El giro inesperado: por qué los hombres jóvenes en EE. UU. están volviendo a la religión
Un repunte en la importancia de la religión entre los adultos de 18-29 años plantea interrogantes sobre política, género y el futuro de las congregaciones
Un cambio notable en la relación de los jóvenes con la religión atraviesa a Estados Unidos: por primera vez en 25 años, más hombres de 18 a 29 años dicen que la religión es «muy importante» en sus vidas que las mujeres del mismo rango de edad. El hallazgo proviene de los promedios bianuales de Gallup y abre una conversación sobre las razones culturales, políticas y sociales detrás de este fenómeno.
Los números que despiertan la atención
Según el último análisis de Gallup, el 42% de los hombres estadounidenses entre 18 y 29 años contestaron que la religión es «muy importante» en su vida, frente a aproximadamente 30% de las mujeres jóvenes. Gallup usa promedios de dos años para estabilizar sus estimaciones; los resultados 2024-2025 se basan en 4,015 adultos encuestados, incluidas 295 mujeres y 145 mujeres en el rango de 18-29 años para esa pregunta específica, con márgenes de error de ±7 puntos para hombres jóvenes y ±10 puntos para mujeres jóvenes en ese subgrupo (fuente: Gallup).
Ese salto en la religiosidad masculina joven —desde 28% en 2022-2023 hasta 42% en el promedio 2024-2025— contrasta con la estabilidad o ligeros descensos en otros grupos etarios. Entre adultos de 30 años o más, las mujeres siguen siendo sistemáticamente más religiosas que los hombres, como ha sido la tendencia histórica.
¿Dónde se concentra el crecimiento? La polarización partidaria
Gran parte del aumento se concentra entre jóvenes afiliados al Partido Republicano. Gallup reporta que la asistencia religiosa semanal y mensual ha subido para hombres y mujeres jóvenes republicanos desde 2019, mientras que entre jóvenes demócratas la asistencia ha tendido a disminuir. En concreto, aproximadamente seis de cada diez mujeres jóvenes republicanas asisten al menos mensualmente a servicios religiosos, frente a solo una cuarta parte de las jóvenes demócratas.
Este patrón sugiere que la religión está actuando hoy no solo como una práctica espiritual, sino como un marcador identitario ligado a la afiliación política: para muchos conservadores jóvenes, las congregaciones ofrecen comunidades coherentes con sus normas culturales y morales.
Interpretaciones académicas y religiosas
Ryan Burge, politólogo de la Universidad de Washington en St. Louis y pastor bautista, calificó el fenómeno como «un cambio sísmico en la sociedad y en el futuro de la iglesia». Burge ha señalado que algunos jóvenes hombres se sienten atraídos por las instituciones religiosas porque perciben en ellas espacios donde su identidad (en particular la masculina blanca en ciertos sectores) es reconocida y valorizada: «Es el único lugar donde no tienes que disculparte por ser un hombre blanco», ha dicho en entrevistas, argumentando que muchas religiones institucionales en EE. UU. siguen siendo dominadas por varones blancos que ofrecen influencia y liderazgo.
Por otro lado, líderes religiosos como la rabina Nicole Guzik, de la congregación Sinai Temple en Los Ángeles, subrayan factores distintos: el aumento en la asistencia en su congregación después de la pandemia y tras eventos internacionales traumáticos responde a una búsqueda de pertenencia, consuelo y sentido en tiempos de polarización y crisis de salud mental. «La gente busca algo ahora mismo. Hay una crisis de soledad y salud mental. Las redes sociales y la tecnología no están ayudando», sostiene Guzik, quien explica que las instituciones de fe pueden ofrecer comunidad y apoyo emocional.
La dimensión moral: distancias en valores entre jóvenes hombres y mujeres
Además del mayor apego religioso, otras encuestas muestran diferencias en percepciones morales entre hombres y mujeres jóvenes. Estudios del Pew Research Center indican que, entre adultos menores de 30 años, una proporción mayor de hombres juzga el divorcio o el aborto como moralmente reprobables en comparación con mujeres del mismo grupo etario. Por ejemplo, cerca de 4 de cada 10 hombres jóvenes considera el divorcio moralmente incorrecto, frente a alrededor de 2 de cada 10 mujeres jóvenes; en el aborto, la brecha también es notable (fuente: Pew Research Center).
