Ben & Jerry’s en la encrucijada: activismo, propiedad y la lucha por la independencia de una marca icónica

Ben Cohen reclama la recuperación de la independencia de la empresa y acusa a Magnum de silenciar la voz social de la compañía

Ben & Jerry’s nació en 1978 en una esquina de Burlington, Vermont, como una heladería artesanal con un fuerte sello progresista: sabores originales, prácticas comerciales responsables y un compromiso público con causas sociales. Casi cinco décadas después, ese compromiso está en el centro de una pelea entre los cofundadores históricos y los nuevos dueños corporativos.

Una protesta con historia

El cofundador Ben Cohen, que regresó al punto donde abrió la primera tienda para celebrar el tradicional Free Cone Day, hizo declaraciones duras contra el actual propietario de la marca, Magnum Ice Cream Company. Según Cohen, Magnum ha limitado la capacidad de Ben & Jerry’s de emitir pronunciamientos sobre cuestiones sociales, desde el apoyo al mes de la Historia Afroamericana hasta llamados por un cese al fuego en Gaza. Cohen afirmó: "Magnum prevented Ben & Jerry’s from putting out a post supporting Black History Month... We wanted to come out with a post calling for a ceasefire in Gaza. Magnum prevented that" (declaraciones de Ben Cohen en Burlington, abril 2026).

Esos comentarios reflejan un conflicto más amplio: Cohen y su colega Jerry Greenfield crearon una marca que durante décadas usó su visibilidad para denunciar injusticias y promover políticas de justicia social. Greenfield renunció en septiembre de 2025, describiendo su salida como "dolorosa" y lamentando la pérdida de independencia de la compañía. Cohen, aunque aún figura como empleado remunerado, asegura no tener responsabilidades ni autoridad dentro de la empresa.

De Vermont al mundo: una cadena de cambios de dueño

La trayectoria corporativa de Ben & Jerry’s es clave para entender el conflicto actual. En 2000 la compañía fue adquirida por Unilever por 326 millones de dólares, una cifra que algunos ajustan a la inflación y sitúan en torno a 625 millones de dólares en términos actuales. La venta se realizó con una promesa: Unilever aceptó que Ben & Jerry’s mantendría un consejo independiente capaz de preservar su misión social y su tripleta de objetivos —producto, economía y sociedad—.

Sin embargo, esa autonomía quedó en tensión en años recientes. En 2021 la marca anunció que dejaría de vender sus productos en colonias israelíes en territorios ocupados, lo que generó una fuerte controversia diplomática y empresarial. Unilever se distanció públicamente de esa decisión y posteriormente vendió su negocio en Israel a una empresa local. En 2024, Ben & Jerry’s demandó a Unilever, acusándola de bloquear declaraciones del heladero en apoyo a los palestinos durante la guerra en Gaza y de restringir publicaciones críticas hacia figuras políticas como el expresidente Donald Trump. Estas acciones evidenciaron la complejidad de mantener un discurso activista dentro de una estructura corporativa global.

El giro: Magnum y la nueva fase

En marzo de 2024 Unilever anunció la escisión de su negocio de helados, que culminó con la formación de Magnum como compañía independiente en julio de 2025. Magnum, con sede en Ámsterdam, posee además otras marcas consolidadas como Breyers y Cornetto, y se presenta como una de las mayores empresas de helados a nivel mundial.

Desde la llegada de Magnum como propietario, los fundadores de Ben & Jerry’s han denunciado restricciones sobre el activismo de marca. Cohen llegó a afirmar que la empresa hoy podría valer entre 1,500 y 2,000 millones de dólares y pidió públicamente que Magnum venda la marca a «un grupo de inversores con conciencia social» dispuesto a respetar su misión histórica. Magnum, por su parte, respondió que Ben & Jerry’s "no está en venta" y manifestó su compromiso con el modelo de la marca y su triple misión —producto, economía y sociedad—.

¿Qué está en juego para la marca?

