¿Quién garantizará el paso por el Estrecho de Ormuz? Europa toma la iniciativa entre riesgos estratégicos y económicos

Francia y Reino Unido convocan a decenas de países para planear la reapertura marítima; la iniciativa evita por ahora la participación estadounidense y plantea desafíos operativos y políticos

  •  EnPelotas.com
    EnPelotas.com   |  

El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz tras el estallido del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha colocado a la economía global en una situación de alta vulnerabilidad. Ante ese escenario, líderes europeos impulsan una iniciativa para asegurar el tránsito marítimo por una de las rutas petroleras más importantes del planeta. Pero la ausencia explícita de Estados Unidos en la planificación complica tanto la dimensión operativa como la política de cualquier solución.

Por qué importa Ormuz: una vena estratégica para la economía mundial

El Estrecho de Ormuz, un paso de apenas 39 kilómetros en su punto más estrecho, conecta el Golfo Pérsico con el mar de Omán y el océano Índico. Por sus aguas circulan, en condiciones normales, grandes volúmenes de hidrocarburos: en años recientes se ha estimado que alrededor de una quinta parte del petróleo comercializado a nivel mundial pasa por allí. El cierre o la interrupción sostenida del tránsito no solo dispara precios energéticos, sino que fuerza una reconfiguración inmediata de rutas y contratos energéticos, con impactos en inflación, balanzas comerciales y estabilidad política en países dependientes de importaciones de combustible.

Esa vulnerabilidad es la que han subrayado el presidente francés y el primer ministro británico al poner en marcha la denominada Strait of Hormuz Maritime Freedom of Navigation Initiative. Emmanuel Macron subrayó en un mensaje previo a la reunión en París que la misión sería “estrictamente defensiva”, limitada a países no beligerantes y dependiente de condiciones de seguridad (oficina de la presidencia francesa).

Un esfuerzo europeo (y más allá) sin Washington: ¿por qué y para qué?

La convocatoria en París, impulsada por Francia y Reino Unido, reúne a una treintena de naciones, con participación esperada de mandatarios europeos y representantes del Medio Oriente y Asia. La ausencia de Estados Unidos en la planificación responde a varias dinámicas: la propia decisión administrativa estadounidense de no participar en la iniciativa, la voluntad de varias capitales europeas de mostrar autonomía estratégica, y el temor de que la implicación directa de la Armada de EE. UU. eleve el riesgo de incidentes con Irán.

Keir Starmer, primer ministro británico, afirmó antes del encuentro que “la reapertura incondicional e inmediata del Estrecho es una responsabilidad global” y defendió la necesidad de actuar para que la energía y el comercio fluyan con normalidad (declaración pública de Downing Street). En paralelo, la Administración de Estados Unidos ha anunciado medidas propias, como una eventual política de bloqueo de puertos iraníes, lo que añade presión y complejidad al tablero estratégico.

¿Qué capacidades son realmente necesarias?

En términos operativos, expertos y responsables militares coinciden en que garantizar el paso de buques comerciales exige una mezcla de capacidades —inteligencia, detección y limpieza de minas, escoltas navales y sistemas de alerta— y una coordinación estrecha con los estados ribereños para evitar malentendidos. Un funcionario, consultado por las autoridades francesas, señaló que “lo importante es que los operadores navales dispongan de todos los medios para saber que sus naves no serán alcanzadas” y citó explícitamente la necesidad de inteligencia, capacidades de desminado y procedimientos de comunicación con estados costeros (oficina de la presidencia francesa).

Sidharth Kaushal, investigador en materia de poder marítimo en el Royal United Services Institute, ha advertido que la tarea de escoltar masivamente mercantes con buques de guerra sería inviable: “Se necesitan enormes números de embarcaciones para esa clase de misión, que nadie posee en cantidades suficientes”. Por ello, en la práctica, el papel de la coalición podría concentrarse en desminado, vigilancia y sistemas de alerta temprana más que en escoltas individuales para cada petrolero.

El riesgo de escalada y la lógica de exclusión de EE. UU.

Varias voces presentan la participación europea como una alternativa de menor riesgo a la presencia militar estadounidense en aguas cercanas a la costa iraní. Ellie Geranmayeh, experta en Irán del European Council on Foreign Relations, ha indicado que las operaciones de desminado o vigilancia por parte de potencias europeas serían preferibles a las de EE. UU. porque la presencia prolongada de fuerzas estadounidenses cerca de Irán podría multiplicar las posibilidades de errores de cálculo y derivar en una escalada militar directa.

