Evelio Menjívar-Ayala: un obispo nacido en El Salvador que redefine la pastoral en un estado poco diverso
De refugiado a pastor en West Virginia: cómo su experiencia con la migración y la defensa de los inmigrantes puede marcar la iglesia local
La designación del reverendo Evelio Menjívar-Ayala como nuevo obispo de la Diócesis de Wheeling-Charleston supone mucho más que un relevo administrativo: trae consigo la historia personal de un hombre que huyó de la guerra civil salvadoreña, vivió la experiencia de la entrada irregular a Estados Unidos y forjó su ministerio en la capital nacional, donde la población católica latina es numerosa. Su llegada a West Virginia, un estado de características socioeconómicas y demográficas muy distintas, abre interrogantes y oportunidades sobre la manera en que la Iglesia católica atiende la migración, la ruralidad y la pobreza en territorios poco diversos.
Un pasado que informa su ministerio
Menjívar-Ayala, nacido en El Salvador y refugiado adolescente durante los años ochenta, contó en diversas intervenciones públicas que cruzó a Estados Unidos en 1990 y que, pese a haberlo hecho por vías irregulares, obtuvo protección humanitaria a las pocas semanas y luego un visado por motivos religiosos; tiempo después se nacionalizó estadounidense. Esa trayectoria vital —de desplazamiento, vulnerabilidad y eventual integración— ha sido un eje en su voz pública: ha sostenido que la experiencia de la migración le conecta de modo íntimo con quienes hoy son objeto de redadas, detenciones o políticas migratorias restrictivas.
Su visión pastoral se resume en frases sencillas y contundentes que ha pronunciado al asumir responsabilidades: “Tengo mucho que aprender, pero mi corazón está listo y abierto” y “Quiero escuchar a los pobres, a los que están en los márgenes de la Iglesia y de la sociedad: a los trabajadores, a los inmigrantes” (palabras pronunciadas en su discurso de toma de posesión y en artículos publicados en medios eclesiales). Al citar el Evangelio, recuerda que “como dice Mateo 25, la forma en que tratamos a los más pequeños es como tratamos a Jesús”, idea que articula su compromiso con la justicia social y la pastoral de la frontera humana.
Un contexto demográfico y pastoral desafiante
La Diócesis de Wheeling-Charleston cubre todo West Virginia, estado caracterizado por una homogeneidad racial y una baja presencia latina: según datos del Censo de Estados Unidos, alrededor del 92.6% de los 1.77 millones de residentes se identifican como blancos, mientras que la población latina es aproximadamente del 2.4% (U.S. Census Bureau, QuickFacts, datos recientes). Ese panorama contrasta con la realidad ministerial de Menjívar-Ayala en la Arquidiócesis de Washington, donde más del 40% de los fieles son latinos. Pasar de ese entorno urbano y plural a una diócesis más rural y menos diversa supone retos pastorales evidentes: lenguaje, liturgia, expectativas culturales y servicios sociales distintos.
Además, West Virginia es uno de los estados con mayores índices de pobreza y problemas estructurales ligados al declive industrial, la salud pública y la migración interna. El nuevo obispo asume la responsabilidad de una grey de aproximadamente 61,000 católicos repartidos en unas 92 parroquias, muchas de ellas pequeñas y con recursos limitados. Su misión implicará ajustar prioridades: sostener comunidades rurales, acompañar familias afectadas por la precariedad económica y mantener la red de parroquias ante la disminución de recursos humanos y financieros que sufre la Iglesia en amplias zonas de Estados Unidos.
La inmigración como frontera pastoral y política
Menjívar-Ayala se ha destacado por su defensa de migrantes y comunidades latinas. Durante su ministerio en el área de Washington ha denunciado públicamente operaciones migratorias agresivas y ha pedido un trato humano para quienes buscan refugio o mejores condiciones de vida. En un artículo para el Catholic Standard distinguió entre la legítima potestad de un Estado para administrar sus fronteras y las formas que, en su opinión, carecen de proporcionalidad o vulneran la dignidad humana, calificando ciertas estrategias gubernamentales como de “campañas de ‘shock and awe’” que agravan la inseguridad en las comunidades migrantes (Catholic Standard, artículo firmado por Evelio Menjívar-Ayala, 2024/2025).
Este perfil, a la vez religioso y comprometido con la defensa social, plantea tensiones y oportunidades en un Estado donde las conversaciones sobre inmigración no ocupan el centro del debate público. Por un lado, su nombramiento puede ayudar a visibilizar las preocupaciones de migrantes latinos que ya residen en la región o que transitan por ella; por otro, supondrá el reto de comunicar ese mensaje en una comunidad mayoritariamente blanca y donde la experiencia migratoria es minoritaria. Su habilidad para construir puentes —subrayada por el obispo saliente— será crucial: debe mostrar que su ministerio no es solo para un grupo, sino para “toda la gente” de la diócesis.
