La bolsa de anuncios de Tom Steyer: ¿puede el dinero comprar la gobernación de California?

Con más de 115 millones de dólares en publicidad, el multimillonario Tom Steyer domina pantallas y feeds. Pero la historia política y las encuestas plantean dudas sobre si ese gasto se traducirá en votos.

Tom Steyer ha convertido las pantallas de California en una pasarela de mensajes: promesas para reducir el costo de la vida, críticas a las redadas federales de inmigración y anuncios que repiten una y otra vez su figura. Según el rastreador publicitario AdImpact, Steyer ha gastado o reservado más de $115 millones en anuncios para televisión, cable y radio, una cifra que lo sitúa muy por delante de cualquier otro demócrata en la contienda.

El dinero como estrategia (y sus límites)

La magnitud del gasto es innegable: si las tendencias continúan, Steyer podría acercarse al récord de gastos personales en una elección estatal en California establecido en 2010 por la republicana Meg Whitman, quien llegó a invertir $178.5 millones en su campaña por la gobernación. Pero la historia política reciente ofrece numerosas advertencias: dinero no siempre equivale a victorias.

Ejemplos recientes ilustran el punto. En 2022, el desarrollador multimillonario Rick Caruso gastó más de $100 millones en su campaña por la alcaldía de Los Ángeles y aun así perdió ante Karen Bass, que invirtió una fracción de esa suma. A escala nacional, Michael Bloomberg desembolsó más de $1,000 millones en su intento presidencial en 2020 sin lograr la nominación. Y Steyer mismo tuvo una campaña presidencial fallida en 2020, cuando su gasto no bastó para sostener su candidatura tras un mal desempeño en Carolina del Sur.

¿Por qué tanta inversión y qué busca lograr?

En la lógica de una campaña moderna, inundar mercados clave con mensajes permite fijar la agenda, controlar narrativas y crear reconocimiento. En California, con su vasto mercado mediático—especialmente en áreas democráticas como Los Ángeles—la saturación publicitaria busca transformar conocimiento en intención de voto.

Steyer ha apostado a temas de alto impacto para la base progresista: anunció que buscaría la eliminación de la agencia federal de inmigración ICE, y centra otros anuncios en la crisis de vivienda: “Todo el mundo necesita un lugar asequible para vivir”, repite en sus spots. Además, su campaña recibió el respaldo de la influyente California Teachers Association, que previamente había apoyado a Eric Swalwell antes de su retirada.

La contienda fragmentada: ¿beneficio u obstáculo?

Un factor estructural que complica la ecuación es el propio sistema de primarias de California: los dos candidatos con más votos, sin importar su partido, avanzan a la elección general. Con siete demócratas y al menos dos republicanos con presencia notable, el riesgo es que la votación demócrata se fragmente y deje fuera a representantes del partido de la segunda vuelta.

Encuestas recientes del Public Policy Institute of California (PPIC) mostraban un paquete de contendientes en estrecha competencia antes de la sorpresiva salida de Swalwell: Steyer y Katie Porter entre los demócratas, y Steve Hilton y Chad Bianco entre los republicanos. La falta de un claro favorito ha llevado a veteranos estrategas a calificar la campaña como “congelada”.

El estratega demócrata Bill Carrick, con décadas de experiencia en campañas de California, apuntó a la incapacidad de los anuncios de Steyer para provocar un avance decisivo: “Si tu primera ronda de anuncios no te mueve de forma dramática (en las encuestas), la tercera, cuarta, quinta y sexta rondas tampoco lo harán. Hay algo que lo está reteniendo”.

Percepción pública y críticas dentro del propio partido

La imagen de millones de dólares en publicidad no cayó bien entre todos los demócratas. La exrepresentante federal Katie Porter acusó a Steyer de intentar “comprar” la elección con su fortuna personal y advirtió a sus seguidores sobre el influjo de dinero en la política estatal. Esa narrativa remite a debates más amplios: ¿la concentración de recursos económicos en manos de unos pocos erosionan la percepción de legitimidad en una campaña?

