Eurovisión 70: brillo, controversia y el pulso de un festival que sigue reinventándose
Del himno pop a la política en el escenario: lo que debes saber sobre la edición de Viena y por qué el certamen sigue importando
Eurovisión cumple 70 años y lo hace entre lentejuelas, grandes producciones y una sombra política que vuelve a poner el festival en el centro del debate internacional. Del 12 al 16 de mayo Viena será la sede donde 35 países competirán por la corona musical europea, en una edición que promete espectáculos visuales, sorpresas musicales y, como en ocasiones anteriores, protestas y ausencias que recuerdan que la música rara vez está separada de la política.
¿Qué es Eurovisión y por qué importa?
Creado en 1956 como un experimento técnico para transmitir programas en directo entre emisoras públicas y, al mismo tiempo, como un proyecto para fomentar la unidad tras la Segunda Guerra Mundial, el Eurovision Song Contest evolucionó hasta convertirse en un fenómeno cultural masivo. De siete participantes en sus orígenes ha pasado a albergar décadas de diversidad musical, incorporando a naciones más allá de la geografía estricta de Europa —como Israel y Australia— y, con ello, ampliando su alcance y simbolismo.
El festival mezcla folclore, pop, teatro y una dosis inevitable de espectáculo. Ha lanzado carreras globales —ABBA tras ganar en 1974 con Waterloo es el ejemplo más icónico— y ha dado espacio a figuras tan diversas como Celine Dion (que representó a Suiza en 1988), Conchita Wurst (Austria, 2014), Måneskin (Italia, 2021) o Kalush Orchestra (Ucrania, 2022).
La dimensión mediática del certamen es imponente: organizadores y estadísticas oficiales indican que la edición anterior atrajo alrededor de 166 millones de espectadores globales y que fans de más de 75 países compraron entradas para las galas en la ciudad anfitriona. Para consultar cifras y comunicados oficiales puedes revisar la web de la European Broadcasting Union: https://www.ebu.ch/.
Brillo escénico y variedad musical
Si esperas ver solo números de pop ligero, te llevarás una sorpresa. En los últimos años Eurovisión ha mostrado una gama amplia de estilos: desde el popera y las baladas orquestales hasta el rock, el rap o la electrónica con raíces folclóricas. Como apunta Paul Jordan —conocido por muchos como "Dr. Eurovision"—, el certamen ha dejado atrás el estereotipo del "sonido Eurovisión": “Hay tal diversidad que ya no existe un único sonido eurovisivo”, comenta, subrayando que la competición alberga hoy propuestas muy distintas en texturas y estéticas.
Para 2026 los favoritos de las casas de apuestas y de los analistas incluyen a Finlandia con Liekinheitin (“Flamethrower”), una propuesta intensa que mezcla violín y un ritmo muy contundente; a la joven francesa Monroe con su balada pop-opera Regarde!; y a Dinamarca con Før Vi Går Hjem, una pieza seductora y sensual. También destacan Grecia con su fiesta rap Ferto y Australia, que envía a una artista de renombre, Delta Goodrem, con la canción Eclipse.
Además, siempre hay guiños llamativos que alimentan el interés global: este año la pequeña delegación de San Marino incorpora a una estrella de los años 80, Boy George, como aparición especial en un tema festivo, lo que ilustra cómo Eurovisión combina nombres nuevos con iconos del pasado para maximizar el impacto mediático.
Cómo funciona la competición: reglas y votación
Cada país participante presenta una canción original de hasta tres minutos, interpretada en directo. Tras dos semifinales se seleccionan 25 finalistas que competirán en la gala final. La transmisión corre a cargo de las emisoras nacionales de cada país participante; en Estados Unidos, por ejemplo, el certamen se puede ver por la plataforma Peacock y en algunos territorios por el canal oficial de Eurovisión en YouTube.
El sistema de votación combina el criterio de jurados profesionales nacionales y el televoto del público. Los espectadores pueden votar por teléfono o mensaje, salvo que se trate de votaciones para el propio país; los votos desde países no participantes suelen poder efectuarse online mediante plataformas habilitadas por los organizadores.
Tras episodios de presuntas manipulaciones de voto en ediciones pasadas, la European Broadcasting Union ha endurecido controles: limitó el número de votos por pago (reduciéndolos a 10 por transacción) y reforzó mecanismos para detectar patrones sospechosos o coordinados. Este tipo de medidas buscan garantizar la transparencia y la confianza en el resultado.
Política en el escenario: ausencias y protestas
Aunque su lema oficial sea "United by Music", Eurovisión nunca ha estado exento de tensiones políticas. La expulsión de Rusia en 2022 tras la invasión de Ucrania marcó un precedente. En ediciones recientes las manifestaciones pro-palestinas y las críticas a la participación de Israel han provocado boicots y salidas polémicas: en 2026, varios países —entre ellos Islandia, Irlanda, Países Bajos, Eslovenia y España— anunciaron su retirada en protesta por la participación de Israel. Estas ausencias tienen un doble efecto: afectan la imagen de unidad que proclama el festival y, de manera práctica, reducen el número de delegaciones y, potencialmente, audiencia en determinados mercados.
Las renuncias también golpean financieramente a la competición, sobre todo cuando afectan a alguno de los contribuyentes más importantes. Sin embargo, Eurovisión intenta mantener su calendario y su formato, incluso explorando nuevas fronteras: la organización ha puesto en marcha iniciativas para llevar el formato a otras regiones, como la primera edición de Eurovisión Asia programada para celebrarse en Bangkok.
Retos y futuro: ¿puede Eurovisión sobrevivir a sus propias contradicciones?
El certamen afronta varios desafíos contemporáneos: la competencia por la atención en la era del streaming, la reducción de presupuestos de algunas radiodifusoras públicas y la creciente politización de eventos culturales. Pese a eso, expertos y comentaristas aseguran que Eurovisión conserva elementos que lo hacen resiliente: es una cita televisiva tradicional para muchos —la llamada "noche del sábado" donde familias y amistades se congregan— y sigue siendo una máquina de generar hits y revivir artistas.
Paul Jordan resume bien el espíritu persistente del festival: “A los 70 años Eurovisión forma parte de nuestra cultura europea; aún crea hits y genera conversación”, sentencia. Esa capacidad de generar conversación es, quizá, su mayor activo: incluso cuando divide, Eurovisión obliga a miles de personas a debatir sobre música, identidad y política, y a mirar el espectáculo con la mezcla de ironía y pasión que lo caracteriza.
Consejos para seguir Eurovisión desde casa
- Planifica las fechas: semifinals el 12 y 14 de mayo; gran final el 16 de mayo.
- Si no estás en un país participante, consulta www.esc.vote para opciones de voto internacional y sigue el canal oficial de Eurovisión en YouTube para clips y contenidos.
- No te fíes solo de las casas de apuestas: muchas canciones crecen en el directo y la puesta en escena puede convertir un favorito en un ganador inesperado.
- Busca playlists previas en plataformas de streaming: escuchar las canciones antes ayuda a formarse una opinión y disfrutar más del directo.
Nota final: Eurovisión 70 llega como una mezcla de fiesta y espejo: mientras celebra diversidad musical y teatralidad, también refleja tensiones geopolíticas que atraviesan al Viejo Continente. Será la musicología, el directo y, por supuesto, el público quien, una vez más, escriba la historia del festival.
