Pinceles en medio del humo: cómo el arte en Gaza narra la vida después del conflicto

Jóvenes artistas en Bureij transforman desplazamiento y pérdida en memoria colectiva y testimonio visual

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En un día soleado en Bureij, en el centro de la Franja de Gaza, decenas de pinturas colgaban a la intemperie: una paloma con alas hechas de vidrios rotos, la silueta de una persona borroneada por el humo, un agujero de bala convertido en punto focal. No se trataba de una galería formal, sino de un estudio al aire libre —una exposición espontánea organizada por artistas jóvenes que han vivido la guerra, el éxodo interno y la incertidumbre de un alto el fuego frágil—. Lo que mostraron fueron memorias, dolores y esperanzas traducidas a color y trazo.

El arte como refugio y testimonio

Ghanem Al-Din, organizador del taller y la muestra, contó que las obras surgieron a lo largo de cuatro meses durante un taller continuo en su estudio. “Pintaron sus sentimientos, sus ambiciones, sus esperanzas, sus visiones”, dijo, explicando que el acto creativo fue tanto un ejercicio terapéutico como un acto de comunicación hacia el exterior. Para muchos de estos jóvenes —como Obay Al-Qarshali, de 21 años— la pintura se convirtió en el único modo de conservar lo que la guerra les arrebató.

Al-Qarshali relató que huyó de su hogar en la Ciudad de Gaza a finales de 2023 cuando estalló el conflicto tras el ataque del 7 de octubre. “Solo pude llevar lo que tenía en las manos; dejé más de 30 pinturas atrás”, recordó. Muchas de esas obras quedaron entre los escombros cuando su barrio fue bombardeado. Su cuadro exhibido mostraba vidrios rotos, coches cubiertos con colchones y pertenencias, y edificios convertidos en ruinas: imágenes que se han vuelto moneda corriente para cientos de miles de desplazados.

Desplazamiento repetido y resiliencia creativa

Según testimonios recogidos en la muestra, Al-Qarshali se desplazó al menos siete veces durante el conflicto. Ese movimiento constante —las tiendas de campaña, el hacinamiento, la pérdida de referentes— impregna sus pinturas. “Por cómo fuimos desplazados y por tanto sufrimiento al mover y cargar nuestras pertenencias, quería expresar algo que me perturbaba: que dejamos nuestros hogares y lugares seguros, obligados a huir y dispersarnos”, explicó. Así, sus lienzos no buscan solo la belleza estética, sino preservar una memoria colectiva y documentar la violencia cotidiana.

Economía, infraestructura y cifras que pesan

El contexto en el que emergen estas obras es devastador. Un informe conjunto de Naciones Unidas y la Unión Europea estimó que la reconstrucción de Gaza costaría más de 70.000 millones de dólares y podría tardar una década en realizarse (ONU). En el mismo documento se señaló que la economía de Gaza se ha contraído alrededor de un 84% y que más de 371.000 unidades de vivienda han sido destruidas. Además, más de la mitad de los hospitales son no funcionales y casi todas las escuelas están dañadas o destruidas, afectando a una población de más de dos millones de personas.

Estas cifras, que aparecen en informes internacionales, colocan el trabajo de los artistas jóvenes en una dimensión política y social: sus pinturas son evidencia visual de lo que las estadísticas describen en números fríos. En palabras del historiador del arte y activista cultural Rami Khalili, «cuando las instituciones fallan en preservar la verdad, el arte se convierte en archivo vivo».

Arte al aire libre: visibilidad en tiempos de limitada movilidad

Mostrar las obras en la calle responde también a la realidad logística y a una intención simbólica. Al no tener acceso a galerías protegidas o a espacios culturales estables, los artistas han llevado su trabajo a plazas, explanadas y fachadas. Esto permite que la comunidad participe, que los niños jueguen mientras adultos conversan y lloran frente a un cuadro que refleja su propia historia.

Además, la exhibición pública funciona como una estrategia de visibilización internacional. El recuerdo de imágenes potentes —una paloma atravesada por un agujero de bala, por ejemplo— tiene mayor capacidad de viralizarse y de poner en el discurso global la experiencia palestina más allá de titulares políticos y de las cifras de víctimas.

