Cuando la historia se reescribe: Larry Itliong, César Chávez y el lugar de las mujeres en la memoria del movimiento obrero agrícola

Cómo las nuevas revelaciones y la reivindicación de voces filipinas y femeninas obligan a revisar la narrativa del movimiento de trabajadores agrícolas en Estados Unidos

En la memoria colectiva sobre los derechos laborales agrícolas en Estados Unidos, César Chávez suele aparecer como el rostro principal. Sin embargo, la historia real del movimiento es más compleja y está tejida con las voces de líderes filipinos como Larry Itliong y, crucialmente, de numerosas mujeres cuya labor —a menudo invisible— fue indispensable. Hoy, a raíz de nuevas denuncias y debates públicos, estamos ante una oportunidad (y un desafío) para revisar quiénes recibieron crédito y cómo se narra ese pasado.

El origen de una alianza: Filipinos y mexicanos en Delano

La famosa huelga de uvas de Delano, que comenzó el 8 de septiembre de 1965, no fue sólo el resultado del liderazgo de un solo hombre ni de una sola comunidad. Fue, más bien, el punto de encuentro entre la voluntad de organización de los trabajadores filipinos agrupados en el Agricultural Workers Organizing Committee (AWOC) y el incipiente activismo de la National Farm Workers Association (NFWA), encabezada por César Chávez y Dolores Huerta. La unión de estas organizaciones dio lugar a la United Farm Workers (UFW), que terminó transformando las condiciones laborales en el campo californiano.

Los registros históricos señalan que la huelga de Delano duró varios años y culminó en acuerdos colectivos que mejoraron salarios y condiciones para miles de trabajadores. El Library of Congress y diversas crónicas históricas detallan el proceso y la duración del movimiento, que tuvo un impacto profundo en la legislación laboral y la visibilidad del trabajo agrícola en Estados Unidos.

¿Por qué la narrativa favoreció a Chávez?

Hay varias razones por las cuales César Chávez llegó a simbolizar el movimiento: su carisma personal, su capacidad para conectar con audiencias mediáticas y su estrategia de no violencia y peregrinaciones que resonaron ampliamente. Además, la producción cultural —libros, películas, murales y programas educativos— tendió a enfatizar figuras centrales para simplificar la historia para el público general.

Sin embargo, esta simplificación tuvo un costo: la minimización del papel de dirigentes filipinos como Larry Itliong y, especialmente, la invisibilización del trabajo de las mujeres dentro del movimiento. Como señala la investigadora Vernadette Gonzalez, "¿Quién falta en la historia? En el movimiento de los United Farm Workers, se dice 'Larry Itliong y los trabajadores filipinos', pero ¿dónde están las mujeres?" (declaración pública en reuniones comunitarias recientes).

Reivindicación y tensiones: las acusaciones contra Chávez

Recientes alegaciones de abuso sexual contra César Chávez han reavivado el debate sobre la idolatría hacia los líderes históricos y sobre cómo confrontar las faltas personales sin borrar los logros sociales. Grupos filipinos y defensores de los derechos de las mujeres han pedido que las conmemoraciones, como el Día de César Chávez, se reconsideren para centrar la memoria en los trabajadores agrícolas y en las víctimas de abuso.

En Los Ángeles se discutió renombrar el feriado local como "Farmworkers Day" (Día de los Trabajadores Agrícolas) y algunos propusieron mover la celebración al 8 de septiembre para honrar el inicio de la huelga de Delano, liderada por organizadores filipinos. Johnny Itliong, hijo de Larry, señaló en audiencias públicas que su padre y su generación merecen reconocimiento por su papel fundador en la huelga, y acusó a Chávez de intentar borrar la historia de cómo comenzó el movimiento (declaración pública en sesión del consejo de supervisores del condado).

El papel central de las mujeres: trabajo invisible pero esencial

La historiografía más reciente y producciones culturales como el musical "Larry the Musical: An American Journey" han intentado corregir el rumbo al centrar a las mujeres en la narrativa. Los productores han insistido en que las mujeres estuvieron en el corazón de la organización: coordinando reuniones, proveyendo alimentos, cuidando a las familias y transmitiendo conocimiento organizativo a las nuevas generaciones.

