Fe, medicina y embriones: la apuesta ética de una clínica de fertilidad en Tennessee
Cómo Rejoice Fertility busca reconciliar la convicción religiosa con la práctica moderna de la FIV y qué implica para pacientes y debate público
Dr. John Gordon decidió transformar su práctica médica cuando la ciencia empezó a plantearle preguntas morales que su conciencia no podía soslayar. Después de tres décadas como endocrinólogo reproductivo, la combinación de avances técnicos —como la criopreservación y las pruebas genéticas— y un creciente escrutinio ético llevaron a Gordon a fundar una clínica distinta: Rejoice Fertility, en Knoxville, Tennessee. Allí se ofrece fecundación in vitro (FIV) pero con límites explícitos: no se descartan embriones viables, no se realizan pruebas genéticas destinadas a seleccionar rasgos no patológicos y se priorizan protocolos que produzcan menos embriones.
Un giro profesional motivado por la conciencia
La historia de Gordon no es solo médica, sino también personal y espiritual. Médico formado en instituciones prestigiosas, criado en una tradición judía y convertido luego al cristianismo evangélico, vivió un proceso de reflexión que culminó en una decisión radical: cambiar la manera en la que practicaba la medicina reproductiva para que esta armonizara con su sentido de la sacralidad de la vida humana. Como él mismo dijo: “Necesito ejercer de una manera con la que pueda vivir respecto a las decisiones que estoy tomando” (entrevista con Rejoice Fertility, 2025).
¿Por qué la FIV plantea dilemas éticos?
La fertilización in vitro consiste en fertilizar óvulos con espermatozoides en laboratorio y transferir luego el embrión resultante al útero. Desde su primer éxito en 1978 con el nacimiento de Louise Brown en el Reino Unido, la FIV se ha convertido en una herramienta fundamental para tratar la infertilidad. Sin embargo, el proceso genera con frecuencia más embriones de los que se implantan en un solo ciclo. Esa acumulación plantea preguntas: ¿qué se hace con los embriones sobrantes? ¿es ético descartarlos, donarlos a la investigación o destinarlos a la destrucción? Para quien considera que la vida humana comienza en la fecundación, estas no son cuestiones menores sino centrales.
En Estados Unidos, cifras recientes subrayan la magnitud del fenómeno. Más de 100.000 nacimientos por FIV fueron registrados en 2024, la cifra anual más alta hasta ese momento (American Society for Reproductive Medicine, 2025). Se estima que alrededor de 1,5 millones de embriones permanecen almacenados en bancos de criopreservación dentro del país, aunque algunas organizaciones sitúan esa cifra más alta al considerar donaciones y registros no uniformes.
Prácticas alternativas: menos embriones, más conciencia
Rejoice Fertility adopta enfoques técnicos concretos para minimizar la creación de embriones excedentes. Entre ellos figuran:
- Estimulación mínima o “mini-IVF”: protocolos con menor medicación que suelen producir menos óvulos y, por ende, menos embriones.
- FIV de ciclo natural: extracción de un único óvulo producido en el ciclo natural de la paciente.
- Fertilización selectiva del número de ovocitos: cuando se desea, fertilizar un número limitado de óvulos en lugar de todos.
Estas técnicas tienen ventajas y desventajas. Producir menos embriones reduce la probabilidad de excedentes que acaben en almacenamiento indefinido o en la destrucción; sin embargo, también puede implicar tasas de éxito por ciclo más bajas y la posibilidad de que una pareja necesite repetir tratamientos (cada ciclo puede costar entre 8.000 y 10.000 USD en clínicas como Rejoice). Aun así, muchos pacientes aceptan el trade-off por coherencia moral con sus creencias.
Embryo adoption: adoptar embriones como respuesta ética
Cuando existen embriones que los progenitores no desean usar, una alternativa promovida por ciertas comunidades religiosas es la "adopción de embriones". En esa perspectiva, el embrión no es visto como simple «material reproductivo» sino como una vida potencial digna de protección. Rejoice ha creado Rejoice Embryo Rescue, un depósito que funciona como una especie de "orfanato" para embriones donados; la clínica coordina la transferencia con agencias —muchas de carácter cristiano— que facilitan la adopción embrionaria.
Las historias de familias que han seguido esa vía son emotivas y ofrecen una dimensión humana al debate. Parejas como los McKnight o los D’Agostino han sentido que esa opción les permitió evitar lo que consideran moralmente problemático y, en su lugar, dar una oportunidad a embriones previamente congelados.
Pacientes y espiritualidad: la demanda por una FIV coherente
Para algunos pacientes la afinidad religiosa con la clínica es decisiva. Familias que habrían renunciado a la FIV por razones de fe encontraron en Rejoice un espacio donde la intervención médica convive con prácticas religiosas —como oraciones previas a las transferencias— y con un discurso que enfatiza la soberanía de Dios sobre la creación de la vida. "Estás dejando que Dios sea Dios", dijo una paciente que valoró no practicar pruebas genéticas para seleccionar rasgos ni desechar embriones (entrevista con pacientes de Rejoice, 2025).
La aceptación de estas prácticas por parte de pacientes no implica uniformidad de creencias en el personal. Empleadas como la embrióloga sénior Sarah Coe Atkinson han manifestado que, aunque no comparten todas las convicciones del fundador, sí encuentran sentido en "ayudar a estos embriones a convertirse en vidas" (declaraciones de personal de Rejoice, 2025).
¿Qué dicen la teología y las organizaciones religiosas?
Las posiciones varían. La Iglesia Católica, de manera tradicional, se opone a la FIV por separar la procreación del contexto conjugal y por los riesgos para los embriones. Movimientos evangélicos muestran hoy debates internos: algunas denominaciones piden restricciones cuando la práctica resulta en destrucción de embriones. En 2024, la Southern Baptist Convention emitió recomendaciones para limitar procedimientos que implican la muerte de «vida embrionaria», reflejando una creciente preocupación dentro de ese amplio espectro religioso.
