Fe y poder: cuando las agencias del gobierno celebran la Pascua y la tensión con la separación Iglesia-Estado

El mensaje de «He is risen» en cuentas oficiales, las oraciones del Pentágono y el debate sobre la neutralidad religiosa del Estado

En los últimos años, los mensajes públicos de funcionarios y agencias gubernamentales en fechas religiosas han generado preguntas constantes: ¿dónde termina la expresión personal de fe y dónde comienza la promoción institucional de una religión por parte del Estado? La reciente Semana Santa volvió a poner el foco en ese debate cuando varios departamentos del gobierno de Estados Unidos publicaron en sus cuentas oficiales mensajes celebrando la Resurrección, con expresiones explícitas como “He is risen” y publicaciones del Departamento de Defensa que invocaron el sacrificio de Cristo. La reacción pública osciló entre la ovación y la indignación, lo que refleja una tensión histórica entre tradición, política y constitución.

Un fenómeno contemporáneo con raíces históricas

Las manifestaciones de devoción por parte de líderes civiles no son nuevas. Presidentes estadounidenses de distintas tendencias políticas han emitido tradicionalmente saludos y reconocimientos en fechas religiosas: desde felicitaciones por la Pascua hasta mensajes que recuerdan el valor de la libertad religiosa. No obstante, la forma y el alcance de esas manifestaciones han variado con el tiempo.

Históricamente, la costumbre de que el gobierno use el lenguaje religioso en mensajes públicos convivió con la doctrina constitucional de separación entre Iglesia y Estado. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial el gobierno facilitó Biblias y materiales religiosos para tropas como parte del apoyo moral a los soldados. Pero en el marco constitucional estadounidense, el principio de neutralidad religiosa —no favorecer ni promover una fe concreta desde instituciones estatales— se ha mantenido como pauta general de conducta pública.

Qué sucedió esta Pascua y por qué encendió la polémica

En la última Semana Santa, varias cuentas oficiales de departamentos del Gobierno publicaron mensajes claramente confesionales. El Departamento de Seguridad Nacional y el Departamento de Estado difundieron expresiones como “He is risen”. El Departamento de Justicia publicó un tuit que decía que, mientras millones de cristianos celebraban la Resurrección, ese departamento «estaba orgulloso de proteger y defender la libertad religiosa» desde su rol institucional. El Departamento de Defensa republicó un mensaje del secretario Pete Hegseth: «The tomb is empty. The promise is fulfilled. Through His sacrifice, we are redeemed. We stand firm in faith, courage, and truth.»

Esos mensajes generaron miles de respuestas en redes sociales: muchas de felicitación y otras tantas de crítica. La crítica principal fue que las cuentas oficiales, financiadas por todos los contribuyentes y destinadas a funciones públicas, estaban promoviendo doctrinas propias de una fe en particular —el cristianismo— y no manteniendo una postura de neutralidad respecto a las múltiples confesiones religiosas o a quienes no profesan ninguna.

Libertad de expresión vs. institucionalidad: distinciones clave

Para analizar este conflicto es útil distinguir entre expresiones personales de fe por parte de funcionarios y expresiones institucionales desde organismos públicos:

  • Expresión personal: Un funcionario público, incluso si ocupa un cargo alto, conserva derechos individuales de expresión religiosa, siempre que actúe fuera de su papel institucional o indique claramente que habla en nombre propio.
  • Expresión institucional: Cuando una cuenta oficial del gobierno publica un mensaje —sea en Twitter/X, Facebook u otra plataforma— la audiencia lo interpreta como comunicación institucional, respaldada por la maquinaria del Estado. Ahí la cautela constitucional se vuelve pertinente.

La jurisprudencia y la práctica política sugieren que los gobiernos deben evitar favorecer una religión concreta desde canales oficiales. No se trata de privar a los funcionarios de su fe, sino de preservar la confianza pública en la imparcialidad estatal frente a pluralidad religiosa.

¿Qué dicen los expertos?

Kimberly Harrington, profesora de derecho constitucional en una universidad estadounidense, recuerda que «la neutralidad religiosa del gobierno no exige la ausencia total de referencias a la religión; exige que el Estado no promueva ni privilegie una creencia sobre otra». En ese sentido, un saludo general sobre la pluralidad de festividades religiosas puede considerarse compatible con la práctica institucional, mientras que una consigna confesional exclusiva publicada desde una cuenta oficial puede exceder ese límite.

