Pollo, superstición y permiso de trabajo: por qué Chick-fil-A se volvió un amuleto entre estudiantes chinos en EE. UU.

Cómo el juego de palabras, la ansiedad por el H-1B y prácticas tradicionales se mezclan en la comunidad china para buscar suerte migratoria

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En un auditorio de Virginia del Norte, durante un show de comedia en mandarín, la pregunta del presentador —"¿Qué comida les gusta?"— recibió una respuesta que hizo reír y a la vez revelar una peculiar costumbre: "¡Chick-fil-A!". No por sus sándwiches exclusivamente, sino porque el nombre suena parecido a "check files" (revisar expedientes) y, en la imaginación colectiva de muchos estudiantes y trabajadores chinos en Estados Unidos, ese doble sentido semántico se convirtió en un pequeño ritual de buena suerte para asuntos migratorios, sobre todo para atravesar la temida lotería del visado H-1B.

Un fenómeno de humor, superstición y ansiedad

La broma tiene raíces culturales profundas. En la cultura china, el juego de palabras y la fonética han servido durante siglos para asociar alimentos, objetos o números con deseos de prosperidad, salud o protección. Comer manzanas la noche de Navidad en China —"pingguo"— juega con la expresión "ping'an ye" (Nochebuena segura). El número cuatro se evita por sonar similar a la palabra "muerte" en mandarín. Estas asociaciones lingüísticas no son caprichos triviales: forman parte de prácticas sociales y rituales cotidianos.

En la era de la migración educativa y profesional, esa tradición de encontrar auspicios sonoros encontró un nuevo objeto: una cadena de comida rápida estadounidense que, irónicamente, no tiene sucursales en China. Sin embargo, para muchos estudiantes y jóvenes profesionales chinos que dependen de la suerte del sistema de visas estadounidense, la simple homofonía de "Chick-fil-A" se transformó en talismán: coasters impresos en 3D con el logo, bordados en llaveros, fotografías de perfil en redes sociales e incluso camisetas con la insignia del pollo se convirtieron en rituales informales de esperanza.

¿Por qué tanta ansiedad por el H-1B?

El visado H-1B es la vía principal por la que muchas empresas tecnológicas y centros de investigación en EE. UU. contratan a trabajadores extranjeros altamente especializados. A diferencia de otros permisos, gran parte de las plazas se adjudican mediante un sorteo anual cuando la demanda supera la oferta. Esa aleatoriedad ha alimentado sentimientos de impotencia y, por consiguiente, la búsqueda de cualquier vía simbólica que aumente las probabilidades de éxito.

Para poner cifras a la presión: en 2024, más de 46,000 solicitantes de origen chino recibieron aprobaciones H-1B, lo que representó aproximadamente el 11.7% de los aprobados, mientras que India concentró cerca del 70% del total. Estos datos se pueden verificar en los informes del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de EE. UU. (USCIS) y análisis públicos sobre la distribución por país de origen de beneficiarios H-1B (USCIS H-1B data).

La naturaleza incierta del sistema —agudizada por cambios regulatorios, debates políticos y anuncios inesperados— ha exacerbado la inseguridad. Por ejemplo, medidas anunciadas abruptamente o propuestas de cambios en tarifas o requisitos generan pánico en comunidades que dependen de estos permisos para permanecer y desarrollar su carrera.

Rituales modernos: del templo al perfil digital

No todo se queda en el ingenio y la broma. Según relatos de miembros de la comunidad, surgió además un mercado de servicios que mezcla técnica y fe: agentes en China ofrecen rezos a distancia en templos budistas o taoístas, realizando ofrendas y consignando los datos personales del solicitante (número de pasaporte, fechas de nacimiento) para "precisar" las plegarias a favor de una aprobación. En redes sociales como Xiaohongshu, estos servicios se anuncian y conectan a clientes con practicantes en templos tradicionales.

La mezcla es simbólica pero potente: por un lado, prácticas rituales ancestrales; por otro, la iconografía digital —una avatar de Chick-fil-A transformada en verde (color asociado con la tarjeta de residencia, o "green card")— y viajes a santuarios lejanos para pedir suerte. Todo eso expresa una necesidad humana básica: recuperar algún control frente a un sistema percibido como arbitrario.

Historias que lo explican

Casos como el de Zhou Yilu, ingeniero de software especializado en inteligencia artificial, muestran la carga emocional detrás del fenómeno. Tras 14 años en EE. UU. y una serie de frustraciones administrativas con distintos tipos de visa, Zhou relata que, tras una aprobación inesperada, sintió que comer en Chick-fil-A le acercó a la residencia permanente. Otros, como Fan Wu, cambiaron su foto de perfil por el logo o viajaron para rezar y aun así no ganaron la lotería. Estas historias, más que evidencias de causalidad, son testimonio de la tensión y la resiliencia de quienes afrontan la burocracia migratoria.

El costo humano y la importancia del talento

Las barreras migratorias no solo afectan a individuos: tienen repercusiones en la economía y la capacidad de atraer talento. Como subraya Juliet Gelatt, asociada del Migration Policy Institute, la política de visas ha sido esencial para conformar "una canalización real de talento" que beneficia a la economía estadounidense (cita y análisis disponibles en el sitio del Migration Policy Institute: migrationpolicy.org).

Cuando los procesos son percibidos como hostiles o inciertos, las empresas pierden capacidad de atraer y retener talento internacional. La atmósfera de sospecha hacia inmigrantes, particularmente en sectores de alta tecnología, ha sido identificada por expertos como un factor que podría limitar la competitividad estadounidense a largo plazo.

Entre lo pragmático y lo simbólico

Es fácil reírse de la imagen de un estudiante cruzando los dedos con un sándwich de pollo en la mano, pero detrás de ese gesto hay realidades concretas: largos periodos de incertidumbre, proyectos profesionales en pausa, familias separadas y expectativas laborales que dependen de una decisión administrativa tomada por sorteo. En ese contexto, la superstición y el ritual funcionan como herramientas de afrontamiento: devuelven agencia, aunque sea simbólica.

Además, la globalización cultural permite que símbolos extranjeros adquieran nuevos sentidos. Chick-fil-A, una marca estadounidense, devino en emblema entre jóvenes chinos por una coincidencia fonética; la práctica demuestra cómo la diáspora resignifica y adapta elementos culturales para satisfacer necesidades psicológicas y sociales contemporáneas.

¿Qué nos dice esto sobre migración y política?

  1. La incertidumbre genera rituales: cuando los procesos son opacos o arbitrarios, las personas recurren a prácticas simbólicas para canalizar su ansiedad.
  2. La fonética importa: la historia es un recordatorio de que el lenguaje y la cultura influyen en comportamientos sociales, incluso en contextos tan modernos como la selección de visados.
  3. Las políticas migratorias tienen costos intangibles: además del impacto económico, generan efectos psicológicos y comunitarios que pueden dañar la integración y la productividad.

Finalmente, la anécdota de Chick-fil-A y el H-1B es, en el fondo, una historia sobre esperanza. Cuando los canales oficiales parecen cerrados o impredecibles, la creatividad humana encuentra maneras de mantener viva la posibilidad: un sándwich, una imagen de perfil o una plegaria en un templo lejanos funcionan como pequeñas afirmaciones de fe en el porvenir.

Y aunque ningún pollo pueda cambiar las reglas de migración, entender por qué la gente recurre a estos símbolos ayuda a diseñar políticas más humanas, claras y predecibles, para que la suerte dependa menos de amuletos y más de sistemas justos y transparentes.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press