Pomona, epicentro del cricket estadounidense: el estadio que quiere cambiarlo todo antes de Los Ángeles 2028

Con un estadio de más de 10,000 plazas, inversores globales y la inclusión olímpica, el cricket busca pasar de pasión de la diáspora a espectáculo nacional

El inicio de las obras en Pomona marca un hito para el cricket en Estados Unidos. La construcción de un estadio de más de 10,000 asientos en el Fairplex de Pomona, en el condado de Los Ángeles, ha activado no solo la ilusión de las comunidades del sur de California, sino también el debate sobre si el deporte puede convertirse en una disciplina verdaderamente popular en un mercado dominado por el béisbol, el fútbol americano, el baloncesto y el fútbol.

Un proyecto con ambición olímpica

El nuevo recinto está concebido para servir como sede de los partidos masculinos y femeninos de cricket durante los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. La construcción arrancó con una ceremonia tradicional hindú de bhumi pujan, que simboliza el respeto a la tierra y busca bendecir el proyecto; un gesto que también subraya el vínculo cultural entre el cricket y las comunidades de origen del sur de Asia en la región.

Venky Mysore, CEO del grupo Knight Riders Sports —propietario del equipo profesional Los Angeles Knight Riders— ha señalado públicamente que la creación de este estadio es “solo el primer paso” para captar la atención del aficionado estadounidense y convertir el cricket en un producto comercial viable en el país. En sus declaraciones públicas, Mysore ha argumentado que la visibilidad olímpica tiene el poder de multiplicar el interés por el deporte entre audiencias que hasta ahora no lo conocen.

Contexto histórico: una larga relación con altibajos

Cricket no es un fenómeno totalmente nuevo en Estados Unidos. La primera competición internacional conocida en el continente se remonta a 1844, cuando Estados Unidos y Canadá jugaron frente a miles de espectadores en Manhattan; aquel encuentro, celebrado en el St. George’s Cricket Club, es considerado por historiadores deportivos como el primer partido internacional fuera del Reino Unido (fuente histórica: archivos deportivos del siglo XIX).

Además, el cricket tuvo visibilidad olímpica por última vez hace más de un siglo: la disciplina apareció en los Juegos de París 1900. Desde entonces, su presencia en el programa olímpico fue inexistente hasta su reincorporación para Los Ángeles 2028, donde se jugará en formato T20, una versión breve y dinámica que favorece la espectacularidad y facilita la atracción de nuevas audiencias.

Infraestructura y presencia actual en EE. UU.

Hoy en día, Estados Unidos cuenta con unos pocos estadios construidos específicamente para cricket de nivel internacional: textos recientes sobre la materia mencionan instalaciones en Texas, Florida y Carolina del Norte, además de recintos multifuncionales que han acogido partidos —como ocurrió en eventos de gran magnitud con estadios temporales o adaptados—. La nueva obra en Pomona sería, según promotores y directivos involucrados, uno de los pocos estadios en el país diseñados desde cero para el cricket y el único de su tipo en el sur de California pensado con fines olímpicos y de calendario profesional.

La ecuación económica: inversores, mercado y sostenibilidad

Detrás del proyecto están grandes inversores y organizaciones con experiencia en franquicias de cricket en India, el Caribe y los Emiratos Árabes Unidos. Knight Riders Sports, vinculado a capitales y figuras de la industria del entretenimiento, busca replicar un modelo que combina marca, espectáculo y comunidad. La pregunta central es si esa fórmula puede cuajar en Estados Unidos a mediano y largo plazo.

Los promotores esperan que la exposición olímpica y la existencia de una franquicia permanente —los Los Angeles Knight Riders— sirvan como catalizador para la asistencia regular, la venta de abonos y el interés televisivo. Además, la esperanza es que la construcción de infraestructura fomente la formación de talento local, algo que durante años ha sido señalado como una carencia para el desarrollo sostenido del cricket en el país.

Voces locales: ilusión y escepticismo

Entre quienes celebran la llegada del estadio están jugadores jóvenes y entrenadores que han pasado décadas impulsando el deporte desde la base. Ayan Desai, un joven lanzador con experiencia internacional que juega en la Major League Cricket, afirmó que disputar unos Juegos Olímpicos en su ciudad natal sería “increíble” y que la presencia del estadio pone a Los Ángeles en el mapa mundial del cricket. Su optimismo refleja la aspiración de que la visibilidad derive en más academias, programas escolares y oportunidades para jóvenes talentos.

