Afganistán bajo el agua: por qué las inundaciones recientes son la cara visible de una crisis climática y humanitaria

Lluvias intensas y desbordes dejan decenas de muertos, miles de desplazados y exponen fallas estructurales y de políticas que agravan la vulnerabilidad del país

En los últimos días, Afganistán ha vuelto a enfrentar una catástrofe recurrente: intensas lluvias y tormentas han provocado inundaciones, deslizamientos y estragos en casi todas las provincias del país. Las autoridades nacionales informaron que, en un lapso de cinco días, al menos 42 personas perdieron la vida y decenas resultaron heridas, mientras centenares de hogares fueron destruidos parcial o totalmente.

Un patrón de desastre que se repite

Los episodios de inundaciones y aludes no son nuevos en Afganistán, pero su frecuencia y letalidad han aumentado. En la primavera de 2024, más de 300 personas murieron a causa de inundaciones repentinas —según reportes oficiales y organizaciones humanitarias— y cada año decenas o centenas de familias quedan sin techo tras lluvias extraordinarias o derretimiento rápido de nieve.

Este patrón responde a varios factores que convergen: variabilidad climática creciente, deforestación y degradación de cuencas, infraestructura insuficiente y poblaciones que habitan en zonas de riesgo por razones económicas y de desplazamiento.

Lo que dicen las cifras y los organismos humanitarios

El Afghanistan National Disaster Management Authority reportó que 476 viviendas fueron parcial o totalmente destruidas en el último episodio, afectando a 603 familias. A escala operativa, la United Nations Office for the Coordination of Humanitarian Affairs (UN OCHA) informó que sus evaluaciones preliminares identificaron al menos 19 fallecidos y más de 900 familias afectadas en ciertas áreas, con cifras aún en revisión mientras continúan las labores de campo.

Estas discrepancias son habituales en emergencias: los conteos iniciales varían según el acceso y la rapidez de los equipos en terreno. Sin embargo, el consenso apunta a una pérdida humana y material significativa que obliga a una respuesta coordinada y sostenida.

Un dato para dimensionar la magnitud: según el IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático), regiones de Asia Central y del Sur muestran una tendencia al aumento de eventos extremos —precipitaciones intensas y variabilidad estacional— que elevan el riesgo de inundaciones repentinas cuando se combina con topografía montañosa y cuencas degradadas (IPCC, 2023).

Vulnerabilidades estructurales y socioeconómicas

Afganistán es especialmente vulnerable por varias razones:

  • Infraestructura frágil: muchos asentamientos carecen de defensas fluviales, sistemas de drenaje adecuados o carreteras resistentes, lo que dificulta la evacuación y la asistencia.
  • Viviendas precarias: en zonas rurales y periurbanas muchas casas están construidas con materiales susceptibles al agua —como barro y adobe—, que colapsan con rapidez frente a corrientes intensas.
  • Débil capacidad institucional: décadas de conflicto han erosionado la capacidad del Estado para planificar, responder y reconstruir con estándares resilientes al clima.
  • Desplazamiento y pobreza: familias empobrecidas y desplazadas internamente suelen asentarse en laderas o llanuras aluviales, donde el riesgo es mayor.

Impacto multidimensional: alimentación, agua y economía local

Más allá de las pérdidas humanas, las inundaciones dejan secuelas económicas y de seguridad alimentaria. Los daños a tierras agrícolas, canales de riego y granjas afectan la producción local en un país que ya enfrenta inseguridad alimentaria crónica. La pérdida de cultivos en temporada puede traducirse en aumento de precios y dependencia de ayuda externa durante meses.

Los sistemas de agua potable también se contaminan con sedimentos y residuos, elevando el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua —como diarreas y cólera— en comunidades que a menudo carecen de acceso fiable a servicios de salud.

Respuesta humanitaria: retos y necesidades

Las agencias humanitarias han activado respuestas de emergencia que incluyen distribución de refugios temporales, mantas, alimentos y apoyo médico. No obstante, las limitaciones de acceso por seguridad, la falta de financiación sostenida y las condiciones climáticas adversas complican la logística.

Como lo señaló un portavoz de la ONU en comunicaciones públicas sobre Afganistán: “Las necesidades superan la capacidad operativa disponible; la comunidad internacional debe aumentar el apoyo para evitar que estas crisis se conviertan en desastres prolongados.” (UN OCHA).

Medidas preventivas y de mediano plazo

Si bien la ayuda inmediata es imprescindible, es crucial combinar respuesta con estrategias de reducción del riesgo. Entre las medidas más efectivas y factibles se incluyen:

  1. Restauración de cuencas y reforestación: plantar y proteger vegetación en laderas reduce la velocidad de escorrentía y la probabilidad de deslizamientos.
  2. Infraestructura verde y defensas locales: zanjas de infiltración, barreras naturales y pequeños diques pueden disminuir el impacto en comunidades vulnerables.
  3. Mejora de viviendas y relocación voluntaria: programas de vivienda resistente al agua y planes de reasentamiento para quienes viven en zonas de alto riesgo.
  4. Sistemas de alerta temprana y educación comunitaria: inversión en pronóstico hidrometeorológico y en capacitación comunitaria sobre rutas de evacuación y preparación.
  5. Financiamiento climático accesible: apoyar a gobiernos locales y ONG para acceder a fondos internacionales destinados a adaptación y resiliencia.

Barreras políticas y de gobernanza

Implementar estas medidas en Afganistán enfrenta una barrera adicional: la compleja realidad política y de seguridad. Los flujos de ayuda, los proyectos de desarrollo y las inversiones internacionales dependen tanto de condiciones de seguridad como de voluntad política. Es imprescindible que los actores humanitarios y técnicos encuentren canales seguros para operar y que las intervenciones respeten la participación comunitaria para ser sostenibles.

Historias humanas detrás de los números

Detrás de cada cifra hay familias que pierden no solo sus hogares, sino su medio de subsistencia y su memoria local. En muchas aldeas, los ancianos recuerdan cómo antiguas terrazas y árboles protegían las laderas; con su desaparición, las lluvias actuales encuentran terreno desnudo. Esos relatos ayudan a comprender que la solución no es únicamente técnica, sino social y cultural.

Qué puede hacer la comunidad internacional y los lectores

La solidaridad global debe traducirse en financiamiento, apoyo técnico y presión para facilitar el acceso humanitario. Algunas acciones concretas:

  • Apoyar a organizaciones humanitarias reconocidas que operan en la región.
  • Exigir a donantes y multilaterales que prioricen financiamiento para adaptación climática y reconstrucción resiliente.
  • Difundir información verificable para mantener la atención pública y evitar olvidos entre crisis mediáticas simultáneas.

Afganistán no sufre solo una catástrofe meteorológica puntual: las inundaciones son el síntoma visible de problemas estructurales profundos, exacerbados por el cambio climático y décadas de conflicto. En un mundo interconectado, la forma en que respondamos hoy —con urgencia y planificación a largo plazo— definirá la capacidad de estas comunidades para resistir la próxima tormenta.

Fuentes y lecturas recomendadas: UN OCHA (https://www.unocha.org), IPCC (https://www.ipcc.ch), International Federation of Red Cross and Red Crescent Societies (https://www.ifrc.org).

Este artículo fue redactado con información de Associated Press