Cuando el silencio pesa: 30 exjugadores de Ohio State se unen a la demanda por abuso sexual

Decenas de atletas rompen décadas de silencio para exigir responsabilidad por los abusos del médico del equipo

Durante años el prestigio deportivo y la imagen de una de las universidades más reconocidas de Estados Unidos ocultaron una historia dolorosa que ahora vuelve a cobrar fuerza: treinta exjugadores de fútbol americano de Ohio State, entre ellos varios que pasaron por la NFL, han aceptado incorporarse como demandantes a una demanda federal que acusa a la universidad de no haber detenido los abusos sexuales cometidos por el médico del equipo, Richard Strauss, entre 1978 y 1998.

Romper el silencio: motivos y consecuencias

El abogado Rocky Ratliff, que representa a varios de los demandantes, explicó que muchos de los hombres tardaron décadas en dar el paso por una razón clara: la vergüenza asociada a revelar que habían sido víctimas de abuso por parte de otro hombre y el temor de enfrentarse públicamente a una institución poderosa. "Están afligidos y todavía viven con ello", dijo Ratliff en declaraciones relacionadas con el caso. "Pero a medida que este proceso avanza, ven cómo Ohio State trata a los atletas y creo que quieren que la gente sepa que está bien, incluso si es abuso hombre a hombre, salir adelante".

De los treinta exjugadores que se sumaron, solo tres decidieron hacer pública su identidad: Al Washington, Ray Ellis y Keith Ferguson, todos miembros del equipo que jugó el Rose Bowl de 1980 y reclutados por el legendario entrenador Woody Hayes. Washington, quien llegó a la NFL en 1981 y recordó los exámenes "ilegales" que sufrió de joven, reconoció que le fue muy difícil hablar del tema y que ver el documental de 2025 que reunió testimonios de supervivientes reabrió heridas que había mantenido cerradas durante décadas.

Contexto histórico y judicial

Los hechos atribuidos a Richard Strauss han sido objeto de múltiples demandas desde 2018. Strauss, médico de la universidad durante veinte años, falleció en 2005; no obstante, los casos y las denuncias han continuado reclamando responsabilidades a la institución. En un esfuerzo por recomponer daños, la universidad ha informado que ha llegado a acuerdos con numerosos supervivientes: según registros del proceso, hasta el 15 de abril la institución había resuelto demandas con 317 supervivientes por un total superior a 61 millones de dólares y continúa participando activamente en mediaciones.

Además de las demandas públicas, algunos exjugadores alcanzaron acuerdos sellados que mantuvieron su identidad en secreto, una práctica que ha sido criticada por defensores de la transparencia y por quienes creen que el silencio reparador no ayuda a prevenir futuros abusos ni a comprender la magnitud del daño.

¿Qué enseñan los casos emblemáticos como este?

Este episodio remite a preguntas fundamentales sobre la cultura institucional en el deporte universitario: ¿cómo pueden universidades poderosas, centros médicos y cuerpos técnicos fallar en proteger a jóvenes atletas? Históricamente, el deporte universitario estadounidense ha mezclado motivaciones académicas, comerciales y de prestigio que pueden crear una atmósfera donde la reputación prevalece sobre la supervisión y la seguridad.

En casos comparables, la combinación de jerarquías cerradas, la idolatría hacia entrenadores y personal de alto estatus y la dependencia económica del rendimiento deportivo han dificultado que las víctimas sean escuchadas y tomadas en serio. Además, la idea de masculinidad asociada a deportes como el fútbol americano puede acentuar la vergüenza en víctimas varones, alargando el silencio y la sensación de aislamiento.

La dimensión humana: testimonios y tabúes

Los testimonios públicos de Washington, Ellis y Ferguson sirven como recordatorio de la complejidad emocional del proceso de denuncia. Washington dijo que no pudo terminar de ver el documental sobre el caso: "El dolor y la angustia que vi, simplemente no lo soporté". Frases como esta ilustran la carga psicológica que arrastran los supervivientes incluso décadas después de los hechos.

