Cuando la medicina se convierte en objetivo: el colapso silencioso del sistema sanitario en el sur del Líbano

Cómo los ataques y las evacuaciones están devastando hospitales, personal sanitario y la capacidad de atención en una región ya frágil

“He vivido esto antes”, dice el Dr. Mohammed Ziara, cirujano de quemados originario de Gaza que hoy coordina un equipo en el Hospital Público de Sidón. Sus palabras condensan una sensación de déjà vu doloroso: lo que ocurrió en Gaza después del 7 de octubre de 2023 —con hospitales atacados, ambulancias impactadas y sistemas sanitarios colapsados— parece repetirse ahora en el sur del Líbano, según testimonios de médicos, organizaciones humanitarias y autoridades sanitarias locales.

Un sistema sanitario contra las cuerdas

Desde que se reavivaron los combates entre Israel y Hezbolá el 2 de marzo, los reportes del Ministerio de Salud de Líbano indican un aumento notable en las agresiones directas y en las presiones que reciben hospitales y centros sanitarios. A modo de ejemplo, cifras oficiales señalan que al menos 54 profesionales de la salud han sido asesinados, que se han registrado 152 ataques contra equipos de emergencia y ambulancias, y que seis hospitales y 49 clínicas han tenido que cerrar temporal o definitivamente por ataques o amenazas. (Fuente: Ministerio de Salud de Líbano)

Estas pérdidas se suman a un contexto ya crítico: el sistema sanitario libanés venía debilitado por años de crisis económica, fuga de profesionales, falta de suministro eléctrico confiable y carencias en insumos básicos. El resultado es una capacidad de respuesta dramáticamente limitada justo cuando la demanda por atención urgente se dispara.

Sidón: epicentro de una emergencia

Sidón, primera ciudad al norte de la zona de evacuación establecida cerca de la frontera con Israel, se ha convertido en un receptor diario de heridos. Organizaciones como Interburns, una ONG británica especializada en cuidados de quemados, han instalado unidades especializadas en el Hospital Público de Sidón para atender la creciente cantidad de pacientes con quemaduras y lesiones por explosiones. El propio Dr. Ziara y su equipo han declarado que Sidón recibe remisiones constantes y que el volumen de casos supera rápidamente la disponibilidad de camas y personal.

La logística es otro problema crítico: transferir pacientes entre centros requiere coordinación entre ejército, ministerio de salud y fuerzas de paz internacionales, un “juego del teléfono” que puede traducirse en demoras peligrosas. En muchos casos, las unidades deben descargar pacientes para liberar camas, lo que complica la continuidad de cuidados, especialmente en unidades críticas como las de quemados.

Primeros auxilios que no llegan: ataques a paramédicos y periodistas

Los ataques no se limitan a instalaciones fijas. El personal de respuesta rápida y las ambulancias han sido blanco recurrente. Un caso documentado incluyó dos impactos en rápida sucesión: primero contra periodistas y, segundos después, contra los paramédicos que acudieron al rescate, con un trágico saldo de víctimas mortales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha registrado múltiples incidentes en los que equipos sanitarios han sido atacados mientras prestaban socorro; estos ataques socavan las normas humanitarias y la capacidad de respuesta ante emergencias. (Fuente: World Health Organization)

La legitimidad de los objetivos y la ausencia de pruebas

El ejército israelí argumenta que algunos hospitales, ambulancias o rescatistas serían utilizados por Hezbolá para fines militares, lo que, según esa narrativa, convertiría esas instalaciones y vehículos en objetivos legítimos según ciertas interpretaciones de derecho militar. Sin embargo, esas afirmaciones suelen presentarse sin pruebas públicas verificables que demuestren uso militar directo de las instalaciones sanitarias. Por su parte, Hezbolá niega sistemáticamente el uso de hospitales como base de operaciones.

La duda y la falta de verificación independiente agravan el problema: cuando una parte declara que un hospital es “objetivo legítimo” y las fuerzas atacantes actúan en consecuencia, las consecuencias humanas son inmediatas y devastadoras, especialmente cuando las afirmaciones no son verificadas por observadores neutrales.

Impacto humano: relatos que atraviesan la estadística

Detrás de los números están las historias personales. Jóvenes paramédicos muertos mientras intentaban rescatar a civiles; familias desplazadas que ven cómo su barrio queda hecho añicos; pacientes crónicos que no pueden acceder a tratamientos continuos. El caso de Mohammad Qubaisi, herido por una munición que alcanzó su apartamento de Beirut y que perdió a su hijo de 15 años, es uno entre muchos que ilustran el carácter indiscriminado y traumático del conflicto para la población civil.

