Luz, agua y futuro: cómo las amenazas a la infraestructura eléctrica ponen en riesgo la vida cotidiana en Teherán

Entre generadores, compras de emergencia y temor colectivo, los residentes de Teherán se preparan ante la posibilidad de cortes masivos de electricidad

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“Si no hay electricidad, no hay agua, ni higiene, ni nada”, resumió una joven diseñadora que prefirió mantener el anonimato al describir la atmósfera en Teherán cuando la ciudad se enfrenta a la amenaza de ataques contra su infraestructura energética. Esta afirmación, pronunciada por una residente que explicó cómo sus padres ya abandonaron la capital, condensa una realidad técnica y humana: en sociedades urbanas altamente dependientes de servicios eléctricos, la energía es la columna vertebral de la vida cotidiana y su interrupción tiene consecuencias inmediatas y profundas.

La amenaza y la reacción social

En los días previos a un ultimátum diplomático que puso como blanco potencial a centrales eléctricas y puentes, miles de residentes de Teherán hicieron largas filas para comprar agua embotellada, cargadores portátiles y baterías. Hospitales, comerciantes y ciudadanos comenzaron a evaluar escenarios de contingencia. Asghar Hashemi, de 56 años, que depende de hemodiálisis tres veces por semana, representa el caso más vulnerable: su tratamiento se vuelve crítico si la electricidad es interrumpida. Según su testimonio desde un hospital del norte de la ciudad, la preocupación personal se mezcla con la solidaridad: “Estoy preocupado, pero estoy más preocupado por mis conciudadanos”, afirmó.

Por qué la electricidad es esencial más allá de las luces

La electricidad sostiene cadenas de servicios: bombeo de agua, suministro de combustible a estaciones de bombeo, conservación de medicamentos en refrigeración, funcionamiento de comunicaciones y de redes de transporte urbano. Cuando una ciudad como Teherán pierde energía, las consecuencias se sienten en minutos y se agravan con el paso de las horas.

  • Agua: muchas zonas urbanas dependen de bombas eléctricas para mantener la presión. Sin energía, la presión cae y el acceso al agua se interrumpe.
  • Salud: equipos médicos esenciales —desde ventiladores hasta máquinas de diálisis— requieren electricidad estable. Los hospitales suelen disponer de generadores, pero su capacidad y combustible pueden no cubrir una crisis prolongada.
  • Comunicación y seguridad: internet y telefonía permiten coordinar ayuda, transmitir información y mantener la calma pública; su ausencia favorece la desinformación y la ansiedad.
  • Economía local: pequeños comerciantes, panaderías y fabricantes artesanales se enfrentan a la paralización inmediata de su actividad.

Preparación institucional y limitaciones

Algunos hospitales en Teherán han informado contar con generadores y combustible para operar durante meses, priorizando emergencias quirúrgicas y pacientes de guerra. No obstante, la resiliencia institucional tiene límites. Los generadores dependen de combustible, que puede escasear tras cortes prolongados y bloqueos logísticos. Además, el mantenimiento de equipos críticos sufre cuando las cadenas de suministro y los técnicos no operan con normalidad.

Un dato clave: la fragilidad de la red eléctrica ante ataques deliberados no es un problema exclusivo de Irán. Históricamente, la infraestructura energética ha sido considerada un objetivo estratégico en conflictos contemporáneos precisamente por su efecto multiplicador sobre la sociedad. Por ejemplo, en la guerra Irán-Irak (1980-1988) y en múltiples conflictos regionales posteriores, las interrupciones del suministro energético aceleraron crisis humanitarias y desplazamientos.

Internet y la información: la otra víctima temprana

Junto con la electricidad, las restricciones a la conectividad —bloqueos, ralentizaciones o apagones de internet— afectan la capacidad de la población para informarse y organizar respuestas. Organizaciones que monitorean la conectividad global han documentado cortes y degradaciones de redes en crisis internacionales; por ejemplo, NetBlocks y otros observatorios han rastreado interrupciones de internet en contextos de conflicto para evaluar impacto en derechos y operaciones críticas (ver NetBlocks).

La falta de acceso a la información aumenta la incertidumbre y dificulta acciones coordinadas de protección civil: quién necesita ayuda, dónde están los centros seguros, qué rutas de evacuación están habilitadas o qué servicios médicos están disponibles.

