Nieve en mayo: cuando la primavera vuelve a vestirse de invierno en las Montañas Rocosas

Una ola de mal tiempo sorprende a Colorado y Wyoming: antecedentes históricos, efectos locales y qué esperar en un clima cada vez más extremo

Mientras muchas ciudades celebran la llegada de la primavera con tulipanes y jardines, comunidades enteras en Colorado y Wyoming desempolvan las palas de nieve. Un sistema de baja presión avanzado traerá lluvia que se transformará en nieve en el área de Denver a partir de la noche del martes, con acumulaciones que podrían alcanzar hasta 20 centímetros en la ciudad y hasta 30 centímetros en zonas de mayor altitud, según el Servicio Meteorológico Nacional.

¿Por qué nieve en mayo?

Que nieve en mayo en las Montañas Rocosas y las Grandes Llanuras no es inaudito, aunque sí inusual para muchas personas que asocian la primavera con temperaturas más templadas. Denver, por ejemplo, suele registrar su última nevada alrededor del 28 de abril, pero episodios en mayo han ocurrido con frecuencia a lo largo de la historia climática de la región. La ciudad tuvo 1,2 centímetros de nieve el 21 de mayo de 2022 y, históricamente, ha registrado al menos cinco tormentas de mayo con más de 25 centímetros. El mayor registro fue en 1893, cuando cayeron 39,3 centímetros, según los archivos climatológicos locales.

La tormenta: características y riesgos

Los meteorólogos describen la presente tormenta como de nieve pesada y húmeda, un tipo de precipitación particularmente peligroso para árboles y líneas eléctricas. Kenley Bonner, meteorólogo del Servicio Meteorológico en Denver, advirtió que “toda esa nieve pesada y húmeda puede partir ramas y provocar cortes de energía”. Ante esa posibilidad, las compañías de servicios están tomando precauciones: Xcel Energy colocó a 165 empleados en disponibilidad para responder emergencias en todo el estado.

Además, tras la precipitación se espera un descenso rápido de temperaturas que podría provocar una helada amplia durante la noche siguiente, lo que incrementa riesgos para la agricultura temprana y jardines —cultivos y plantas que ya habían iniciado su ciclo primaveral pueden sufrir daños por escarcha.

Impacto en infraestructura y preparativos

La nieve tardía genera una variedad de efectos sobre la infraestructura urbana y rural:

  • Transporte: carreteras resbaladizas, mayor probabilidad de accidentes y cancelaciones o retrasos en vuelos y eventos deportivos.
  • Servicios eléctricos: ramas caídas que dañan líneas y transformadores; por eso las empresas energéticas movilizan cuadrillas adicionales.
  • Agricultura y jardinería: cultivos emergentes, huertos y floraciones tempranas corren riesgo por heladas y acumulación de nieve húmeda.

Para minimizar daños, las autoridades locales recomiendan: asegurarse de tener un kit de emergencia en casa (linternas, baterías, agua y alimentos no perecederos), retirar o asegurar objetos livianos del exterior y evitar viajes innecesarios mientras persistan las alertas meteorológicas.

Contexto: sequía y la ilusión de ‘solución’

La llegada de la nieve puede parecer una buena noticia en regiones que han enfrentado sequías persistentes, pero los expertos advierten que una sola tormenta no resuelve déficits hídricos acumulados. En Colorado, abril fue más cálido y seco de lo normal: Denver registró aproximadamente una pulgada (2,5 centímetros) menos de lluvia y 2,8 pulgadas (7 centímetros) menos de nieve que su promedio histórico para el mes. Un informe del National Drought Mitigation Center indicó que precipitaciones recientes ayudaron a mejorar la humedad superficial del suelo y redujeron parte de la demanda de riego, pero no cambiaron una perspectiva de agua “en su mayoría sombría” de cara al verano.

En términos prácticos, la mayor parte del agua que realmente recarga embalses y acuíferos proviene de la acumulación de nieve de invierno en alta montaña que se derrite gradualmente; una nevada tardía, por sí sola, raramente alcanza para mitigar déficits prolongados.

Patrones climáticos y variabilidad: ¿qué papel juega el cambio climático?

Es natural preguntarse si eventos como esta nevada tardía están vinculados al cambio climático. La respuesta es matizada: el calentamiento global no significa un fin de las nevadas o inviernos fríos; más bien altera la distribución temporal y espacial de eventos extremos.

Por un lado, temperaturas medias más altas favorecen lluvias en vez de nieve en muchas latitudes y elevaciones marginales. Por otro, la atmósfera más cálida puede retener más humedad, lo que alimenta tormentas más intensas cuando las condiciones sí favorecen precipitación. En consecuencia, regiones como las Montañas Rocosas pueden experimentar una mayor variabilidad climática: inviernos con menos nieve acumulada en promedio, pero episodios aislados de intensa precipitación en forma de lluvia o nieve.

Un estudio publicado en la revista Nature y otros trabajos científicos han observado que la probabilidad de precipitaciones extremas ha aumentado en muchas zonas del mundo en las últimas décadas, en parte por el aumento del contenido de vapor de agua atmosférico debido al calentamiento (fuente: IPCC, informes de evaluación).

Historia local: mayo no es invencible

La memoria climática de Denver muestra que mayo puede entregar sorpresas. La ciudad tuvo su registro más reciente de nevadas de dos dígitos el 25-26 de mayo de 1950, con 27 centímetros. El registro más tardío de la temporada con una ligera nevada ocurrió el 2 de junio de 1951. Estos episodios recuerdan que, aun con tendencias de calentamiento, los patrones sinóticos (posiciones de sistemas de alta y baja presión) pueden favorecer incursiones frías hasta bien entrada la primavera.

Qué pueden esperar residentes y visitantes

Si te encuentras en el corredor de las Montañas Rocosas o en las Grandes Llanuras altas durante este episodio, considera lo siguiente:

  1. Revisa avisos locales del Servicio Meteorológico Nacional y de transporte para conocer cierres y recomendaciones.
  2. Si dependes de dispositivos médicos eléctricos, verifica planes de respaldo en caso de cortes de energía.
  3. Evita podas o trabajos en altura bajo ramas cargadas de nieve; la caída inesperada de ramas húmedas es peligrosa.
  4. Conduce con precaución y equipa tu vehículo para condiciones invernales: neumáticos adecuados, mantas y agua.

Reflexión final: vivir con la incertidumbre climática

Esta nevada tardía subraya dos realidades: la variabilidad natural del clima regional y la complejidad añadida por el cambio climático. Para comunidades y autoridades, la respuesta más eficaz combina preparación a corto plazo (planes de respuesta, mantenimiento de infraestructura) con políticas a largo plazo que fortalezcan la resiliencia hídrica: gestión de cuencas, conservación del suelo, modernización de redes eléctricas y planificación urbana que considere eventos extremos más frecuentes.

Como dijo un meteorólogo local citado en varios informes, “no es que el invierno haya regresado por venganza, sino que la atmósfera todavía puede producir sus sorpresas cuando se alinean las condiciones”. Aprender a anticipar y adaptarse a esas sorpresas será clave para reducir impactos y recuperar normalidad tras cada tormenta.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press