Khartiia: la fuerza voluntaria que redefine el ejército ucraniano

Del emprendimiento agrícola al campo de batalla: cómo una unidad voluntaria transformó tácticas, cultura y reclutamiento en la guerra de Ucrania

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Cuando Vsevolod Kozhemyako, un empresario agrícola, decidió en los primeros días de la invasión que debía actuar, no imaginó que su iniciativa germinaría hasta convertirse en un cuerpo de decenas de miles de combatientes que hoy marca tendencias en la manera de hacer la guerra en Ucrania. Lo que comenzó como una unidad de 30 voluntarios se ha convertido, según sus dirigentes, en una fuerza de alrededor de 40,000 efectivos que ha sido capaz de combinar disciplina operativa, adopción tecnológica y técnicas de gestión propias del sector privado para obtener resultados tácticos notables.

Un origen empresarial

La génesis del Khartiia muestra un fenómeno que se repitió en 2014 y se multiplicó a partir de 2022: ciudadanos que no querían resignarse a la pasividad y que, alineando recursos privados y redes sociales, contribuyeron a robustecer la capacidad defensiva del país. Kozhemyako, citado por dirigentes del cuerpo, resumió la mentalidad fundacional: “No queríamos unirnos al ejército postsoviético tal como era; queríamos pelear y cambiar la forma de pelear”. Esa mentalidad empresarial impulsó prácticas poco convencionales en el ámbito militar ucraniano.

Ruptura con la herencia soviética

Tras el colapso de la Unión Soviética, los ejércitos que surgieron heredaron burocracias, estructuras jerárquicas rígidas y procedimientos muchas veces ineficaces. Ucrania no fue la excepción: entre 1991 y 2014 se acumuló desgaste por falta de inversión, corrupción y descoordinación. La anexión de Crimea (2014) y el conflicto en el Donbás evidenciaron esas carencias y detonaron un proceso de transformación, que ahora se acelera en unidades como Khartiia.

Una de las diferencias más palpables es cultural: mientras que en estructuras tradicionales predominaba el castigo y el secretismo —conductas que inhiben el flujo de información crítica—, Khartiia promovió transparencia operativa, comunicación horizontal y responsabilidad técnica. Un joven comandante del cuerpo describió el contraste: “La gente entiende por qué estamos aquí y no nos sobrecargan con tareas innecesarias”. Esa confianza entre niveles facilita la toma de decisiones en fracciones temporales breves, factor esencial en un campo de batalla dinámico.

Tácticas y metodologías: aprendizaje y adaptación

Khartiia adoptó metodologías de planificación organizacional y militar modernas, entre ellas los Troop Leading Procedures (TLP) y las After Action Reviews (AAR). Las TLP permiten a pequeñas unidades preparar operaciones rápidamente, explotando ventanas de oportunidad; las AAR son mecanismos formales para analizar lo ocurrido y corregir errores. Estas prácticas, importadas y adaptadas, han sido divulgadas como lecciones prácticas que otras formaciones ucranianas miran con interés.

El foco en el aprendizaje constante y la profesionalización de procesos se complementa con un enfoque en recursos humanos: la unidad ha diseñado sistemas de reclutamiento, formación y retención más parecidos a los de una organización privada exitosa que a los de una burocracia militar tradicional. Ello incluye campañas digitales, uso de redes sociales y alianzas con figuras públicas para facilitar donaciones y atraer voluntarios.

Tecnología y robotización: el nuevo terreno de combate

Uno de los aspectos más disruptivos del Khartiia es su apuesta por la tecnología. El cuerpo fue pionero en la integración de sistemas robóticos para tareas de suministro y evacuación, y, según evaluaciones externas, en ataques coordinados con drones. Un análisis publicado en la revista Military Review del Ejército de EE. UU. destacó la operación de diciembre de 2024 cerca de Járkov como un hito: “fue un momento que obligó a replantear la supervivencia de formaciones acorazadas tradicionales frente a operaciones robotizadas” (Military Review, artículo de Maj. Gen. Curtis Taylor).

El énfasis en la robótica y en la guerra de información ha permitido dotar a pequeñas unidades de un alcance táctico y una persistencia operativa difícil de contrarrestar con enfoques convencionales. En palabras de un oficial del Khartiia: “No escatimamos en entrenamientos; pero en combate, cuidamos a la gente. No sacrificamos personal por equipo”. Esa priorización del capital humano sobre el material contrasta con doctrinas que priorizan el equipamiento por encima de los soldadores y operadores.