Pero no todo el mundo que valora la protección del embrión rechaza la FIV. Clínicas como Rejoice proponen un modo de practicarla que, en su apreciación, respeta la dignidad del embrión. Para algunos teólogos y ethicistas conservadores esto supone una mejora ética; para otros —que consideran que la propia manipulación fuera del acto conyugal ya es problemática— sigue siendo insuficiente.
Contexto legal y político
El paisaje legal estadounidense ha cambiado en los últimos años, lo que añade complejidad al debate. Decisiones judiciales y políticas públicas que redefinen el estatus jurídico del embrión o que afectan al acceso a servicios reproductivos han llevado a clínicas y pacientes a replantear prácticas y riesgos. La calificación de embriones como "personas" en algunos fallos jurisdiccionales puede tener implicaciones profundas sobre la investigación, el almacenamiento y la disposición de embriones. A la vez, hay iniciativas políticas que buscan ampliar el acceso a tratamientos de fertilidad, incluso a nivel federal.
Cifras y evidencia
Algunas cifras ayudan a entender la magnitud del fenómeno:
- Más de 100.000 nacimientos derivados de FIV en Estados Unidos durante 2024, la cifra anual más alta registrada hasta entonces (American Society for Reproductive Medicine, 2025).
- Estimaciones de hasta 1,5 millones de embriones congelados en bancos dentro del país, cifra que subraya la magnitud del almacenamiento a largo plazo (datos de la práctica clínica y reportes sectoriales, 2024–2025).
Esos números alimentan discusiones sobre regulaciones, transparencia y opciones post‑tratamiento para los embriones no transferidos.
Historias clínicas que ilustran la complejidad
El relato de Rejoice aporta anécdotas reveladoras: embriones congelados durante décadas que se descongelaron con éxito, casos donde parejas prefirieron ciclos menos intensivos y, también, pacientes que han confesado remordimientos al ver embriones almacenados en otra clínica sin vías claras de disposición ética. Uno de esos casos involucró a una pareja que gestó un embarazo exitoso tras una transferencia de un embrión congelado por casi 31 años, una de las gestações más longevas reportadas con éxito (registro clínico de Rejoice, 2025).
Críticas y tensiones dentro de la comunidad pro‑vida
No todos los grupos anti‑aborto o cristianos conservadores celebran la propuesta de Rejoice. Para algunos, cualquier intervención que cree embriones fuera del acto conyugal constituye una transgresión moral. Otros, en cambio, la consideran una forma legítima de equilibrar compasión por la infertilidad con respeto por la vida embrionaria. Matthew Lee Anderson, ethicista cristiano, señaló que el cambio de Gordon muestra una dirección ética positiva dentro de la práctica clínica (comentario público, 2024).
Consideraciones médicas: eficacia, costos y seguridad emocional
Desde el punto de vista médico, las decisiones de limitar la producción embrionaria pueden afectar las probabilidades de éxito por ciclo. La transferencia de embriones resultantes de estimulaciones más contenidas suele implicar menos opciones para seleccionar el embrión de mayor calidad, lo que puede resultar en más ciclos o en un mayor costo acumulado para alcanzar el embarazo deseado.
Además, está el impacto psicológico: la incertidumbre sobre el destino de embriones almacenados provoca angustia en muchos pacientes. Historias de personas que “se despertaban en la noche” pensando en sus embriones reflejan una dimensión emocional que las cifras no capturan por completo. Para ellos, la posibilidad de reducir el número de embriones creados o de optar por la adopción embrionaria puede aliviar la carga moral y el estrés.
El futuro de la FIV: tecnología, ética y políticas públicas
La tecnología reproductiva continúa avanzando: mejores técnicas de criopreservación, test genéticos más precisos y nuevos protocolos de estimulación. Pero cada avance plantea preguntas éticas adicionales: selección de rasgos no deseables, cruces entre investigación y clínica, y regulaciones sobre la disposición de embriones almacenados.
El equilibrio entre innovación y cuidado ético requiere diálogo entre médicos, pacientes, teólogos, bioeticistas y legisladores. Modelos como el de Rejoice muestran que la práctica clínica puede adaptarse a convicciones morales específicas sin renunciar por completo a la tecnología; sin embargo, también dejan ver límites prácticos y económicos.
Reflexiones finales: pluralidad de caminos
La experiencia de Rejoice Fertility ilustra que no existe una sola respuesta al dilema de la FIV en contextos religiosos. Algunos optan por rechazar la técnica; otros por reformarla, buscando maneras de minimizar daño moral y material. Para muchas parejas, la posibilidad de acceder a una práctica coherente con su fe abre puertas que de otro modo estarían cerradas.
Como sociedad, la cuestión plantea un desafío mayor: ¿cómo protegemos la libertad de conciencia de los profesionales y pacientes sin desproteger a quienes no comparten las mismas convicciones? Y, al mismo tiempo, ¿cómo garantizamos que la regulación, la transparencia y el acceso a información y opciones éticas acompañen el crecimiento de una tecnología que ya ha cambiado la vida de millones?
En el laboratorio de Rejoice, cuando un embrión vuelve a la vida en el plato de cultivo tras una descongelación, no es sólo un éxito técnico: es el punto de encuentro entre ciencia, deseo humano y convicción moral. Para algunos, ese momento será acompañado por una oración; para otros, por la confirmación de una terapia eficaz. Lo que resulta indudable es que la FIV seguirá siendo, además de una herramienta médica, un espejo donde se reflejan los valores más profundos de nuestra época.
