Fútbol en la encrucijada: identidad, racismo y poder en clubes y competiciones

Análisis profundo sobre el escándalo del folleto antirracista con Millwall, sanciones disciplinarias en Champions y la crisis interna en Roma

Palabra clave: Analysis

Un panorama global del fútbol contemporáneo

El fútbol, más que un deporte, es un espejo de tensiones sociales, políticas y culturales. En las últimas semanas se han articulado tres episodios que ilustran esas fricciones: la polémica por un folleto antirracista en Londres que colocó el emblema de Millwall sobre una imagen similar a una túnica del Ku Klux Klan; la sanción de la UEFA al mediocampista Gianluca Prestianni por comentarios discriminatorios contra Vinícius Júnior; y la salida de Claudio Ranieri como asesor especial en la AS Roma tras un desencuentro público con el entrenador Gian Piero Gasperini. Los tres casos muestran cómo la reputación de clubes, la gestión disciplinaria de los organismos y las dinámicas internas pueden chocar con la opinión pública y la exigencia de responsabilidad.

Millwall y la complejidad de la imagen pública

El incidente en Londres —un folleto educativo distribuido en escuelas primarias que pretendía enseñar sobre racismo y utilizó una ilustración con la insignia del club Millwall sobre una túnica blanca parecida a la del Ku Klux Klan— puso al club y a las autoridades locales en el centro de un debate sobre representación, memoria histórica y responsabilidad educativa. Westminster City Council retiró el folleto y pidió disculpas por el “uso insensible” de la imagen, reconociendo que la pieza no pasó por los filtros adecuados antes de su difusión.

Para entender la magnitud del malestar, hay que remontarse a la historia del club y a la percepción pública que lo acompaña. Millwall, fundado en 1885, se ha ganado en el imaginario colectivo inglés la etiqueta de club con afición problemática, en parte por episodios de hooliganismo en las décadas de 1970 y 1980. El cántico “No one likes us, we don’t care” se convirtió en una seña de identidad de su base de hinchas más beligerante y contribuyó a una reputación difícil de sacudirse.

No obstante, el club ha impulsado iniciativas para combatir la discriminación: creó en 1994 un organismo contra la discriminación —en su momento, según el propio club, el primero de su tipo en un equipo inglés— y ha trabajado con organizaciones como Kick It Out y Show Racism the Red Card. Aun así, episodios de cánticos ofensivos han vuelto a manchar la imagen de Millwall, como ocurrió en un partido de la League Cup en septiembre de 2025, cuando la FA calificó como “abhorrent” (abhorrible) los cánticos dirigidos contra personas con discapacidad y multó al club en 45.000 libras.

El contexto apunta a una tensión entre memoria histórica y reconocimiento de hechos individuales. El folleto buscaba contar la experiencia de Paul Canoville, jugador negro que sufrió abusos raciales en los años 80, y según la Paul Canoville Foundation la ilustración aludía a un incidente real durante un partido de reserva entre Chelsea y Millwall en el que Canoville fue objeto de abuso por parte de individuos con capuchas similares a la del Ku Klux Klan. Sin embargo, el uso de la insignia del club en esa imagen fue percibido por Millwall y sus seguidores como una imputación generalizada al club entero, una representación que, dijeron, distorsiona la realidad y es profundamente dañina.

Este choque entre narrativas —la de la víctima que relata abusos concretos y la del club que defiende su trabajo comunitario y antidiscriminatorio— plantea preguntas difíciles: ¿cómo representar hechos traumáticos sin estigmatizar a comunidades enteras? ¿Cuál es la responsabilidad de las instituciones educativas y gubernamentales al narrar episodios de racismo histórico?

Educación, memoria y sensibilidad simbólica

La pedagogía sobre racismo debe cumplir dos funciones claves: documentar hechos y sensibilizar, sin sacrificar el rigor ni reproducir estereotipos que dañen colectivos. El derecho a la memoria exige nombrar los hechos; la responsabilidad pública exige contextualizarlos sin simplificaciones que lleven a acusaciones generales. El libre contrapunto, además, añade que las instituciones que producen materiales didácticos deben consultar a las partes involucradas —en este caso, la fundación vinculada a Canoville —y someterse a revisiones legales y comunitarias antes de su distribución en contextos escolares.

En el Reino Unido las tensiones raciales en el fútbol no son nuevas. Entre finales del siglo XX y principios del XXI, jugadores negros como John Barnes, Paul Canoville y otros denunciaron abuso racial en estadios, un fenómeno que llevó a campañas y a la creación de organismos contra la discriminación. Desde los años 80, el fenómeno del racismo en el deporte inglés ha sido objeto de estudio y medidas: por ejemplo, la iniciativa Kick It Out se fundó en 1993 y ha trabajado para documentar y combatir el racismo en el fútbol británico; su reporte anual sigue evidenciando problemas, aunque con indicadores que muestran cierta mejora gradual en denuncias y sanciones.

