Guerra en Oriente Medio: cómo el conflicto está estrangulando la ayuda humanitaria y la seguridad alimentaria global
La interrupción de rutas marítimas, el alza de costos y la reasignación de recursos amenazan el acceso a comida, medicinas y fertilizantes para millones
El conflicto en Oriente Medio ha trascendido rápidamente el terreno bélico y se ha convertido en un shock de gran alcance para cadenas de suministro y operaciones humanitarias a escala global. Organizaciones que suministran alimentos, vacunas y medicamentos a poblaciones vulnerables denuncian retrasos, aumentos de costos y riesgos logísticos que ya están agravando crisis existentes y podrían desencadenar nuevas emergencias humanitarias si las hostilidades se prolongan.
Una tormenta perfecta: rutas cortadas y flete más caro
Las consecuencias más inmediatas del conflicto han sido el cierre virtual de rutas clave como el estrecho de Hormuz y la alteración de corredores aéreos y marítimos desde centros estratégicos en el Golfo Pérsico. Estas interrupciones obligan a ONG y agencias internacionales a usar itinerarios mucho más largos —por ejemplo, rodeando África en lugar de transitar por el canal de Suez— o a combinar transporte terrestre, marítimo y aéreo. El resultado: las entregas tardan semanas más y los costos operativos se disparan.
La Organización de las Naciones Unidas ha señalado que esta es la mayor disrupción en las cadenas de suministro desde la pandemia de COVID-19, estimando aumentos de hasta un 20% en algunos costos de envío cuando las mercancías son reencauzadas por rutas alternativas. Según el Programa Mundial de Alimentos (WFP), decenas de miles de toneladas métricas de alimentos permanecen fuertemente retrasadas en tránsito.
Impactos concretos: vacunas, medicinas y comida atascadas
Las historias de material humanitario varado ya no son anecdóticas. La International Rescue Committee (IRC) reportó que fármacos por un valor aproximado de 130.000 dólares destinados a Sudán están retenidos en Dubái, mientras que casi 670 cajas de alimentos terapéuticos para niños con desnutrición severa en Somalia permanecen paralizadas en India. El Fondo de Población de la ONU ha indicado retrasos en envíos de equipos a 16 países, complicando programas de salud sexual y reproductiva.
Jean-Cedric Meeus, jefe de transporte y logística global de UNICEF, explicó que para enviar vacunas a países como Nigeria e Irán han tenido que recurrir a rutas mixtas, enviando por vía aérea hasta un país vecino y completando la última milla por tierra, lo que ha encarecido los envíos en alrededor de un 20% y añadido cerca de 10 días a los tiempos de entrega. Este tipo de sobrecostos obliga a priorizar y reducir volúmenes, afectando la cobertura de campañas vacunales y el acceso a tratamientos esenciales.
Decisiones duras: menos beneficiarios o menos insumos
Con recursos cada vez más limitados, las organizaciones humanitarias deben elegir entre reducir el número de beneficiarios o reducir la cantidad de insumos entregados por persona. Janti Soeripto, presidenta de Save the Children en Estados Unidos, resumió la encrucijada: “Al final, sacrificas o bien el número de niños que atiendes... o sacrificas la cantidad de artículos que puedes comprar”. Save the Children ha notificado que, donde antes enviaba suministros por carga marítima desde Dubái a Puerto Sudán, ahora debe trasladarlos por carretera a través de Arabia Saudita y luego por barcaza a través del Mar Rojo, aumentando plazos y costos en torno a un 25%.
En Sudán, país que enfrenta un riesgo alimentario crítico, estas demoras ponen en riesgo el abastecimiento de más de 90 centros primarios de salud que podrían quedarse sin medicamentos esenciales. En Somalia, donde alrededor de 6,5 millones de personas sufren inseguridad alimentaria aguda, Médicos Sin Fronteras ha advertido que el aumento del precio del combustible encarece el transporte local y el propio coste de los alimentos, restringiendo la capacidad de las familias para buscar atención médica.
La amenaza sobre la seguridad alimentaria global
Uno de los efectos más graves y de mayor alcance es el riesgo de profundización de la crisis alimentaria mundial. El WFP ha alertado que, si el conflicto persiste hasta junio, 45 millones de personas más podrían pasar a estar en condición de hambre aguda, sumándose a los casi 320 millones que ya enfrentan inseguridad alimentaria severa en distintas regiones del mundo (WFP).
