Universidades en encrucijada moral: la ola de demandas para borrar nombres ligados a Jeffrey Epstein

De Columbus a Cambridge, estudiantes, sobrevivientes y comunidades exigen que los campus desvinculen sus espacios de benefactores asociados con la red de abusos de Epstein

En varios campus universitarios de Estados Unidos se vive un pulso creciente entre la tradición filantrópica y la demanda de justicia moral: miles de dólares, edificios y aulas nombrandose en honor a donantes que más tarde han resultado vinculados a redes de abuso. El caso que ha puesto en el centro del debate a numerosos centros académicos es la relación, directa o indirecta, entre algunos benefactores y Jeffrey Epstein, el financiero condenado por tráfico sexual y explotación.

Un conflicto simbólico y concreto

En la Ohio State University (OSU), protestas constantes en condiciones adversas —lluvia, nieve y frío— han tenido un objetivo claro: que se retire el nombre de Les Wexner de edificios emblemáticos, incluido el complejo de fútbol y el centro médico que llevan su apellido. Para muchos estudiantes, exalumnos y sobrevivientes, la presencia del nombre en el campus representa una contradicción imposible entre la imagen pública de la universidad y el dolor de quienes fueron víctimas.

Los reclamos no son exclusivos de OSU. Harvard, Tufts, UCLA y otras instituciones también enfrentan peticiones similares para remover nombres como los de Wexner, Steve Tisch, Casey Wasserman, Glenn Dubin u otros ligados, según investigaciones, a la red de Epstein.

¿Qué está en juego además del símbolo?

El debate incorpora varias capas: ética institucional, legalidad de las donaciones, responsabilidad hacia sobrevivientes y, por supuesto, la eventual pérdida de capital filantrópico. Muchas edificaciones públicas en universidades se concibieron gracias a donaciones millonarias que, en su momento, fueron celebradas sin interrogantes públicos acerca del origen de esos fondos o de las relaciones privadas de los donantes.

Por ejemplo, la familia Wexner —Les y Abigail Wexner y sus organizaciones— ha donado a Ohio State más de 200 millones de dólares a lo largo de los años, incluyendo 100 millones destinados al sistema médico. El donativo por el cual parte del complejo deportivo adquirió el nombre incluyó, según informes, fondos que en alguna medida estuvieron vinculados con decisiones en las que participó Epstein. Este entrelazamiento financiero y personal es lo que alimenta la indignación.

Voces enfrentadas: entre el arrepentimiento y la exigencia de responsabilidad

Las posiciones públicas oscilan entre la defensa de procesos institucionales formales y la urgencia moral de algunos grupos. Un ejemplo representativo: un grupo de exatletas de OSU que sobrevivieron a un escándalo de abuso argumenta que “la universidad no puede separarse de estos hechos ni justificar continuar honrando a Les Wexner con una instalación atlética”.

En contraposición, hay quienes señalan que en su momento no existieron "cláusulas de moralidad" en los acuerdos de donación y que el dinero se aceptó para construir y mantener infraestructuras que benefician a la comunidad. “OSU aceptó el dinero. Construyó los edificios. Cortó las cintas”, escribió un columnista local, apuntando a la complejidad de exigir ahora una penalización simbólica sin una evaluación financiera y legal completa.

El peso del testimonio: sobrevivientes en el centro

Para muchos sobrevivientes y líderes estudiantiles, la presencia de ciertos nombres genera dolor recurrente. Lauren Barnes, estudiante de posgrado y líder de la iniciativa en la Kennedy School, relató que como sobreviviente y madre le resulta angustioso cruzar un edificio que lleva un nombre vinculado a Epstein. “Pienso en todos los niños que merecen seguridad y en los sobrevivientes que tienen que caminar bajo ese nombre”, dijo al expresar que el retiro de la denominación puede significar un paso simbólico hacia la reparación.

En Ohio State, hay demandas también para que se reevalúe la presencia de nombres de médicos o investigadores que recibieron pagos vinculados a Epstein. Los defensores de mantener nombres a menudo responden que las transferencias económicas tenían otros fines —inversión en biotecnología, por ejemplo— y que, en ausencia de pruebas de conducta impropia, las distinciones deben evaluarse con cautela.

