Kabul se queda sin agua: la crisis oculta que amenaza a millones

Sequías, urbanización descontrolada y mala gestión convergen para poner a Kabul al borde de un desastre humanitario

Kabul no solo enfrenta bombas, refugiados y fragmentación política: también se enfrenta a un enemigo silencioso y de alcance cotidiano: el agua que se agota. En la capital afgana, una combinación de cambio climático, crecimiento demográfico explosivo y gestión deficiente de recursos hídricos ha llevado a que los habitantes maniobren cada día para conseguir agua potable.

Un síntoma: el agua que ya no llega a casa

Vecinos de barrios como Deh Mazang describen jornadas enteras dedicadas a transportar bidones de agua a hombros o en pequeñas motocicletas. “Estas vasijas son pesadas. No tenemos fuerza en la espalda ni en las piernas”, dice Marofa, de 52 años, mientras muestra su cabello canoso. Historias como la de Marofa se repiten en los barrios bajos y en las colinas altas donde las tuberías y manantiales se han vuelto insuficientes o directamente inexistentes.

Qué está fallando: tres factores que se retroalimentan

  • Extracción masiva de aguas subterráneas: Kabul depende principalmente de acuíferos. Un informe de Mercy Corps (abril de 2025) advirtió que los niveles freáticos se han hundido entre 25 y 30 metros en la última década, una caída alarmante para una ciudad que extrae agua a gran escala (Mercy Corps).
  • Urbanización y crecimiento poblacional: En dos décadas la población estimada de Kabul pasó de alrededor de 2,5 millones (2001) a casi 6 millones (estimaciones recientes), impulsada por retornos de desplazados y nuevas oleadas migratorias. El cemento y la pérdida de superficies permeables impiden que la lluvia recargue los acuíferos.
  • Cambio climático: Menos nieve en las montañas y lluvias más erráticas implican que no se repongan las reservas subterráneas. En lugar de abundantes deshielos, llegan precipitaciones intensas que generan inundaciones superficiales pero poca infiltración.

La gestión no ha sido la solución

Expertos afirman que la crisis no es solo meteorológica. Najibullah Sadid, especialista en recursos hídricos vinculado a la Afghanistan Water and Environment Professionals Network, subraya que “incluso sin el cambio climático Kabul habría afrontado esta crisis por el aumento sin precedentes de población y urbanización”. La explotación comercial del agua por industrias como embotelladoras y grandes invernaderos ha agravado la extracción.

El Ministerio de Agua y Energía reconoció la gravedad del problema. Su portavoz, Qari Matiullah Abid, declaró que “la situación del agua en la ciudad de Kabul está en estado crítico” y apuntó a la combinación de crecimiento poblacional, disminución de precipitaciones y aumento del consumo como causas principales.

Medidas implementadas y sus límites

Las autoridades han tomado pasos puntuales: imponer cuotas y medidores para grandes consumidores, restricciones a extracción comercial y obras para captar agua de lluvia y reducir la erosión. Se han cavado pozos de absorción y construido estructuras de control de corriente (check dams) en distritos urbanos para intentar recargar acuíferos superficiales. Además, se inauguró en 2024 la presa Shah wa Arous con capacidad para 10 millones de metros cúbicos, y se trabajó en desazolve del embalse de Qargha.

No obstante, estas medidas son insuficientes frente a la magnitud del problema. Las soluciones estructurales que podrían cambiar el panorama —como la tubería de 200 km desde el río Panjshir y la presa Shah Toot— enfrentan retrasos financieros y administrativos.

Proyectos con potencial, pero rezagados

El proyecto de la tubería desde Panjshir y la presa Shah Toot juntos podrían suministrar agua a aproximadamente 4 millones de personas, según el análisis de expertos citado por organizaciones humanitarias. La tubería tendría un costo estimado en torno a 130 millones de dólares y, según autoridades, ya cuenta con presupuesto aprobado para ejecutar trabajos de infraestructura, aunque se requieren revisiones y nuevos estudios previos al inicio de obra. La presa Shah Toot, planificada originalmente como colaboración afgano-india, sufre falta de financiación y tardaría entre seis y siete años en completarse, aun si comenzara ya.

Impactos sociales y de salud

La escasez de agua tiene implicaciones directas en la salud pública: mayor riesgo de enfermedades transmitidas por agua, dificultades para higiene básica, y compromisos en la preparación de alimentos. Además, la compra de agua potable a través de pequeños comerciantes en motocicleta representa un gasto adicional que pesa en hogares ya empobrecidos.

Wali Mohammad, de 90 años, resumió el sentimiento de muchos: “No tenemos dinero para la comida. ¿Cómo conseguiremos agua?”

¿Qué medidas urgentes debería priorizar Kabul?

  1. Protección y regulación efectiva de acuíferos: Implementar y hacer cumplir cuotas de extracción para la industria, con sanciones claras y monitoreo público.
  2. Infraestructura para recarga: Aumentar las superficies permeables urbanas, crear zonas de infiltración y multiplicar pozos de absorción en puntos estratégicos.
  3. Terminación de megaproyectos esenciales: Priorizar la construcción de la tubería Panjshir y asegurar financiamiento para Shah Toot como iniciativas que pueden aliviar a millones.
  4. Gestión integrada del agua: Diseñar planes urbanos que combinen abastecimiento, saneamiento y manejo de escorrentías, con participación comunitaria.
  5. Transparencia y coordinación: Evitar que la política o decisiones cortoplacistas desvíen recursos de proyectos fundamentales para la vida cotidiana.

Lecciones históricas y comparativas

Ciudades en otras regiones semidesérticas han afrontado desafíos similares. Por ejemplo, Ciudad del Cabo (Sudáfrica) vivió una "Day Zero" potencial en 2018 cuando redujo su consumo masivo mediante restricciones, campañas públicas y diversificación de fuentes. Aquella experiencia mostró que la combinación de medidas de demanda, reciclaje y desalación puede posponer una crisis, pero solo la planificación a largo plazo y diversificación de fuentes (acuíferos gestionados, represas, reciclaje, desalinización) entregan resiliencia real.

Para Kabul, la lección es clara: soluciones temporales y parches no bastarán. Se requiere visión estratégica, inversión sostenida y cooperación internacional y local.

El tiempo apremia

Según expertos citados, sin cambios a gran escala Kabul podría enfrentar un desastre humanitario en la próxima década, y posiblemente mucho antes. El llamado es doble: humanitario para atender necesidades inmediatas de agua y nutrición; y estratégico para transformar la gestión hídrica y recuperar la capacidad de los acuíferos.

“Una combinación de tubería y presa sería una solución sostenible para el futuro”, señala Sadid, recordando que —aunque la presa toma años en construirse— la tubería podría completarse con mayor rapidez y alivio tangible.

Mientras tanto, en los callejones de Kabul, la gente sigue cargando recipientes, pagando por litros que antes llegaban por tubería, y preguntándose cómo una capital puede permitirse quedarse sin el recurso más básico. El reto para autoridades, donantes y sociedad civil es convertir la conciencia en prioridad y la prioridad en acción.

Fuentes citadas: Mercy Corps, informe sobre acuíferos en Kabul (abril 2025); declaraciones del Ministerio de Agua y Energía de Afganistán; entrevistas con especialistas de la Afghanistan Water and Environment Professionals Network.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press