Por qué Amin Gemayel cree que llegó la hora de retomar conversaciones con Israel
Un veterano de la política libanesa defiende negociar ahora: contexto histórico, obstáculos actuales y escenarios posibles para la paz
Amin Gemayel, ex presidente del Líbano y figura emblemática de la familia política que fundó el partido Falanges, ha vuelto a poner sobre la mesa una propuesta que muchos consideraban imposible apenas décadas atrás: retomar negociaciones directas con Israel. Desde su residencia en Bikfaya, Gemayel sostiene que las circunstancias regionales y las heridas internas tras los últimos episodios bélicos ofrecen una ventana de oportunidad para explorar acuerdos que reduzcan la violencia y garanticen la estabilidad. Sus reflexiones, que recogen recuerdos de negociaciones fallidas en los años ochenta y valoraciones sobre la realidad actual, son una invitación a repensar el tablero político en Beirut y más allá.
Un recuerdo de los años ochenta: una negociación que no llegó a concretarse
Gemayel fue investido presidente del Líbano en 1982, con apenas 40 años, en pleno apogeo de una guerra civil que duraría quince años y con el país parcialmente ocupado por fuerzas israelíes y sirias. En 1983, durante su mandato, se alcanzó un acuerdo —respaldado por la diplomacia estadounidense— que incluía el fin del estado de guerra entre Beirut y Tel Aviv, la retirada de tropas israelíes del sur del Líbano y el despliegue de fuerzas libanesas en esa región.
No obstante, el pacto no llegó a entrar en vigor. Como recordó Gemayel, aquel intento se vio saboteado por múltiples factores: la oposición de Siria y sus aliados en el Líbano, las condiciones impuestas por las partes y la complejidad del escenario interno. En sus propias palabras: “Israel, aunque habíamos terminado las negociaciones y llegado a la firma, intentó imponer un artículo fuera del marco: la retirada simultánea con el ejército sirio” (entrevista con Amin Gemayel, 2026). Esta exigencia permitió a Damasco ejercer una suerte de veto extraoficial sobre cualquier acuerdo, lo que minó la confianza y la aplicación efectiva del tratado.
El episodio de 1983 ilustra que no basta llegar a un acuerdo técnico: los equilibrios regionales y las alianzas internas determinan en la práctica su viabilidad.
¿Qué ha cambiado desde entonces?
Gemayel arguye que hoy existen factores nuevos que hacen plausible retomar conversaciones. Entre ellos:
- La configuración de actores armados: en los años ochenta Hezbolá estaba en sus inicios; hoy es una fuerza consolidada con capacidades militares y influencia política significativas. Sin embargo, Gemayel subraya que la organización ha sufrido retrocesos militares en los últimos años y que su cadena de aprovisionamiento se vio afectada por cambios en Siria.
- Rupturas y cambios en los patrones regionales: la normalización entre Israel y varios Estados árabes —conocida a partir de los Acuerdos de Abraham— y las conversaciones indirectas entre Damasco y Tel Aviv son señales de una reconfiguración diplomática que podría abrir espacios de negociación.
- El costo humano y económico del conflicto reciente: los enfrentamientos recientes entre Hezbolá e Israel han dejado miles de víctimas, desplazamientos masivos y daños infraestructurales. Gemayel argumenta que ese sufrimiento aumenta la presión pública para una solución que traiga calma.
Estas condiciones, según Gemayel, no garantizan el éxito, pero alteran el contexto político y militar suficiente como para intentar nuevamente un arreglo que limite la violencia sostenida en la frontera sur del Líbano.
¿Paz completa o armisticio táctico?
El ex presidente propone que, ante la complejidad del momento, Beirut y su dirigencia podrían comenzar por acuerdos limitados: un armisticio o un acuerdo de seguridad que reduzca las hostilidades y permita reconstrucción y retorno de desplazados. Gemayel cita como antecedente útil el armisticio de 1949 entre Israel y sus vecinos, que aunque imperfecto aportó décadas de relativa calma en algunos tramos fronterizos (Britannica, 1949).
El presidente libanés en funciones, según declaraciones públicas, busca un tratado similar: “no la normalización total”, sino un arreglo que asegure la retirada y la seguridad del territorio libanés. Esa fórmula, en opinión de Gemayel, tiene mayor probabilidad de aceptación en un Líbano profundamente dividido, donde la oposición a la normalización con Israel se expresa con fuerza, especialmente por Hezbolá y sus aliados.
