Noches que no descansan: cómo el calentamiento está alargando las horas de peligro de incendios en Norteamérica
Un estudio apunta que las horas y días propicios para el fuego han aumentado drásticamente; las noches más cálidas y secas dificultan el control y agravan la temporada de incendios
El reloj del fuego se ha estirado. Un estudio reciente publicado en Science Advances muestra que, en las últimas cinco décadas, el número de horas en Norteamérica con condiciones meteorológicas favorables para incendios ha aumentado un 36% frente a la situación de los años 70. Ese incremento equivale a noches que dejan de ser respiros fiables para los bomberos y para los ecosistemas.
¿Qué significa que las noches “no duerman”?
Tradicionalmente, muchas incendios forestales disminuían o incluso se apagaban durante la noche: la caída de la temperatura y el aumento de la humedad eran un freno natural para las llamas. Sin embargo, el estudio —liderado por investigadores canadienses y publicado en Science Advances— encuentra que ese alivio nocturno está desapareciendo. Las noches son más cálidas y menos húmedas, por lo que las condiciones que alimentan el fuego persisten más tiempo y, en consecuencia, las conflagraciones pueden arder durante la noche o reavivarse con mayor facilidad al día siguiente.
Datos que alarman
- Las horas favorables para el fuego aumentaron en un 36% en Norteamérica respecto a hace 50 años (según el estudio en Science Advances).
- El número de días con condiciones proclives al fuego creció un 44% en ese mismo periodo, lo que equivale a aproximadamente 26 días adicionales al año.
- Estados como California registran alrededor de 550 horas más propensas a la combustión que en la mitad de los años setenta; áreas del suroeste de Nuevo México y el centro de Arizona han visto hasta 2,000 horas más al año.
- Entre 2016 y 2025, el promedio anual de superficie quemada en Estados Unidos fue similar al tamaño del estado de Massachusetts (unos 28,500 km2, o 11,000 millas cuadradas), cifra 2.6 veces mayor que el promedio de la década de 1980, según la National Interagency Fire Center.
- En Canadá, la superficie media quemada en la última década fue 2.8 veces mayor que en los años 80, de acuerdo con la Canadian Interagency Forest Fire Centre.
La ciencia detrás de las noches más cálidas
Los gases de efecto invernadero derivados de la quema de combustibles fósiles incrementan el efecto invernadero de la atmósfera y, entre otras consecuencias, tienden a calentar las noches más rápido que los días. Según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. (NOAA), desde 1975 las temperaturas nocturnas mínimas en el territorio contiguo de Estados Unidos han aumentado 1.4 °C (2.6 °F), mientras que las máximas diurnas subieron 1.2 °F (2.2 °F en la fuente original), un patrón que hace que la huella térmica nocturna sea más intensa y persistente.
Además, la nubosidad nocturna y la mayor concentración de vapor de agua actúan como una manta: atrapan la radiación térmica que la superficie emite y la reemiten hacia la Tierra durante la noche, evitando que el aire se enfríe tanto como lo hacía en el pasado. Eso se traduce en menor recuperación de humedad relativa nocturna, lo que —en palabras de los autores del estudio— impide que el combustible vegetal “recupere” humedad y deje de ser tan inflamable.
Consecuencias operativas y humanas
Los incendios que no ceden por la noche son más difíciles de combatir. El fuego que continúa ardiendo entra al día siguiente con más energía, se ha desplazado y a menudo ha generado su propia meteorología local, complicando la labor de extinción. Como explica John Abatzoglou, científico de incendios de la Universidad de California en Merced (no autor del estudio): “Las noches no son lo que solían ser —es decir, descansos más fiables para el fuego—. El calentamiento generalizado y la falta de humedad mantienen los incendios activos durante la noche”.
