El misterio tras las banderas: cómo la flota europea sigue pescando atún en el Océano Índico

Reflagging, opacidad corporativa y el dilema de conservación en torno al atún tropical

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La pesca de atún en el Océano Índico se ha convertido en un ejemplo nítido de cómo prácticas legales pero opacas complican la gestión sostenible de recursos marinos. Un reciente informe conjunto de la organización Blue Marine Foundation y la firma de investigaciones Kroll revela que empresas europeas han capturado aproximadamente un tercio del atún tropical en esa región, pese a las medidas de recorte de cuotas adoptadas por la Unión Europea y por la Comisión del Atún del Océano Índico (IOTC).

Una flota que se viste de otros países

El fenómeno central es el reflagging: registrar buques bajo la bandera de otro país para acceder a distintas cuotas y regulaciones. Según la investigación, barcos de cerco (purse seiners) y buques de suministro vinculados a empresas europeas han sido inscritos bajo banderas de naciones como Seychelles, Mauricio, Kenia, Tanzania y Omán para ampliar su acceso de pesca. Esto ha permitido que la flota de propiedad europea opere con más de 50 barcos de cerco y embarcaciones de apoyo en el Océano Índico, aumentando su captura de atunes tropicales —skipjack, yellowfin y bigeye— aún cuando algunas poblaciones, como la yellowfin y la bigeye, estuvieron severamente sobreexplotadas y requieren recuperación.

¿Por qué importa la bandera?

La bandera de un barco determina, entre otras cosas, la jurisdicción y las cuotas que le son aplicables, así como el grado de control y vigilancia a los que está sujeto. El registro en una bandera distinta puede ofrecer ventajas administrativas o económicas: menores tasas, menos exigencias de supervisión o regímenes de cumplimiento más laxos. Estos llamados "flags of convenience" (banderas de conveniencia) no son ilegales per se, pero complican la trazabilidad de la propiedad real y limitan la capacidad de los organismos regionales y de los estados costeros para evaluar el impacto real de ciertas flotas sobre las poblaciones marinas.

Opacidad empresarial y estructuras societarias

La investigación de Blue Marine y Kroll detalló cómo la propiedad real de los buques suele ocultarse tras capas de sociedades pantalla y registros en jurisdicciones extranjeras. La consecuencia es doble: por un lado, las estadísticas oficiales sobre cuántas toneladas extrae cada flota o país se ven distorsionadas; por otro, la fiscalización y la aplicación de sanciones por pesca ilegal o incumplimientos resultan mucho más difíciles.

Medidas de gestión y reacciones

Frente a la crisis de algunas especies, la IOTC y los países miembro han ido incorporando límites y medidas de conservación. Por ejemplo, en años recientes se acordaron reducciones de captura para la yellowfin —la Unión Europea aceptó una reducción de 21% para sus buques— y otras reglas que buscan proteger a la bigeye y reducir la presión pesquera. Sin embargo, esas restricciones aplican de forma distinta según la bandera del buque, y ahí es donde la estrategia de reflagging muestra su eficacia para esquivar límites aparentes.

Activistas y científicos advierten que las medidas de gestión pueden quedar neutralizadas si no existe transparencia sobre la verdadera titularidad y beneficiarios económicos de las flotas. Como señala Glen Holmes, oficial senior de Pew Charitable Trusts, "los límites de captura pueden estar empujando a empresas a buscar cuotas bajo otras banderas" (Pew Charitable Trusts, comunicación pública sobre pesca y gobernanza).

Impacto ecológico y necesidad de transparencia

Las poblaciones de atún tropical desempeñan un rol ecológico y económico crítico: sostienen industrias locales, procesamiento (canneries) y empleos, además de ser una fuente alimentaria global. Pero cuando la presión extractiva supera la capacidad de recuperación de especies como la yellowfin y la bigeye, las consecuencias ecologicas y socioeconómicas son severas. Estudios científicos sobre túnidos pelágicos muestran que la recuperación de especies sobreexplotadas puede tardar décadas si la pesca no se regula de forma efectiva y coordinada (ver: Indian Ocean Tuna Commission, publicaciones técnicas).

