Llevar el porqué: la memoria y el duelo en la voz de Rachel Goldberg-Polin

Un retrato íntimo de una madre que transforma su dolor en testimonio tras la pérdida de su hijo en la crisis de octubre de 2023

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Cuando la contienda política y militar se filtra hasta la vida privada, lo que queda es una pregunta tan antigua como la condición humana: ¿por qué seguir? En su libro reciente, When We See You Again, Rachel Goldberg-Polin ofrece una respuesta que no busca consuelo fácil ni lecciones grandilocuentes: despliega el dolor crudo, la memoria cotidiana y la forma en que una familia intenta sostener el legado de un hijo convertido en símbolo.

Un porqué en la profundidad del dolor

El nombre de Hersh Goldberg-Polin llegó a ser conocido en todo Israel y más allá después de los sucesos del 7 de octubre de 2023. Abducido ese día, sometido a torturas y, según se supo después, asesinado en agosto de 2024 en la red subterránea donde permaneció cautivo, Hersh se convirtió —su familia y la opinión pública lo sabían— en una referencia de la tragedia colectiva. Su madre cita a Viktor Frankl: “Quienes tienen un 'porqué' para vivir, pueden soportar casi cualquier 'cómo'.” Esa frase, repetida por Hersh y recogida por su madre, funciona como hilo conductor del libro: la búsqueda del porqué ante la brutalidad del cómo.

La escritura como respiración

Goldberg-Polin relata cómo el libro nació de una necesidad inmediata y visceral: no proyectar una narrativa ordenada, sino poner palabras a una herida que sangra sin pausa. “El libro empezó como una forma de quitarme este peso tremendo de sufrimiento que me hacía doblar el alma”, confiesa en pasajes que alternan la descripción cotidiana y la confesión más desnuda. Ese método —escribir en ráfagas, en minutos que se convierten en rescoldos de existencia— muestra una verdad dolorosa: el duelo no se articula siempre como proceso; a veces es supervivencia minuto a minuto.

Desmitificar un símbolo

Aunque Hersh llegó a ser un rostro público —carteles, pintadas y consignas con su cara y la frase de Frankl—, su madre se esfuerza en el libro por devolverlo a lo humano: las manías, las pequeñas torpezas, el niño que se arrancaba las costras y el joven con una memoria prodigiosa de presidentes estadounidenses. Con precisión afectuosa escribe: “Hersh se ha convertido en símbolo para muchos. No sé qué hacer con eso. Pero está bien. Si la gente necesita que Hersh sea algo, él será eso. Esa es la esencia del servicio, ser lo que se necesita.”

El relato del secuestro y la política alrededor

Goldberg-Polin evita recrear pormenores sensacionalistas de la cautividad: toca lo necesario para contar la búsqueda desesperada de información, la secuencia de gestiones públicas y privadas, las protestas masivas en Israel y las entrevistas ante líderes internacionales —gestos que buscan rescatar a los cautivos, pero que también exponen la tensión entre la intimidad del dolor y su explotación mediática en tiempos de crisis.

Una comunidad que comparte el duelo

Una idea poderosa del libro es la noción de “fellowship of grief” —una fraternidad del duelo. Goldberg-Polin describe cómo, incluso durante la semana de luto tradicional, la shiva, muchos visitantes no ven su herida sino que traen a colación sus propios dolores. Lejos de ser una ofensa, ese gesto revela una verdad sociológica: el sufrimiento es múltiple y la convivencia con la pérdida muchas veces se establece a través del intercambio de historias. “No intentan consolarme —escribe—, dicen: 'Permíteme estar a tu lado y estaremos juntos en esto'.” Ese acompañamiento transforma la pena en un tejido comunitario donde se sostiene tanto la memoria de Hersh como la de otros que también han perdido.

¿Qué hacer con el porqué?

El asunto del “porqué” —esa pregunta existencial que Hansen y Frankl popularizaron— recorre todo el libro. Rachel confiesa que aún no tiene claridad definitiva sobre su propio porqué, pero promete continuar cargando el de su hijo: “Lo llevaré, lo llevaré por el mundo”, escribe en una carta a Hersh. Esa promesa no es una consigna política sino un acto de resistencia íntima: transformar la memoria en responsabilidad activa, no sólo en recordación pasiva.

Contexto humano en medio de la contienda

Más allá de la historia personal, la trayectoria de Hersh y su familia se inscribe en un episodio geopolítico de enorme impacto humano. Se calcula que ese conflicto y sus episodios conexos dejaron un saldo masivo de víctimas y desplazamientos. Los números que circulan en los informes de organismos internacionales —si bien objeto de revisión y debate en cada recuento— dan una idea de la magnitud de la tragedia: cientos de miles desplazados, decenas de miles de muertos y una infraestructura civil devastada. En ese escenario, la voz de una madre que describe en detalle la pérdida cotidiana aporta una necesaria humanización de las estadísticas.

La memoria pública y la memoria privada

El libro plantea una tensión constante entre la memoria pública —los homenajes en días nacionales, las placas, los actos oficiales— y la memoria privada que se vive en los gestos más pequeños: un plato sin lavar que Hersh no terminó de limpiar, el rincón donde guardaba sus notas sobre presidentes, o la foto de un hijo sonriendo que su madre mantiene cerca. Los rituales públicos ayudan a sostener una narrativa colectiva; la narración íntima de Goldberg-Polin empuja al lector a reconocer las contradicciones de esa memoria compartida: la necesidad de encontrar sentido y la imposibilidad de un cierre definitivo.

El duelo prolongado y la responsabilidad social

Un pasaje del libro que resulta particularmente conmovedor describe las “cientos de jornadas empapadas de angustia” —palabras que subrayan la cronología del duelo prolongado. La autora plantea así una pregunta ética a la sociedad: ¿cómo acompañar el duelo de aquellos que siguieron luchando por la liberación de sus seres queridos en medio de una disputa que polarizó naciones? La respuesta no es simple: requiere de políticas sensibles, espacios públicos de reconocimiento y, sobre todo, del compromiso de no convertir el recuerdo en mera retórica política.

Leer el dolor como acto de memoria activa

Leer When We See You Again no es buscar consuelo sino entender cómo se transforma el dolor en acción: campañas por la liberación, entrevistas en foros internacionales, protestas en plazas y una presencia ineludible en el discurso público. La promesa de Rachel de “llevar el porqué” es un llamado: a no dejar que los nombres se desvanezcan, a no permitir que la tragedia se convierta en cifras intangibles. Es, en última instancia, una llamada a la empatía sostenida, no efímera.

Una recomendación para el lector contemporáneo

Si algo ofrece este libro, es una lección sobre cómo acercarnos a las víctimas de las grandes crisis: con paciencia, reconocimiento y la disposición a escuchar relatos que desafían la narrativa simplista. La prosa de Goldberg-Polin —a ratos fragmentaria, a ratos afilada como una confesión— obliga al lector a detenerse y a considerar que detrás de cada titular hay familias que llevan una carga que no se aligera con discursos grandilocuentes.

La pregunta de Frankl, citada por Hersh y retomada por su madre, sigue vigente: encontrar un porqué es un acto de supervivencia. En la obra de Rachel Goldberg-Polin, ese porqué no se revela en una moraleja, sino en la fidelidad cotidiana y en la decisión de transformar el dolor en memoria activa. Así, su libro se convierte en un testimonio que no pretende cerrar heridas, sino mantener encendida la llama del recuerdo y la responsabilidad.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press