¿Qué comunica el arte sobre la guerra?

Las obras en Bureij no sólo hablan de destrucción; también contienen trazos de resistencia, humor y anhelos cotidianos. Algunos cuadros muestran mercados reconstruidos en la imaginación, cenas compartidas que nunca ocurrieron y retratos de familiares separados por líneas invisibles. Este repertorio temático recuerda cómo, históricamente, el arte en zonas de conflicto ha cumplido funciones múltiples: denuncia, memoria, terapia y, muchas veces, proyectos de futuro.

Un dato histórico: durante la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, la obra de artistas como Otto Dix y Wilfred Owen (en literatura) funcionó como crónica visual y verbal de las trincheras —un testimonio que luego influyó en la memoria colectiva europea. De forma análoga, las pinturas de Gaza pueden ser fuente primaria para futuros análisis socioculturales sobre el conflicto actual.

El dilema de la representación: quién cuenta y cómo

Hay un debate legítimo sobre quién tiene derecho a narrar una guerra y si las imágenes pueden simplificar o instrumentalizar el sufrimiento. Sin embargo, estas exposiciones impulsadas por la propia comunidad evitan la exotización externa: son narrativas autodefinidas, en primera persona. Al organizarse sin intermediarios, los artistas mantienen control sobre el mensaje y evitan la mercantilización inmediata de su obra —al menos en el corto plazo—.

“No queremos que otros hablen por nosotros”, dijo una participante del taller al describir la muestra en Bureij. “Queremos que nuestras voces se escuchen con nuestros colores y nuestras manos”.

Arte y reconstrucción: ¿puede la cultura ser parte de la recuperación?

Las labores de reconstrucción materiales serán inmensas, pero la recuperación social y psicológica exige intervenciones culturales. Estudios sobre posconflicto muestran que proyectos artísticos comunitarios facilitan la reintegración, reducen traumas colectivos y restauran autoestima y sentido de pertenencia. Por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud y Unesco han promovido programas culturales en contextos de emergencia para abordar la salud mental y el desarrollo comunitario (OMS, UNESCO).

Incorporar a artistas locales en planes de reconstrucción no solo aporta técnicas estéticas, sino memoria, sentido y cohesión social: murales en barrios reconstruidos, talleres escolares y espacios culturales temporales pueden transformar la experiencia del desplazamiento en procesos de recuperación más humanos.

El valor de pequeñas acciones

La exposición en Bureij es, a primera vista, una acción modesta. Pero su impacto es múltiple: documenta, sana, cuestiona y visibiliza. En contextos donde los canales oficiales de información pueden estar politizados o limitados, estos testimonios visuales se vuelven documentos necesarios para historiadores, periodistas y la comunidad internacional.

Como frases lapidarias que quedan de quienes participaron: “Pinté para no olvidar”; “Cada cuadro es un refugio”; “Si nadie escucha, que al menos mi pintura hable”. Esas declaraciones, simples pero contundentes, resumen la urgencia y la dignidad que impulsa a estos jóvenes artistas.

Cómo apoyar sin instrumentalizar

Si bien la solidaridad internacional es bienvenida, es crucial que el apoyo respete la autonomía creativa y las prioridades locales. Las organizaciones que deseen colaborar pueden:

  • Ofrecer materiales y formación sin condicionar contenidos.
  • Apoyar la creación de espacios culturales temporales y permanentes gestionados por la comunidad.
  • Facilitar plataformas de difusión que amplifiquen las voces locales, no las reemplazen.
  • Incluir a artistas y gestores culturales en las mesas de planificación de la reconstrucción.

La historia de Gaza y sus habitantes seguirá siendo escrita en múltiples lenguajes: político, humanitario, económico y —no menos importante— artístico. Las pinturas colgadas al sol en Bureij son una de esas voces, una que no pide permiso para narrar la verdad cotidiana de quienes habitan entre ruinas y esperanzas.

Nota sobre fuentes: Las cifras sobre reconstrucción y destrucción de infraestructura citadas en este artículo provienen del informe conjunto de la ONU y la Unión Europea sobre Gaza. Para información sobre programas culturales en contextos de emergencia se consultaron recursos públicos de la Organización Mundial de la Salud y la UNESCO.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press