Resultados en el terreno

Los resultados han sido tangibles. En diciembre de 2025, la participación del Khartiia en la contraofensiva en la dirección de Kupiansk contribuyó a liberar poblaciones y presionar líneas adversarias, según evaluaciones de centros de análisis. El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) destacó que la operación evidenció la capacidad ucraniana para realizar contraataques tácticamente significativos cuando las fuerzas rusas estaban estiradas (ISW, informe de diciembre de 2025: understandingwar.org).

La eficacia operativa del cuerpo no implica ausencia de sacrificio: como otras unidades del frente, Khartiia ha sufrido bajas que no siempre se publicitan por razones operativas y de seguridad. Aun así, su balance táctico y la ausencia de grandes retrocesos públicos la convierten en un modelo observado por comandantes y analistas.

Comunicación y marca: la guerra en la era digital

Una faceta crucial del éxito del Khartiia es su capacidad para traducir metodologías de marketing y gestión empresarial al reclutamiento militar. El uso eficaz de YouTube, Telegram y otras plataformas permitió a la unidad profesionalizar su imagen, asegurar financiación privada y simplificar la donación de recursos. Un oficial encargado de divulgación explicó: “Las técnicas que funcionan en el comercio funcionan aquí: compites por personas, equipos y atención”.

Este enfoque abrió nuevas vías de sostenibilidad para la unidad y contribuyó a su expansión sin depender exclusivamente de la cadena logística estatal. Además, la marca misma actúa como un multiplicador de voluntarios y proveedores, y sirve como ejemplo para otras formaciones que buscan autonomía operativa y financiera en un conflicto de larga duración.

De la experimentación a la difusión

Khartiia no guarda sus lecciones; ha impulsado iniciativas conjuntas, como programas de entrenamiento con el 3er Cuerpo de Ejército, compartiendo recursos y metodologías. El objetivo declarado de los comandantes es ofrecer herramientas prácticas al Estado Mayor General para que la modernización trascienda islas de innovación y permeé al ejército en su conjunto.

No obstante, la adopción institucional no es automática: la inercia organizacional, los intereses de la cúpula militar y los vestigios culturales del periodo soviético dificultan la escalabilidad de reformas. “Queremos dar una herramienta al Estado Mayor. Si la toman o no, es su decisión”, señaló Andrii Biletskyi, comandante del 3er Cuerpo, en una rueda de prensa conjunta con Khartiia.

Implicaciones estratégicas y lecciones para aliados

La experiencia del Khartiia ofrece varias lecciones estratégicas relevantes para aliados y observadores internacionales:

  • Adaptación cultural importa: transformar la relación entre mandos y subordinados incrementa la agilidad y la confianza operacional.
  • La tecnología multiplica, no reemplaza: drones y robots amplifican capacidades, pero requieren doctrina, entrenamiento y mantenimiento.
  • Comunicación estratégica y marca: en guerras prolongadas, la capacidad de atraer recursos y voluntarios a través de plataformas digitales es un multiplicador de fuerza.
  • Modelos híbridos de sostenimiento: la combinación de apoyo estatal y financiamiento/organización privada permite resiliencia logística en entornos sancionados o desorganizados.

¿Puede Khartiia transformar el ejército ucraniano?

El potencial existe, pero su materialización depende de múltiples factores: voluntad política, reformas institucionales más amplias y la capacidad del Estado Mayor para integrar prácticas descentralizadas sin perder control estratégico. Ihor Obolienskyi, comandante del Khartiia, estimó que alrededor de 300,000 tropas están desplegadas a lo largo del frente, de las cuales los dos cuerpos innovadores sumarían cerca de 80,000: una masa crítica que podría empujar cambios si se articula correctamente.

En conflictos modernos, las innovaciones nacen muchas veces en los márgenes. Khartiia representa ese margen que, al madurar, puede convertirse en corriente principal. No es la única formación en esa senda, pero sí una de las más visibles: su fusión de mentalidad empresarial, tecnología y profesionalización ofrece un mapa de ruta para ejércitos que buscan modernizarse en medio de la guerra.

Como síntesis: el valor de la experiencia del Khartiia no es solo militar, sino institucional. Enseña que reformar fuerzas armadas en tiempos de guerra es posible cuando la iniciativa local, el aprendizaje sistemático y la gestión moderna se unen en torno a un propósito claro. Para Ucrania, esa lección puede resultar decisiva en la construcción de una defensa sostenible a largo plazo.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press