Los expertos en políticas públicas también advierten sobre el impacto simbólico: cuando el empleo de lenguaje devocional proviene de agencias encargadas de seguridad o justicia, como ocurrió con mensajes del Pentágono o del Departamento de Justicia, la percepción de parcialidad puede erosionar la confianza de minorías religiosas o de ciudadanos no creyentes en la imparcialidad de esas instituciones.

Implicaciones prácticas y políticas

El uso de mensajes confesionales desde cuentas oficiales tiene consecuencias prácticas:

  1. Posibles desafíos legales: Organizaciones defensoras de la laicidad o de minorías religiosas podrían presentar quejas o demandas alegando violación de la cláusula de establecimiento, dependiendo del contexto y la forma del mensaje.
  2. Percepción pública: La confianza de ciertos grupos en instituciones como la Corte, el Departamento de Justicia o el Pentágono puede verse afectada si perciben que esas entidades favorecen a una religión concreta.
  3. Polarización política: Mensajes religiosos institucionales suelen ser utilizados por actores políticos para enfatizar identidades culturales y religiosas, lo que puede intensificar divisiones sociales.

Casos relevantes y comparaciones

Existen precedentes y matices importantes. Durante la historia estadounidense, proclamaciones presidenciales han reconocido festividades religiosas —Easter, Passover, Ramadan— con tono inclusivo en algunos casos. Presidentes como Ronald Reagan y Barack Obama, en determinadas ocasiones, emitieron mensajes que reconocieron tanto la Pascua como la Pascua judía (Passover), intentando un enfoque plural. Otros, como George W. Bush en 2003, hablaron explícitamente en términos cristianos.

La diferencia radica, muchas veces, en el tono y el alcance: señalar la importancia cultural o la libertad religiosa en términos generales tiende a generar menos controversia que publicar un mensaje que suene a liturgia o catequesis institucional.

El problema del contenido y el canal

Otro elemento a considerar es el canal: redes sociales oficiales, al ser administradas por personal del gobierno y verificados como cuentas institucionales, difuminan la frontera entre voz personal y voz de la agencia. Cuando un secretario del Pentágono comparte en X (antes Twitter) un texto que invoca la Salvación a través de Cristo, o cuando la cuenta de un departamento publica «He is risen», la audiencia interpreta que la agencia respalda esa expresión.

Por ello, muchas administraciones optan por mensajes institucionales cuidadosos —felicitaciones generales por festividades, énfasis en la diversidad y la libertad religiosa— mientras que dejan expresiones confesionales para cuentas personales de funcionarios o para actos oficiales claramente no partidarios y de carácter interconfesional.

Recomendaciones para una práctica institucional respetuosa

Para equilibrar la libertad religiosa de los funcionarios con la obligación de neutralidad institucional, las siguientes pautas pueden ser útiles:

  • Priorizar mensajes inclusivos en cuentas oficiales, reconociendo festividades múltiples y subrayando la libertad religiosa como principio constitucional.
  • Evitar lenguaje litúrgico o confesional en canales institucionales; reservarlo a comunicaciones personales identificadas como tales.
  • Promover protocolos internos que diferencien claramente entre contenido personal y contenido institucional en redes sociales y comunicados.
  • Fomentar la formación de comunicadores públicos en sensibilidad religiosa y constitucionalidad.

Reflexión final: pluralismo y legitimidad estatal

La manera en que un Estado comunica en días religiosos es un reflejo de su relación con la pluralidad que administra. En sociedades diversas, una buena práctica institucional es articular los valores compartidos —como la libertad religiosa, el respeto mutuo y la igualdad ante la ley— sin hacer de la maquinaria del gobierno la tribuna exclusiva de una fe. Los mensajes de Pascua que desencadenaron debates recientes nos recuerdan que, en democracia, la gestión simbólica del poder es tan importante como sus decisiones materiales: mantener la legitimidad del Estado exige equilibrio entre la expresión individual de fe y la neutralidad institucional que protege a todos los ciudadanos.

Mientras continúe el debate público, las administraciones tendrán que decidir si adoptan códigos más estrictos para sus comunicaciones oficiales en festividades religiosas o si permiten mayor libertad para que las voces individuales de sus miembros se escuchen desde cuentas personales claramente identificadas. El resultado determinará, en gran medida, si la confianza de todos los creyentes y no creyentes perdura en las instituciones que los gobiernan.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press