Los bomberos también enfrentan mayores riesgos: la visibilidad nocturna se reduce, las condiciones del terreno son más peligrosas y la fauna silvestre puede comportarse de forma impredecible y poner en riesgo al personal de respuesta. Un combatiente de incendios citado en los reportes señaló que es habitual encontrar serpientes, osos o pumas que huyen desorientados durante la noche, aumentando la peligrosidad del trabajo sobre la línea de fuego.
Casos recientes ilustrativos
El estudio relaciona el aumento de incendios nocturnos con eventos concretos de los últimos años, como el devastador incendio de Lahaina en Maui (Hawái) en 2023, que se propagó con gran rapidez y en horas nocturnas; el incendio Jasper en Alberta (2024) y varios incendios en el área de Los Ángeles en 2025 que arrojaron llamas durante la madrugada. Estos episodios muestran cómo las condiciones alteradas por el clima pueden transformar incendios que históricamente habrían sido más controlables en grandes desastres urbanos y rurales.
La relación con la sequía y la disponibilidad de combustible
Los incendios no son solo una cuestión de temperatura. La sequía reduce el contenido de humedad de la vegetación y del suelo, creando combustibles más secos y listos para arder. Los investigadores señalan que cuando la atmósfera está cálida y seca, extrae más humedad de la vegetación, profundizando un círculo vicioso: mayor sequía conduce a combustibles más secos y el aire caliente intensifica ese secado. Bajo estas condiciones, incluso un pequeño foco puede crecer rápidamente y mantenerse ardiendo durante la noche.
Modelos y proyecciones
Los autores del estudio emplearon datos satelitales y meteorológicos hora por hora sobre casi 9,000 incendios de gran tamaño entre 2017 y 2023, correlacionando condiciones atmosféricas (humedad, temperatura, viento, lluvia y humedad del combustible) con el estado del fuego. Posteriormente aplicaron ese modelo a series históricas desde 1975 y a proyecciones climáticas hasta mediados de siglo, lo que permitió estimar la extensión temporal del riesgo de incendios y cómo este ha cambiado y podría seguir cambiando.
Los resultados sugieren que, de no reducirse drásticamente la emisión de gases de efecto invernadero y sin estrategias de adaptación más agresivas, la tendencia de noches más cálidas y días más propensos al fuego probablemente continuará y se intensificará.
¿Qué se puede hacer?
- Mitigación global: reducir emisiones de CO2 y metano para limitar el calentamiento futuro, lo que a largo plazo ayudará a restablecer patrones térmicos más estables entre día y noche.
- Gestión de combustibles: ampliar programas de manejo del paisaje —poda controlada, quemas prescritas y reducción de combustible en zonas periurbanas— para disminuir la carga combustible acumulada en bosques y matorrales.
- Preparación y adaptación local: mejorar la planificación urbana, normas de construcción resistentes al fuego, defensas perimetrales en viviendas y sistemas de alerta temprana que consideren la nueva realidad de incendios nocturnos.
- Apoyo a bomberos y recursos: contratar y entrenar más brigadas, invertir en equipos y tecnologías nocturnas (iluminación, sensores y sistemas aéreos capaces de operar en condiciones adversas) y mejorar la coordinación interagencial.
Reflexión final
El estudio es un recordatorio contundente de que el cambio climático no solo cambia promedios anuales de temperatura: altera ritmos diarios y ecológicos que durante décadas mantuvieron a las comunidades y ecosistemas en equilibrio. Las noches más cálidas y secas son un síntoma de una trasformación más profunda del clima y una llamada urgente a combinar mitigación y adaptación para limitar daños futuros. Como señaló uno de los autores, Xianli Wang, científico de incendios del Servicio Forestal Canadiense: “Bajo condiciones extremas de peligro de incendio, el fuego realmente quema durante la noche o por más tiempo en la noche”, una frase que sintetiza el nuevo desafío que enfrentan los países que comparten el fuego en el continente.
Fuentes citadas en el artículo: estudio en Science Advances (2026); datos de NOAA; National Interagency Fire Center; Canadian Interagency Forest Fire Centre.