Obstáculos internos: Hezbolá y la fragmentación política
El mayor escollo interno para cualquier negociación lo representa Hezbolá. La organización, respaldada por Irán, se opone a conversaciones directas y prefiere coordinarse con Teherán en su relación con Estados Unidos y otros actores. Además, Hezbolá mantiene un arsenal no subordinado completamente al Estado libanés, lo que complica la formulación de una política de seguridad nacional homogénea.
Gemayel es explícito: apoya el desarme de Hezbolá en favor de un monopolio de la fuerza por parte del Estado. Sin embargo, reconoce que eso es una meta de largo plazo y que cualquier plan debe tomar en cuenta las realidades de poder sobre el terreno. El desafío consiste en diseñar incentivos y garantías que permitan a Hezbolá, y a sus bases sociales, aceptar compromisos sin perder legitimidad interna.
Presiones externas y la geopolítica
El Líbano no es una isla política: las decisiones de Damasco, Jerusalén, Teherán y Washington influyen directamente. En los años ochenta, la presencia militar siria fue decisiva para bloquear el acuerdo de 1983; hoy, la política siria y las relaciones entre Teherán y Washington, así como los nuevos enlaces entre países árabes e Israel, redefinen incentivos y riesgos.
Para Gemayel, un factor alentador es que ciertos vecinos han mostrado una mayor disposición a vincular intereses pragmáticos con consideraciones de seguridad colectiva. No obstante, también advierte que una escalada entre Irán e Israel o un deterioro mayor en Siria podría volver a cerrar cualquier posibilidad de diálogo.
¿Qué podría ganar el Líbano?
Un acuerdo, aun limitado, ofrecería beneficios tangibles:
- Reducción de la violencia en el sur y protección de civiles frente a bombardeos e invasiones.
- Posibilidad de retiro de fuerzas extranjeras y control efectivo del territorio por parte del Estado.
- Condiciones para la reconstrucción económica y el retorno de desplazados: según estimaciones previas a recientes combates, la guerra y la inestabilidad han costado miles de millones en pérdidas económicas y provocado desplazamientos masivos.
- Un marco legal que permita gestionar incidentes fronterizos sin recurrir a respuestas militares inmediatas.
No obstante, Gemayel subraya que cualquier negociación debe preservar la unidad del Líbano y no convertirse en un instrumento de segmentación sectaria o pérdida de soberanía.
Escenarios posibles y recomendaciones estratégicas
Partiendo de la realidad política y militar, pueden concebirse tres escenarios principales:
- Acuerdo limitado de seguridad (armisticio prolongado): implicaría ceses de hostilidades, mecanismos de supervisión internacional y la retirada parcial de fuerzas. Es la opción más viable a corto plazo.
- Negociación amplia hacia la normalización: más ambiciosa, requeriría garantías internacionales, cesiones políticas internas y una hoja de ruta de desarme de grupos no estatales. Es políticamente difícil y puede llevar años.
- Estancamiento o escalada: si las partes no logran compromisos o si un choque regional reaviva apoyos militares, la violencia podría intensificarse y cerrar ventanas diplomáticas.
Para avanzar, Gemayel recomienda una estrategia en fases: comenzar por acuerdos técnicos y humanitarios, introducir observadores internacionales, ofrecer incentivos económicos para la rehabilitación del sur y diseñar garantías de seguridad que permitan al Líbano recuperar control efectivo sin humillar a actores internos. Subraya además la necesidad de comunicación transparente con la ciudadanía para mitigar reacciones adversas y evitar que los acuerdos se interpreten como traición o concesión unilateral.
Reflexión final: pragmatismo frente a la inercia histórica
La voz de Amin Gemayel recuerda que la historia del Líbano está llena de acuerdos truncos y de lecciones sobre cómo los equilibrios regionales pueden anular esfuerzos locales. Su llamado no promete soluciones inmediatas, pero sí urge a abandonar la inerme repetición del statu quo: más tarde o más temprano, la comunidad libanesa deberá decidir si prefiere una paz imperfecta o la perpetuación de ciclos de destrucción.
Como resumen de su postura: “Tenemos la oportunidad de negociar hasta donde se pueda, manteniendo los intereses y la unidad del país. Confiamos en que las autoridades saben hasta dónde pueden llegar” (Amin Gemayel, entrevista, 2026). Ese equilibrio entre ambición y cautela define el difícil arte de buscar la paz en un Líbano fragmentado y en una región en permanente reajuste.
Para el lector interesado en profundizar: una cronología básica sobre los intentos de paz entre Líbano e Israel y la evolución de actores como Hezbolá puede consultarse en fuentes históricas y análisis geopolíticos especializados, como los archivos del Encyclopaedia Britannica y reportes académicos sobre la guerra civil libanesa y las relaciones israelo-árabes.
