Rumbo a 2026: Preparativos, obstáculos y esperanzas en la antesala del Mundial tripartito

De la revisión presidencial en Ciudad de México a dramas de clasificación y actuaciones que pugnan por un lugar en la convocatoria final

El 2026 traerá un Mundial sin precedentes: por primera vez en la historia la Copa del Mundo se disputará en tres países —Estados Unidos, México y Canadá— y con México jugando un papel central tanto por su historia futbolística como por la magnitud de sus sedes. En las últimas semanas emergieron tres historias que, juntas, ilustran las dimensiones organizativas, humanas y deportivas que confluyen en la antesala de la gran cita: la revisión de los avances logísticos y de seguridad en México a cargo de la presidenta Claudia Sheinbaum y el presidente de FIFA, Gianni Infantino; el periplo y la presión policial y diplomática que enfrentó la selección de Irak para disputar el repechaje intercontinental en Monterrey; y el rendimiento de jugadores que se disputan un lugar en las listas definitivas, como Deniz Undav con Alemania.

Un desayuno en el Palacio Nacional: puesta a punto y promesas

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se reunió recientemente con Gianni Infantino en el Palacio Nacional para revisar el estado de los preparativos del Mundial 2026 en territorio mexicano. Según la mandataria, el encuentro —realizado a primera hora y acompañado de la entrega de un gallardete de FIFA— buscó evaluar “todo” para el torneo y reafirmar la convicción de que “todo va a ser maravilloso” (declaración difundida por la propia presidenta en sus redes oficiales).

Infantino, por su parte, coincidió en que la Copa del Mundo será “un éxito para México” en sus manifestaciones públicas durante su estancia en el país, donde además asistió a partidos del Intercontinental Cup y sostuvo reuniones con miembros de la Federación Mexicana de Fútbol.

Más allá del tono optimista, la realidad logística es titánica: México albergará 13 partidos en tres ciudades sede —Ciudad de México (Azteca), Guadalajara y Monterrey— y ha diseñado un ambicioso despliegue de seguridad bautizado como “Plan Kukulkán”. Según las autoridades mexicanas, dicho plan movilizará cerca de 100,000 efectivos entre fuerzas federales y locales, e incluye capacitaciones especializadas, ejercicios operativos, sistemas de alerta temprana y medidas específicas para la protección de aeropuertos, carreteras, hoteles y estadios.

La magnitud del operativo responde a factores concretos: las grandes afluencias previstas —el partido inaugural del 11 de junio en el Estadio Azteca enfrentará a México con Sudáfrica y se espera un lleno total—, la complejidad de coordinar eventos simultáneos en tres estados y la necesidad de garantizar seguridad ante episodios recientes de violencia en el país que, aunque aislados de la organización deportiva, incrementan la percepción de riesgo entre aficionados y autoridades internacionales.

Seguridad, percepción y el antecedente de febrero

Las preocupaciones no son abstractas. En febrero, tras la captura y muerte del líder del cartel CJNG conocido como “El Mencho”, varias ciudades mexicanas vivieron brotes de violencia, entre ellas Guadalajara —una de las sedes del Mundial— y otras zonas del interior del país. Los eventos provocaron cuestionamientos sobre la capacidad de las autoridades para garantizar seguridad durante eventos masivos.

Ante ello, las autoridades mexicanas han intentado responder con medidas visibles y de envergadura. El despliegue militar y policial anuncia una respuesta robusta, pero también plantea interrogantes sobre la experiencia del aficionado, la coordinación entre distintos niveles de gobierno y la comunicación con organismos internacionales y delegaciones participantes.

La relación bilateral con FIFA es clave: más allá del gesto protocolario del gallardete, existe un imperativo técnico para demostrar que infraestructuras, rutas de acceso, transporte y contingencias están afinadas. La reputación de la organización local será examinada no sólo por los órganos de la FIFA sino por federaciones visitantes, equipos y millones de seguidores.

Iraq: un viaje de obstáculos hasta Monterrey

Si la logística local de organización plantea desafíos, algunas selecciones enfrentan periplos que rozan lo épico para llegar a su posibilidad de jugar un Mundial. El caso de Irak es paradigmático: su selección, dirigida por el australiano Graham Arnold, vivió una odisea que empezó con la interrupción de viajes por motivos de seguridad internacional y concluyó con la llegada a Monterrey para disputar el repechaje intercontinental frente a Bolivia.

