna, fortaleciendo el ecosistema teatral.
Estas ventajas, sin embargo, no disipan los riesgos: hay desafíos de estancamiento creativo, la posibilidad de que la obra pierda frescura si no se renueva, o la percepción externa de que el actor se conforma. Parker parece haber encontrado el equilibrio: alterna compromisos personales y laborales fuera del teatro, retoma descansos y retorna con energías renovadas.
La vigencia del teatro como experiencia colectiva
Más allá de la figura de Parker, la historia completa nos recuerda por qué el teatro, en pleno siglo XXI, sigue siendo un espacio vital. Cuando un montaje logra mantenerse en cartelera y, al mismo tiempo, ajustarse a nuevas sensibilidades, demuestra que el teatro no es un objeto inmóvil: es conversación, ajuste y memoria. The Book of Mormon, con su humor provocador y su estatura como fenómeno cultural, ha sabido reinventarse sin traicionarse, y la permanencia de intérpretes como John Eric Parker ayuda a explicar por qué.
En tiempos donde la inmediatez y el consumo rápido cultural parecen dominar, la existencia de historias y carreras largas en Broadway ofrece una alternativa: la paciencia, la profundidad y la construcción gradual del significado. Parker lo sintetiza con sencillez: mientras haya alegría y siga siendo un lugar para aprender y dar a otros, él seguirá subiendo al escenario. Y para quien ama el teatro, esa es una noticia que merece celebrarse: porque cada función no es solo entretenimiento, sino la continuidad de una historia viviente.