Desde su lado, la campaña de Steyer respondió que el candidato “es la única figura demócrata con la energía de base, respaldo institucional y recursos para pasar a la elección general”, según un comunicado del portavoz Kevin Liao.

¿Qué dicen las cifras y qué pueden anticipar?

  • Gasto publicitario: > $115 millones (AdImpact) en radio, cable y televisión.
  • Récord histórico estatal: Meg Whitman, $178.5 millones en 2010 (datos de la contienda de 2010).
  • Fragmentación electoral: sistema de “top two” en California que favorece la competencia intra-partido (fuente: leyes estatales e informes electorales de California).

Estas cifras muestran que Steyer tiene la ventaja de recursos para saturar mercados, pero no garantizan un ascenso automático. La eficacia del gasto dependerá de la capacidad de la campaña para convertir exposición en movilización: captar donantes locales, asegurar endorsements clave, consolidar organización en el terreno y, sobre todo, motivar a los votantes para que se presenten el día de la elección.

Las compras publicitarias frente al terreno: el valor del trabajo organizativo

En campañas competitivas, la presencia en medios debe complementarse con una estructura de base eficaz. Los esfuerzos de puerta a puerta, llamadas y organización local suelen ser determinantes—especialmente en primarias con alta fragmentación. Los anuncios ofrecen reconocimiento y marcan temas, pero la movilización se consigue con operativos sólidos y presencia en comunidades.

Si Steyer confía demasiado en anuncios masivos sin reforzar la infraestructura local, corre el riesgo de gastar sumas astronómicas sin obtener el retorno esperado en votos. La experiencia muestra que campañas con menor gasto publicitario pero fuerte organización han podido imponerse en contiendas cerradas.

Factores externos que pueden alterar la ecuación

Varios elementos fuera del control directo de la campaña pueden cambiar el panorama en cualquier momento:

  1. Cambios en la lista de candidatos: la retirada de figuras relevantes puede redistribuir apoyos.
  2. Escándalos y noticias de último minuto: la salida de Eric Swalwell tras acusaciones que él niega fue un shock que reordenó la contienda.
  3. Endosos y recomendaciones de organizaciones influyentes, como el apoyo reciente de la Asociación de Maestros de California a Steyer.
  4. La dinámica de las encuestas y la participación anticipada: las boletas por correo comienzan a enviarse a los votantes el mes próximo, lo que concentra la actividad de persuadir y movilizar en un periodo corto.

¿Qué pueden esperar los votantes y observadores?

Para los votantes, la proliferación de anuncios puede resultar abrumadora y hasta contraproducente: la saturación mediática en mercados como Los Ángeles puede generar fatiga y desencanto. Observadores electorales, por su parte, estarán atentos a métricas clave en las próximas semanas: tendencias en las encuestas internas, movimientos de dinero de comités independientes, y la capacidad de cada campaña para convertir reconocimiento en intención de voto tangible.

Como recordatorio histórico, el dinero es una herramienta poderosa pero no omnipotente en la política: la historia reciente está llena de multimillonarios que invirtieron fortunas sin lograr el objetivo electoral. En ese contexto, la carrera por la gobernación de California será, más que una simple subasta mediática, una prueba de cuánto puede un candidato monetizar su visibilidad y, a la vez, construir la confianza y organización necesarias para ganar votos reales.

Preguntas abiertas

  • ¿Logrará Steyer traducir sus enormes compras publicitarias en apoyo sostenido en las encuestas y en las urnas?
  • ¿Podrán otros demócratas consolidar una alternativa organizada en terreno que contrarreste la ventaja mediática de Steyer?
  • ¿Cómo influirá la estructura de primarias “top two” en el resultado final si la votación demócrata sigue fragmentada?

Sea cual sea el desenlace, la contienda californiana ofrece una lección contemporánea: el dinero compra presencia, pero no siempre liderazgo. La primavera electoral en California promete más giros, y la prueba final será si la publicidad masiva puede transformarse en un base electoral real o si será, al final, solo ruido en un campo político cada vez más saturado.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press