Caos y fragmentación: cómo la disputa por la nominación en California podría regalar la gobernación a la derecha

Con un reparto de candidaturas demócratas y el colapso de la campaña de Eric Swalwell, la inusual primaria top-two deja a los demócratas en alerta máxima

La política californiana vive un momento de alta tensión. A menos de un mes de que comience la votación por correo en la primaria para gobernador de California, la retirada fulminante de la candidatura del representante Eric Swalwell ha desatado dudas sobre el futuro del Partido Demócrata en el estado. Aunque los demócratas han dominado la política estatal durante años, la mecánica misma de la elección —el sistema de primaria “top-two” que coloca a todos los candidatos en una sola boleta y clasifica a los dos más votados para la elección general, sin importar su afiliación partidaria— abre la puerta a resultados sorprendentes: una primaria dividida entre muchos aspirantes demócratas podría permitir que dos republicanos avancen a noviembre.

¿Qué es la primaria “top-two” y por qué importa?

California adoptó el sistema de “primaria top-two” mediante la Proposición 14 en 2010, una reforma que cambió radicalmente la dinámica tradicional de las primarias partidistas. En lugar de elegir candidatos por partido, la boleta incluye a todos los aspirantes; los dos con más votos pasan a la elección general. La intención declarada fue favorecer a candidatos más moderados y aumentar la competencia. No obstante, en un estado con una abrumadora ventaja demográfica y de registro para los demócratas, el efecto que hoy preocupa es el opuesto: la fragmentación del voto dentro del partido mayoritario.

Según datos recientes, al cierre de 2025 California tenía aproximadamente 22 millones de votantes registrados, de los cuales cerca del 44% se identificaba como demócrata, frente a aproximadamente 23% de republicanos (fuente: Oficina del Secretario de Estado de California). En teoría, esa ventaja debería garantizar al menos una plaza demócrata entre los dos primeros. En la práctica, cuando la nómina demócrata está saturada y el electorado moderado o conservador se concentra en pocos nombres, puede darse el improbable pero plausible escenario de dos republicanos en la papeleta de noviembre.

El colapso de la campaña de Eric Swalwell: impacto y réplicas

La salida de Eric Swalwell —motivada por la pérdida de apoyos clave tras acusaciones públicas que deterioraron su base— no es un simple episodio aislado; ha reordenado las expectativas y estrategias de las campañas restantes. Swalwell aspiraba a recolectar una porción del electorado progresista y centrado en la seguridad y política nacional. Su retirada redistribuye esos votos a un mapa ya congestionado, beneficiando potencialmente a candidaturas con bases definidas o a figuras con recursos para captar atención mediática y publicidad.

El efecto inmediato es la subida de la ansiedad entre estrategas demócratas: ¿dónde migrarán los votos de Swalwell? ¿A los aún activos progresistas como Tom Steyer o Betty Yee, a moderados como Matt Mahan o Antonio Villaraigosa, o a una fragmentación tal que deje a dos republicanos como Chad Bianco y Steve Hilton enfrentándose en noviembre? Cada escenario tiene implicaciones distintas para el rumbo de la política estatal.

Los candidatos: mezcla de experiencia, dinero y contraste de estilos

El listado de aspirantes es variado y refleja múltiples estrategias políticas:

  • Tom Steyer (Demócrata): multimillonario convertido en activista liberal, financia buena parte de su propia campaña. Tiene historial de donaciones y de protagonismo en causas medioambientales y de justicia social, pero sus pasados negocios en sectores como la minería y prisiones privadas le han generado cuestionamientos.
  • Matt Mahan (Demócrata): alcalde de San José, se presenta como moderado tecnocrático con apoyo de sectores empresariales de Silicon Valley. Es relativamente nuevo en cargos electos, lo que lo hace atractivo para votantes cansados del mismo establishment.
  • Betty Yee (Demócrata): ex controladora estatal, con experiencia administrativa y estabilidad en finanzas públicas; busca capitalizar su gestión técnica para competir con figuras más mediáticas.
  • Xavier Becerra (Demócrata): ex secretario de Salud y Servicios Humanos federal y ex fiscal general de California. Su experiencia en Washington y Sacramento lo posiciona como un candidato con credenciales en política pública, aunque su campaña ha tenido dificultades para ganar tracción.
  • Antonio Villaraigosa (Demócrata): ex alcalde de Los Ángeles y figura histórica de la política latina en el estado. Ha intentado reposicionarse tras una derrota previa en la búsqueda de la gubernatura.
  • Tony Thurmond (Demócrata): superintendente de educación estatal, con agenda en políticas públicas educativas y derechos civiles.
  • Katie Porter (Demócrata): ex congresista conocida por su estilo confrontativo y su uso de la pizarra blanca para cuestionar a ejecutivos y defensores de políticas, busca capitalizar su perfil progresista y su imagen de fiscalizadora.
  • Chad Bianco y Steve Hilton (Republicanos): representan a la derecha en la papeleta. Bianco, sheriff del condado de Riverside, es cercano a la agenda de “ley y orden” y ha protagonizado controversias por la retención de papeletas en elecciones locales; Hilton, ex comentarista conservador y asesor político, ha recibido la aprobación de figuras como Donald Trump y ataca con una retórica fuerte sobre orden y seguridad.

