Crisis alimentaria en Sudán: cómo la guerra en Medio Oriente desmorona la siembra y pone en riesgo a millones
El aumento de precios del combustible y los fertilizantes, combinado con la guerra civil interna, podría transformar una temporada de siembra en una catástrofe humanitaria.
En los campos resecos de Omdurmán y las extensas llanuras de Gedaref y Gezira, agricultores como Omer al‑Hassan intentan recomponer lo que la guerra civil de 2023 les arrebató: su tierra, su esperanza y su capacidad de producir alimentos. Sin embargo, en 2026 un nuevo factor externo está empujando a esas familias al borde del colapso: el conflicto en el Medio Oriente —y sus efectos sobre rutas marítimas, precios internacionales de combustible y disponibilidad de fertilizantes— amenaza con abortar la temporada de siembra que comienza en pocas semanas.
Una cadena de efectos: del estrecho de Ormuz a la parcela
Sudán depende en gran medida de fertilizantes importados por vía marítima desde la región del Golfo. Cuando el paso estratégico del estrecho de Ormuz queda paralizado por tensiones o cuando embarcaciones evitan rutas inseguras, la llegada de insumos agrícolas se retrasa y encarece. Según testimonios recogidos en terreno, el precio de una bolsa de urea de 50 kg pasó de aproximadamente 11 dólares al mismo periodo del año anterior a cerca de 50 dólares —un aumento que, en palabras de Abdoun Berqawi (agricultor en Gezira), «pone en riesgo toda la campaña». Asimismo, el precio del combustible para tractores y bombas de riego se ha disparado: cifras locales estiman un incremento del orden del 30% en combustibles, y de 2,50 a 8 dólares por galón en algunas zonas para el gasoil de uso agrícola.
El resultado es directo y brutal: reducción de superficie sembrada, racionamiento de fertilizantes —cuando estos llegan— y sustitución por cultivos de menor rendimiento o de menor necesidad de insumos. Agricultores como Mohammed al‑Badri declaran que sólo pueden sembrar la mitad de su parcela; Merghany Omar advierte que la cebolla, cultivo clave en algunas regiones, ya no cubre los costos de plantación.
Contexto interno: una vulnerabilidad preexistente
La catástrofe no surge de la nada. Desde abril de 2023, el conflicto entre las fuerzas armadas de Sudán y la Fuerza de Apoyo Rápido (RSF) dejó cicatrices profundas: desplazamientos masivos, destrucción de infraestructura y disrupción del comercio interno. El Programa Mundial de Alimentos (PMA, o WFP por sus siglas en inglés) estimaba en 2025 que alrededor de 19 millones de personas en Sudán enfrentaban inseguridad alimentaria aguda, con múltiples zonas en riesgo de hambruna. Esa fragilidad estructural convierte a las oscilaciones externas —como el bloqueo parcial de rutas marítimas— en detonantes de crisis humanitarias más amplias.
La guerra interna también ha afectado la logística local: mercados y carreteras han sido dañados o patrullados por grupos armados, y en regiones remotas (Kordofan, Darfur, Blue Nile) la conectividad es insuficiente, lo que encarece aún más la llegada de insumos y asistencia humanitaria. Además, hay reportes de que actores en conflicto han bloqueado suministros de combustible en puntos críticos, generando escasez en mercados locales.
Impacto humano: más allá de las cifras
Las cifras ofrecen una foto escalofriante, pero la realidad cotidiana lo hace tangible. Melaku Yirga, vicepresidente regional de Mercy Corps, alertó sobre «una reacción en cadena peligrosa... en el peor momento» para los agricultores. Familias venden activos, reducen raciones y en casos extremos recurren a hojas o forraje animal para intentar subsistir. En palabras de Yirga: «Las madres se ven obligadas a tomar decisiones dolorosas sobre quién come». Estas decisiones no son aisladas: afectan nutrición infantil, escolaridad y la resiliencia económica a mediano plazo.
El aumento promedio en productos como vegetales y lácteos en zonas urbanas se sitúa en torno al 40% tras los incrementos del combustible, lo que golpea también a quienes ya no producen alimentos y dependen del mercado. Para una población encarecida por la depreciación de la moneda local y con acceso financiero limitado, el incremento de precios significa empujar a millones hacia la pobreza alimentaria extrema.