El sacerdocio extranjero y la crisis de vocaciones
La necesidad de clérigos nacidos fuera de Estados Unidos es un fenómeno creciente. Desde hace décadas la tasa de ordenaciones sacerdotales en EE. UU. ha disminuido; informes del Center for Applied Research in the Apostolate (CARA) señalan una tendencia a la baja en las vocaciones nacionales, y muchos obispos han recurrido a sacerdotes latinoamericanos, africanos y asiáticos para cubrir parroquias, especialmente en zonas rurales y en pequeñas comunidades. Ese fenómeno explica en parte la movilidad de pastores como Menjívar-Ayala, cuya experiencia ministerial en centros urbanos será puesta al servicio de una diócesis con otras necesidades.
El aporte de sacerdotes y obispos de origen latinoamericano ha transformado la Iglesia católica estadounidense en múltiples dimensiones: litúrgicamente (introducción de devociones, músicas y prácticas pastorales), socialmente (fortalecimiento de ministerios migrantes y de apoyo a familias) y políticamente (voces críticas frente a políticas que afectan a los débiles). Menjívar-Ayala encarna esa dinámica: su liderazgo podría revitalizar la atención a trabajadores migrantes, personas sin hogar, comunidades hispanas emergentes y programas de integración cultural y lingüística.
Expectativas y posibles líneas de trabajo
- Pastoral de inclusión: impulsar ministerios que atiendan a inmigrantes, trabajadores temporales y familias rurales, garantizando acceso a la liturgia en español y servicios sociales básicos.
- Diálogo comunitario: promover encuentros entre parroquias urbanas y rurales para compartir recursos, experiencias y proyectos de caridad, reduciendo el aislamiento de comunidades pequeñas.
- Formación de laicos: fortalecer la formación de agentes de pastoral laical para suplir la escasez de sacerdotes y fomentar liderazgos locales.
- Incidencia pública: conservar el carácter profético de la Iglesia en materia de derechos humanos y dignidad de migrantes, articulando sus declaraciones con programas concretos de acompañamiento.
- Colaboración interinstitucional: trabajar con organizaciones civiles, universidades y agencias estatales para abordar problemas de pobreza, salud mental y acceso a servicios en zonas remotas.
Un liderazgo que exige escucha y humildad
El reto principal para Menjívar-Ayala no será solo llevar su experiencia de la ciudad capital a la región montañosa de West Virginia, sino hacerlo con una actitud de humildad y escucha que ya anunció públicamente. Sus palabras sobre querer aprender y escuchar a “los pobres y a los que están en los márgenes” (discurso público, 2025) apuntan a una estrategia pastoral centrada en la proximidad. Esa postura puede suavizar resistencias y demostrar que la defensa de migrantes es coherente con una misión más amplia: acompañar a los vulnerables del lugar, sea cual sea su origen.
Históricamente, la Iglesia en Estados Unidos ha vivido momentos de tensión cuando pastores foráneos llegan a diócesis con culturas distintas; sin embargo, también ha experimentado renovaciones espirituales cuando esos líderes han sabido adaptarse y dialogar. La capacidad de Menjívar-Ayala para tender puentes —entre latinos y blancos, entre urbanos y rurales, entre inmigración y pobreza estructural— será determinante para que su episcopado deje una huella duradera en una de las diócesis más singulares del país.
Notas y recursos citados
- Datos demográficos de West Virginia: U.S. Census Bureau, QuickFacts (consulta pública de estadísticas poblacionales).
- Artículo y declaraciones de Evelio Menjívar-Ayala sobre medidas migratorias: Catholic Standard (medio oficial de la Arquidiócesis de Washington), pieza firmada por el propio Menjívar-Ayala.
- Informes sobre la disminución de ordenaciones sacerdotales y la dependencia de clérigos extranjeros: Center for Applied Research in the Apostolate (CARA), reportes anuales sobre estadísticas del clero en EE. UU.
La llegada de un obispo con raíces migrantes a una diócesis tan distinta como la de Wheeling-Charleston es, en sí misma, una invitación a repensar cómo la Iglesia responde a las desigualdades contemporáneas: no solo como institución religiosa, sino como actor social que acompaña a las personas en su dignidad. Menjívar-Ayala enfrenta una encrucijada histórica y pastoral: la opción por los marginados que proclama debe transformarse en praxis real en las montañas y valles de West Virginia si quiere que su mensaje cale y permanezca.
