Chernóbil y la guerra: por qué los ataques cerca de la central nuclear reavivan un terror sostenido

A 40 años del desastre, los daños al confinamiento, los sobrevuelo de drones y las reparaciones pendientes exigen atención internacional urgente

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Hace cuatro décadas el mundo descubrió, entre humo y silencio, la magnitud de un accidente nuclear que cambió para siempre la percepción sobre la energía atómica y la gestión de catástrofes: el 26 de abril de 1986, en la central nuclear de Chernóbil (entonces en la República Socialista Soviética de Ucrania), la explosión y el incendio del reactor número 4 liberaron cantidades masivas de material radiactivo que contaminó amplias zonas de Europa y forzó el desplazamiento de cientos de miles de personas.

La conmemoración y la inquietud: la sombra de los ataques

En el contexto de la guerra entre Rusia y Ucrania, la conmemoración del 40.º aniversario trae consigo no solo memoria histórica, sino también temor: ataques con misiles y drones que cruzan, cerca o incluso sobre, el perímetro de la planta han hecho saltar alarmas sobre un riesgo de daño al ya frágil legado de aquel accidente. Autoridades ucranianas y organismos internacionales han advertido repetidamente sobre la posibilidad de un 'desastre provocado' si se ataca o se daña la infraestructura de contención que protege los restos del reactor No. 4.

Qué es el Nuevo Confinamiento Seguro y por qué importa

Tras el accidente de 1986 se construyó una primera estructura provisional —el sarcófago— sobre el reactor destruido. Con el tiempo, la degradación de esa cubierta original llevó a la construcción del Nuevo Confinamiento Seguro (New Safe Confinement), una estructura en forma de arco valorada en más de 2.000 millones de dólares y completada en 2019, diseñada para encapsular el sarcófago y permitir operaciones de contención y eventual desmantelamiento seguro.

Su integridad es crucial: contiene polvo radiactivo, fragmentos de combustible y materiales estructurales altamente contaminados. Cualquier daño significativo podría aumentar el riesgo de liberación de partículas radiactivas y complicar por décadas las labores de mitigación.

Daños, informes y responsabilidades técnicas

En febrero de 2025, autoridades ucranianas denunciaron que un dron golpeó la cubierta exterior del Nuevo Confinamiento, comprometiendo una función clave de seguridad. Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA / IAEA), indicó la necesidad urgente de iniciar reparaciones en la estructura dañada. El IAEA ha publicado evaluaciones técnicas y declaraciones públicas donde subraya que la inacción prolongada podría agravar el riesgo sobre la estructura original que rodea el reactor.

Según el propio IAEA, el mantenimiento y las intervenciones en instalaciones nucleares dañadas requieren no solo recursos materiales, sino también condiciones de seguridad y acceso claro para expertos internacionales (iaea.org).

¿Qué implicaría un daño mayor al confinamiento?

  • Riesgo de liberación localizada de material radiactivo, con impacto en la salud de trabajadores y poblaciones cercanas.
  • Complicaciones técnicas para labores de descontaminación y desmantelamiento a largo plazo.
  • Elevados costos humanos, ambientales y económicos, con efectos transfronterizos: Chernóbil no es un problema únicamente ucraniano, sino europeo en alcance histórico.

Reparaciones estimadas y obstáculos financieros

El Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) y otras entidades han estimado que las labores necesarias para asegurar, reparar y mantener la estructura pueden requerir sumas significativas: evaluaciones públicas han señalado cifras que rondan los 500 millones de euros como mínimo para ciertas intervenciones de reparación y refuerzo.

Sin embargo, el acceso limitado, la inseguridad derivada del conflicto y la posibilidad de nuevos ataques complican la ejecución técnica y presupuestaria. En este escenario, la coordinación internacional y la financiación multilaterales se vuelven esenciales: ni Ucrania, ni ninguna otra nación pueden aisladamente asumir la responsabilidad práctica de una instalación cuyo daño tendría consecuencias globales.

La dimensión militar: drones, ataques y doble riesgo

La guerra ha cambiado la naturaleza de las amenazas. Los drones de ataque —incluidos modelos de largo alcance— y los misiles han permitido a las partes golpear objetivos a gran distancia, a veces dentro del territorio enemigo. Ucrania ha desarrollado capacidad de drones con alcance estimado en torno a 1.500 km, lo que le permite atacar instalaciones en el interior de Rusia; por su parte, las fuerzas rusas realizan ataques en zonas controladas y cercanas a instalaciones críticas ucranianas.