Logística humanitaria en tensión
La respuesta internacional se ve entorpecida por el propio problema que la origina. El PMA ha señalado que sus envíos con destino a Sudán deben recorrer rutas más largas —hasta 9.000 kilómetros adicionales en algunos casos— para evitar zonas de riesgo y corredores navales amenazados, lo que incrementa costos y tiempos. Además, en el extremo sur del Mar Rojo, el estrecho de Bab el‑Mandeb ha sido escenario de amenazas y ataques que obligan a desviar navíos. Henrik Hansen, jefe de transporte del PMA, ha advertido que evadir estas rutas incrementa significativamente el costo logístico y retrasa la llegada de ayuda vital.
Consecuencias agrícolas: qué se siembra y qué se deja sin plantar
Los agricultores están realizando cálculos brutales: ¿compensa sembrar cultivos que requieren fertilizantes caros y combustibles para riego, o es preferible plantar variedades menos exigentes? Muchos optan por sorgho, mijo y sésamo —cultivos que toleran condiciones más secas y requieren menos insumos— o directamente reducen la superficie de cultivos comerciales como maíz o cebolla. Esa reconfiguración de la oferta interna puede aliviar presiones a corto plazo, pero reduce la producción total y la disponibilidad de alimentos básicos en el mediano plazo.
Además, los préstamos bancarios que tomaron agricultores para financiar temporadas anteriores se vuelven una espada de Damocles: bajos rendimientos impiden el pago y, según testimonios, algunos prestatarios temen incluso sanciones penales por incumplimiento, en un contexto donde la justicia y la estabilidad institucional son frágiles.
Propuestas y vías de mitigación
- Intervención gubernamental dirigida: Subsidios temporales a fertilizantes y combustible para maquinaria agrícola podrían evitar la pérdida masiva de cosecha. Esto requiere transparencia y mecanismos que prioricen productores familiares.
- Rutas alternativas y corredores humanitarios seguros: A nivel internacional, la coordinación para asegurar corredores marítimos y reducir el costo logístico de la ayuda es esencial. Las agencias internacionales y estados con influencia deben negociar pasajes seguros para embarcaciones con insumos agrícolas y de emergencia.
- Fomento de prácticas agrícolas de bajo insumo: Promover semillas mejoradas para condiciones semiáridas, técnicas de conservación de suelo, agroforestería y fertilizantes orgánicos locales puede aportar resiliencia. Proyectos de capacitación a pequeños productores son una inversión de alto impacto.
- Apoyo financiero flexible: Programas de microcrédito con períodos de gracia y esquemas de seguro climático agrícola pueden evitar la pérdida de activos familiares y reducir decisiones desesperadas como el abandono de tierras.
- Asistencia alimentaria preventiva: Escalar transferencias en efectivo y distribución de alimentos en comunidades vulnerables antes de la cosecha evita que la desnutrición infantil y la pérdida de capital humano se profundicen.
Responsabilidad global en un mundo interconectado
La crisis que vive Sudán ilustra con crudeza cómo los conflictos regionales y las interrupciones en cadenas globales inciden en la vida de agricultores remotos. No se trata sólo de geopolítica lejana: la clausura parcial de un estrecho marítimo o el aumento del riesgo para un corredor comercial pueden traducirse en bolsas de urea inaccesibles y raciones reducidas en hogares sudaneses.
Los datos y testimonios en terreno son contundentes: sin un paquete de medidas coordinadas —tanto nacionales como internacionales— la combinación de guerra civil, precios disparados y retrasos logísticos puede llevar a una erosión irreversible de la capacidad productiva del país. En el pasado reciente, Sudán ya sufrió hambrunas relacionadas con conflictos y sequías; repetir esos episodios sería una tragedia evitable si la comunidad internacional y las autoridades locales actúan con rapidez y enfoque.
En la parcela donde Omer al‑Hassan arrancaba cebollas, la escena es a la vez humilde y simbólica: manos que remontan la tierra, campesinos que cuentan céntimos y rezos por una temporada que promete ser la más difícil desde que el conflicto interno comenzó. Si no hay intervención coordinada, lo que está en juego no es sólo la cosecha de este año, sino la seguridad alimentaria de toda una nación.
Fuentes citadas: informe del Programa Mundial de Alimentos (WFP) sobre inseguridad alimentaria en Sudán (https://www.wfp.org), testimonios de agricultores recogidos por corresponsales en terreno y reportes de organizaciones humanitarias como Mercy Corps y Action Against Hunger sobre la escasez y el impacto en comunidades rurales. Para contexto histórico sobre el conflicto interno y sus efectos, ver análisis de organismos internacionales y medios especializados publicados desde 2023 en adelante.
