Narges Mohammadi: la salud de una laureada que desafía al poder en Irán

Entre denuncias de maltrato, limitaciones médicas y la presión internacional, la situación de la premio Nobel refleja la crisis de derechos humanos en Irán

Narges Mohammadi, abogada y activista iraní galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2023, vuelve a colocar sobre la mesa preguntas urgentes sobre la salud de los presos políticos en Irán y la respuesta —o la omisión— del régimen frente a las demandas internacionales. Informes recientes de sus abogados indican que Mohammadi pudo haber sufrido un infarto dentro de la cárcel, presenta dolor torácico recurrente y dificultades respiratorias, mientras las autoridades carcelarias niegan su traslado a un hospital o la visita de su cardiólogo.

¿Qué se sabe sobre su condición?

Según la versión transmitida por su abogada francesa, Chirinne Ardakani, dos abogados iraníes y la hermana de Mohammadi la visitaron en la prisión de Zanjan y la encontraron “muy pálida, con una gran pérdida de peso y asistida por una enfermera”. Ardakani afirmó que Mohammadi relató haber estado inconsciente por más de una hora el 24 de marzo y que, tras el examen en la clínica de la prisión, un médico le dijo que probablemente había sufrido un infarto.

Los datos aportados por sus defensores señalan síntomas alarmantes: dolor en el pecho más de una vez al día, dificultades para respirar y señales visibles de hematomas que, según sostienen, se deben a la violenta detención que sufrió en diciembre. Mohammadi, de 53 años, tiene antecedentes de problemas cardíacos; sus seguidores han informado de múltiples infartos mientras estaba presa y de una cirugía de emergencia en 2022.

Negación de atención médica externa y restricciones

Las autoridades penitenciarias, según las fuentes vinculadas a Mohammadi, han impedido su traslado a un hospital o el acceso a su cardiólogo. Durante la visita de sus abogados, un funcionario de la prisión estuvo presente de forma permanente, lo que sigue la pauta de control y vigilancia que organizaciones de derechos humanos han documentado en numerosos casos: visitas controladas, limitación al contacto con el exterior y castigos indirectos mediante la negación de atención médica especializada.

Contexto judicial y político

Mohammadi fue arrestada en diciembre tras viajar a la ciudad de Mashhad y recibió una ampliación de su condena: siete años adicionales, que se sumaron a una pena previa de 13 años y nueve meses por cargos como “colusión contra la seguridad del Estado” y “propaganda contra el régimen”. Aunque había estado en libertad por motivos médicos desde finales de 2024, continuó su activismo público —incluso protestando frente a la prisión de Evin— y participando en llamamientos políticos, como el boicot a las elecciones de 2024.

Es importante recordar que Mohammadi había sido reconocida por la comunidad internacional por su persistencia: en 2023 se convirtió en la quinta persona en recibir el Nobel de la Paz mientras estaba encarcelada, un signo tanto de su influencia como de la gravedad de la represión contra voces disidentes en Irán.

Reacciones internacionales y precedentes

La situación de Mohammadi no es un caso aislado. Organizaciones internacionales han denunciado reiteradamente el uso de detenciones, juicios sumarios y malos tratos como herramientas para silenciar a activistas, periodistas y defensores de derechos humanos en Irán. El Comité Nobel, por ejemplo, expresó su preocupación ante lo que denominó “maltrato continuo que pone en riesgo la vida” de la laureada; esa declaración incrementó la presión diplomática y mediática alrededor de su caso (nobelprize.org).

Históricamente, el patrón de detenciones arbitrarias y de restricciones médicas ha afectado a muchos presos políticos. Un antecedente notable es el caso de otros activistas que han sufrido deterioro de salud en custodia y cuya atención médica fue demorada o negada, a veces con consecuencias fatales. Datos de organizaciones como Amnesty International y Human Rights Watch han documentado que la negación de atención médica en prisión puede constituir tortura o trato cruel, inhumano o degradante.

El peso simbólico del Premio Nobel

El hecho de que Mohammadi reciba el Nobel mientras está encarcelada añade una dimensión simbólica: no solo reconoce su labor por los derechos humanos en Irán, sino que convierte su situación personal en un termómetro del estado de las libertades civiles en el país. La vulnerabilidad de un laureado en términos de salud y seguridad interpela a la comunidad internacional a tomar posiciones más firmes y coordinadas.

¿Qué implicaciones tiene su estado para Irán?

  • Política interna: El tratamiento de Mohammadi puede agudizar tensiones entre el régimen y sectores reformistas o moderados que temen el costo reputacional de acciones extremas contra figuras reconocidas internacionalmente.
  • Presión diplomática: Gobiernos y organismos multilaterales pueden aumentar sanciones selectivas o elevar pronunciamientos públicos. La Unión Europea y varios parlamentos occidentales han criticado la represión en Irán en repetidas ocasiones.
  • Movilización social: Su caso alimenta la narrativa de las protestas y los movimientos por derechos civiles que surgieron con fuerza tras la muerte de Mahsa Amini en 2022.

Qué dice la comunidad médica y de derechos humanos

Expertos en salud penitenciaria señalan que la atención oportuna y especializada es clave para la supervivencia en casos de infarto o problemas cardíacos crónicos. Negar traslados o consultas con especialistas, especialmente cuando hay síntomas recurrentes, incrementa el riesgo de complicaciones graves. Amnistía Internacional y otras ONG advierten que la medicina controlada por autoridades penitenciarias puede no ser suficiente para diagnósticos complejos. Las mismas organizaciones consideran que la falta de atención adecuada puede equivaler a una forma de castigo.

Preguntas abiertas y demandas

Quedan preguntas urgentes: ¿permitirán las autoridades el acceso a atención externa? ¿Se documentarán y harán públicas las condiciones médicas reales de Mohammadi? ¿Responderá la comunidad internacional con medidas concretas que no se queden en declaraciones formales?

La familia y los abogados de Mohammadi han pedido garantías para su vida y salud; activistas han exigido su liberación inmediata o, cuando menos, acceso irrestricto a atención médica y visitas independientes. El tiempo es un factor crítico: la cardiopatía y los episodios descritos elevan la probabilidad de desenlaces graves si no se actúa con rapidez.

Lo que podemos observar desde fuera

Más allá del caso individual, la situación de Narges Mohammadi funciona como un espejo: revela cómo un Estado maneja la disidencia, cómo la comunidad internacional mide sus reacciones ante violaciones de derechos humanos y cómo la vida de las personas puede convertirse en moneda de presión política. Si la historia nos ha enseñado algo, es que los relatos documentados y persistentes sobre la salud de prisioneros políticos a menudo catalizan acciones diplomáticas o movilizaciones si logran mantener el foco público.

En última instancia, la atención pública sostenida sobre Mohammadi puede marcar la diferencia entre una respuesta tardía y una intervención que preserve su vida y dignidad. Mientras tanto, su caso sigue siendo un llamado de alerta sobre la fragilidad de los derechos básicos en contextos donde la seguridad del Estado prevalece sobre la protección de la persona.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press