Terremoto en Ittefaq: la tragedia de una familia retornada y los desafíos sísmicos de Afganistán
Un sismo de magnitud 5.8 devastó una familia refugiada en las afueras de Kabul; el suceso vuelve a poner en primer plano la vulnerabilidad estructural y humanitaria del país
Ittefaq, Afganistán. Durante varios minutos después del temblor se escucharon gritos; después, un silencio insoportable.
La noche que cambió todo
En la madrugada en que un sismo de magnitud 5.8 sacudió el norte de Afganistán, una familia de retornados —que había llegado procedente de Irán apenas quince días antes— perdió la vida cuando un muro colapsó sobre la tienda de campaña en la que dormían junto a la casa de su vecino Mohibullah Niazi, en el pueblo de Ittefaq, al este de Kabul. Solo un niño de alrededor de tres años sobrevivió, hospitalizado con una grave lesión en la cabeza.
Los relatos de testigos muestran una escena repetida en Afganistán: viviendas frágiles, suelos afectables por las lluvias, y poblaciones enteras en condiciones precarias tras el retorno forzado desde países vecinos. Niazi recuerda: “Durante unos tres minutos escuché las voces de estas personas... pero no pudimos hacer nada”. Esa imposibilidad de dar respuesta efectiva marcó la diferencia entre la vida y la muerte.
Qué se sabe del sismo
Organismos sismológicos internacionales registraron el epicentro en la cadena montañosa del Hindu Kush, a cientos de kilómetros del capital pero con suficiente energía para causar daños en múltiples provincias. El Centro Euro-Mediterráneo de Sismología y el United States Geological Survey (USGS) confirmaron la magnitud y la localización inicial del evento.
Afganistán se sitúa en una zona altamente sísmica: los movimientos telúricos no son inéditos y, cuando golpean regiones con viviendas de barro, madera o construcciones improvisadas, su letalidad se multiplica. Un ejemplo reciente: en agosto de 2023 un terremoto de magnitud 6.0 mató a más de 2.200 personas en áreas remotas del este del país, con gran impacto en viviendas de adobe y estructuras no preparadas para sismos.
El contexto humanitario: retornos y vulnerabilidad
La familia de Ittefaq formaba parte de los millones de afganos que han regresado en los últimos años desde Irán y Pakistán. Muchos de esos retornos se produjeron tras campañas de control migratorio y redadas en 2023, que empujaron a familias a volver con escasos recursos y sin una red de apoyo adecuada.
Vivir en tiendas de campaña o refugios improvisados, como en este caso, aumenta la exposición a múltiples riesgos: lluvia, inundaciones, desprendimientos y, por supuesto, colapso ante sismos locales. Los anuncios recientes de daños —casas destruidas, familias afectadas en provincias como Kabul, Panjshir, Logar, Nangarhar, Laghman y Nuristán— son un recordatorio de que la fragilidad estructural y la emergencia humanitaria van de la mano.
La respuesta y sus limitaciones
Las labores de rescate inmediatas dependieron en gran medida de vecinos y voluntarios que con palas y con las manos intentaron recuperar a quienes quedaron bajo los escombros. Servicios de emergencia locales y puestos de las autoridades enviaron ambulancias y equipos, pero en muchos casos la velocidad de la respuesta se ve limitada por la orografía, las comunicaciones y la capacidad operativa local.
En situaciones como ésta, las cifras de víctimas pueden variar entre fuentes oficiales, lo que complica la imagen de la catástrofe y la planificación de la ayuda. Además, la existencia de grandes números de retornados y desplazados internos añade una capa de complejidad: no siempre existe un registro claro de dónde se encuentran las familias ni de sus necesidades específicas.
Dimensión histórica y estadística
- Afganistán ha sufrido varios terremotos mortales en las últimas décadas, muchos de ellos con víctimas en áreas rurales construidas con materiales poco resistentes.
- En agosto de 2023, un sismo de magnitud 6.0 provocó más de 2.200 muertes, la mayoría en Kunar y otras provincias orientales, según informes recogidos en su momento por organismos internacionales.
- Los retornos masivos desde Irán y Pakistán desde 2023 incrementaron la vulnerabilidad: hogares temporales y asentamientos informales son objetivos especialmente frágiles ante desastres naturales.
Estas estadísticas subrayan la necesidad de paliar factores estructurales: construcciones resilientes, sistemas de alerta más robustos y, sobre todo, políticas de apoyo a quienes regresan sin medios.
Lecciones y propuestas para reducir la mortalidad por sismos
Desde una perspectiva práctica y humanitaria, la tragedia de Ittefaq sugiere algunas prioridades concretas:
- Refuerzo de viviendas y construcción resistente: promover técnicas de construcción antisísmica apropiadas para zonas rurales, con materiales locales y capacitación para albañiles y comunidades.
- Infraestructura de emergencia comunitaria: establecer puntos seguros —refugios reforzados, rutas de evacuación visibles, kits de emergencia— accesibles a poblaciones retornadas y desplazadas.
- Registro y asistencia a retornados: crear mecanismos que identifiquen rápidamente a familias que regresan para ofrecerles alternativas de vivienda segura y atención básica.
- Sistemas de alerta y educación comunitaria: programas de educación sobre qué hacer antes, durante y después de un sismo pueden salvar vidas si se complementan con simulacros regulares.
Estas medidas requieren coordinación: gobiernos locales, autoridades sanitarias y de gestión de desastres, ONG internacionales y la propia comunidad deben trabajar en conjunto para transformar lecciones en acciones.
Voces desde el terreno
Los testimonios de vecinos como Mohibullah Niazi dan rostro a la tragedia: su ofrecimiento de dar cobijo a la familia la noche del temblor, rechazado por razones que a menudo se relacionan con la desconfianza o la fatiga acumulada entre quienes viven en condiciones difíciles, ilustra la complejidad de la ayuda informal. Niazi dijo haberlos alojado una noche y ofrecido nuevamente hacerlo media hora antes del sismo; ellos decidieron no aceptar.
La historia también revela la solidaridad de la comunidad, que cavó entre lodo y escombros pese a los riesgos, y la impotencia frente a un muro que cayó como si todo lo demás —las ofertas de ayuda, la oferta de un cuarto— quedara en segundo plano ante la fuerza de la naturaleza.
Reflexión final: prevención y dignidad
Las muertes en Ittefaq no son solo números: son el resultado de una confluencia de factores humanos y ambientales. La exposición de familias retornadas y desplazadas —que a menudo duermen en tiendas o refugios temporales— multiplica la letalidad de eventos naturales que, por sí mismos, podrían no ser catastróficos si las condiciones estructurales y la resiliencia comunitaria fueran mayores.
Invertir en prevención sísmica y en protección social para los más vulnerables no es un lujo: es una obligación humanitaria y práctica. Si algo exige esta tragedia es que las políticas públicas y la cooperación internacional prioricen la seguridad de quienes vuelven a un país donde, además de la inestabilidad social y económica, la naturaleza puede golpear con dureza.
Para quienes buscan informarse con datos técnicos, los reportes sísmicos iniciales fueron publicados por el Centro Euro-Mediterráneo de Sismología y el USGS, que ofrecen mapas de epicentros y profundidades. Y para quienes trabajan en ayuda humanitaria, la lección es clara: más que responder al desastre, hay que anticiparlo.