Sin embargo, esa confianza convive con el escepticismo de otros referentes. Reggie Benjamin, excricketer y entrenador con amplia trayectoria en la escena estadounidense, ha advertido sobre los riesgos: la dependencia de jugadores extranjeros para atraer público, la posible falta de atención a las bases locales y los problemas de gestión que históricamente han afectado al esfuerzo por profesionalizar el deporte. Benjamin plantea un punto clave: si la media de aficionados no está dispuesta a permanecer tres horas en las gradas —o si los niños estadounidenses no se interesan por jugar—, la expansión del cricket podría estancarse.

Obstáculos organizativos y legales

El crecimiento del cricket en Estados Unidos no ha estado exento de conflictos. En los años recientes, USA Cricket —entidad encargada de la federación nacional— enfrentó problemas financieros que llevaron a la organización a buscar protección por bancarrota tras la ruptura de contratos con promotores privados. Ese episodio provocó intervención temporal de organismos internacionales y dejó al descubierto la fragilidad institucional que puede afectar la sostenibilidad del deporte cuando la administración y la colaboración entre actores no funcionan de manera fluida.

La experiencia enseña que la salud de un deporte no depende únicamente de instalaciones o dinero externo: la gobernanza, la profesionalización de ligas locales, las academias juveniles y la conexión con escuelas y comunidades son componentes decisivos para que un proyecto llegue a buen puerto.

El formato T20 y la puerta de los Juegos

La elección del formato T20 para los Juegos Olímpicos es estratégica. El T20 es un cricket acelerado: partidos de aproximadamente tres horas que priorizan el ataque, los hits espectaculares y la inmediatez, características que ya han ayudado a popularizar la disciplina en mercados como la India y otros países del sur de Asia.

Ese dinamismo facilita la compatibilidad con la mentalidad del público estadounidense, habituado a eventos donde la acción es constante y la duración limitada. De hecho, los organizadores locales confían en que el público que hoy disfruta de la MLB o la NBA estará dispuesto a experimentar el cricket si la narrativa y el espectáculo se estructuran de forma adecuada.

Impacto potencial: empleo, cultura y ciudad

Más allá del deporte, un estadio de estas características genera efectos económicos y culturales. El Fairplex de Pomona espera atraer visitantes, generar empleo directo e indirecto y consolidar a la ciudad como un punto de encuentro para actividades culturales y deportivas vinculadas a las comunidades del sur de Asia, el Caribe y otras diásporas que ya venían siguiendo el cricket en Estados Unidos.

Asimismo, la presencia de una franquicia estable y eventos internacionales podría impulsar patrocinios, transmisiones televisivas y acuerdos con ligas escolares y universidades, elementos necesarios para institucionalizar la práctica y crear una base de aficionados que trascienda la fiebre ocasional.

¿Un experimento con probabilidades reales?

La construcción del estadio en Pomona simboliza, a la vez, una oportunidad y un ensayo. Sus promotores cuentan con capital, experiencia en gestión de franquicias internacionales y el incentivo de los Juegos Olímpicos. Los detractores señalan la historia reciente de problemas organizativos y la incertidumbre sobre la capacidad de traducir a públicos generales el fervor que el cricket despierta entre comunidades concretas.

Si el proyecto logra articular formación juvenil, calendario local atractivo, gobernanza transparente y una estrategia comercial que conecte emoción con accesibilidad, Pomona podría convertirse en el epicentro de una nueva etapa del cricket en América. Si no, el estadio será otro esfuerzo valioso que no alcanzó a transformar la naturaleza de un mercado deportivo complejo y muy competitivo.

Lo cierto es que, con la cuenta regresiva hacia Los Ángeles 2028 ya en marcha, Pomona ofrece la primera gran prueba: ¿puede el cricket, con su herencia y sus pasiones, conquistar al público estadounidense más allá de la diáspora? Las gradas, y el tiempo, tendrán la última palabra.

  • Dato histórico: El cricket olímpico se jugó por última vez en 1900 en París.
  • Infraestructura actual: Existen únicamente tres estadios internacionales dedicados al cricket en Estados Unidos (ubicados en Texas, Florida y Carolina del Norte) antes de la construcción en Pomona.
  • Formato olímpico: Los Juegos 2028 utilizarán la modalidad T20, apta para audiencias que buscan partidos de corta duración y alto espectáculo.

Fuentes y declaraciones: declaraciones públicas de ejecutivos de Knight Riders Sports; testimonios de entrenadores y jugadores locales en ruedas de prensa y reportes sobre la evolución del cricket en Estados Unidos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press