Arnold relató que quedó varado en Fujairah, Emiratos Árabes Unidos, cuando una escalada aérea por enfrentamientos en la región afectó la ruta de su viaje. La incertidumbre no solo afectó la logística, sino el estado anímico del equipo: el cierre del espacio aéreo iraquí, la falta de representación diplomática de México en Irak y las dificultades para tramitar visados complicaron la llegada de la delegación.

Finalmente, con la intervención de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México y la gestión de visados en sedes regionales, la selección pudo aterrizar en Monterrey tras un trayecto prolongado de 25 horas y escalas en Portugal. Arnold destacó el impacto que un eventual pase al Mundial tendría para Irak: “Sé que clasificar para un Mundial puede cambiar a una nación”, dijo, evocando la potencial repercusión social y simbólica del deporte en contextos difíciles.

El testimonio del entrenador detalla la dimensión humana del fútbol: más allá de la táctica y el entrenamiento, equipos enteros se ven afectados por factores geopolíticos, decisiones migratorias y coyunturas de seguridad internacional. Que Irak llegase a competir fue resultado de gestiones diplomáticas, flexibilidad logística y resiliencia del plantel.

El valor simbólico de regresar al Mundial

Iraq busca volver a la Copa del Mundo por primera vez desde 1986, cuando participó en México (edición en la que la propia selección anfitriona vivió grandes capítulos futbolísticos). La esperanza de repetir la experiencia mostró cómo el acceso al torneo trasciende lo deportivo y adquiere un valor colectivo: narra historias de orgullo nacional, de cohesión social y de proyección internacional.

Para equipos como Iraq, que no cuentan con la misma infraestructura ni recursos que potencias futbolísticas, la clasificación es un hito que puede motivar inversión en formación, atracción de talento y atención mediática. La narrativa de Arnold —el otrora entrenador que llevó a Australia a octavos de final en 2022— subraya que el Mundial es una plataforma transformadora.

Actuaciones que exigen billete: el caso de Deniz Undav y Alemania

En Europa, la búsqueda de un lugar en la lista final también se vive con intensidad. Deniz Undav, delantero del Stuttgart, volvió a la selección alemana y anotó el gol que dio la victoria 2-1 sobre Ghana en un amistoso en Stuttgart. Su tanto, un toque sutil por encima del portero en el minuto 88, alimentó el debate sobre la inclusión de jugadores que atraviesan rachas prolíficas en sus clubes.

Undav llegó al partido con siete goles en sus últimos seis partidos de Bundesliga, lo que precipitó la ovación de la hinchada de su club al verlo entrar desde el banquillo. Fue la clase de actuación que obliga a cualquier seleccionador a replantear variantes tácticas y roles ofensivos: el delantero demostró capacidad para decidir en momentos críticos.

Para Alemania, que se presenta como una de las selecciones a observar en 2026, estos amistosos son estrés-test indispensables. Más allá de los nombres propios, la rotación, el acoplamiento de piezas y la gestión de la presión mediática son ejercicios constantes que deben resolverse antes de que la FIFA confirme las listas definitivas.

Triángulo: organizadores, competidores y aficionados

Las tres historias —la revisión presidencial en México, el periplo de Irak y la lucha individual de Undav— muestran tres vértices del mismo triángulo que conforma la experiencia del Mundial:

  • Organizadores: responsables de garantizar infraestructuras, coordinación y seguridad masiva.
  • Competidores: equipos y jugadores que enfrentan condiciones diversas para llegar a la cita y rendir al máximo.
  • Aficionados: que esperan no solo espectáculo, sino también garantía de seguridad y acceso digno a los partidos.

El éxito del 2026 dependerá de la sincronía entre estos actores. Un gran estadio y un partido inaugural memorable —como el previsto en el Azteca— necesitan ser acompañados por un flujo seguro de espectadores, una experiencia logística coherente y, sobre todo, una percepción internacional de que el evento se desarrollará sin sobresaltos.

