Gerrymandering: cómo la demarcación de distritos distorsiona la democracia y qué se puede hacer
De un «salamandra» de 1812 a algoritmos modernos: por qué los límites electorales importan y cómo pueden repararse
Gerrymandering es una palabra que suena técnica y distante, pero sus efectos son profundamente prácticos: determinan qué comunidades tienen voz real en el Congreso, qué políticas prosperan y hasta qué partidos gobiernan estados enteros. En este artículo explico qué es, cómo funciona, por qué ha crecido en los últimos decenios y qué herramientas —legales, tecnológicas y cívicas— existen para mitigarlo.
¿Qué es el gerrymandering y de dónde viene el término?
El término nació en Estados Unidos en 1812 cuando el gobernador de Massachusetts, Elbridge Gerry, aprobó un rediseño de distritos que beneficiaba a su partido. Un periódico de la época ilustró uno de los distritos con una forma grotesca que recordaba a una salamandra; de ahí la unión de "Gerry" y "salamander" que derivó en "gerrymander". La palabra perdura porque resume una práctica simple: trazar límites electorales para favorecer a quien controla el proceso de demarcación.
Las dos tácticas básicas: "packing" y "cracking"
Existen muchas técnicas para manipular mapas, pero dos son las más comunes:
- Packing: concentrar a los votantes adversarios en pocos distritos para desperdiciar su voto en mayorías abrumadoras y así dejar otros distritos competitivos para la mayoría que dibuja el mapa.
- Cracking: dispersar a los votantes opositores entre muchos distritos para que no alcancen mayoría en ninguno.
Ambas tácticas buscan traducir una distribución de votos que podría implicar un cierto reparto de escaños en un resultado muy distinto, favoreciendo a la facción que controla la demarcación.
¿Por qué importa hoy más que antes?
Hay varios factores que han intensificado el problema:
- Tecnología y big data: hoy los demógrafos y estrategas disponen de datos de censo, patrones de voto y microsegmentación demográfica que permiten diseñar mapas con precisión quirúrgica. Herramientas que antes demandaban tiempo y conjeturas ahora producen mapas optimizados para maximizar escaños.
- Polarización política: cuando las mayorías son estrechas, cada escaño cuenta. Gobiernos estatales y partidos ven la redistritación como una oportunidad estratégica para consolidar poder durante una década.
- Control estatal: en la mayoría de estados, la legislatura controla la redistritación y puede aprobar mapas que beneficien al partido mayoritario, sobre todo si también controla la gobernación o tiene supermayorías que garantizan la imposición de su plan.
Lo que dicen los tribunales: Rucho vs. Common Cause
En 2019 la Corte Suprema de Estados Unidos decidió en Rucho v. Common Cause que las reclamaciones por gerrymandering partidista constituyen una cuestión política no justiciable por los tribunales federales. En palabras del fallo, la Constitución no ofrece una medida objetiva para determinar cuándo un mapa trata a un partido de manera injusta, por lo que corresponde a los procesos políticos y a las reformas estatales o legislativas corregir la práctica. El fallo dejó abiertas las vías estatales y legislativas para limitar el gerrymandering.
Fuente: Rucho v. Common Cause, fallo de la Corte Suprema (2019).
¿Qué muestran los datos?
Los investigadores han desarrollado métricas para cuantificar ventajas partidistas en mapas electorales: entre ellas están el "efecto eficiencia" (wasted votes), el índice de desacoplamiento entre votos y escaños, y los tests de simetría. Un estudio del Brennan Center y otros análisis académicos han mostrado que tras la redistribución basada en los datos del censo de 2010 hubo estados donde uno de los partidos obtuvo una ventaja sistemática en la conversión de votos a escaños.
Por ejemplo, análisis del ciclo posterior al censo de 2010 indicaron que el partido republicano consiguió una ventaja neta en varios estados que le permitió obtener más escaños de los que corresponderían solo por la distribución del voto popular. Tras 2020, tanto republicanos como demócratas usaron tácticas de rediseño en los estados donde controlaban el proceso para reforzar sus posiciones.
Ejemplos recientes y su impacto
En estados como Texas y North Carolina, las batallas por los mapas han sido intensas y litigiosas. Texas ha visto múltiples demandas alegando que los mapas discriminaban a votantes hispanos y afroamericanos; en Carolina del Norte, los mapas han sido anulados por cortes estatales y federales en iteraciones previas. Mientras tanto, California implementó comisiones independientes para el rediseño, con la intención explícita de reducir la manipulación partidista, y ese modelo ha servido de ejemplo para otros estados.
¿Es ilegal el gerrymandering político?
No existe una prohibición constitucional clara a nivel federal que impida el gerrymandering por motivos partidistas. Tras Rucho, los tribunales federales limitan su intervención en casos puramente partidistas. Sin embargo, el gerrymandering basado en discriminación racial sí puede vulnerar la Ley de Derechos Electorales y ha sido objeto de sentencias federales en las que los tribunales ordenaron remedios cuando quedó demostrado que las líneas diluían el poder de votantes de minorías protegidas.
Soluciones en la mesa
Existen varias vías para mitigar el problema. Estas no son mutuamente excluyentes y combinarlas suele aumentar la eficacia:
- Comisiones independientes o bipartitas: quitar a la legislatura el control exclusivo del proceso y confiarlo a paneles menos politizados. Estados como California y Arizona adoptaron comisiones con resultados variados, pero en general elevaron la transparencia del proceso.
- Reglas transparentes y criterios objetivos: exigir que los mapas respeten contigüidad, cohesión de comunidades de interés y límites municipales, y ordenar procedimientos de audiencias públicas.
- Herramientas algorítmicas y simulaciones: generar miles de mapas neutrales por computadora para comparar y detectar si un mapa específico es una anomalía que favorece a un partido.
- Remedios legislativos y enmiendas estatales: algunos estados han aprobado leyes o enmiendas constitucionales que establecen criterios explícitos para la redistritación o que delegan la tarea a comisiones.
- Movilización ciudadana y litigio estatal: campañas de la sociedad civil y demandas en tribunales estatales, donde muchos constituciones estatales ofrecen protecciones adicionales, han sido herramientas clave para frenar mapas injustos.
¿Qué papel juega la ciudadanía?
El gerrymandering se alimenta de la pasividad: si los ciudadanos no prestan atención a cómo se trazan los mapas, es fácil que intereses partidistas lo dominen. Participar en audiencias públicas, apoyar organizaciones que promueven mapas equitativos y exigir transparencia son acciones que pueden inclinar la balanza. Como señala la experta en derecho electoral Heather K. Gerken: "Las reglas institucionales importan tanto como los votos individuales" (Yale Law School lecture, 2018).
Reflexión final: la arquitectura de la representación importa
Es fácil creer que la democracia se reduce a votar cada dos o cuatro años. Pero la manera en que se dibujan los límites electorales determina el valor de cada voto. El gerrymandering no es un fallo técnico menor: es una decisión consciente sobre quién cuenta y quién queda silenciado. Afortunadamente, hay herramientas —jurídicas, tecnológicas y cívicas— para recuperar la lealtad de los mapas a la voluntad popular. El desafío es convertir el conocimiento técnico en voluntad política y vigilancia pública.
Fuentes consultadas:
- Brennan Center for Justice — investigaciones sobre redistritación
- Rucho v. Common Cause, Corte Suprema de EE. UU. (2019)
- Britannica — origen histórico del término "gerrymander"
- Princeton Gerrymandering Project — herramientas y análisis