Según datos de la organización Fare (Fútbol contra el Racismo en Europa), los incidentes reportados en los estadios europeos han fluctuado en la última década, con picos en años con tensiones políticas o con grandes eventos internacionales. Aunque hay avances en la concienciación, las acciones simbólicas —como el uso de insignias en materiales educativos sin el debido contexto— pueden reavivar heridas y polarizar opiniones.

Disciplina y sanciones: el caso Prestianni y la UEFA

En paralelo, el fútbol continental lidia con la regulación de conductas discriminatorias. La UEFA sancionó al mediocampista del Benfica, Gianluca Prestianni, con un castigo de seis partidos por conducta discriminatoria (homófoba) contra Vinícius Júnior durante un partido de Champions League. Tres de esos seis encuentros quedaron en suspenso, lo cual combinó una sanción ejemplar con un marco de probación que deja una puerta abierta a la rehabilitación. Es importante notar que Prestianni ya cumplió un partido de castigo provisional, y que las condiciones de la sanción podrían permitir que parte de la pena se cumpla en competiciones de selecciones, dependiendo de su convocatoria con Argentina.

Este caso subraya varios puntos: primero, la dificultad de probar y delimitar la naturaleza de una ofensa en tiempo real; segundo, la tensión entre sanción punitiva y medidas de educación/reparación; y tercero, el alcance jurisdiccional de las federaciones cuando un jugador actúa tanto en clubes como en selecciones nacionales. El episodio ocurrido en Lisboa en febrero —cuando un gol de Vinícius y su celebración cerca de la esquina del Benfica derivó en confrontación verbal— terminó con acusaciones cruzadas: Vinícius aseguró que Prestianni lo llamó “mono”, un insulto racial, mientras que el argentino negó ese término pero admitió haber usado un insulto homófobo.

Los organismos disciplinarios europeos han avanzado en protocolos para gestionar incidentes de discriminación: recopilación de pruebas audiovisuales, audiencias públicas, sanciones económicas y deportivas y, en algunos casos, medidas educativas obligatorias para clubes y jugadores. Sin embargo, la percepción pública de impartición de justicia varía: hay quienes reclaman sanciones más duras y otros que piden procesos que integren la restitución y la educación, no solo el castigo. En 2019 la UEFA y la FIFA reforzaron sus marcos contra discriminación, pero la efectividad depende tanto de la detección como de la voluntad de imponer consecuencias consistentes.

Gestión interna y liderazgo: el caso Ranieri-Gasperini en la AS Roma

El tercer episodio relevante es el fin de la relación entre Claudio Ranieri y la AS Roma, tras un choque público entre el veterano técnico y el actual entrenador Gian Piero Gasperini. Ranieri, que fue llamado del retiro para reflotar al equipo en noviembre de 2024 y consiguió una remontada que llevó al conjunto romano a una notable recuperación, pasó a ocupar un rol de asesor del club. Sin embargo, sus críticas públicas sobre la gestión de transferencias y los reproches de Gasperini terminaron por dinamitar la convivencia interna.

Roma anunció: «La relación con Claudio Ranieri ha terminado… Agradecemos sus contribuciones significativas. El club está fuerte, con liderazgo sólido y una visión definida». Por su parte, Gasperini expresó sorpresa por la salida y aseguró que no sintió que la situación fuera tan tensa. Este episodio expone la frágil alianza entre consejo directivo, propietarios y estructura técnica que puede fracturarse cuando las opiniones sobre la estrategia deportiva divergen.

El caso es paradigmático en clubes con propietarios inversores: la interferencia en la gestión deportiva, la presión por resultados inmediatos y la discrepancia entre un entrenador con proyectos a largo plazo y figuras emblemáticas o asesores que representan la tradición del club pueden generar conflictos públicos. La gestión del talento humano en un club profesional exige protocolos claros sobre comunicación y roles, sobre todo cuando hay personalidades de alto perfil involucradas.

Conexiones entre los tres casos: reputación, responsabilidad y transparencia

Aunque los tres sucesos ocurren en esferas distintas —comunicación pública y educación (Millwall), disciplina institucional (Prestianni/UEFA) y gestión interna de clubes (Ranieri/Roma)— comparten temas centrales:

  • Reputación y memoria: La imagen de un club puede forjarse en décadas y derrumbarse en episodios puntuales. Millwall es un ejemplo claro: su pasado hooligan y su labor comunitaria conviven en una narrativa compleja.
  • Transparencia y proceso: Los organismos que producen materiales, los comités disciplinarios y los clubes deben aplicar procesos transparentes que incluyan revisión, apelación y comunicación efectiva para evitar malentendidos y reacciones polarizadas.
  • Responsabilidad educativa: Las sanciones deben combinarse con medidas formativas que transformen comportamientos a largo plazo. Sancionar sin educar corre el riesgo de repetir patrones.
  • Comunicación pública: En la era de la viralidad, cualquier decisión mal comunicada se amplifica. La gestión de crisis exige mensajes claros, disculpas oportunas y acciones correctivas verificables.