Respuestas ciudadanas: adaptaciones y solidaridad

Ante la amenaza de cortes, han emergido prácticas de adaptación que ya forman parte de la vida urbana en regiones con historial de conflictos o crisis energéticas:

  1. Compra de agua embotellada y alimentos no perecederos.
  2. Adquisición de fuentes de energía móviles (power banks) y luces de emergencia.
  3. Uso de generadores domésticos en clínicas y negocios esenciales.
  4. Movimientos de población temporal hacia zonas menos afectadas (por ejemplo, desplazamiento de Teherán hacia el norte, regiones con menor intensidad de ataques).

Sin embargo, no todas las familias pueden asumir estos costos. La compra anticipada de suministros y equipos supone una carga económica adicional que agrava desigualdades: las familias con menos recursos enfrentan mayor riesgo ante una crisis prolongada.

Impacto humanitario y derechos

Atacar o amenazar infraestructura civil crítica plantea interrogantes sobre protecciones bajo el derecho internacional humanitario. Las infraestructuras que proporcionan servicios esenciales a la población civil —agua, electricidad, salud— gozan de una consideración especial en los marcos normativos. Cuando estas infraestructuras son objetivo o víctimas colaterales, la población civil sufre desproporcionadamente.

Una profesora de Teherán, que habló por Telegram con cautela, señaló: “Si atacan la infraestructura, no será el gobierno el que se destruya, seremos nosotros los ciudadanos”. Esta observación subraya el riesgo humanitario: daños a largo plazo en salud pública, saneamiento y bienestar pueden superar el impacto inmediato de las hostilidades.

El papel de la geopolítica: por qué se mencionó el estrecho de Ormuz

En la retórica que precedió a las amenazas, la reapertura del estrecho de Ormuz surgió como elemento de negociación. Este paso marítimo es estratégico: según la Administración de Información Energética de EE. UU. (EIA), aproximadamente el 20% del petróleo comercializado a nivel mundial transitó históricamente por el estrecho (fuente: EIA). La amenaza de afectar infraestructura energética o de transporte busca influir en vectores económicos y de suministro global, pero en la práctica sus efectos colaterales recaen sobre la población civil local.

Escenarios posibles y prioridades de política pública

Frente a la posibilidad de cortes, las autoridades y la sociedad civil deben priorizar medidas que minimicen el daño humano:

  • Protección de plantas y redes críticas mediante medidas de seguridad física y cibersegura.
  • Planes de contingencia sanitaria que garanticen combustible para hospitales y mantenimiento de cadenas de frío para medicamentos.
  • Comunicación pública clara sobre puntos de suministro de agua, refugios, y procedimientos de emergencia.
  • Cooperación internacional para evitar escaladas que dañen infraestructura civil, apelando a marcos legales y humanitarios internacionales.

Historias detrás de las cifras

Más allá de estadísticas y estrategias, la imagen que queda es humana. Panaderías que continúan horneando panes, mercados donde los vendedores intentan mantener la normalidad, y familias enteras que deciden quedarse o partir según su percepción del riesgo. La experiencia colectiva de guerras previas contribuye a una resiliencia cultural, pero la resiliencia no suple la necesidad de protección y ayuda internacional cuando las infraestructuras quedan comprometidas.

“Vivimos nuestras vidas normales”, comentó Said Motazavi, dueño de una tienda de electrodomésticos. Su frase refleja una doble realidad: la voluntad de seguir adelante y la vulnerabilidad subyacente. Si la electricidad y el agua fallan durante horas o días, la “normalidad” podría transformarse rápidamente en emergencia.

Reflexión final: por qué importa más allá de Irán

Las amenazas a la infraestructura energética en Teherán son un recordatorio de que, en la era moderna, los conflictos que afectan servicios básicos tienen dimensión transnacional. Las interrupciones en un país pueden reverberar en mercados energéticos, rutas comerciales y en la estabilidad regional. Sin embargo, la prioridad ética y práctica debería ser la protección de la población civil y la conservación de capacidades mínimas para la salud y la vida cotidiana.

Preparación técnica y solidaridades locales pueden mitigar impactos en el corto plazo, pero la solución sostenida requiere desescalamiento, diálogo y respeto por las normas que protegen a civiles y servicios esenciales. Mientras tanto, en los hospitales, en las panaderías y en las salas de estar de Teherán, la pregunta sigue siendo la misma: ¿cómo mantener la luz encendida cuando el futuro es incierto?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press