Perú rumbo a una segunda vuelta: caos logístico, candidatos de derecha y una economía que resiste
Con más de 35 aspirantes y una jornada marcada por fallos en la logística, el país define en junio si opta por mano dura o un giro ultraconservador
Perú volvió a mostrar en las urnas la combinación de fragilidad institucional y resiliencia económica que lo ha caracterizado en la última década. Tras una jornada electoral con graves problemas logísticos que obligaron a extender la votación un día más, las autoridades electorales contabilizaban el lunes y martes los votos que definirán a los dos candidatos que competirán en la segunda vuelta el 7 de junio.
Un campo electoral inédito y resultados fragmentados
Con 35 candidatos inscritos —la mayor oferta en la historia reciente del país— ninguna candidatura alcanzó la mayoría absoluta necesaria para ganar en primera vuelta. Según el conteo oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), con alrededor del 72% de las actas procesadas, Keiko Fujimori lideraba con un 16.92% de los votos y Rafael López Aliaga se ubicaba segundo con un 12.95% (fuente: ONPE).
Es importante recordar que, de acuerdo con la legislación electoral peruana, para ser elegido en primera vuelta se requiere más del 50% de los votos válidos; de lo contrario, los dos más votados pasan a una segunda vuelta. En un contexto de tantos candidatos, los porcentajes fragmentados eran previsibles: la dispersión del voto tiende a favorecer a contiendas definidas por márgenes ajustados y alianzas posteriores.
Logística fallida: quién quedó sin votar y por qué importa
La jornada fue empañada por problemas de distribución de material electoral que dejaron a miles de peruanos sin la posibilidad de votar el día previsto. La falla obligó a que las autoridades extendieran la votación al lunes para más de 52,000 residentes de Lima y también cubrieran a peruanos registrados en dos localidades de Estados Unidos, Orlando (Florida) y Paterson (Nueva Jersey).
La molestia ciudadana se percibió en testimonios como el de Iris Valle, de 56 años, quien dijo: “Estoy harta” mientras esperaba para votar el lunes en una escuela pública de Lima; explicó que temía perder salario por llegar tarde al trabajo por la obligación de votar. Ese tipo de malestar social refleja un cansancio acumulado por la inestabilidad política, que se suma a la preocupación por seguridad y corrupción que dominó la campaña.
La votación obligatoria en Perú, vigente para ciudadanos entre 18 y 70 años, contempla multas para quienes no concurren a las urnas —hasta aproximadamente 32 dólares—, lo que añade presión y fricción cuando la logística falla.
Los protagonistas hasta ahora: mano dura y discurso conservador
Keiko Fujimori, candidata conservadora y figura recurrente en la política peruana por ser hija del expresidente Alberto Fujimori, ha vuelto a posicionarse como favorita parcial pese a su polarizante figura y a antecedentes judiciales que han marcado su carrera política. En su cuarto intento presidencial, su discurso se centra en la promesa de mano dura frente al crimen organizado. Parte de esa propuesta incluye medidas controversiales, como el anonimato de jueces en determinados procesos y programas de trabajo penitenciario para los reclusos.
Rafael López Aliaga, exalcalde y referente ultraconservador, propone medidas aún más radicales en materia de seguridad: construir nuevas prisiones, autorizar el anonimato judicial y deportaciones más agresivas de extranjeros en situación irregular. Ambos candidatos han atraído parte del voto de descontento y del electorado que prioriza seguridad y orden por encima de otras agendas.
Contexto de inseguridad y desconfianza
Las preocupaciones por la seguridad y la corrupción jugaron un papel central en la campaña electoral. Perú ha experimentado picos de violencia y escándalos de corrupción que han erosionado la confianza ciudadana en las instituciones y en los candidatos. Ese descontento se traduce en un electorado que percibe a muchos postulantes como poco preparados o francamente deshonestos.
En la última década, el país ha tenido una frecuencia excepcional de cambios en la Presidencia: la elección de junio definirá al noveno presidente en apenas diez años, un dato que ilustra la volatilidad política del país.