Organizaciones como Oceana han denunciado que la práctica de registrar barcos en terceros países es habitual entre empresas europeas. En un informe de enero, Oceana encontró que flotas europeas registradas en banderas no comunitarias aumentan la dificultad de supervisión y recomendó que los países de la UE publiquen de forma obligatoria los datos de titularidad real de sus buques.

Economía, desarrollo local y argumentos de la industria

La industria europea, representada por agrupaciones como Europeche Tuna Group, defiende las prácticas señalando inversiones a largo plazo en países del Océano Índico: pago de licencias, impuestos, inversión en infraestructuras portuarias y plantas de procesamiento, y la creación de empleos locales. Según declaraciones públicas de voces sectoriales, estas relaciones comerciales han aportado beneficios económicos a las naciones costeras.

No obstante, estos argumentos no disipan la preocupación sobre si esos beneficios compensan la pérdida de soberanía sobre las cuotas pesqueras y el riesgo de sobreexplotación. Además, el reparto de los beneficios y la transparencia en los acuerdos con empresas extranjeras suelen ser objeto de debate y escrutinio en los países receptores.

Historia: de la introducción del cerco a la expansión global

La pesca con redes de cerco (purse seine) fue introducida en el Océano Índico por compañías españolas y francesas en los años ochenta. Estas embarcaciones, que pueden rodear cardúmenes enteros con redes gigantescas, transformaron la capacidad de captura anual: un solo buque moderno puede almacenar miles de toneladas. El nombre proviene de la forma de bolsa que adquiere la red al cerrarse por la parte inferior, como un "bolso" que aprieta la pesca.

Desde entonces, la tecnología y la logística (buques de aprovisionamiento, sistemas de congelación y cadena de suministro global) han permitido que la industria escale rápidamente, pero también han aumentado la presión sobre los recursos marinos si las medidas de conservación no mantienen el ritmo de la expansión.

Qué puede cambiar: propuestas y soluciones

  1. Transparencia de propiedad: imponer la obligación de declarar y publicar la titularidad económica real de los buques, incluidos beneficiarios finales. Esto ayudaría a identificar cuándo empresas de un área se apropian de cuotas mediante banderas de conveniencia (recomendación apoyada por organizaciones como Oceana).
  2. Cooperación regional reforzada: la IOTC y los estados costeros deben coordinar registros, sanciones y auditorías para evitar arbitrajes regulatorios donde un buque cambia de bandera para eludir límites.
  3. Condicionalidad en acuerdos: los acuerdos de acceso deben incluir cláusulas de sostenibilidad y transparencia, además de mecanismos vinculantes de monitoreo y reparto de beneficios para las comunidades locales.
  4. Trazabilidad en la cadena de suministro: exigir sistemas de seguimiento que conecten la captura con el producto final (desde el barco hasta la lata o el mercado), de modo que los consumidores y reguladores puedan identificar la procedencia real del pescado.

Un llamado a la responsabilidad compartida

El caso del atún en el Océano Índico evidencia que la sostenibilidad pesquera no es solo una cuestión científica o técnica: es política, económica y ética. Cuando la propiedad de los medios de explotación se oculta, las normas que pretenden recuperar y proteger poblaciones vulnerables se debilitan. La solución requiere voluntad política, reforma regulatoria y presión de la sociedad civil y del mercado para que la pesca responsable no se quede en buenas intenciones sino que se refleje en prácticas verificables.

Como sintetiza Vanya Vulperhorst, directora de la campaña contra la pesca ilegal en Europa para Oceana, "mostrar quiénes son los verdaderos propietarios del sector pesquero europeo es esencial para aplicar la ley y revelar la dimensión real de la flota" (Oceana, informe público, enero).

Si no se adoptan medidas robustas de transparencia y control, la pesca de atún continuará siendo un juego de sombras: grandes redes, enormes barcos y banderas que cambian, mientras la cuenta real —la salud de los océanos y el bienestar de las comunidades costeras— sigue subiendo el interés.

Fuentes y lecturas recomendadas:

Este artículo fue redactado con información de Associated Press