Esta mezcla de dinero (Steyer), nombre (Villaraigosa, Becerra), frescura (Mahan) y figuras polarizantes (Bianco, Hilton) complica la narrativa y obliga a campañas a segmentar mensajes: ¿cómo atraer votantes latinos, progresistas, moderados suburbanos y al mismo tiempo responder a ataques sobre integridad o antigüas decisiones políticas?

Factores que pueden definir la primaria

Varios elementos concretos pueden inclinar la balanza:

  1. Turnout por correo: en California, la votación por correo y el registro adelantado son determinantes. Las campañas con mejores operaciones de movilización y listas de microsegmentación demográfica pueden capturar votos desorganizados.
  2. Publicidad y gasto: Steyer y otros candidatos con recursos monetarios pueden dominar la conversación mediática. En 2024 y 2025 hemos visto cómo el gasto privado puede saturar información y reforzar nombres en la mente del votante.
  3. Debates y reglas de elegibilidad: las disputas sobre quién cumple criterios para participar en debates han marcado el proceso. Las mesas de debate sirven para definir narrativa y contrastes; excluir o incluir a un candidato puede tener efecto cascada en percepciones públicas.
  4. Mensaje único vs. fragmentado: si los demócratas presentan plataformas solapadas —foco en protección social, cambio climático, derechos civiles— pero carecen de coordinación para evitar la dispersión del voto, podrán penalizarse a sí mismos. Por el contrario, una consolidación implícita hacia dos nombres podría neutralizar el riesgo.

Escenarios posibles y sus consecuencias

Existen, grosso modo, tres escenarios:

  • Un demócrata y un republicano a noviembre: el resultado más probable en condiciones normales, manteniendo la hegemonía demócrata en Sacramento.
  • Dos demócratas a noviembre: preservarían ideologías diversas dentro del partido y la elección sería, en la práctica, una contienda interna sobre la dirección del progresismo y el moderantismo californiano.
  • Dos republicanos a noviembre: el peor escenario para los demócratas y el más inquietante, potencialmente habilitado por la fragmentación del voto demócrata y la consolidación de votantes conservadores en dos nombres. Sería una anomalía en un estado azul, pero no imposible dadas las reglas y la dinámica de candidatos.

Lecciones históricas y el desafío del futuro

La historia electoral de California muestra que reformas bien intencionadas pueden tener efectos no deseados. La Proposición 14 buscó ampliar el centro político, pero en contiendas con alto número de aspirantes de un mismo partido, la lógica aritmética puede producir sorpresas. Los partidos y las campañas modernas deben aprender a operar en este entorno: alianzas tácticas, retirada estratégica de candidaturas y coordinación en terreno pueden ser tan decisivas como la financiación o la retórica pública.

Para los demócratas de California, el desafío es doble: evitar la autodestrucción por dispersión y articular un mensaje que hable tanto a las bases progresistas como a los votantes suburbanos y nuevos electores. Para los votantes independientes, la decisión de primero elegir o no votar por un aspirante de su ideología puede cambiar el destino de la gobernación.

“En una primaria top-two, cada candidato que entra cambia el cálculo; no es solo quién está al frente, sino cómo se fragmenta la energía del partido”, me dijo un estratega demócrata que pidió anonimato. Esa frase resume la teleología de esta campaña: todo depende de la suma de fragmentos.

Qué mirar en las próximas semanas

  • Movilización de votos por correo y primeros conteos locales.
  • Giros en la narrativa pública: escándalos, encuestas y debates.
  • Decisiones tácticas: retiros, apoyos cruzados y acuerdos tácitos.
  • Cómo responden los donantes y los grandes medios a la pelea interna demócrata.

En definitiva, la elección de gobernador de California se ha convertido en un test sobre la adaptabilidad del sistema político a reglas que no perdonan la indecisión. Con la votación por correo a la vuelta de la esquina, las próximas semanas serán críticas: para los candidatos, para los votantes y para un partido que, paradójicamente, podría perder por propia dispersión aquello que, en números, debería tener asegurado.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press