Paralelismos con los Sackler y lecciones institucionales

Este movimiento remite al rescoldo de otra controversia reciente: la familia Sackler, cuyo nombre fue removido de museos e instituciones debido a su vinculación con la crisis de opioides a través de Purdue Pharma. Varias instituciones (museos en Nueva York y París, entre otros) decidieron retirar la firma Sackler; otras no. Harvard, por ejemplo, decidió mantenerla tras un informe de 15 páginas que calificó el legado como “complejo, ambiguo y debatible”.

El ejemplo Sackler es instructivo porque demuestra que las universidades y museos enfrentan un cálculo institucional delicado: reputación, compromisos contractuales, valor de los fondos recibidos y la presión pública. Anne Bergeron, experta en ética de patrocinios culturales, sugiere que las universidades deben reforzar sus políticas de aceptación de donaciones y prever cómo los comportamientos de benefactores podrían ser juzgados de manera diferente con el paso del tiempo.

Procesos institucionales: transparencia y tiempos largos

En muchas universidades, los mecanismos para cambiar nombres siguen procedimientos largos y, a menudo, poco transparentes. Ohio State, por ejemplo, tiene un proceso de revisión de cinco pasos para solicitudes de retiro de nombres que se realiza en gran medida fuera de la vista pública y sin plazos definidos. El nuevo presidente de la universidad ha defendido el proceso como “rigurosamente justo y abierto” y prometió una evaluación completa.

Harvard confirmó el recibo de solicitudes similares pero se abstuvo de hacer comentarios detallados; otras universidades han activado comités y evaluaciones internas, mientras algunas han implementado medidas menores (por ejemplo, retirar huellas de celebridades en instalaciones deportivas) como una respuesta provisional a la presión pública.

Balance económico versus imperativo ético

Las instituciones afrontan una dicotomía real: renombrar un edificio puede implicar consecuencias financieras, legales y de relaciones públicas; mantener el nombre puede significar una erosión de la confianza con estudiantes y sobrevivientes. Un análisis de políticas públicas sugiere que las organizaciones que actúan con mayor transparencia y que establecen normas claras sobre nombramientos y cláusulas de conducta en acuerdos de donación tienden a gestionar mejor estas crisis reputacionales.

Una vía intermedia que están explorando algunas universidades incluye: evaluaciones externas imparciales, audiencias públicas con representantes de sobrevivientes, revisiones financieras y la creación de fondos de apoyo a víctimas financiados con recursos adicionales (no necesariamente del donante cuestionado) como gesto de reparación simbólica y práctica.

¿Qué deberían aprender las universidades?

  1. Anticipar riesgos reputacionales: incorporar cláusulas de conducta en grandes donaciones y procesos de revisión periódica.
  2. Priorizar la voz de sobrevivientes: garantizar que las decisiones institucionales no invisibilicen el daño reportado por víctimas y comunidades afectadas.
  3. Transparencia: abrir al escrutinio público los criterios y plazos para revisar nombres y legados.
  4. Ética de largo plazo: considerar no solo el impacto inmediato de una donación, sino su trayectoria y las relaciones personales del donante.

Un momento de redefinición

La oleada de peticiones para remover nombres relacionados con Jeffrey Epstein representa algo más que decisiones sobre placas y fachadas: es un momento de replanteamiento del contrato moral entre universidades, sus benefactores y las comunidades que sirven. Las instituciones que afronten este dilema con honestidad, políticas claras y sensibilidad hacia los sobrevivientes podrían salir fortalecidas; las que pospongan respuestas o privilegien intereses financieros arriesgan dañar su legitimidad académica y social.

Mientras tanto, en plazas y entradas de campus como el de Ohio State, las protestas continúan con la misma persistencia del clima adverso: no por espectáculo, sino por la exigencia de que la memoria institucional refleje valores que la comunidad pueda reconocer como propios.

Fuentes y referencias:

  • Datos públicos sobre donaciones de la familia Wexner a Ohio State y Harvard, reseñados en reportes financieros universitarios y notas públicas de las instituciones (consultas en archivos institucionales, 2024).
  • Informes sobre la conducta de Jeffrey Epstein y su red: investigaciones periodísticas y judiciales ampliamente documentadas por medios como The New York Times y BBC (véase, por ejemplo, NYT: “Jeffrey Epstein: The Traffic and the Traces”, BBC: cronología de las investigaciones).
  • Análisis comparativos sobre la remoción del nombre Sackler: reseñas en prensa y comunicados institucionales de museos y universidades involucradas (2020–2024).
Este artículo fue redactado con información de Associated Press