Además, alrededor del 30% del fertilizante global transita por el estrecho de Hormuz. Con la temporada de siembra a la vista en regiones como África Oriental y el sur de Asia, pequeños agricultores en países con bajos recursos serán golpeados por la falta de insumos. Por ejemplo, Sudán importa más de la mitad de su fertilizante desde el Golfo y Kenia aproximadamente el 40%, lo que significa que una persistente interrupción podría reducir rendimientos y elevar precios de alimentos en mercados ya tensos.
Respuesta internacional insuficiente y tensiones presupuestarias
Expertos en política internacional y actores humanitarios han señalado que la respuesta financiera global a las necesidades surgidas por este conflicto ha sido más lenta que en crisis recientes, como la crisis en Ucrania. Sam Vigersky, investigador en el Council on Foreign Relations, ha subrayado que los gobiernos enfrentan presiones para priorizar gastos en seguridad y defensa, lo que puede relegar la financiación humanitaria. “No es un problema de capacidad, es una decisión de política”, afirmó refiriéndose a la ausencia de activación de mecanismos habituales de apoyo cuando Estados Unidos enfrenta escaladas bélicas.
Estados con compromisos históricos en ayuda han anunciado transferencias adicionales: el Departamento de Estado de EE. UU. informó de un paquete de 50 millones de dólares en asistencia de emergencia para el Líbano, incluyendo fondos para el WFP, y subrayó que está trabajando con Naciones Unidas y socios para abordar las necesidades humanitarias. Sin embargo, las ONG insisten en que esos esfuerzos deben escalar y coordinarse con rapidez para compensar el alza de costos logísticos.
Qué hace falta: alternativas logísticas y más financiación
Para mitigar el impacto, las organizaciones humanitarias están explorando varias vías: diversificar rutas de suministro, reforzar reservas locales, negociar corredores humanitarios y usar soluciones mixtas logísticas más ágiles. También se ha propuesto la creación de iniciativas internacionales específicas para facilitar el comercio de insumos clave —al estilo de iniciativas anteriores focalizadas en granos o fertilizantes— pero las ONG advierten que estos mecanismos, por sí solos, no resolverán la falta de fondos operacionales.
Las demandas principales son claras: fondos adicionales de emergencia de los donantes, priorización política para abrir y proteger corredores humanitarios, y la coordinación multilateral para asegurar que vacunas, alimentos terapéuticos, medicinas y fertilizantes lleguen a tiempo a quienes más lo requieren.
El costo humano detrás de los números
Más allá de porcentajes y retrasos, los impactos se traducen en vidas y salud perdidas. Demoras en vacunas aumentan la vulnerabilidad a brotes de enfermedades prevenibles; la falta de alimentos terapéuticos puede convertir la desnutrición aguda en mortalidad infantil; y la escasez de fertilizantes puede empujar a familias agrícolas a la pobreza y al abandono de cultivos, incrementando la inseguridad alimentaria local y regional.
Madiha Raza, directora asociada de asuntos públicos y comunicaciones para África en la International Rescue Committee, expresó la gravedad de la situación: “La guerra sobre Irán y la interrupción del Estrecho de Hormuz corren el riesgo de llevar las operaciones humanitarias más allá de sus límites”. Incluso si las hostilidades cesan pronto, advirtió, el shock a las cadenas de suministro podría seguir retrasando la ayuda por meses.
Reflexión final: prevenir una catástrofe evitada
La lección inmediata es doble. Por un lado, la interconexión global significa que un conflicto regional puede provocar efectos colaterales en la salud y la alimentación de poblaciones a miles de kilómetros. Por otro, la resiliencia humanitaria depende tanto de la capacidad logística como de la voluntad política y la financiación. Si la comunidad internacional no responde con agilidad y recursos suficientes, corremos el riesgo de ver cómo crisis locales se transforman en desastres humanitarios de alcance continental.
En un mundo en el que los conflictos y las crisis climáticas ya ponen a prueba los sistemas de ayuda, reforzar corredores humanitarios, proteger rutas comerciales esenciales y garantizar fondos sostenidos a las organizaciones que trabajan en terreno no debería ser una opción: es una urgencia humanitaria.