Economía: crecimiento que sorprende pese a la crisis política
Paradójicamente, mientras la política tambalea, la economía peruana ha mostrado fortaleza relativa. Impulsada por la minería —Perú es uno de los mayores productores mundiales de cobre— la economía alcanzó un crecimiento de más del 3% en 2024 y 2025, cifras superiores a las de muchos países de la región en el mismo periodo, aunque todavía por debajo del dinamismo de los años 2000, cuando el país llegó a crecer entre 5% y 6% anuales.
Will Freeman, investigador sobre América Latina del Council on Foreign Relations (CFR), ha enfatizado que una pieza clave de esa estabilidad ha sido la continuidad en el liderazgo del Banco Central. “Aunque Perú ha tenido todos estos presidentes, ha tenido solo un presidente del banco central desde mediados de los 2000, Julio Velarde. Él ha sido una fuente real de estabilidad y ha dado confianza a inversores,” afirmó Freeman (CFR).
No obstante, los analistas advierten que el crecimiento actual no es suficiente para garantizar prosperidad distributiva ni para apaciguar el descontento social. Decisiones recientes en el Congreso han mostrado una tendencia hacia un populismo económico más conservador, y la duda es si la próxima administración mantendrá la independencia de instituciones clave o impulsará cambios que erosione la confianza de los mercados.
Escenarios para la segunda vuelta
Con la polarización del electorado y la fragmentación inicial, la segunda vuelta se perfila como una elección definitoria entre dos modelos: un giro a la derecha con propuestas de mano dura y cierto proteccionismo social (vinculado al discurso de orden), o una alternativa que busque articular mayor cooperación institucional y políticas públicas que permitan mejorar seguridad y cohesión social sin sacrificar la estabilidad macroeconómica.
Algunos elementos que pueden determinar el resultado en la segunda vuelta:
- Alianzas y retire de candidaturas: con más de 30 candidaturas, el respaldo de los eliminados será clave; los votantes pueden consolidar sus preferencias en torno a quien mejor canalice el rechazo al estado actual.
- Campañas sobre seguridad vs. economía: la narrativa dominante será la seguridad, pero la defensa del crecimiento y la independencia de instituciones como el banco central también puede inclinar a votantes moderados.
- Percepción internacional: inversores y organizaciones internacionales seguirán de cerca las propuestas que afecten la institucionalidad y la regla de ley.
La ciudadanía y la confianza: el reto más grande
Más allá de quién gane, el desafío para Perú es reconstruir confianza. Los fallos logísticos, el cansancio por las frecuentes crisis políticas y la persistencia de la violencia exigen una respuesta integral que vaya más allá de medidas represivas y que fortalezca capacidades estatales, transparencia y acceso a justicia.
Un dato histórico aporta perspectiva: entre 1870 y 1930, Perú experimentó fases de inestabilidad política, pero fue la consolidación de instituciones económicas y la inversión en infraestructura lo que sentó las bases para un desarrollo más sostenido en el largo plazo. Hoy, la pregunta es si la élite política y la nueva administración podrán aprender de esa historia para priorizar reformas institucionales que atraigan inversión y restituyan la confianza ciudadana.
Qué vigilar en las próximas semanas
- Publicación final y verificada de los resultados por parte de la ONPE, sin margen de error en la entrega de actas.
- Movimientos y pactos entre partidos y candidatos eliminados que puedan orientar a sus electores hacia uno u otro contendiente.
- Propuestas concretas de seguridad que respeten la Constitución y el debido proceso; cualquier medida que erosione garantías judiciales podría generar resistencia social y cortocircuitos institucionales.
- Reacciones del mercado y de organismos multilaterales ante las primeras señales de la campaña y, luego, del gobierno electo.
Perú entra a una fase decisiva con más preguntas que respuestas. La segunda vuelta será una prueba de madurez democrática: no solo un plebiscito sobre quién gobierna sino una oportunidad para que la sociedad peruana exija y construya instituciones capaces de garantizar seguridad, justicia y crecimiento sostenido.
Fuentes citadas:
- Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE): datos preliminares del conteo de votos. (ONPE)
- Council on Foreign Relations, comentario de Will Freeman sobre la independencia del Banco Central y su efecto en la confianza inversora. (CFR)
