La moda de los “speedruns” a la Iglesia de la Cienciología: entre el humor viral y la tensión real
Cómo un reto de TikTok que mezcla disfraces, curiosidad y 'por qué no' se convirtió en un problema de seguridad y debate sobre límite entre broma y delito
En las aceras de Hollywood Boulevard, un fenómeno propio de la era de las redes sociales ha pasado de ser un clip entretenido a crear fricción con una institución religiosa y a encender la preocupación de autoridades locales. Jóvenes disfrazados, cámaras de teléfonos en mano y la consigna de “entrar, recorrer y salir” han dado forma a lo que algunos llaman “Scientology speedrunning”: vídeos virales que muestran a participantes invadiendo espacios vinculados a la Iglesia de la Cienciología para registrar su interior en tiempo récord.
¿Qué es un "speedrun" y cómo llegó a los edificios de la Cienciología?
El término “speedrun” proviene del argot de los videojuegos: describe la práctica de completar una misión, nivel o juego lo más rápido posible, a menudo explotando atajos o técnicas especiales. En TikTok y otras plataformas, la idea evolucionó hacia retos y pruebas cotidianas donde el objetivo es “completar” una acción absurda o transgresora en el menor tiempo. En este caso, el objetivo no es ganar una partida, sino entrar en un edificio, mapearlo visualmente y difundir la experiencia en minutos.
Este tipo de contenido se enmarca en lo que académicos y comentaristas llaman ‘brain rot’ o cultura del sinsentido: videos breves que priorizan la sorpresa, la ironía o la simple rareza por encima de un mensaje coherente. Para muchas personas jóvenes, el atractivo reside en la mezcla de riesgo, espectáculo y la posibilidad de viralidad instantánea.
Detrás de la broma: testimonios y consecuencias
Testigos presenciales describen escenas que parecen sacadas de una comedia: personajes disfrazados (desde referentes religiosos hasta figuras alienígenas o comida rápida) cruzando puertas y rodeados de risas mientras filman. Una vecina que grabó uno de estos eventos en Hollywood contó que sintió “una descarga de adrenalina” por ver en vivo lo que antes solo había visto en su feed. Otro joven comentó en el lugar que los participantes bromeaban sobre encontrar a celebridades famosas vinculadas a la institución.
Pero la gracia en redes ha tenido efectos reales. La institución afectada reaccionó aumentando medidas de seguridad —incluida la remoción de pomos exteriores de puertas— y afirmando que un empleado resultó lesionado durante uno de los incidentes. La policía local ha intervenido en múltiples ocasiones y, en al menos un episodio, la investigación se condujo como posible delito de odio, dada la naturaleza religiosa del objetivo.
La Iglesia calificó las intrusiones como "intrusión, acoso y perturbación de instalaciones religiosas" y declaró que sus espacios están destinados a la atención de fieles y público. Para los responsables del lugar, lo que para unos es un meme, para ellos es un ataque a un espacio de culto.
Generaciones, redes y significados: ¿por qué lo hacen?
Responder por completo a la pregunta "¿por qué lo hacen?" es difícil. Muchas tendencias virales actuales no poseen una motivación ideológica clara; funcionan por imitación, humor colectivo y la búsqueda de atención. Un comentarista en uno de los videos resumió la respuesta simple que aparece con frecuencia: “porque es divertido”.
Investigadores de cultura digital señalan que las generaciones más jóvenes (Gen Z y Alpha) participan en prácticas que parecen nihilistas o incongruentes para audiencias mayores, pero que poseen lógica interna: creación de comunidad, afirmación identitaria a través del inside joke y la recompensa social de los likes y replicaciones. En ese sentido, este tipo de retos encaja con dinámicas ya observadas en otras modas virales (flashmobs, ‘pranks’ colectivos, tours no oficiales a lugares simbólicos).
Riesgos legales y éticos
Invadir propiedades privadas o religiosas para filmar acarrea riesgos legales como cargos por allanamiento, acoso, daños o, en casos concretos, investigación por delitos motivados por prejuicio. Además, hay riesgos físicos: confrontaciones con personal de seguridad, lesiones durante empujones o en la huida, y potenciales repercusiones para participantes menores de edad.
Desde una perspectiva ética, la tensión se centra en la frontera entre el derecho a la broma y el respeto a espacios de culto y a la seguridad de terceros. Incluso cuando el objetivo no fue agredir, la experiencia de trabajadores y fieles puede ser de amenaza y vulnerabilidad. El debate incluye también la responsabilidad de las plataformas que amplifican el comportamiento y la de los creadores que fomentan imitaciones.
Impacto en imagen y seguridad
Más allá del episodio puntual, estos videos contribuyen a un relato público sobre la institución atacada: por un lado, pueden reforzar estereotipos o curiosidad mediática; por otro, obligan a la organización a redoblar medidas de seguridad, lo que a su vez alimenta la narrativa de secretismo o tensión.
La remoción de pomos exteriores, por ejemplo, es una reacción práctica a un riesgo inminente, pero también dota a las imágenes virales de estética: puertas sin manijas, cámaras de seguridad visibles y personal movilizándose son elementos que se comparten y dramatizan online.
¿Qué pueden hacer las autoridades, las plataformas y los ciudadanos?
- Respuestas policiales proporcionadas: las fuerzas del orden pueden y deben intervenir cuando hay allanamiento, daño o riesgo para las personas. Sin embargo, la respuesta requiere equilibrio para no criminalizar en exceso a menores ni transformar cada viral en un caso penal desproporcionado.
- Políticas de plataforma: TikTok y otras redes han ido adaptando normas para moderar retos peligrosos. La prevención puede incluir la detección y eliminación de contenidos que inciten a violar la ley o que muestren instrucciones para actos delictivos.
- Educación digital: iniciativas que expliquen a jóvenes las consecuencias legales y humanas de sus actos virales pueden reducir la repetición. Promover la creatividad responsable es clave.
Contexto: la viralidad y su escala
Para entender por qué una idea se propaga tan rápido conviene recordar que TikTok reportó más de 1.000 millones de usuarios activos mensuales en 2021, lo que crea un caldo de cultivo para que piezas breves y replicables se difundan a gran velocidad (TikTok Newsroom). En ese ecosistema, un video de pocos segundos puede acumular millones de visualizaciones en horas, incentivando imitadores.
Además, la historia de la Cienciología y su relación con la fama ayuda a explicar el interés público. Fundada por L. Ron Hubbard a mediados del siglo XX, su libro Dianetics (1950) es considerado el texto fundacional de la doctrina; desde entonces la iglesia ha atraído a varias celebridades y ha sido objeto de polémicas públicas, documentales y críticas, lo que la convierte en un blanco tentador para actos performativos y de confrontación mediática (Britannica: Scientology).
Reflexión final: ¿broma o problema social?
Lo ocurrido en Hollywood Boulevard revela la complejidad de las interacciones entre cultura digital y vida real. Un meme puede ser inofensivo, pero cuando se cruza la línea hacia invasión, riesgo o daño, las instituciones y la comunidad deben reaccionar. Es tarea compartida: plataformas para moderar, autoridades para proteger y comunidades para educar. Y, por supuesto, los creadores y espectadores también tienen responsabilidad: detrás de cada clip viral hay personas reales afectadas.
Si algo queda claro, es que la esterilla entre humor y delito puede volverse delgada en la era del contenido instantáneo. Antes de sujetar el teléfono y salir a buscar la próxima gran toma, siempre conviene preguntarse: ¿esto es realmente inocente, o estamos alimentando problemas que luego otros pagarán?