Estas diferencias morales correlacionan con la mayor religiosidad observada en hombres jóvenes y con sus mayores tasas de afiliación o simpatía por posiciones conservadoras en temas sociales.
Factores culturales: patriarcado, feminismo y rechazo religioso
Un factor subyacente que explican varios analistas es la reacción de las mujeres jóvenes frente a instituciones religiosas percibidas como patriarcales. A medida que generaciones más jóvenes adoptan posiciones más progresistas en temas como derechos reproductivos y derechos LGBTQ+, muchas mujeres encaran la religión institucional como una barrera o incluso una fuente de opresión. Burge resume esta percepción: «Las mujeres están viendo la religión como patriarcal»; sienten que algunas doctrinas y prácticas reprimen el avance de derechos y libertades que ellas consideran fundamentales.
Ese rechazo relativo entre mujeres jóvenes comprende tanto una menor asistencia como una menor probabilidad de identificar la religión como un elemento central de la identidad.
¿Fin de la secularización o solo una pausa?
Desde finales del siglo XX, los estudios sociológicos han documentado una tendencia general hacia la secularización: menos asistencia, menos identificación religiosa, y un crecimiento de las personas sin afiliación religiosa (los llamados «no afiliados» o "nones"). Frank Newport, científico senior de Gallup, sugiere que el aumento en la religiosidad de los jóvenes podría indicar que la declinación general de la religiosidad estadounidense está deteniéndose, al menos entre los más jóvenes. «Es significativo ver que ese declive comienza a frenar», ha dicho Newport.
No obstante, hay que ser cautos: muchos cambios culturales son cíclicos o responden a coyunturas. Crisis sanitarias, conflictos internacionales o debates morales intensos pueden temporalmente reforzar la necesidad de comunidad y sentido, lo que impulsa la religiosidad. La verdadera pregunta es si este repunte se consolidará en miembros activos, en transmisión intergeneracional de prácticas religiosas y en la incorporación de esos jóvenes como líderes religiosos en el futuro.
Implicaciones a largo plazo: familia, política y congregaciones
Si la tendencia se sostiene, podría tener efectos relevantes en varios niveles:
- Familias y crianza: si más hombres jóvenes consideran la religión muy importante y la transmiten activamente, podríamos ver un cambio en la socialización religiosa de la próxima generación. Burge advierte: «Podría cambiar la forma en que se crían los niños», un punto importante si se piensa en la persistencia de prácticas y valores.
- Política: comunidades religiosas activas históricamente movilizan votantes; un aumento entre jóvenes conservadores podría traducirse en una base política más comprometida para ciertos partidos y causas.
- Congregaciones y liderazgo: las iglesias, sinagogas y mezquitas podrían experimentar un rejuvenecimiento demográfico que traiga consigo demandas de nuevas formas de culto, liderazgo y participación, así como tensiones generacionales internas.
Limitaciones y cautelas metodológicas
Es importante notar las limitaciones del hallazgo. Gallup publica promedios bianuales y sus resultados provienen de encuestas telefónicas mensuales con muestras que, si bien amplias, implican márgenes de error cuando se desglosan por edad, género y afiliación política. El subgrupo de mujeres jóvenes en el cálculo específico era relativamente pequeño (145 mujeres de 18 a 29 años en la muestra citada), lo que explica el margen de error mayor (±10 puntos). Por tanto, debe interpretarse con prudencia y complementarse con otras fuentes y estudios a lo largo del tiempo.
Reflexión final: más preguntas que respuestas
El repunte de la religiosidad entre hombres jóvenes en Estados Unidos es un fenómeno complejo que mezcla identidad, política, búsqueda de comunidad y reacciones culturales a cambios sociales. No es solo una estadística: es un indicador de cómo nuevas generaciones redefinen —o reafirman— sus valores y formas de pertenencia.
Los próximos años serán decisivos para entender si este es un renacer religioso sostenido, una reubicación política de la religiosidad o un reflejo temporal de un mundo que busca certezas en tiempos turbulentos. Lo que sí queda claro es que la geografía de la fe en Estados Unidos está cambiando, y con ello se transforman las conversaciones sobre género, poder y comunidad en la vida pública.
