Volver a la Tierra: el auge de los entierros verdes y la reducción orgánica natural
Por qué cada vez más personas eligen que su cuerpo contribuya a la vida y al clima en lugar de consumir recursos y energía
Cuando Moira Cathleen Delaney decidió que, tras su muerte, quería convertirse en tierra, lo hizo desde el amor por su jardín, los pájaros y el bosque. Su familia esparció parte de sus restos bajo el árbol favorito del patio y entregó pequeñas porciones en frascos a parientes y amigos para que los conservaran o usaran para plantar. Para Delaney, dijo su hijo Marcos Moliné, “era reconfortante poder regresar a la tierra y que su último acto físico contribuyera al proceso vital”.
Por qué cambian las actitudes ante la disposición del cuerpo
En los últimos años ha crecido el interés por opciones de disposición corporal más sostenibles. La investigación encargada por la National Funeral Directors Association indica que muchas personas se preocupan por el impacto ambiental de prácticas convencionales como la embalsamación, la cremación con fuego y los entierros en ataúdes y bóvedas. Algunas razones comunes son:
- La huella de carbono y el uso de energía en la cremación tradicional.
- El uso de productos químicos como el formaldehído en el embalsamamiento, que preocupa a quienes trabajan en funerarias.
- El consumo de recursos para fabricar ataúdes, bóvedas y el mantenimiento de cementerios convencionales.
- El deseo de reposar en la naturaleza o de devolver nutrientes al suelo.
“Cómo morimos sí tiene un impacto sustancial, no solo en las personas y comunidades, sino también en la Tierra”, afirma el psicoterapeuta y docente Mark Shelvock, coautor de un estudio sobre prácticas de muerte verde en Canadá.
Comparativa rápida: prácticas convencionales y su impacto
- Embalming (embalsamamiento): implica introducir conservantes (entre ellos formaldehído) para retrasar la descomposición. La Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. (EPA) ha señalado que el formaldehído representa un riesgo para la salud ocupacional; aunque la posibilidad de contaminación de suelo y aguas sea baja, existe preocupación entre trabajadores funerarios.
- Cremación con fuego: es la opción más popular en EE. UU., elegida por alrededor de dos tercios de los dolientes según la Cremation Association of North America. Esta asociación estima que la energía consumida en una cremación típica equivale a la electricidad necesaria para una casa de unos 186 m² durante una semana.
- Ataúdes, bóvedas y cementerios convencionales: requieren madera, metal o concreto; la producción de cemento, por ejemplo, se asocia a aproximadamente el 8% de las emisiones globales de CO2 (cifra global ampliamente citada por expertos en construcción y cambios climáticos).
Además, el mantenimiento de cementerios —corte de césped, riego, fertilizantes— añade costes ambientales continuos. Samuel Perry, director ejecutivo del Green Burial Council, describe muchos cementerios tradicionales como “muy parecidos a un campo de golf” debido a su gestión intensiva.
Entierros naturales y conservación: devolver terreno a la vida
Los cementerios de conservación combinan entierros naturales con protección de terrenos. Un ejemplo destacado es Prairie Creek Conservation Cemetery en Florida, donde las tumbas se excavan a mano y se permite el uso únicamente de ataúdes o sudarios biodegradables; no se aceptan cuerpos embalsamados ni bóvedas. El objetivo es que el cuerpo se descomponga de forma natural y que el lugar contribuya a la biodiversidad y captura de carbono.
El Green Burial Council estima que un entierro verde puede secuestrar alrededor de 11,34 kilos (25 libras) de carbono por entierro, y expertos señalan además que la conservación del terreno (restauración de hábitats, plantación de especies nativas, quema prescrita) multiplica el beneficio ecológico. Elena Slominski, investigadora en métodos ecológicos de disposición, sostiene que una conservación bien gestionada “es, técnicamente, un sumidero de carbono”.
La reducción orgánica natural (terramación o "human composting")
Una de las alternativas que más atención ha recibido es la reducción orgánica natural —conocida también como terramación o human composting— que transforma el cuerpo en suelo usable mediante procesos de descomposición acelerada. Empresas como Earth Funeral recogen el cuerpo y lo colocan en un contenedor sellado con materiales orgánicos (astillas de madera, paja, flores) durante 30 a 45 días. Microorganismos descomponen los tejidos y generan calor (alrededor de 55 °C o más), suficiente para eliminar patógenos comunes, y al final el resultado es una mezcla de tierra rica en nutrientes.
