La libreta en tiempos de crisis: cómo el sistema de racionamiento cubano llegó a casi no alimentar

Cuando los estantes de las bodegas se vacían, millones dependen de una ayuda que ya no alcanza: historia, impacto y caminos posibles

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“No un cubano puede sobrevivir realmente con los productos de la libreta hoy.” Esa frase, pronunciada por José Luis Amate López, trabajador de una bodega en el centro de La Habana, resume con crudeza la realidad que enfrentan miles de familias en la isla: la libreta de abastecimiento, esa pieza central del sistema social cubano desde los años 60, llega a 2026 convertida en una sombra de lo que fue. Los anaqueles que en la infancia de Amate López estaban repletos hoy aparecen casi vacíos, con sólo arroz, azúcar y garbanzos partidos como oferta disponible para quienes dependen de las tiendas estatales.

De la creación de la libreta a su decadencia

La libreta de racionamiento —conocida popularmente como “la libreta”— fue establecida por la revolución liderada por Fidel Castro a principios de la década de 1960 como un mecanismo para garantizar una canasta básica a toda la población en un contexto de alineamiento económico con la Unión Soviética y redistribución de recursos. Durante décadas la libreta ofreció cantidades fijas y subsidiadas de alimentos y productos esenciales: leche, arroz, carne, jabón y, en muchos casos, hasta tabaco.

Sin embargo, la historia demuestra que el sistema no es inmutable. Durante el llamado “Período Especial” de los años 90, después del colapso de la Unión Soviética, la escasez alcanzó niveles severos: el régimen de racionamiento se estrechó y la dieta promedio se empobreció perceptiblemente. Muchas familias perdieron peso y la malnutrición aumentó temporalmente en la población. Aquel choque estructural fue un primer aviso de que la libreta, por sí sola, no podría compensar la ausencia de divisas y la interrupción de flujos comerciales imprescindibles para importar alimentos.

Un sistema sobrecargado: factores que llevaron a la situación actual

Hoy la libreta enfrenta una combinación letal de factores:

  • Crisis económica y falta de divisas: Cuba importa hasta un alto porcentaje de los alimentos que consume. La caída en ingresos por turismo, las limitaciones para acceder a financiamiento internacional y el impacto de sanciones económicas han reducido la capacidad estatal para comprar alimentos en el exterior.
  • Inflación y reforma monetaria mal gestionada: La unificación monetaria de 2021, junto con la persistente impresión de moneda para financiar gasto público, llevó a presiones inflacionarias que erosionaron el poder adquisitivo y encarecieron las alternativas privadas.
  • Desigualdad en acceso a divisas: Muchos productos básicos se ofrecen cada vez más en monedas fuertes (dólares, euros), lo que deja a quienes cobran en pesos cubanos sin alternativas reales.
  • Dependencia de remesas: Un porcentaje significativo de hogares depende hoy de transferencias desde el exterior para completar su canasta básica. Donaciones familiares y remesas se han vuelto el amortiguador de una crisis que el sistema estatal ya no logra solventar por sí solo.

Cómo afecta esto la vida cotidiana

Las consecuencias son palpables en la mesa y en la salud de millones. Personas mayores que antes recibían pequeñas “celebraciones” en especie ahora ven su ración reducida a sardinas, jabón y papel higiénico; jóvenes que cumplen 15 años reciben una fracción de lo que antes significaba la fiesta tradicional. Ana Enamorado, de 68 años, cuenta que en abril sólo consiguió garbanzos partidos y un kilo de azúcar en su bodega asignada, con un ingreso mensual combinado que apenas roza los 8 000 pesos cubanos (aprox. $16 según el tipo de cambio informal): “Casi vivimos de aire”, dice.

Los precios en mercados privados han escalado dramáticamente: un cartón de 30 huevos puede costar muchos miles de pesos, y cortes de carne o productos procesados resultan inaccesibles para quien no recibe remesas. Lázaro Cuesta, que trabaja en preparación de alimentos y gana un salario estatal, describe cómo el pan ha disminuido en peso y calidad mientras su precio ha subido.