El abogado Ratliff ha mencionado que los hombres se sienten "llorosos" y que vivir con la experiencia del abuso ha dejado secuelas profundas. Muchos supervivientes manifiestan reacciones que incluyen ansiedad, depresión, trastornos de estrés postraumático y dificultades para confiar en instituciones médicas o deportivas.

Responsabilidad institucional y medidas adoptadas

Ohio State ha declarado públicamente que ha intentado reconciliarse con las víctimas a través de medios monetarios y no monetarios, incluyendo acuerdos, servicios de asesoramiento y tratamientos médicos. Asimismo, los fideicomisarios de la universidad tomaron medidas simbólicas como retirar el estatus de emeritus que le fue otorgado a Strauss al momento de su retiro.

No obstante, críticos y algunos supervivientes argumentan que las medidas llegaron tarde o fueron insuficientes. La discusión pública se enfoca ahora en si las soluciones financieras o terapéuticas, aunque necesarias, son suficientes para garantizar cambios estructurales que impidan la repetición de situaciones semejantes.

Qué buscan los demandantes y qué podría cambiar

Más allá de la compensación, los demandantes piden rendición de cuentas, cambios en la política institucional, mayor transparencia en los procesos de investigación interna y garantías de protección para futuros atletas. En la práctica, esto puede traducirse en:

  • Protocolos claros y públicos para denuncias de abuso, con plazos y supervisión externa.
  • Revisión independiente de prácticas médicas y de atención del personal que trabaja con atletas.
  • Programas de educación obligatoria para entrenadores, personal médico y atletas sobre consentimiento, límites profesionales y detección temprana de abuso.
  • Mecanismos de apoyo psicológico a largo plazo para supervivientes y medidas de reparación simbólica que reconozcan el daño sin restringir la libertad de contar la propia historia.

El papel del deporte universitario y la sociedad

El público y los medios tienen un papel esencial en mantener la presión por cambios sostenibles. La profesionalización creciente del deporte universitario —con contratos televisivos millonarios, reclutamiento global y la conversión de equipos en marcas— puede distraer de la responsabilidad primaria de las universidades: la seguridad y el bienestar de sus estudiantes.

Asimismo, la visibilización de casos de abuso sexual en contextos deportivos masculinos contribuye a cuestionar estereotipos sobre la víctima ideal y a normalizar que hombres puedan ser sujetos de violencia sexual; eso facilita que futuros supervivientes se animen a hablar y buscar apoyo.

Mirar hacia adelante: legislación, cultura y prevención

En términos legislativos, algunos estados han modificado plazos de prescripción para delitos sexuales o creado excepciones para permitir acciones legales en casos antiguos. La discusión nacional sobre estas reformas suele intensificarse cuando aparecen casos de alto perfil.

Sin embargo, la ley por sí sola no basta. Cambiar la cultura institucional implica persistencia, supervisión externa y la convicción de que proteger a estudiantes es prioritaria frente a intereses reputacionales o financieros. Las universidades deportivas deben adoptar una política de tolerancia cero, acompañada de auditorías independientes periódicas y canales seguros para que atletas y personal puedan reportar irregularidades sin temor a represalias.

La decisión de estos treinta exjugadores de incorporarse a la demanda es, en ese sentido, mucho más que un movimiento legal: es una llamada colectiva para repensar cómo se cuida a quienes representan y entregan su salud por instituciones y comunidades. Sus voces buscan no solo justicia personal, sino evitar que futuras generaciones vivan lo mismo.

Mientras el caso avanza en los tribunales federales, la sociedad seguirá observando y preguntándose: ¿qué precio tiene realmente el silencio y qué estamos dispuestos a cambiar para que vuelva a imperar la seguridad de quienes confían en las instituciones educativas y deportivas?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press