Como declaró Gayle Romasanta, co-productora del musical, "desde el principio centramos la obra en las mujeres de la comunidad, las que mantienen a Larry y a la comunidad responsables y las que pasan el conocimiento a la siguiente generación" (comunicado del elenco y producción).

Investigaciones académicas confirman que en muchos movimientos sociales el trabajo reproductivo y organizativo de las mujeres es la columna vertebral de la movilización, aunque rara vez figure en los titulares. Recuperar esas historias aporta una visión más completa y justa del pasado.

¿Qué significa reescribir la memoria histórica?

Reescribir la historia no implica borrar hechos o anular logros; significa ampliar el foco y reconocer a quienes han sido ignorados. En el caso del movimiento agrícola, eso incluye:

  • Dar visibilidad al liderazgo filipino, especialmente a Larry Itliong y a otros organizadores del AWOC.
  • Reconocer el papel de las mujeres —filipinas, chicanas y de otras comunidades— en las tareas de base y la organización.
  • Abrir espacios para que las víctimas y sobrevivientes cuenten sus historias y sean escuchadas.

Como señala Dennis Arguelles, analista y miembro de la comunidad filipina en California, la alianza entre comunidades vino "de la necesidad y la desesperación por protegerse y vivir con dignidad" (comentario en foros comunitarios). Ese sentido de dignidad debe guiar ahora cómo celebramos y enseñamos esta historia.

Memoria pública y acciones concretas

Algunas acciones recientes muestran que el cambio de narrativa ya está en marcha. El condado de Los Ángeles inició gestiones para renombrar el día que conmemora a César Chávez, y organizaciones culturales y educativas han incrementado exposiciones y materiales que cuentan la historia desde múltiples voces.

Además, monumentos y obras públicas están siendo reevaluados para reflejar mejor la pluralidad de actores. Esta revisión tiene precedentes: a lo largo del siglo XX y XXI, monumentos y nombres conmemorativos han sido objeto de debate cuando nuevas informaciones o cambios en la sensibilidad pública exigen una reflexión más crítica.

Una llamada a la educación crítica

Educadores y líderes comunitarios coinciden en la necesidad de transformar los currículos escolares para incluir perspectivas filipinas y femeninas en la historia laboral y migratoria. Vernonette Gonzalez, profesora de estudios étnicos, sugiere que las aulas sean espacios para enseñar "quiénes faltan en las crónicas oficiales" y cómo las dinámicas étnicas y de género influyeron en la organización sindical.

Para contextualizar: entre 1898 y 1946, cuando Filipinas estuvo bajo dominio colonial estadounidense, muchos filipinos aprendieron inglés y migraron a Estados Unidos. Desde la década de 1920 hasta la de 1960, decenas de miles se incorporaron a la fuerza laboral agrícola y en conservas, especialmente en la costa oeste. Este proceso migratorio y laboral es la base sobre la que se construyeron las alianzas de los años 60.

Hacia una memoria compartida y justa

Reconocer a Itliong, validar la experiencia de las mujeres y, al mismo tiempo, evaluar críticamente a figuras como Chávez no es una tarea de reparación simbólica solamente: es un ejercicio democrático. Significa construir una memoria pública que sirva de guía para la justicia contemporánea y para la formación de nuevas generaciones de activistas.

Como propuesta práctica, las comunidades pueden:

  1. Promover materiales educativos que incluyan fuentes filipinas y testimonios femeninos.
  2. Apoyar proyectos culturales (teatro, cine, museografía) que cuenten la historia desde múltiples ángulos.
  3. Establecer procesos de escucha para sobrevivientes de abuso y garantizar que su testimonio influya en decisiones sobre conmemoración pública.

Revisar y ampliar la narrativa no borra el pasado; lo enriquece. Es, en última instancia, un acto de memoria responsable que honra la complejidad de los movimientos sociales y el costo humano que cargaron. Si queremos aprender de esa historia para el presente, debemos estar dispuestos a escuchar todas las voces que la construyeron.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press