¿Te estás volviendo chino?: el fenómeno global de 'becoming Chinese' y el auge del soft power cultural de China

De memes virales a objetos de consumo: cómo hábitos cotidianos, productos y contenidos culturales chinos se convirtieron en tendencia global —y por qué eso no borra problemas políticos y sociales

¿Qué significa ‘volverse chino’ en la era de las redes sociales? No se trata solo de cambiar un pasatiempo o una prenda: es una etiqueta viral que engloba desde beber agua caliente con bayas de goji hasta celebrar la infraestructura moderna de las ciudades chinas en videos de viaje. En TikTok y otras plataformas, usuarios de veintitantos años publican con humor y fascinación sobre cómo adoptan rutinas, comidas y marcas chinas, y lo hacen con millones de visualizaciones. El fenómeno —etiquetado en ocasiones como “Chinamaxxing” o “becoming Chinese”— plantea preguntas poderosas sobre cultura, consumo, apropiación y poder blando (soft power).

El poder blando en acción: ¿qué impulsa la fascinación?

El auge del interés por lo “chino” no surgió por generación espontánea. Es el resultado de décadas en las que China se transformó en una potencia manufacturera, en innovadora digital y en exportadora cultural. Productos y experiencias chinas dejaron de ser sinónimo automático de bajo costo o indiferencia estética: hoy hay marcas, juguetes, música y películas que compiten por la atención global.

Como apunta Shaoyu Yuan, profesor del Center for Global Affairs de la New York University School of Professional Studies: “China is gaining real soft power, and you can see it most clearly in how Chinese culture and ‘Chineseness’ are becoming familiar, repeatable, and globally consumable in everyday life.” (NYU)

Detrás de esa familiaridad hay varios vectores:

  • Industria del entretenimiento y videojuegos: títulos como el videojuego inspirado en la leyenda de Sun Wukong o películas animadas basadas en mitos chinos han alcanzado audiencias masivas.
  • Cultura pop y diseño: fenómenos como Labubu y juguetes “ugly-cute” se volvieron objeto de deseo, hasta el punto de que la empresa matriz reportó saltos importantes en sus resultados cuando la moda estalló internacionalmente.
  • Plataformas y algoritmos: las técnicas de recomendación y formatos cortos —dominados por empresas chinas en algunos mercados— han facilitado la difusión rápida de tendencias culturales.
  • Experiencias urbanas y servicios digitales: turistas y creadores destacan la modernidad y conveniencia del transporte, las aplicaciones de mapas con detalles microclimáticos, o la rapidez de algunos servicios, lo que alimenta el relato de una China ‘eficiente’ y atractiva.

Entre la admiración y la apropiación: la voz de las comunidades chinas

No todo lo que brilla es simplemente celebración. Para muchas personas de origen chino, la moda por lo “chino” llega en un contexto histórico doloroso: episodios de racismo y violencia contra asiáticos, especialmente durante la pandemia, quedaron recientes en la memoria colectiva. Para ellas, la visibilidad repentina puede sentirse incompleta o incluso hipócrita si no va acompañada de reconocimiento y medidas contra la discriminación.

Como lo expresó Elise Zeng, creadora que critica el fenómeno: “Appreciation does not erase the racism that many Chinese people grew up with.”em> (comentario público en redes)

Ese contraste entre adopción cultural y experiencias de exclusión subraya una tensión clásica del soft power: la popularidad de elementos culturales no siempre se traduce en empatía ni en justicia para las comunidades que los originan.

¿Es esto propaganda estatal o un movimiento orgánico?

La respuesta es matizada. El gobierno chino ha buscado durante años aumentar su influencia cultural global, con iniciativas oficiales como institutos de lengua y programas de inversión exterior. Sin embargo, muchos analistas señalan que la difusión reciente de hábitos y productos chinos no es simplemente una campaña organizada, sino que obedece en gran medida a dinámicas del mercado y del ecosistema digital.