Perspectivas y recomendaciones

Para que el fútbol avance hacia una cultura más responsable y plural, conviene considerar las siguientes medidas, basadas en prácticas ya implementadas en algunos países y propuestas por expertos:

  1. Protocolos de revisión para materiales educativos: Cualquier folleto o recurso distribuido en escuelas debe pasar por una evaluación multidisciplinaria: historiadores, representantes de comunidades afectadas, asesores legales y pedagogos. La consulta a las víctimas y a sus fundaciones podría evitar representaciones ofensivas.
  2. Mayor coordinación entre clubes y autoridades locales: Para evitar que símbolos de clubes se utilicen de manera inapropiada, los ayuntamientos y organizaciones que produzcan material con iconografía deportiva deberían notificar y solicitar permiso a las instituciones afectadas.
  3. Sanciones acompañadas de medidas educativas: Las sanciones disciplinarias (multas, cierres parciales de estadio, suspensiones) deben complementarse con programas obligatorios de formación antidiscriminatoria para jugadores, entrenadores y directivos.
  4. Políticas internas claras en los clubes: Definir roles, canales de comunicación y protocolos para resolver desacuerdos públicos evita que los conflictos internos deriven en crisis reputacionales.
  5. Transparencia en la aplicación de justicia deportiva: Informes públicos que detallen evidencia, procedimientos y criterios de sanción contribuyen a la percepción de imparcialidad y a la legítima autoridad de las instituciones.

Datos y contexto histórico

Algunos datos y hechos ayudan a dimensionar la problemática:

  • Millwall fue fundado en 1885 y, pese a su historial en divisiones inferiores, tiene una afición muy marcada y una identidad cultural ligada al sudeste de Londres. Su último paso por la máxima categoría inglesa fue en la temporada 1989-90; desde entonces ha luchado por volver a la Premier League.
  • Kick It Out, creada en 1993, es una de las organizaciones buque-insignia en Inglaterra para combatir el racismo en el fútbol. En sus informes anuales, documenta incidentes y recomienda acciones a ligas y clubes.
  • La UEFA endureció en la última década sus políticas contra la discriminación. En 2021 y 2022 se dictaron sanciones ejemplares en varios casos, y se implementaron cursos obligatorios para clubes y asociaciones nacionales.
  • Claudio Ranieri, de 74 años, es un técnico con una carrera de alto perfil (fue el artífice del sorprendente título de Leicester City en 2016). Su papel como figura mediadora en Roma era sensible y su salida evidencia el choque entre viejos referentes y nuevas estructuras técnicas en clubes modernos.

Voces representativas

Algunas declaraciones relevantes ayudan a entender reacciones y sensibilidades:

  • Westminster City Council: «Aceptamos que el uso de esta imagen fue una manera insensible de ilustrar el problema histórico del racismo en el fútbol. Pedimos disculpas a Millwall Football Club por el uso impropio de su logo y por cualquier ofensa causada.» (Comunicado oficial del ayuntamiento, publicación pública tras la retirada del folleto).
  • Paul Canoville Foundation: indicó que no fue consultada sobre el contenido del folleto y aclaró que la ilustración hacía referencia a un incidente real sufrido por Canoville en la década de 1980.
  • Millwall Supporters’ Club: se dijo «outraged» y afirmó que la representación no reflejaba al club ni a una afición que trabaja activamente contra la discriminación.
  • UEFA sobre el caso Prestianni: calificó la conducta como «discriminatoria (es decir, homófoba)» y aplicó sanciones con parte en suspenso, en línea con su protocolo disciplinario.
  • AS Roma sobre Ranieri: «Agradecemos a Claudio por sus contribuciones; el club está fuerte, con liderazgo sólido y una visión definida. Tenemos plena confianza en el camino bajo Gian Piero Gasperini.» (Comunicado oficial del club).

Reflexión final

El fútbol contemporáneo transita un camino de profesionalización que exige congruencia entre discurso y práctica. Cuando los símbolos, las palabras y las acciones divergen —ya sea por errores en materiales pedagógicos, por comportamientos individualmente discriminatorios o por fracturas internas de gestión— la respuesta debe ser integral: investigación rigurosa, sanción proporcionada y, sobre todo, medidas educativas que transformen la cultura del juego y de sus comunidades.

La convergencia de los casos reseñados es instructiva: muestran que no basta con declarar que «el club combata el racismo» o que «el organismo castiga las ofensas». La credibilidad se construye con procesos, diálogo con las víctimas, transparencia y reformas institucionales que prevengan la repetición de agravios. El fútbol puede y debe ser un motor de inclusión; para lograrlo necesita herramientas sólidas y el compromiso sostenido de clubes, autoridades y aficionados.

Kick It Out (organización contra el racismo en el fútbol)

UEFA — normativa disciplinaria y comunicados

Fare Network — informes sobre discriminación en Europa

Este artículo fue redactado con información de Associated Press