Datos y contexto histórico

Algunos datos útiles para dimensionar el evento:

  • El Mundial 2026 será el primero con 48 selecciones, tras la ampliación aprobada por la FIFA en 2017. Ese cambio añade más partidos, más ciudades sede y mayor complejidad logística.
  • El Estadio Azteca, sede del partido inaugural, es uno de los recintos con mayor tradición: albergó finales históricas y la famosa actuación de Diego Maradona en 1986. Su capacidad para partidos del Mundial ha sido probada en varias ocasiones, aunque requiere adaptaciones modernas para cumplir con exigencias de transmisión y seguridad.
  • En cuanto a seguridad, la movilización anunciada por México (alrededor de 100,000 efectivos) refleja precedentes donde grandes eventos han requerido despliegues similares. Por ejemplo, la Eurocopa y la última Copa América han mostrado la necesidad de combinar fuerzas policiales con tecnologías de vigilancia y protocolos de respuesta rápida.

Riesgos y recomendaciones operativas

Aunque las cifras y las declaraciones públicas apuntan a un trabajo avanzado, el margen de maniobra se mide en la capacidad operativa para anticipar imprevistos. Algunas recomendaciones que emergen de la experiencia global en grandes torneos:

  1. Refuerzo en comunicación interinstitucional: coordinación diaria entre federaciones locales, fuerzas federales, servicios de emergencia y organizadores de FIFA.
  2. Planes de contingencia para tráfico y transporte público: optimizar rutas y ofrecer alternativas claras para evitar embotellamientos que afecten la logística de equipos y seguidores.
  3. Protocolos sanitarios y de atención médica: garantizar atención inmediata para lesiones, emergencias y gestión de salud pública ante grandes concentraciones.
  4. Programas de sensibilización a los aficionados: campañas informativas sobre entradas, accesos y conductas seguras para minimizar riesgos en estadios y zonas aledañas.

El impacto económico y social

Más allá del espectáculo deportivo, el Mundial proyecta efectos económicos significativos. Se espera un incremento en turismo, ocupación hotelera, consumo y promoción internacional de ciudades sede. Para México, la posibilidad de mostrar ciudades como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey en un escaparate global representa una oportunidad para atraer inversión extranjera y reforzar la marca-país.

No obstante, los beneficios económicos dependerán de la eficacia en la gestión: la experiencia del visitante, la seguridad, la calidad de los servicios y la transparencia en la ejecución de obras son variables que condicionarán el legado del torneo.

Historias personales y el valor del fútbol

Finalmente, no puede soslayarse el poder simbólico del fútbol: la escena del técnico Graham Arnold describiendo su papel casi paternal para mantener tranquilos a sus jugadores en Monterrey; el festejo de Undav en Stuttgart ante su afición; la presidenta Sheinbaum sosteniendo el gallardete con la mirada puesta en un inicio “histórico” del torneo. Son pequeñas narrativas que, combinadas, humanizan un evento que de otra forma sería solo una suma de estadios y partidos.

El deporte, en particular el fútbol, tiene la capacidad de generar relatos colectivos que trascienden fronteras. El desafío para los organizadores, las autoridades y los equipos es que esas historias sean positivas y seguras: que el mundo recuerde el Mundial 2026 por su calidad deportiva, su hospitalidad y su capacidad de unir, no por episodios de violencia o problemas logísticos.

¿Qué seguir de aquí a junio?

En las próximas semanas y meses conviene observar tres ejes principales:

  • La evolución del “Plan Kukulkán” y su ejecución práctica: ejercicios operativos, simulacros y la interoperabilidad entre fuerzas locales y federales.
  • Los procesos de clasificación y los repechajes intercontinentales: historias como la de Irak podrían repetirse en equipos de menor infraestructura, y la FIFA y las federaciones deben mantener canales diplomáticos abiertos.
  • La evolución de las listas de jugadores y las pruebas de fogueo: amistosos y torneos previos definirán nombres y tácticas que podrían cambiar el mapa de favoritos.

El Mundial 2026 será, sin duda, un hito en la historia del fútbol. Las condiciones están puestas para que sea una gran fiesta deportiva; el reto será convertir la promesa en realidad, superando dificultades logísticas, geopolíticas y deportivas. Si habrá algo en común entre las historias recientes es la resiliencia: de las autoridades mexicanas frente a retos de seguridad; de un equipo como Irak para vencer barreras administrativas y llegar a competir; y de jugadores como Undav que, con goles, reclaman su lugar en la elite.

En el calendario deportivo, la cuenta regresiva ya ha empezado. Para organizadores, jugadores y aficionados, queda la tarea de afinar detalles, cuidar la seguridad y preparar el ánimo para un torneo que se espera memorable.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press