La tensión no es solo de principismo: se trata de percepción del consumidor, valor de marca y coherencia entre discurso y práctica. Ben & Jerry’s se construyó como una marca cuyos valores eran tan visibles como sus sabores. Cuando una marca activista parece silenciada, el riesgo es doble:

  • Perder credibilidad entre consumidores que compran no solo producto sino también propósito.
  • Provocar fracturas internas que deriven en salidas de figuras emblemáticas, como ya ocurrió con Greenfield.

Cohen advierte que "cuanto más larga sea esta situación, más están destruyendo el equity de la marca" (declaración pública, Burlington, abril 2026). Esa "equidad de marca" —valor intangible que atrae a clientes por afinidad ética— puede ser muy sensible a cambios en el comportamiento público de la compañía.

Activismo corporativo: ¿un activo o un pasivo?

El activismo corporativo ha crecido en las últimas décadas. Un estudio de 2021 del Institute for Corporate Social Responsibility (ICSR) halló que un 64% de los consumidores afirma preferir marcas que se expresen sobre temas sociales relevantes; no obstante, otro 37% ve con sospecha a las empresas que hablan en política sin acciones coherentes detrás. En otras palabras, la expectación es alta, pero la paciencia es limitada.

Ben & Jerry’s construyó un modelo donde el activismo era parte del ADN: campañas por justicia racial, comercio justo y reforma del financiamiento político estuvieron siempre en su agenda. La pregunta hoy es si esa tradición puede sobrevivir dentro de una gran corporación cuyo foco comercial difiere del activismo público.

Escenarios posibles

Ante la disputa, se abren varios caminos:

  1. Negociación interna: Magnum podría reafirmar públicamente la autonomía del consejo de Ben & Jerry’s y permitir mayor margen de acción en comunicaciones sociales, recuperando así confianza entre consumidores y fundadores.
  2. Venta a inversores sociales: Si Magnum aceptara vender la marca a un grupo comprometido con su misión, la independencia volvería, pero surgirían desafíos de financiación y escalabilidad global.
  3. Mantenimiento del statu quo: Magnum conserva la propiedad y limita las declaraciones públicas; la marca se desactiva como voz social y sustituye parte de su capital reputacional por estabilidad financiera corporativa.

Cada ruta tiene costos y beneficios. La negociación exige concesiones de ambas partes; la venta supone hallar compradores que comprendan tanto el valor económico como el valor moral de la marca; mantener el statu quo corre el riesgo de erosión reputacional a largo plazo.

Lecciones para marcas y consumidores

El caso Ben & Jerry’s es un recordatorio poderoso de que las marcas con identidad política o social deben planificar cómo proteger esa identidad cuando crecen o cambian de propietario. Algunos aprendizajes:

  • Incluir cláusulas claras de gobernanza cultural en contratos de venta: mecanismos que garanticen la voz pública de la marca.
  • Comunicar con transparencia a los consumidores los límites y alcances de la autonomía corporativa.
  • Construir estructuras de rendición de cuentas que permitan a consumidores y empleados informar sobre desviaciones respecto a la misión original.

Si una marca vende no solo helado sino una promesa ética, su valor depende tanto del sabor como de la coherencia entre palabra y acción. La historia de Ben & Jerry’s —desde la heladería de Burlington hasta la disputa con multinacionales globales— ilustra cuán delicado es ese equilibrio.

¿Qué podemos esperar ahora?

En el corto plazo, es probable que sigan las tensiones públicas: protestas simbólicas, declaraciones de los fundadores y comunicados oficiales de Magnum. En el mediano plazo, la solución vendrá de decisiones corporativas: mayor autonomía para el consejo, venta a inversores con conciencia social o la consolidación bajo la nueva estructura que prioriza la estabilidad empresarial.

Más allá del destino específico de Ben & Jerry’s, el diálogo abrió una conversación más amplia sobre la relación entre capital, responsabilidad social y la voz pública de las empresas. Mientras tanto, en Burlington y en miles de hogares que siguen comprando sus helados, la pregunta perdura: ¿puede una marca grande conservar el espíritu insurgente con el que nació?

Nota: declaraciones citadas por Ben Cohen en Burlington (abril 2026) durante la celebración del Free Cone Day. Las cifras históricas sobre la adquisición por Unilever en 2000 y la posterior evolución corporativa se basan en registros públicos y cronologías de la compañía.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press