Cuando los maniquíes cuentan historias: el Met reinventa el cuerpo en la moda
Cómo la exposición “Costume Art” transforma la vitrina museística con cuerpos diversos, escaneos 3D y un espejo para el visitante
La representación del cuerpo en los museos de moda está cambiando. La próxima exposición del Costume Institute del Metropolitan Museum of Art, que se estrenó con la gala de mayo, introduce 25 maniquíes creados a partir de cuerpos reales y otras formas —embarazada, corpulenta, masculina delgada— para cuestionar siglos de estandarización en la presentación de la indumentaria.
Un museo que reflexiona sobre la historia del cuerpo
Los maniquíes clásicos, nota el curador responsable del proyecto, han estado históricamente alineados con un ideal de silueta muy concreto: cuerpos delgados, normativos y estandarizados que rara vez representan la variada anatomía humana. En respuesta, la nueva instalación suma figuras basadas en personas reales —modelos, activistas y artistas— para ampliar la narrativa sobre quién puede aparecer en una vitrina y cómo se exhiben las prendas.
Técnica y artesanía: de la fotogrametría al objeto físico
El proceso para crear estos maniquíes combina tecnología digital y artesanía tradicional. Las modelos fueron escaneadas mediante un método llamado photogrammetry o fotogrametría: decenas o centenas de cámaras capturan el cuerpo desde múltiples ángulos para generar un “modelo” tridimensional. Ese archivo digital se trabajó como una especie de arcilla virtual antes de pasar a la fabricación física por una casa especializada. Para una explicación general sobre fotogrametría y su uso en patrimonio y arte, puede consultarse una referencia técnica como la del Smithsonian (https://www.si.edu) o artículos de divulgación científica sobre técnicas 3D.
Más que un gesto: la permanencia en la colección
Lo notable no es solo la presentación temporal: los maniquíes no serán desechados al cierre de la exposición. Al integrarse a la colección permanente del museo, se envía un mensaje institucional claro sobre la importancia de mantener estas voces y siluetas disponibles para futuras exhibiciones y estudios. Esa decisión transforma lo que podría haber sido un gesto evidente en una política de conservación con implicaciones educativas y curatorias.
Visibilidad, dignidad y pedagogía museística
Incluir cuerpos corpulentos, con discapacidad, envejecidos o embarazados en un contexto tan influyente como el Costume Institute cambia la pedagogía del museo. En lugar de presentar la prenda desligada del cuerpo que la habita, la exposición enfatiza la relación entre forma, función y experiencia vivida. Algunos elementos ponen en relieve esa intención:
- Maniquíes basados en personas con experiencias diversas (por ejemplo, activistas con discapacidad o modelos de tallas no normativas).
- Colocación estratégica —algunos maniquíes en pedestales, otros al nivel del suelo— que interviene en la posición de mirada del visitante.
- Superficie espejada en muchos maniquíes para que la persona que observa pueda reconocerse dentro de la obra y establecer un diálogo inmediato entre el espectador y la figura expuesta.
La función del espejo: ver y verse
Una decisión curatorial relevante fue recubrir los maniquíes con una superficie pulida similar al acero espejo. Esa elección tiene una doble intención: por un lado, evita la simple reproducción fotográfica del cuerpo al presentar una superficie reflectante; por otro, obliga a la confrontación directa del visitante con su propia imagen, invitándolo a preguntarse quién queda representado en la historia de la moda y quién queda al margen.
De la vitrina a la conversación pública
El proyecto no llega en un vacío: sucede en un momento de debate dentro de la industria de la moda sobre inclusión y diversidad. Informes recientes y observaciones del sector muestran fluctuaciones en la representación de tallas y cuerpos fuera del estándar en pasarelas y campañas. Al incorporar a la institución un conjunto diverso de maniquíes, la exposición actúa como espacio de reflexión y crítica, más que como simple celebración estética.
Historias individuales que reescriben la narrativa
Las figuras no son meros moldes; provienen de personas concretas cuyas trayectorias aportan capas de significado a las prendas que visten. Al transformar a creativas y activistas en soportes de exhibición, la exposición dota a la moda de biografías visibles. Es la posibilidad de leer una chaqueta, un corsé o un vestido junto a una vida: su historia corporal y política.
Corsetería como herramienta de empoderamiento
Un ejemplo elocuente es el uso contemporáneo de técnicas de corsetería. Históricamente, el corsé comprimía y moldeaba el cuerpo para ajustarlo a cánones estéticos; hoy, algunos diseñadores recuperan esas técnicas para poner en valor lo que antes se ocultaba, invirtiendo su lógica. En este proyecto, una diseñadora que ha trabajado con celebridades y que dirige una marca de lencería pensada para la positividad corporal aporta sus creaciones a varios maniquíes, incorporando una lectura crítica de la tradición corsetera.
Accesibilidad y formación: el papel del museo más allá del objeto
Paralelamente a la fabricación de las figuras, el museo ha trabajado en la capacitación de guías y voluntarios. El objetivo es que la experiencia del visitante con cuerpos diversos no se limite a la observación pasiva, sino que invite a conversaciones informadas y sensibles sobre discapacidad, envejecimiento, talla y otras dimensiones de la corporalidad. La mediación educativa es clave para transformar la exhibición en un espacio de encuentro y aprendizaje.
Contexto histórico: el Costume Institute y la gala
El Costume Institute del Met organiza desde hace décadas exposiciones que exploran la indumentaria como arte e historia; su gala anual, conocida popularmente como Met Gala, data de mediados del siglo XX. Según el propio museo, el evento comenzó como un banquete de recaudación en 1948 y con el tiempo se convirtió en una plataforma cultural y mediática que lanza las exhibiciones primaverales del instituto (Fuente: The Metropolitan Museum of Art).
Críticas y preguntas pendientes
Si bien la iniciativa ha sido ampliamente celebrada por su ambición inclusiva, también plantea interrogantes legítimos: ¿bastan 25 maniquíes para revertir décadas de invisibilización en colecciones y prácticas curatoriales? ¿Cómo se integrarán esos cuerpos en futuras exposiciones y en el discurso académico permanente del museo? La permanencia en la colección responde parcialmente a estas preocupaciones, pero la transformación institucional requiere además cambios en adquisiciones, investigación y formación curatorial.
¿Un modelo para otros museos?
La intervención del Met puede servir como ejemplo internacional para cómo las instituciones culturales reconsideran sus normas de representación. Ideas como el uso de escaneos 3D, la colaboración con activistas y la reflexión sobre la posición física del visitante (pedestal vs. suelo) ofrecen un repertorio de prácticas replicables. Al mismo tiempo, cada museo deberá adaptar esos recursos a sus contextos locales y a las demandas de sus comunidades.
La moda, como el resto de las artes, es un lenguaje en movimiento. Cuando los museos cambian su manera de exhibir, no solo alteran la estética de una sala: transforman las historias que contamos sobre cuerpos, identidades y pertenencia. La apuesta por maniquíes que reflejan vidas reales propone una lección simple y potente: la historia del vestir es también la historia de quienes la habitan.