El beneficio esperado del Mundial aún no llega: por qué hoteles y mercados locales no ven el boom prometido

Reservas por debajo de lo previsto, precios desorbitados y cambio de hábitos de los viajeros: claves del fenómeno en las ciudades sede de Estados Unidos, México y Canadá

La celebración de la Copa Mundial de la FIFA en Estados Unidos, México y Canadá prometía inyectar una olas de ingresos al sector turístico y hotelero de las ciudades sede. Sin embargo, a pocas semanas de los primeros partidos, muchos mercados muestran una demanda inferior a lo esperado, mientras que otras dinámicas —alquileres a corto plazo, patrones de viaje y reajustes de precios— alteran las previsiones iniciales.

Reservas por debajo de lo proyectado: cifras y ciudades afectadas

Según una encuesta de abril realizada por la American Hotel & Lodging Association, en la mayoría de las 11 ciudades anfitrionas de Estados Unidos las reservas hoteleras marchan por debajo de la demanda estacional típica. Ciudades como Kansas City, Boston, Filadelfia, San Francisco y Seattle reportaron que la mayoría de los operadores observaba menos ocupación de la esperada; otras, como Nueva York, Los Ángeles, Dallas y Houston, registraban una demanda plana en comparación con un periodo primaveral-veraniego normal.

Estos datos contrastan con la narrativa triunfalista previa al torneo, y ponen en evidencia que un evento global no garantiza automáticamente un aumento uniforme de la ocupación hotelera en todas las sedes.

¿Por qué no llegó el boom? Tres factores clave

  1. Costes elevados y tarifas anticipadas: Muchos hoteles subieron las tarifas drásticamente tras conocerse el calendario del torneo, esperando que los aficionados pagaran tarifas premium. En el entorno de MetLife Stadium, por ejemplo, establecimientos que suelen cobrar alrededor de 200 dólares la noche llegaron a publicitar tarifas de 800 dólares y, en fechas previas a la final, incluso más de 1.300 dólares por noche. Ese encarecimiento inicial puede haber disuadido a viajeros sensibles al precio.
  2. Barreras internacionales: Preocupaciones sobre tiempos de obtención de visados y el temor de ciertos viajeros internacionales a viajar a Estados Unidos han reducido la llegada de aficionados foráneos, que tradicionalmente alimentan la demanda de hospedaje.
  3. Desplazamiento de otros tipos de turismo: Eventos de gran magnitud generan congestión, mayores precios y preocupaciones de seguridad, y eso puede desplazar al turista de negocios o al viajero vacacional convencional, anulando parte del impacto positivo neto que se esperaba.

Cambios en la oferta: Airbnb y alquileres de corto plazo ganan terreno

Mientras algunas cadenas hoteleras luchan por llenar habitaciones al precio previsto, las plataformas de alquileres a corto plazo como Airbnb y Vrbo registran un incremento en las reservas en regiones metropolitanas que rodean a varias ciudades sede —Kansas City, Seattle, San Francisco, Dallas/Fort Worth y Miami/Fort Lauderdale—, según el proveedor de datos AirDNA. De hecho, Airbnb informó que el número de huéspedes esperados durante el torneo podría superar sus estimaciones iniciales e incluso igualar o superar los flujos registrados en los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de París 2024.

El director ejecutivo de grupos de hinchas lo sintetiza bien: “Los aficionados que están acostumbrados a viajar para torneos saben que los precios siempre terminan bajando” (Ronan Evain, Football Supporters Europe). Esa paciencia de los viajeros, unida a la búsqueda de opciones más económicas o más flexibles, explica por qué la ocupación en hoteles tradicionales no se ha disparado como se anunciaba.

Consecuencias para hoteles y políticas de precios

Subir tarifas con la esperanza de beneficiarse de la demanda extrema es una estrategia de alto riesgo. La historia reciente muestra ejemplos de propietarios que, al fijar precios demasiado altos, terminaron reduciéndolos en el último minuto para evitar habitaciones vacías. Ese efecto se está viendo ahora: tarifas anunciadas en primavera han sido ajustadas a medida que se acercan las fechas de los partidos y la demanda no ha respondido al nivel previsto.

Jon Bortz, CEO de Pebblebrook Hotel Trust, aseguró que sus propiedades en ciudades sede muestran un incremento de ocupación con respecto al año anterior, aunque reconoció que “quizá otros esperaban algo mucho más grandioso”. En tanto, en ciudades con partidos con más atractivo —por ejemplo Boston, que alberga encuentros de mayor demanda— la situación se ve mejor que en urbes con partidos menos codiciados, como San Francisco.

