Retorno entre ruinas: el frágil regreso a Líbano tras la tregua entre Israel y Hezbolá

La tregua de 10 días permite el regreso de miles de desplazados, pero la inseguridad, la destrucción y la desconfianza marcan una reconciliación incompleta

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Un espejismo de calma se extendió por partes del sur del Líbano tras el anuncio de una tregua de 10 días entre Israel y Hezbolá. Miles de familias desplazadas comenzaron a desplazarse de regreso a sus pueblos y barrios, en caravanas que avanzaban por rutas aún marcadas por los recientes combates: puentes dañados, pasos limitados a un carril y carreteras llenas de escombros que hacen evidente la magnitud de la destrucción.

Regresar a lo que queda

En la carretera hacia el sur, cerca del puente Qasmiyeh sobre el río Litani —un cruce clave entre la ciudad costera de Tiro y el interior—, los coches formaban colas de kilómetros. Vehículos cargados con colchones, maletas y objetos rescatados avanzaban con lentitud por un carril único reabierto tras una reparación improvisada realizada luego de un ataque aéreo. Los retornos se mezclaban con gestos de alivio: conductores que se saludaban, manos que mostraban signos de victoria y oraciones compartidas, pero la celebración era contenida por el rostro visible de la catástrofe.

En aldeas costeras como Jibsheet, los habitantes hallaron bloques de apartamentos achatados, calles esparcidas con fragmentos de concreto, persianas de aluminio retorcidas y cables eléctricos colgantes. “Me siento libre por estar de vuelta”, dijo Zainab Fahas, de 23 años, al volver a su barrio; sin embargo añadió: “Pero mira, lo destruyeron todo: la plaza, las casas, las tiendas, todo” (testimonio recogido en reportes de periodistas en el terreno).

La cifra del desplazamiento y la proporción humana del conflicto

Según estimaciones humanitarias recogidas durante los días posteriores al inicio de las hostilidades, más de un millón de personas quedaron desplazadas dentro y fuera del Líbano por los combates entre Israel y Hezbolá. El sistema de respuesta humanitaria internacional y las autoridades locales se han visto desbordados por la rapidez del éxodo y por las necesidades inmediatas: refugio, agua, atención médica y alimentos.

Estos números sitúan la actual ola de desplazamiento entre las más graves en la historia reciente del país, comparable en efecto humano a episodios anteriores donde la población civil pagó el precio de enfrentamientos fronterizos. Organizaciones de ayuda han advertido que el retorno prematuro, sin garantías de seguridad y servicios básicos, puede agravar aún más la crisis humanitaria.

Heridas abiertas y la sombra de la duda

Aunque la tregua pareció sostenerse las primeras horas, la incertidumbre prevalece. Muchos desplazados regresan con cautela: no confían en que el cese del fuego sea duradero y temen que las infraestructuras críticas hayan quedado tan dañadas que su vida cotidiana no pueda recuperarse pronto. Ali Wahdan, un sanitario de 27 años que caminaba sobre los escombros del edificio de servicios de emergencia en Jibsheet con muletas tras resultar gravemente herido por un ataque aéreo, expresó su escepticismo: “Israel no quiere la paz… este guerra continuará” (declaración recogida por equipos periodísticos in situ).

En barrios del suburbio sur de Beirut, como Haret Hreik, la destrucción fue profunda: edificios enteros reducidos a montones de escombros luego de semanas de intensos ataques. Allí, algunos residentes ondean banderas y muestran lealtad a Hezbolá; otros, hundidos por la pérdida de viviendas y pequeños comercios, piden simplemente seguridad y reconstrucción. El choque entre narrativas —resistencia y legitimidad de las milicias frente a denuncias de daños colaterales y violaciones a la protección de civiles— añade una dimensión política que dificulta la reconciliación rápida.

