Entre ruinas y refugio: cómo una visita a las Termas de Caracalla ofreció un respiro a familias palestinas
Una jornada de ocio y reparación emocional en Roma para niños y familiares evacuados desde Gaza a través de corredores humanitarios
Roma — En un escenario que combina la magnificencia del Imperio romano con la fragilidad de las historias personales contemporáneas, alrededor de cincuenta refugiados palestinos —muchos de ellos niños que llegaron a Italia por razones médicas— vivieron una jornada de normalidad interrumpida en las Termas de Caracalla. Lo que para millones de turistas es una postal del pasado, ese día fue para esas familias un espacio de encuentro, juego y, sobre todo, respiro.
Un día fuera de la batalla
Las Termas de Caracalla, situadas no lejos del Coliseo, han sido durante siglos sinónimo de ocio, higiene y sociabilidad en la Roma antigua; sus enormes salas, piscinas y mosaicos evocados hoy por las piedras siguen marcando un contraste dramático con los recuerdos de bombardeos y desplazamientos recientes que acompañan a quienes huyeron de Gaza. Las iniciativas locales de acogida organizaron un recorrido guiado por el complejo arqueológico, juegos y una merienda para los niños, objetivo último: ofrecer una pausa humana y, si es posible, una sensación de seguridad temporal.
Testimonios que no piden protagonista
“Trajimos familias con niños para que experimentaran la visita a un sitio arqueológico antiguo. También les ofrecimos un refrigerio, algunos juegos y momentos de interacción social y convivencia”, explicó Luisa delle Fratte, guía del grupo organizador. La frase sintetiza el propósito: no sólo mostrar monumentos, sino activar mecanismos sencillos de apoyo emocional.
Ahmed, de 13 años, posó en las fotografías con la timidez propia de quien intenta recomponer palabras después del trauma. Contó que había sufrido heridas que le afectaron el habla y la movilidad, y que durante la guerra perdió a su padre y a su hermano. Aun así, en la explanada de las termas, sus ojos se abrieron a la curiosidad y al asombro ante la escala de las ruinas y las fuentes remodeladas.
La ciudad que acoge
Las familias que participaron en la salida se encuentran ya residiendo en Roma, tras haber sido evacuadas por corredores humanitarios establecidos por Italia para pacientes y sus acompañantes. Muchas de estas personas han sufrido desplazamientos múltiples: una mujer entrevistada, Mariam, relató haber sido desplazada más de diez veces antes de llegar a suelo italiano. Para familias como la suya, un día entre césped, sol de primavera y arcos milenarios representa una breve pero valiosa recuperación de lo cotidiano.
¿Qué son los corredores humanitarios?
Los denominados corredores humanitarios son mecanismos de evacuación y recepción que varios países han activado para trasladar a personas en situaciones de vulnerabilidad desde zonas de conflicto hacia territorios seguros, ofreciendo atención médica, alojamiento temporal y seguimiento social. En el caso que nos ocupa, Italia habilitó rutas destinadas a pacientes de Gaza que requerían cuidados especializados no disponibles en la franja. Estas iniciativas suelen implicar coordinación con organizaciones no gubernamentales, hospitales y autoridades migratorias.
El valor simbólico de las termas
Las Termas de Caracalla no son sólo piedras y piscinas: son un territorio simbólico donde conviven capas de historia. Construidas en el siglo II d.C. bajo el imperio de Marco Aurelio Antonino, conocido como Caracalla, estas termas llegaron a albergar a miles de romanos en sus diversos ambientes —frigidarium, tepidarium, caldarium— combinando función y ostentación. Visitar ese lugar ya no implica sólo contemplar el pasado: permite a los presentes reconocerse como parte de una continuidad urbana que, pese a todo, acoge. (Fuente histórica: Encyclopaedia Britannica, https://www.britannica.com/topic/Baths-of-Caracalla)
Intervenciones locales y cooperación civil
La excursión fue organizada por una red local llamada Guides for Gaza, constituida por guías turísticos voluntarios que emergieron en regiones como Umbría y Toscana y que se han expandido a ciudades como Nápoles y Roma. Su labor consiste en utilizar el patrimonio cultural como herramienta terapéutica y de integración: ofrecer recorridos adaptados, actividades lúdicas y un espacio donde las familias puedan conversar, recordar y volver a reconocerse fuera del marco del conflicto.
Durante la jornada también se recaudaron donaciones a favor de organizaciones que trabajan en la protección infantil y en proyectos sanitarios vinculados a Gaza. Ese tipo de colaboración entre entidades locales y ONGs internacionales es clave para sostener la atención continua que requieren las familias evacuadas, muchas de ellas con personas que aún necesitan tratamiento médico prolongado.
El impacto psicológico de la normalidad
La psicología de la resiliencia sugiere que las actividades que reactivan rutinas —juego, contacto social, exploración cultural— ayudan a reducir síntomas de estrés postraumático en niños y adultos. Aunque una salida de un día no borra el sufrimiento, constituye un elemento reparador. Un estudio publicado por la Organización Mundial de la Salud indica que el apoyo psicosocial temprano y las intervenciones comunitarias aumentan la probabilidad de recuperación funcional tras situaciones de conflicto (OMS, 2020).
“Fue muy bonito verlos abrazarse y reencontrarse”, comentó ancora delle Fratte al describir cómo algunas familias ya se conocían de Gaza pero no se habían vuelto a ver desde la evacuación. Esos encuentros, en un contexto seguro, facilitan la reconstrucción de redes sociales básicas, imprescindibles cuando las estructuras familiares y comunitarias han sido quebradas.
Entre lo urgente y lo duradero: retos de la acogida
Si bien las evacuaciones médicas salvan vidas al permitir tratamientos no disponibles localmente, crean a su vez una serie de necesidades a mediano y largo plazo: alojamiento digno, educación para los niños, continuidad de tratamientos, y sobre todo, procesos de integración social que no reduzcan a las personas a pacientes o números estadísticos.
Los sistemas locales de salud y los servicios sociales afrontan presiones notables. Según datos de diversas agencias humanitarias, la demanda de atención psicológica para desplazados aumenta considerablemente tras crisis prolongadas. Esto pone de manifiesto la importancia de combinar la asistencia médica con programas de inclusión social, formación y acceso a la educación para niños en edad escolar.
Patrimonio como puente
La jornada en las Termas de Caracalla muestra además el potencial del patrimonio cultural como puente entre comunidades: turistas italianos y locales compartieron el mismo espacio con las familias palestinas, que participaron en las visitas, se tomaron fotos frente a las ruinas y observaron el nuevo espejo de agua instalado en el complejo. Estas experiencias, aparentemente sencillas, ayudan a desmontar estigmas y generar empatía cotidiana.
Conclusión reflexiva
En tiempos donde las noticias globales destacan por su dureza, relatos como el de ese domingo en Caracalla recuerdan que la atención humanitaria es también la capacidad de devolver pequeños fragmentos de normalidad a quienes la han perdido. La historia de las termas, sitio de baños y conversación, se reescribió por un día como espacio de respiro y encuentro para quienes huyen de la guerra. Si la política y la geopolítica van trazando rutas y acuerdos, son las iniciativas locales, las guías voluntarias y los gestos cotidianos los que muchas veces devuelven el rostro humano a la asistencia.
Nota: la información sobre las termas proviene de fuentes históricas y de la propia narración de las guías y participantes en la visita. Para una lectura histórica detallada sobre las Termas de Caracalla puede consultarse Encyclopaedia Britannica: https://www.britannica.com/topic/Baths-of-Caracalla