Impacto económico neto: ¿beneficio real o desplazamiento?

El economista especializado en deporte Andrew Zimbalist ha advertido que los impactos de megaeventos no son siempre enteramente positivos para la economía local: “Los turistas habituales pueden evitar las ciudades anfitrionas debido a las congestiones, los altos precios y las preocupaciones de seguridad”, lo que puede generar un efecto de sustitución que atenúa —o incluso anula— la ganancia esperada por la presencia de aficionados al fútbol.

En términos de entradas vendidas, FIFA ha reportado hasta ahora más de 5 millones de boletos vendidos de los más de 6 millones que se esperan para los 104 partidos del torneo. Pero ese gran número de entradas no se traduce automáticamente en pernoctaciones hoteleras uniformes: muchos asistentes optan por alojamientos alternativos, se hospedan en zonas periféricas o combinan estancias cortas en varias ciudades.

Casos locales: Kansas City, México y Toronto

Kansas City ejemplifica la brecha entre la expectativa y la realidad: cerca del 90% de los encuestados por la American Hotel & Lodging Association reportaron ocupación por debajo de lo esperado. Aun así, las autoridades turísticas locales mantienen la esperanza de un flujo de visitantes que, según sus pronósticos, podría resultar en un récord de visitantes en los días del torneo.

En México, que compartirá la sede con Estados Unidos y Canadá, la situación tampoco es holgada: la Asociación de Hoteles de la Ciudad de México indicó que la ocupación en la capital oscila entre el 30% y el 36% para las fechas del torneo, cifras sorprendentemente bajas considerando que la Ciudad de México acogerá el partido inaugural el 11 de junio.

En contraste, Toronto proyecta un escenario más positivo: la presidenta de la Greater Toronto Hotel Association mencionó que la demanda de habitaciones ha subido cerca de un 28% respecto a junio de 2025, reflejando que el impacto varía significativamente de ciudad en ciudad.

Lecciones para futuros anfitriones y el sector hotelero

  • Evitar expectativas uniformes: Los beneficios económicos se distribuyen de forma desigual; la naturaleza del calendario, el atractivo de los partidos y la accesibilidad internacional determinan resultados muy distintos por ciudad.
  • Política de precios más flexible: La fijación de tarifas debe considerar elasticidad de la demanda y competencia de alquileres a corto plazo; precios excesivos pueden provocar vacantes y pérdidas totales frente a una reducción moderada que asegure ocupación.
  • Mejor integración de oferta formal e informal: Los gobiernos locales y asociaciones hoteleras podrían explorar acuerdos con plataformas de alquiler y transporte para canalizar la demanda y mejorar la experiencia del visitante.

Voces del sector

“Creo que todos esperaban que los partidos generaran un influjo masivo de reservas, pero con todo lo que sucede en el mundo y la implicación de Estados Unidos, los eventos se están desarrollando de forma distinta para cada uno”, comentó Michael Black, gerente general del Cloud One Hotel en Manhattan (fuente: encuesta American Hotel & Lodging Association).

Ronan Evain, de Football Supporters Europe, añadió: “Los aficionados que viajan saben que estos precios bajarán; hay muchos ejemplos de propietarios que se arrepintieron de poner precios demasiado altos y luego los rebajaron a última hora” (fuente: declaración pública de Evain).

¿Qué puede esperarse en las próximas semanas?

A medida que avanza el torneo y se clarifica la demanda real, es probable que muchas tarifas se ajusten, tanto al alza en casos puntuales de alta demanda como a la baja donde la ocupación sigue floja. Además, la distribución geográfica de los visitantes —con mayor uso de alojamientos periféricos y de plataformas de alquiler— sugiere que el impacto económico del Mundial se manifestará de manera más difusa: no sólo en los hoteles céntricos, sino también en zonas suburbanas y en economías locales menos visibles.

El desafío para las ciudades sede y para la industria hotelera será convertir las oportunidades en beneficios sostenibles: diseñar tarifas competitivas, facilitar el acceso de viajeros internacionales y coordinarse con plataformas alternativas de hospedaje para maximizar la llegada de visitantes sin asustar a otros segmentos del turismo.

En definitiva, la Copa Mundial trae consigo un potencial enorme, pero su transformación en un “bono económico” depende de decisiones de precio, de la flexibilidad de la oferta y de la capacidad de las ciudades para gestionar congestión y percepción pública. El boom prometido puede estar aún por materializarse, o simplemente manifestarse en formas distintas a las esperadas.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press