La libreta como indicador del Estado del bienestar

Más allá de la comida, la libreta funciona como indicador simbólico del alcance del Estado de bienestar: cuando la oferta de bienes subsidiados se reduce, la legitimidad del pacto social que garantizaba educación, salud y consumo básico se tensiona. Académicos que siguen la política cubana advierten que cualquier ajuste fiscal que busque reducir gasto pública sin una sólida red de protección social alternativa provocará un impacto social profundo.

William LeoGrande, experto en temas cubanos, ha señalado que las autoridades enfrentan el dilema de equilibrar sus finanzas sin recortar la inversión en sectores prioritarios como salud y educación. En ese contexto, la idea de cambiar de subsidiar directamente productos a subsidiar personas (transferencias focalizadas) ha ganado espacio en discusiones técnicas, aunque su implementación es compleja en un país con baja disponibilidad de divisas.

Remesas y mercado informal: paliativos que amplían brechas

Hoy, aproximadamente una parte significativa de los hogares cubanos recibe remesas, que funcionan como una válvula de alivio crucial. Para quienes no cuentan con ese ingreso extra, las opciones son limitadas: hacer filas por productos estatales escasos, recurrir a mercados informales o reducir drásticamente la cantidad y calidad de las comidas.

El resultado es una mayor segmentación socioeconómica: quienes reciben dinero del exterior pueden comprar carne, huevos o vegetales importados, mientras otros reducen su dieta a arroz, harinas y legumbres de menor calidad nutricional. Este fenómeno no sólo es una preocupación económica, sino de salud pública: dietas empobrecidas aumentan riesgos de deficiencias nutricionales, sobrepeso y enfermedades crónicas asociadas a alimentos ultra procesados cuando están disponibles.

¿Qué alternativas existen? Reflexiones y caminos posibles

Frente al deterioro de la libreta, las opciones viables pasan por medidas de corto, mediano y largo plazo:

  1. Protección focalizada: Diseñar transferencias condicionadas o universales temporales para los hogares más vulnerables podría ser más eficiente que intentar reconstituir un paquete de bienes que el Estado ya no puede importar masivamente.
  2. Impulsar la producción nacional: Reducir la dependencia de importaciones mediante inversiones en agricultura local, diversificación de cultivos y apoyos técnicos a productores pequeños y cooperativas.
  3. Mejor gestión macroeconómica: Controlar la emisión monetaria, estabilizar el tipo de cambio y mejorar la recaudación fiscal son pasos necesarios para recuperar la capacidad de compra del Estado sin asfixiar los servicios sociales.
  4. Transparencia y participación: Involucrar a comunidades y organizaciones locales en la reconfiguración de los sistemas de abastecimiento ayudaría a priorizar necesidades reales y reducir pérdidas por mal manejo logístico.

Un sistema en transformación: ¿muerte o metamorfosis?

Algunos comentaristas y ciudadanos bromean con que la libreta está “lista para ser enterrada”; sin embargo, más que una muerte, lo que se observa es una metamorfosis forzada: el subsidio estatal tradicional ya no es sostenible en su forma clásica y la sociedad cubana se adapta con soluciones mixtas —mercados privados, remesas y redes solidarias— que redefinen la relación entre el Estado y los hogares.

El desafío político y económico consiste en gestionar esa transición sin agravar la vulnerabilidad de quienes menos tienen. Si la isla quiere preservar los logros sociales por los que su sistema ha sido históricamente reconocido, tendrá que combinar reformas macroeconómicas con medidas focalizadas de protección social y una apuesta real por la soberanía alimentaria.

“Antes la bodega estaba tan llena que apenas podías andar —recuerda Amate López—; hoy es un cuarto vacío con carteles polvorientos y congeladores que sólo sirven para enfriar mi botella de agua.” Esa imagen resume la urgencia de una discusión nacional sobre cómo garantizar, en pleno siglo XXI, el derecho a la alimentación en un país que alguna vez lo hizo pilar central de su proyecto social.

Fuentes consultadas: declaraciones recogidas en entrevistas con residentes habaneros; análisis de expertos en política cubana y datos oficiales sobre importaciones alimentarias y remesas. Para lecturas históricas sobre el Período Especial y sus efectos, ver reportajes y análisis de medios especializados y archivos históricos sobre la economía cubana.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press