Cuando las operaciones militares se realizan en proximidad a instalaciones nucleares, se añade un riesgo de daño accidental o deliberado a estructuras sensibles. En palabras del presidente ucraniano, «a través de su guerra, Rusia vuelve a llevar al mundo al borde de un desastre provocado por el hombre»; esta fórmula refleja tanto la indignación política como la alarma técnica sobre vuelos de drones sobre Chernóbil y sobre el hecho de que, según reportes ucranianos, «uno de esos Shahed golpeó el confinamiento el año pasado».

Perfiles históricos y lecciones: lo que nos enseñó 1986

El accidente de Chernóbil dejó lecciones dolorosas: la importancia de la transparencia, la necesidad de sistemas de seguridad redundantes, una mejor cultura de supervisión y la comprensión de que los efectos medioambientales y sanitarios pueden perdurar décadas. En 1986, la Unión Soviética tardó días en admitir la magnitud del desastre; hoy, la comunidad internacional exige acceso, vigilancia independiente y planes claros de mitigación.

Datos históricos relevantes: la explosión inicial y el incendio liberaron radionucleidos —entre ellos yodo-131 y cesio-137— que se detectaron a cientos o miles de kilómetros. El número de muertes directamente atribuibles al accidente sigue siendo objeto de debate por diferencias metodológicas entre estudios epidemiológicos y estimaciones extrapoladas, pero el impacto social y económico quedó demostrado: decenas de miles fueron evacuados de la zona y enormes áreas fueron declaradas de exclusión.

Responsabilidad internacional y propuestas de acción

Frente a la amenaza, las acciones posibles pasan por varias vías:

  1. Protección física y reparación inmediata: habilitar corredores seguros y protocolos que permitan a expertos del OIEA y de organismos internacionales inspeccionar y reparar la estructura de confinamiento sin interferencia militar.
  2. Financiación internacional: asegurar compromisos financieros para las reparaciones urgentes. Las estimaciones del BERD y otras instituciones sitúan el requerimiento en cientos de millones de euros para intervenciones clave.
  3. Monitoreo continuo: desplegar sensores y sistemas de vigilancia radiológica independientes para detectar cualquier cambio que indique liberación o incremento de contaminación.
  4. Desmilitarización de áreas sensibles: promover acuerdos —bilaterales o multilaterales— que prohíban operaciones ofensivas cerca de instalaciones nucleares y que sancionen ataques que pongan en riesgo infraestructura radioactiva.

Voces desde la escena

Rafael Grossi, director general del IAEA, ha llamado públicamente a «iniciar de inmediato las reparaciones» tras constatar que los daños pueden haber comprometido funciones de seguridad. El llamado del organismo refleja tanto la urgencia técnica como la necesidad de cooperación internacional para llevar especialistas y materiales al sitio afectado (iaea.org).

Por su parte, líderes ucranianos insisten en que la comunidad global no puede permanecer indiferente. La retórica política —aunque esperable en tiempos de guerra— subraya la coincidencia entre intereses nacionales y responsabilidad global: proteger Chernóbil protege a toda Europa y más allá.

¿Qué puede hacer el público y la comunidad internacional?

Más allá de la diplomacia, la presión pública y la transparencia informativa son claves. Las ONG, centros de investigación y organismos multilaterales pueden:

  • Exigir acceso humanitario y técnico a la planta, apoyando el despliegue de equipos de expertos.
  • Financiar proyectos de reparación y vigilancia a través de consorcios internacionales.
  • Promover campañas de concienciación sobre los riesgos y las medidas preventivas en la región afectada.

Reflexión final

El 40.º aniversario de Chernóbil debe servir no solo para recordar una tragedia, sino para reconocer que el legado de un desastre nuclear no está aislado en el tiempo: puede reactivarse si la infraestructura se deteriora o si una zona contaminada se convierte en teatro de operaciones militares. En un mundo interconectado, la defensa de la seguridad nuclear es una responsabilidad compartida; proteger el Nuevo Confinamiento seguro y garantizar su reparación es proteger a generaciones presentes y futuras.

Fuente citada: declaraciones públicas del Organismo Internacional de la Energía Atómica (IAEA) sobre inspecciones y seguridad en Chernóbil — iaea.org.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press