De Doha a lo desconocido: la crisis humanitaria de los afganos varados y la posibilidad de ser reubicados en Congo

Entre la espera, el miedo a represalias y la oferta de un tercer país que sufre su propia catástrofe humanitaria, miles de aliados afganos enfrentan decisiones imposibles

La noticia: más de 1.100 afganos que ayudaron a las fuerzas estadounidenses y que permanecen varados en la base estadounidense de Doha (Camp As-Sayliyah) podrían ser reubicados en un tercer país, y la República Democrática del Congo figura como una de las opciones. La información sobre esas conversaciones proviene de representantes de la comunidad y de dirigentes que trabajan en reubicación de refugiados, que aseguran además que algunos de los afganos afectados son familiares directos de militares estadounidenses en activo.

Un limbo que no es nuevo pero sí urgente

Desde la salida de las tropas estadounidenses de Afganistán en 2021 y la toma de control por parte de los talibanes, decenas de miles de afganos que colaboraron con Estados Unidos —intérpretes, personal administrativo de bases, colaboradores con comandos especiales y otros— iniciaron procesos de evacuación y reasentamiento. Muchos atravesaron verificaciones exhaustivas que en algunos casos duraron años. Sin embargo, las decisiones políticas y el endurecimiento de políticas migratorias dejaron a centenares en situaciones intermedias: acogidos temporalmente en países terceros, en bases militares o en campamentos, a la espera de una solución duradera.

¿Por qué se plantea Congo?

Fuentes de organizaciones que apoyan la reubicación cuentan que la administración estadounidense ha discutido opciones para “reasentar voluntariamente” a estas personas en naciones distintas de Estados Unidos. Entre las alternativas mencionadas figura la República Democrática del Congo (RDC). Una razón logística es que la base de Doha fue originalmente pensada como plataforma de tránsito, no como alojamiento prolongado para familias durante meses o años. Como recordó Jon Finer, ex asesor adjunto de seguridad nacional, “la base fue destinada a honrar un compromiso de guerra, no a convertirse en solución permanente”.

Voluntariedad vs. coacción

Para quienes han vivido la experiencia de abandonar Afganistán, la idea de optar por un tercer país bajo la disyuntiva “Congo o volver a Afganistán” no se asemeja a una elección libre. Shawn VanDiver, veterano de la Marina y líder de la coalición #AfghanEvac, advirtió públicamente: "No puedes llamar voluntaria a una elección cuando las dos opciones son el Congo y los talibanes; eso es una confesión extraída bajo coacción" (declaración de VanDiver en conferencia virtual).

La encrucijada de seguridad: de un país en guerra a otro en crisis

La RDC afronta una emergencia humanitaria profunda. Naciones Unidas y agencias humanitarias han calificado varias regiones del país como escenarios de una de las crisis más graves del mundo, con millones de desplazados internos, violencia sostenida en el este y graves carencias de servicios básicos. Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), la situación en la RDC incluye brotes de conflicto armado, crisis alimentarias y epidemias que hacen del país un territorio frágil para recibir a poblaciones vulnerables.

Ese diagnóstico plantea un contraargumento poderoso: enviar a personas ya traumatizadas a un contexto con inseguridad crónica, desplazamientos masivos y servicios humanitarios limitados puede equivaler a transferir el problema de un conflicto a otro, con riesgos reales para la vida y la integridad de los reubicados.

Testimonios que explican el temor

Los relatos de primeros implicados aclaran por qué la idea alarma. Sean Jamshidi, afganoestadounidense que sirvió en el ejército y que estuvo desplegado en la RDC, dijo: "Como alguien que ha estado en uniforme, la República Democrática del Congo no es un lugar al que mandes a aliados afganos evaluados y sus hijos a vivir". Su experiencia en terreno le llevó a observar campamentos de desplazados y zonas donde la ONU ha documentado víctimas en número alarmante.