El Consejo de Derechos Humanos y organizaciones como Human Rights Watch han expresado alarma por la escalada y por declaraciones de funcionarios que prometen replicar en el Líbano tácticas empleadas en Gaza, donde ciudades como Rafah y Beit Hanoun sufrieron daños masivos en operaciones anteriores. Ramzi Kaiss, investigador para Líbano en Human Rights Watch, alertó sobre una “nueva clase de descaro” al declarar intenciones de provocar daños extensos a infraestructura residencial bajo el pretexto de neutralizar amenazas militares. (Fuente: Human Rights Watch)

El efecto dominó sobre la salud pública

La destrucción o cierre de clínicas y hospitales no solo afecta a quienes sufren heridas de guerra: también interrumpe atención prenatal, vacunaciones, tratamientos para enfermedades crónicas, atención pediátrica y servicios de salud mental. El desplazamiento masivo —más de 1.000.000 de personas reportadas que se han movido hacia el norte— genera hacinamiento, deterioro de condiciones sanitarias en centros de acogida y mayor riesgo de brotes infecciosos.

Además, la falta de electricidad estable —un problema estructural en el Líbano anterior a la reanudación del conflicto— complica el funcionamiento de equipos críticos como ventiladores, bombas de infusión y unidades de esterilización. Cuando los generadores de respaldo fallan o su combustible escasea, la calidad y la seguridad de la atención se desploman.

¿Qué dicen las normas internacionales?

El derecho internacional humanitario protege a pacientes, personal sanitario e instalaciones médicas. Las partes en conflicto deben distinguir entre objetivos militares y bienes civiles y tomar todas las precauciones para minimizar daños colaterales. Atacar intencionalmente hospitales o personal sanitario —salvo que sean usados con evidencia comprobable para fines militares y solo tras advertencias y medidas proporcionadas— constituye una violación grave.

La práctica internacional también subraya la necesidad de verificación independiente cuando se alega que instalaciones sanitarias están siendo utilizadas con fines militares. Las acusaciones deben acompañarse de pruebas que permitan a la comunidad internacional evaluar su veracidad y tomar decisiones basadas en hechos.

Respuestas sobre el terreno y resiliencia comunitaria

Frente a la adversidad, profesionales y organizaciones humanitarias intentan mantener la atención: equipos como Interburns han reconfigurado espacios, capacitado al personal local y establecido protocolos de triage para optimizar recursos. La asistencia internacional —cuando fluye— puede complementar, pero no sustituir, la reconstrucción de un sistema sanitario funcional.

Las comunidades también muestran formas de resiliencia: redes de voluntarios, clínicas improvisadas en escuelas o mezquitas, y canales locales de información para coordinar traslados. Sin embargo, la resiliencia tiene límites cuando las agresiones son persistentes y la infraestructura esencial resulta dañada.

Qué exigir desde la sociedad civil y la comunidad internacional

  1. Demandar investigación independiente: cualquier alegato sobre uso militar de instalaciones sanitarias debe ser investigado por entidades neutrales y creíbles.
  2. Proteger corredores humanitarios: establecer y respetar rutas seguras para la evacuación y el suministro de insumos médicos.
  3. Preservar la infraestructura sanitaria: un llamado a las partes para evitar ataques a hospitales, ambulancias y personal sanitario, conforme al derecho internacional.
  4. Apoyar la asistencia técnica y financiera: donaciones destinadas a reabastecer medicinas, combustible y personal temporal pueden marcar la diferencia a corto plazo.

Mientras tanto, médicos como el Dr. Ziara continúan su labor, muchas veces exponiéndose para atender a quienes no tienen a dónde más acudir. Sus palabras son un recordatorio: cuando la salud pública se convierte en objetivo, se socava no solo la vida inmediata de los heridos, sino la capacidad de una sociedad para recuperarse y sostenerse en el futuro.

Para seguir la evolución de la crisis y consultar datos oficiales sobre ataques a la salud, consulte las páginas del Organización Mundial de la Salud y del Human Rights Watch, que mantienen informes y comunicados relativos a ataques a infraestructuras sanitarias y profesionales de la salud en conflictos contemporáneos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press