Tom Harries, cofundador y CEO de Earth Funeral, explica que “fundamentalmente usamos la ciencia y la tecnología para acelerar un proceso completamente natural”, y que emplean energía renovable para minimizar la huella de carbono del proceso. Parte del suelo resultante puede ser devuelto a familiares en bolsas o donado a proyectos de conservación y reforestación.
En Estados Unidos, la legalidad de la terramación ha avanzado: al menos 14 estados permiten esta práctica y más de una decena han introducido proyectos de ley para regularla, según cifras proporcionadas por empresas del sector.
Hidrólisis alcalina ("cremación con agua")
Otra opción que reduce la energía usada por la cremación tradicional es la hidrólisis alcalina, conocida también como cremación por agua. En instalaciones como Be a Tree, el cuerpo se introduce en una solución de agua y hidróxido de potasio (aproximadamente 95% agua y 5% alcalino) y se calienta a cerca de 93 °C durante unas 18 horas. El proceso disuelve los tejidos blandos; los restos óseos se secan y pulverizan, y el líquido residual puede destinarse como fertilizante o, en algunos casos, vertido conforme a normas locales.
Las empresas del sector sostienen que la hidrólisis alcalina utiliza hasta un 90% menos de energía que la cremación tradicional con fuego, lo que la convierte en una alternativa interesante para quienes buscan reducir el impacto energético.
Cuestiones éticas, culturales y prácticas
Las alternativas verdes no están exentas de retos y críticas. Entre los problemas más señalados figuran:
- Disponibilidad y regulación: la legalidad varía ampliamente, por lo que no siempre hay acceso local a estas opciones.
- Percepción pública: para muchas personas las ideas sobre el cuerpo y la dignidad continúan condicionadas por prácticas tradicionales.
- Espacio: algunos críticos argumentan que los entierros de conservación ocupan espacio y no son viables en áreas urbanas densas.
- Coste y logística: aunque algunas prácticas son comparables en coste a funerales convencionales, otras pueden ser más caras según ubicación y servicios asociados.
Samuel Perry, del Green Burial Council, reconoce que una sola decisión individual no transformará el impacto ambiental, pero apunta al efecto acumulativo: “Se trata de cambiar industrias. Si la industria hace mejor las cosas, el impacto será mayor”.
Lazos personales y significado: más allá del impacto climático
Para muchas familias la elección no es solo técnica o ecológica, sino profundamente simbólica. Scott King, que enterró a su madre y a su hermano en un cementerio de conservación, dijo: “A través de la muerte, la vida engendra vida. A ella le gustaba la idea de que en su paso pueda ayudar a dar vida a otra cosa”. Ese sentido de continuidad —de volver al ciclo natural— es a menudo la principal motivación, aunque el beneficio climático sea un argumento contundente adicional.
Cómo informarse y tomar una decisión
Si estás considerando opciones verdes, estos pasos pueden ayudarte:
- Infórmate sobre la legalidad y servicios disponibles en tu región.
- Consulta asociaciones como el Green Burial Council para estándares y certificaciones.
- Pregunta a funerarias y proveedores sobre prácticas específicas, costos y destinos del material resultante (por ejemplo, si el suelo se dona a conservación).
- Si te preocupa la embalsamación, considera exponer tus deseos por escrito en una directiva anticipada o testamento biomédico.
En definitiva, el cambio cultural hacia prácticas funerarias más verdes combina preocupaciones medioambientales, científicas y un renovado deseo de que la despedida sea coherente con valores personales. Para muchos, volver a la tierra no es solo una opción técnica: es la culminación de una vida dedicada al cuidado del entorno.
Fuentes y datos citados: Green Burial Council; Cremation Association of North America; Earth Funeral (información sobre estado legal de la reducción orgánica natural); Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. (EPA) sobre riesgos del formaldehído; estimaciones públicas sobre emisiones de CO2 del cemento y el papel del concreto en las emisiones globales).