Asimismo, familiares de los alojados en Doha explican que viven en la incertidumbre: Negina Khalili, ex fiscal afgana, espera noticias sobre su padre, hermano y madrastra, ingresados en la base en enero de 2025. Según Khalili, en el campamento hay pocas comunicaciones claras por parte de las autoridades, y algunos refugiados relatan que se les ha ofrecido dinero para regresar a Afganistán, una opción que para muchos equivale a una sentencia de persecución o muerte por colaborar con Estados Unidos.

Contexto político: decisiones que generan consecuencias

Las políticas migratorias y de reasentamiento de Estados Unidos han variado de forma notable en los últimos años. Procesos iniciados durante administraciones previas fueron suspendidos o ralentizados por órdenes ejecutivas y cambios burocráticos. El resultado ha sido que personas que superaron vetos de seguridad y procesos de selección no llegaron a ser reubicadas en Estados Unidos y quedaron en lugares temporales sin fecha ni plan claro.

Este fenómeno no es aislado ni nuevo: la historia moderna de reasentamiento de refugiados muestra que las decisiones políticas en los países de destino impactan directamente la seguridad y la vida futura de quienes huyen. Forzar alternativas apresuradas o mal evaluadas, además, tiene costos reputacionales para países que se comprometieron públicamente con quienes los auxiliaron durante conflictos.

Aspectos legales y humanitarios

Desde la óptica del derecho internacional y de la protección a refugiados, existen principios básicos: no devolución (non-refoulement), protección contra persecución y la obligación de garantizar soluciones duraderas que no expongan a las personas a riesgos intolerables. Reubicar a personas a un tercer país requiere consentimiento informado, garantías de seguridad y acceso razonable a servicios básicos —educación, salud, apoyo psicosocial— y, sobre todo, expectativas claras sobre si esa reubicación será temporal o definitiva.

Organizaciones defensoras de refugiados suelen exigir que cualquier traslado a terceros países se acuerde con transparencia y con supervisión de organismos internacionales para certificar condiciones mínimas de seguridad y vida digna. El historial de pagos y acuerdos bilaterales para recibir migrantes o deportados por parte de algunos países africanos ha sido objeto de críticas por parte de ONG y organismos internacionales cuando esos arreglos no estuvieron acompañados de las garantías necesarias.

¿Qué alternativas existen?

  • Reasentamiento en terceros países seguros con coordinación internacional: idealmente con la participación de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y ONG especializadas para supervisar la recepción y la integración.
  • Aceleración y revisión de los procesos para admisión en Estados Unidos: priorizando a quienes colaboraron directamente con fuerzas estadounidenses y a los familiares vulnerables.
  • Programas de protección temporal en países seguros con rutas legales y opciones de reunificación familiar: que incluyan posibilidades de traslado futuro a naciones con capacidad de integración a largo plazo.
  • Mayor transparencia y comunicación: que las autoridades informen con claridad a los refugiados sobre sus opciones, tiempos estimados y garantías, evitando presiones que conviertan una “opción” en imposición.

El costo humano detrás de una decisión administrativa

Más allá de cifras y acuerdos, la historia de los afganos varados ilustra el precio humano de la política migratoria: familias que huyeron de persecución y violencia, que esperan el reconocimiento y la protección prometida, enfrentan ahora una incertidumbre que agrava traumas previos. Como señaló un veterano que acompañó evacuaciones: “Mandar a alguien a un lugar donde hay registros de violencia generalizada y fragilidad institucional no resuelve la deuda moral de quien llamó a esas personas aliados; la complica”.

La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos vigilan de cerca cualquier decisión que suponga reubicar a personas vulnerables a contextos de riesgo. Cualquier solución viable deberá equilibrar realismo logístico con responsabilidad ética: las alternativas aparente y técnicamente posibles no siempre son las correctas desde la perspectiva de protección.

En los próximos días y semanas, la presión mediática, las voces de exfuncionarios, militares y activistas, y las gestiones diplomáticas determinarán si la opción del Congo avanza, si aparecen alternativas mejores, o si se acelera la admisión en Estados Unidos. Mientras tanto, más de mil personas esperan noticias que pueden cambiar el rumbo de sus vidas.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press