Un principio clave del poder blando —recordado por expertos— es que la cultura viaja más lejos cuando se «elige» en lugar de cuando se «anuncia». Los contenidos que emergen de abajo hacia arriba, impulsados por gustos y utilidad, tienden a generar apego genuino en audiencias externas. Por eso muchas empresas y creadores chinos (y también no chinos) han sido los verdaderos motores del fenómeno, más que las instituciones gubernamentales.

Economía y consumo: el sustrato material del encanto

La capacidad de China para producir a gran escala e invertir en sectores estratégicos ha sido un fundamento importante del atractivo cultural. Desde dispositivos electrónicos hasta juguetes de diseño, la presencia de productos chinos en el mercado global ha facilitado que elementos culturales lleguen al público general.

Además, la expansión de plataformas y la creatividad de emprendedores han permitido que pequeñas marcas locales ganen relevancia internacional sin pasar por los canales tradicionales de la industria cultural occidental.

Casos emblemáticos: ¿qué se viralizó y por qué funcionó?

  • Comida y rituales domésticos: beber agua caliente, preparar dumplings o usar pantuflas en casa son hábitos que, transformados en contenido visual y narrativas personales, se convirtieron en símbolos sencillos susceptibles de imitación.
  • Juguetes y diseño: figuras como las de la marca PopMart y los muñecos Labubu alcanzaron una cotización cultural que excede su valor en sí; la estética «ugly-cute» conectó con celebridades y coleccionistas.
  • Música y dialectos: la viralidad de raperos cantonéses demuestra que el idioma y lo local no son necesariamente barreras cuando la música y el formato conectan con audiencias globales.
  • Tecnología de consumo: apps y mapas locales han sido celebrados por su utilidad práctica —un tipo de soft power basado en utilidad más que en glamour.

Riesgos y límites del fenómeno

La corriente global hacia lo “chino” no es una panacea. Entre los principales riesgos están:

  1. Apropiación cultural: cuando elementos culturales se consumen fuera de contexto o se estereotipan, se corre el riesgo de trivializar identidades vivas.
  2. Desconexión con la realidad política: la popularidad cultural puede coexistir con políticas estatales controvertidas; para muchas personas, el reconocimiento cultural no compensa violaciones de derechos humanos o censura.
  3. Sensibilidad geopolítica: la aceptación de productos y cultura china puede volverse un campo de disputa cuando se introduce en debates sobre seguridad, inversión o influencia extranjera.

Cómo navegar la tendencia: recomendaciones para creadores y consumidores

Si participas en la tendencia o simplemente te fascina la cultura china, vale la pena actuar con conciencia:

  • Infórmate: busca el contexto histórico y social detrás de prácticas y productos antes de reproducirlos como simple moda.
  • Reconoce la autoría cultural: cita y celebra a los creadores y comunidades que originan las prácticas.
  • Evita estereotipos: la exposición debe ir acompañada de respeto y complejidad, no de caricaturas.
  • Escucha a las voces afectadas: presta atención a quienes viven la experiencia de migración, discriminación o represión; su testimonio es clave para entender el alcance real del fenómeno.

Reflexión final: ¿moda pasajera o cambio duradero?

La viralidad tiene una vida corta, pero las transformaciones culturales profundas suelen requerir años de interacción, comercio e intercambio humano. El reciente auge de lo «chino» en redes es un indicio de que China ya no es únicamente un proveedor anónimo: sus productos, historias y prácticas están presentes en la vida cotidiana de audiencias globales. Si ese encuentro producirá un entendimiento más profundo, cambios en políticas o simplemente nuevas modas, dependerá de cómo actúen los actores culturales, los consumidores y, no menos importante, las políticas públicas que afectan la libertad, la representación y el comercio.

En palabras del profesor Yuan (NYU): “That legitimacy is earned through taste, utility, and entertainment.” Ese consejo resume la lección central: la cultura viaja cuando aporta placer, utilidad o sentido; pero para que el viaje sea justo y sostenible, debe estar acompañado por responsabilidad y reconocimiento histórico.

Lecturas y recursos recomendados:

Este artículo fue redactado con información de Associated Press