Servicios esenciales bajo presión

Los hospitales en el sur reportaron jornadas de enorme presión incluso en el momento en que la tregua empezaba a regir. Autoridades sanitarias describieron días de bombardeos intensos y una llegada continua de heridos hasta instantes después del inicio formal del cese al fuego. En Nabatiyeh, la directora del hospital local explicó que la llegada de víctimas se mantuvo hasta una hora después de la entrada en vigor de la tregua, lo que ilustra la fragilidad operativa y la dificultad para detener la violencia de manera instantánea.

La recuperación de los servicios básicos —electricidad, agua potable, recolección de residuos, comunicaciones— es un desafío inmediato. Muchos barrios necesitan desescombro masivo y maquinaria pesada para retirar los restos de edificios colapsados antes de que puedan iniciarse trabajos de reparación en serio. Las autoridades municipales han alertado que para las construcciones destruidas harán falta equipos especializados y fondos que, en un país con una economía ya frágil, tardarán en llegar.

El factor político y la narrativa regional

Las implicaciones políticas de la lucha no se limitan al terreno militar: el conflicto entre Israel y Hezbolá está entretejido con tensiones regionales más amplias. En algunos barrios, la población atribuye la presión diplomática y la intervención política de terceros actores a la génesis y la resolución temporal del conflicto. Voces locales han elogiado el papel de aliados regionales en la negociación de la tregua, mientras que otras se muestran críticas con los liderazgos nacionales, a los que acusan de incompetencia o de jugar con alianzas que dividen al país.

Ese clima político complica la tarea de coordinar la ayuda internacional y la reconstrucción. Para restaurar la normalidad se requiere un mínimo de confianza en instituciones locales y en mecanismos de cooperación internacional, y esa confianza es escasa tras semanas de violencia y narrativas polarizadas.

Riesgos del regreso prematuro y recomendaciones prácticas

Las agencias humanitarias y las autoridades locales vienen advirtiendo sobre riesgos asociados a un retorno apresurado:

  • Presencia de minas y artefactos sin detonar en zonas de combate.
  • Infraestructura eléctrica y de gas dañada que aumenta el riesgo de incendios y electrocuciones.
  • Carencia de servicios médicos y escasez de medicinas tras semanas de presión sobre hospitales.
  • Falta de alojamiento seguro y estable, que puede volver a exponer a familias a desplazamientos repetidos.

Para mitigar estos peligros, las organizaciones especializadas recomiendan: evaluaciones rápidas de seguridad antes de autorizar retornos masivos, despeje controlado de rutas y zonas urbanas, apertura de corredores humanitarios para suministros y el despliegue de unidades de salud mental para atender el trauma colectivo.

Memoria histórica y perspectivas

El Líbano no es ajeno a ciclos de violencia y desplazamientos: durante la guerra civil entre 1975 y 1990, y en episodios posteriores de enfrentamientos transfronterizos, la población sufrió movimientos masivos que dejaron huellas duraderas en la demografía y la economía del país. La recuperación, en esos casos, fue larga y desigual, condicionada por arreglos políticos internos y por el apoyo exterior. La lección histórica sugiere que la reconstrucción física debe acompañarse de medidas políticas y sociales que promuevan la cohesión y la seguridad duradera.

Lo humano detrás de las cifras

Más allá de estadísticas y análisis, las escenas de familias que retornan —con una mezcla de esperanza y duelo— subrayan un punto esencial: la prioridad inmediata es proteger a la población civil y permitir que la reconstrucción empiece en condiciones de seguridad y dignidad. Mientras tanto, el tejido social se verá puesto a prueba por la convivencia entre quienes apoyan distintas facciones y por la competencia por recursos escasos.

El retorno que ahora se observa en carreteras y calles dañadas es solo el primer paso de un largo proceso de recuperación. Para que ese retorno se convierta en una verdadera reconstrucción serán necesarias estabilidad, recursos y voluntad política; sin ellos, miles de familias volverán a enfrentarse al desplazamiento y a la incertidumbre.

Fuente para la cifra de desplazamiento: informes humanitarios y evaluaciones sobre la crisis en Líbano recopiladas por organizaciones de emergencia en terreno y agencias de Naciones Unidas.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press