Al mismo tiempo, la decisión de no incluir a Washington en la iniciativa puede leerse como respuesta política a declaraciones del presidente estadounidense, que ha responsabilizado con dureza a sus aliados por no sumarse y planteado medidas unilaterales. Esa tensión transatlántica añade una capa diplomática: la desconfianza entre aliados puede limitar la interoperabilidad, la compartición de inteligencia y el acceso a capacidades técnicas críticas.

Capacidades disponibles: ¿quién puede aportar qué?

  • Francia: ha desplegado su portaaviones nuclear y una agrupación naval que incluye fragatas y buques de apoyo; dispone además de capacidades de vigilancia aérea avanzada.
  • Reino Unido: propone el uso de drones cazaminas embarcados y ha ofrecido plataformas de vigilancia. No obstante, su marina ha desplegado sólo un gran destructor en áreas cercanas, reflejando limitaciones en capacidad disponible.
  • Otros países europeos y aliados: podrían contribuir con patrullas, capacidades de desminado, vigilancia por satélite y apoyo logístico; se espera que muchas naciones ofrezcan asistencia proporcional a sus recursos.

El desafío no es solo técnico sino también legal y político: ¿bajo qué mandato operaría la iniciativa? ¿Se garantizará inmunidad a los buques de guerra frente a acciones estatales de Irán? ¿Cómo se coordinará la información de inteligencia sin crear fugas o tensiones políticas entre Estados miembros?

Escenarios posibles y riesgos asociados

Al menos tres escenarios parecen plausibles en el corto y medio plazo:

  1. Operación defensiva y limitada: la coalición desarrolla capacidades de detección y desminado, y establece corredores seguros acompañados por vigilancia aérea y marítima. Este enfoque minimiza el riesgo de enfrentamiento directo con Irán pero puede tardar en restaurar el flujo normal de petróleo.
  2. Presencia naval visible pero controlada: buques de guerra de distintos países escoltan convoys en tramos, lo que podría acelerar la normalización del tránsito pero elevaría las posibilidades de incidentes con embarcaciones y fuerzas iraníes.
  3. Escalada involuntaria: cualquier choque —una mina no detectada, un ataque contra un buque o una interacción agresiva con guardacostas— podría derivar en un ciclo de represalias que amplifique el conflicto regional y obligue a una intervención mayor, posiblemente con actores externos.

Cualquiera de estos escenarios obliga a la coalición a invertir no solo en medios técnicos, sino en reglas de compromiso claras, canales de comunicación con Irán y mecanismos multilaterales de transparencia para reducir malentendidos.

¿Qué significaría para el orden global?

La iniciativa europea para Ormuz puede leerse como un test de la capacidad de los aliados occidentales para actuar con autonomía estratégica ante crisis que afectan la economía global. Si tiene éxito, reforzaría la narrativa de que Europa puede asumir responsabilidades de seguridad más allá de la esfera puramente regional. Si fracasa o se queda corta, revelaría límites reales en capacidades navales y en la logística para sostener operaciones prologadas lejos de sus bases.

Además, la dinámica refleja una reconfiguración geopolítica: la interdependencia energética obliga a actores distantes a implicarse en asuntos marítimos del Golfo, y la ausencia de consenso con Estados Unidos puede abrir un espacio donde la diplomacia europea trate de posicionarse como mediadora y garante del tráfico comercial.

En definitiva, la iniciativa para reabrir el Estrecho de Ormuz diseñada por Francia y Reino Unido responde a una mezcla de urgencia económica y cálculo político: busca mitigar el impacto global de un conflicto al tiempo que proyecta capacidad estratégica alternativa. El éxito dependerá, sin embargo, de la coordinación técnica, la claridad política y la prudencia para evitar que una operación defensiva se convierta en un elemento más de escalada.

“Lo que importa es que los operadores navales tengan todos los medios para estar seguros de que sus buques no serán alcanzados”, dijo un funcionario vinculado a la presidencia francesa, señalando la prioridad técnica que subyace a cualquier esfuerzo operativo (oficina de la presidencia francesa).

Este artículo fue redactado con información de Associated Press